Tuvo una doble vertiente, por un lado la aceptación de algunos cultivos originarios del continente americano, que contribuyeron a mejorar la alimentación no solo de los españoles, sino también de los europeos, y, por otro, las consecuencias económicas que tuvo para España el intenso comercio con América y la llegada de metales preciosos de cantidades notables.
En lo que respecta al primer aspecto, de América fueron progresivamente introducidos el maíz, la patata, el tomate o el tabaco. Especialmente el maíz y la patata sirvieron para paliar el hambre de zonas donde los cereales de zonas templadas como el trigo o la cebada no se daban.
Respecto al segundo aspecto, toda Europa estaba pendiente de la llegada de las flotas procedentes de América. Tras el descubrimiento de América, el centro de las rutas comerciales europeas, localizado en el Mediterráneo, se trasladó al Atlántico, donde los puertos de Sevilla, Lisboa y Amberes concentraron la actividad comercial mundial. Por otra parte, las necesidades del mercado americano, que España por sí sola no podía abastecer, estimularon el desarrollo de la industria naval y textil en Europa, contribuyendo a la llamada revolución de los precios, tesis planteada por Hamilton, según la cual, la afluencia de metales preciosos produjo la elevación de los precios, que se cuadruplicaron en un siglo, comenzando en España y causando su colapso durante el reinado de Felipe II.
A América le fue asignada la importante función de contribuir a la financiación de la política exterior de la monarquía de los Habsburgo españoles en Europa, lo cual obligó a dotarla de una organización política-administrativa inspirada en las instituciones de la metrópoli:
a) Los organismos metropolitanos:
▪ La Casa de Contratación: Fue creada por los Reyes Católicos en 1503 y residió en Sevilla, hasta que en el siglo XVIII fue trasladada a Cádiz. Se trataba de una institución mercantil monopolística que organizaba y controlaba todo el comercio con América. Estaba regida por un administrador, un tesorero, un contador y algunos letrados. Se convirtió, además, en un centro científico, que contaba con un piloto mayor que enseñaba el arte de la navegación, y con un cosmógrafo que confeccionaba mapas e instrumentos náuticos.
▪ El Consejo de Indias: En un principio los asuntos de América dependieron del Consejo de Castilla, hasta que en 1524 Carlos V creo el Consejo Real y Supremo de las Indias. Era superior a la Casa de Contratación, y además de organismo administrativo era el tribunal supremo para los asuntos de América y ejercía funciones legislativas. Estaba regido por un presidente y por consejeros formados en las universidades. No tenía residencia fija y se trasladaba con la Corte hasta que Felipe II fijó la capital en Madrid. Con los Borbones, el Consejo de Indias perdió importancia, siendo suprimido en las Cortes de Cádiz de 1812
b) Los organismos territoriales:
▪ Los Virreinatos: Cuando Carlos V creó los Virreinatos de Nueva España y del Perú, no hizo sino trasladar a América una institución que ya existía desde los Reyes Católicos. En América, el virrey era el representante directo de la autoridad absoluta del monarca. Los virreyes pertenecían a la nobleza, su mandato no era vitalicio, y tenían atribuciones de Gobernador, Capitán General y Presidente de la Audiencia. Al final de su mandato estaban sometidos al juicio de residencia, que examinaba su actuación en el cargo. En el siglo XVIII se crearon dos nuevos virreinatos: el de Nueva Granada y el del Río de la Plata.
▪ Los gobernadores eran designados por el rey para gobernar las provincias por periodos de tres a ocho años, siendo sus atribuciones de carácter administrativo, judicial, e incluso legislativo, previa confirmación real. El gobernador recibía también el título de Capitán general, ejerciendo funciones militares en la provincia. Posteriormente este título se reservó a las provincias fronterizas en peligro, denominadas Capitanías Generales.
▪ Las Audiencias: Era un organismo dotado de atribuciones administrativas y judiciales, y, aunque inferior al virreinato, estaba llamado a ser el fundamento de la administración en Indias y la garantía del poder absoluto de los reyes en América. La primera Audiencia fue la de Santo Domingo, creada en 1511, en 1527 se fundó la de Nueva España para limitar los poderes de Hernán Cortés. En el siglo XVIII fueron catorce las audiencias que funcionaron en la América hispana
• Los corregimientos eran distritos más pequeños que los virreinatos y las gobernaciones. Los corregidores o alcaldes presidían los cabildos o ayuntamientos. Como sucedía en España estas instituciones estaban controladas por las oligarquías locales integradas por españoles y sus descendientes.
Conquista
A la muerte de Fernando el Católico, solo el Caribe había sido colonizado y explotado, provocando la práctica desaparición de la población indígena y el agotamiento de sus recursos económicos. El paso siguiente fue la exploración y conquista del continente. El primero en atravesarlo fue Vasco Núñez de Balboa que, en 1513, llegó a la mar del Sur (océano Pacífico), confirmando que América era en realidad un continente separado de Asia por miles de kilómetros.
Diego Velázquez, gobernador de Cuba, confió una misión de exploración a Hernán Cortes, un hidalgo extremeño; luego quiso retirarle los poderes, pero Cortés se hizo elegir jefe por sus soldados, convertidos en vecinos de un municipio sobre el papel, que luego fue Veracruz. Desde aquí penetró hacia el interior con 400 hombres, 32 caballos y algunos cañones. En el camino hacia Tenochtitlán, la capital del imperio azteca, se le fueron sumando guerreros tlaxcaltecas, deseos de combatir a los opresores aztecas. Moctezuma, el emperador de tan vasto imperio, los acogió con hospitalidad. Pero los españoles, sintiéndose asediados, hicieron una salida a la desesperada (Noche Triste, 30 de junio de 1520), rehaciéndose con refuerzos llegados de Cuba y derrotando a los aztecas en la decisiva batalla de Otumba (14 de julio de 1520), lo que le facilitó la conquista de Tenochtitlán, causando gran destrucción. Envió a Carlos V una fuerte cantidad de oro y plata, quien le reconoció como gobernador de las tierras conquistadas, nombrándole marqués del Valle.
Durante varios años, Cortés ejerció una autoridad sin límite sobre el territorio al que se denominó Nueva España. Reconstruyó la capital, llamándola Méjico (México), y desde allí envió exploraciones al sur, para someter la América Central y otras hacia el norte, por la costa del Pacífico, hasta California. Su mandato terminó en 1537 cuando fue nombrado un virrey para el nuevo territorio. Cortés se retiró a Cajamarca.
La extraordinaria fortuna de Cortés alentó las esperanzas más desorbitadas. Pizarro fue casi el único que siguió su ejemplo al adentrarse en el Imperio Inca con tan solo 180 hombres. Con un golpe de sorpresa se apoderó del Inca Atahualpa (15 de noviembre de 1532), causando el desconcierto en el imperio que se derrumbó al ser el poder de carácter centralista. Para su rescate, el Inca entregó para su rescate 6.000 kilos de oro y 12.000 kilos de plata, sin embargo Pizarro hizo ejecutar al Inca. El reparto de esta enorme cantidad está detrás de las guerras civiles que estallaron a continuación y que causaron la muerte de la mayoría de los jefes de la expedición, como Almagro o el propio Pizarro.
Estos éxitos suscitaron muchas otras empresas, pero ninguna tan brillante como las dos anteriores. Gonzalo Jiménez de Quesada exploró y conquistó Colombia (Nueva Granada). Orellana, persiguiendo el mito de Eldorado, recorrió el Amazonas. Pedro de Valdivia conquistó Chile en 1541. Desde Perú los españoles llegaron a la llanura del Chaco (Bolivia) y se inició la exploración del Río de la Plata, fundándose en 1580 Buenos Aires.
Colonización
En los inicios se estableció en Las Antillas el sistema de factorías, que acumulaban los metales preciosos para enviarlos a España. Posteriormente comenzó la explotación de las minas de oro, pero debido a los altos costes, los reyes tuvieron que acudir a la iniciativa privada, favoreciéndose la creación de sociedades comerciales. Finalmente, se produjo el paso de la factoría comercial al asentamiento agrícola, con dificultades ya que eran pocos los colonos dispuestos a asentarse en América como agricultores.
Las tierras que pertenecían a los reyes por derecho de conquista, comenzaron a ser repartidas entre los conquistadores con carácter hereditario, pero no se permitía que se implantase el régimen señorial. Aunque los reyes trataron de mantener la mediana propiedad, no pudieron evitar que con el paso del tiempo se formaran grandes latifundios, que para transmitirlo a los herederos utilizaron la institución del mayorazgo. Resultó, asimismo, imposible evitar la formación de latifundios eclesiásticos. Los intentos para reducir estos latifundios en el siglo XVIII no dieron resultado.
Aunque en un principio Colón tuvo la pretensión de esclavizar a los indios, en 1500 los Reyes Católicos prohibieron esclavizar a los indios, obligando a devolver a América a los que aquí estaban. Carlos V volvería en 1530 a prohibir esclavizar a los indios, aunque ante las protestas de los colonizadores tuvo que revocar esta prohibición. Sin embargo, en 1542, las Leyes Nuevas prohibieron la esclavitud de los indios, que no podían ser adquiridos no siguiera tratándose de guerra justa. Solo la esclavitud de los negros continuó siendo admitida legalmente.
El principal modelo de colonización fue la encomienda, como consecuencia de la falta de mano de obra que obligo a los españoles a servirse del trabajo indígena. A los colonos se les adjudicaba unas tierras para que las explotase, llegando a abusar de los indios, provocando enérgicas protestas como la del dominico Antonio de Montesinos. Las Leyes de Burgos de 1512, establecieron los deberes de los encomenderos: enseñar a los indios la religión, alfabetizarlos, alimentarlos, reglamentar su trabajo y defender al indio contra los vicios. Pero los abusos continuaron, pese a las enérgicas protestas del padre Bartolomé de Las Casas. La encomienda se mantuvo hasta el siglo XVIII, cuando fue abolida.
Las naborías consistían en el trabajo doméstico que en Las Antillas y en Méjico ejercían los indios voluntaria y libremente. Ante los abusos, las Leyes Nuevas establecieron que los indios no podían ser vendidos o retenidos en contra de su voluntad.
Las yanaconas del Perú estaban integradas por indios nómadas que fueron adjudicados a los conquistadores como sirvientes. A pesar del carácter libre y voluntario, en la práctica los yanaconas se convirtieron en siervos unidos a la propiedad y con carácter hereditario.
Las mitas fueron establecidas por los conquistadores, imitando las que ya existían entre los indígenas. Consistían en el trabajo temporal de los indios en la explotación de las minas. Se reguló el trabajo, se reglamentó la jornada laboral y se estableció un salario fijo. A pesar de todo, este trabajo se hizo muy penoso para los indios, que vivían en condiciones tan desfavorables que la mortandad fue muy elevada, produciéndose la despoblación del altiplano peruano. Fueron dadas muchas reales órdenes para suprimir las mitas, pero la oposición de los colonizadores hizo que se mantuvieran hasta 1812, cuando fueron abolidas.
◙ Causas
• Económicas: buscar una ruta alternativa que controlase el comercio con las Indias, salvando el bloqueo
turco. Portugal lo hizo bordeando África, Castilla navegando hacia el oeste y descubriendo un nuevo continente.
• Técnicas: un nuevo tipo de embarcación, la carabela (y la nao) capaces de navegar en el Atlántico; un nuevo tipo de timón más manejable; perfeccionamiento de la brújula y el astrolabio y desarrollo de la cartografía (los mapas portulanos)
• Científicas: conocimiento de la esfericidad de la tierra, ansia por descubrir nuevos mundos relatados por Marco Polo, la leyenda del Preste Juan, la isla de San Brandan, las Siete Ciudades de Cíbola…
◙ Cristóbal Colón
Natural de Génova, apenas conocemos su biografía antes de su llegada a Portugal. En este reino casó y perfeccionó sus conocimientos sobre la esfericidad del planeta. Sus cartas con el sabio Toscanelli le permitieron establecer mediciones incorrectas que facilitaron el descubrimiento, pues calculó el diámetro máximo en 10.000 km menos del real. Expuso a Juan II, rey de Portugal, su idea de llegar a la India navegando hacia el oeste. Su rechazo provocó la marcha de Colón a Castilla. La primera entrevista con los Reyes Católicos tuvo lugar en 1476. Tras diversas juntas técnicas (que rechazaron también el proyecto), pero apoyado en miembros influyentes de la corte castellana, consiguió que los Reyes aceptaran el proyecto, firmándose en abril de 1492 las capitulaciones de Santa Fe que a cambio de todas las tierras que descubriera, recibió el título de almirante de la mar océana, el de Virrey y gobernador de las nuevas tierras, la décima parte de los beneficios que obtuviera y el derecho a aportar la octava parte del capital necesario para la expedición, recibiendo además una octava parte de los beneficios.
Firmadas las Capitulaciones, se buscó el capital necesario: La reina aportó 1.140.000 maravedíes, prestados por Luís de Santángel y garantizados con los fondos de la Santa Hermandad, con ellos se pagaban los sueldos, incluido el de Colón y se dotaba a la nao Santa María; Colón aportó 500.000 maravedíes prestados. Los vecinos de Palos de la Frontera pusieron, en concepto de multa, dos carabelas y el resto fue aportado por banqueros y mercaderes italianos. La Santa María, propiedad de Juan de la Cosa era la nao capitana y su piloto fue el mismo Juan de la Cosa. La Pinta era propiedad de Cristóbal Montero, su capitán fue Martín Alonso Pinzón, siendo su piloto su hermano Francisco Martín Pinzón; mientras que la Niña, propiedad de Juan Niño, llevaba como capitán a Vicente Yáñez Pinzón y como piloto a Pedro Alonso Niño.
La expedición salió el 3 de agosto del puerto de Palos; llegó a Gran Canaria el día 9; después de un mes aprovisionándose y reparando desperfectos en la Pinta y la Niña, salieron de San Sebastián de la Gomera el 6 de septiembre. 36 días después, el 12 de octubre de 1492 llegan a la isla de Guanahani (San Salvador) en el archipiélago de las Lucayas (Bahamas, hoy isla Watling) Después recorrió la isla de Cuba y la Española. Las ocupó en nombre de los Reyes Católicos y regresó tras perder a la nao Santa María en Haiti y dejar una pequeña guarnición al mando de Diego de Arana. Separadas la Pinta y la Niña llegaron al puerto de Palos con una diferencia de horas el 15 de marzo de 1493.
La información dada por Colón al rey portugués tras su arribo a Lisboa, abrió el debate sobre las estipulaciones del tratado de Alcaçovas. Mientras tenían lugar las negociaciones con Portugal los reyes organizaron una nueva expedición. El 25 de septiembre de 1493 Colón partía con 17 naves con numerosos misioneros para contentar al Papa cuya bula, Inter Caetera favorecía a Castilla. Un nuevo Tratado, el de Tordesillas (1494) permitió a los portugueses colonizar Brasil. En el segundo viaje Colón descubrió las Pequeñas Antillas, Puerto Rico y Jamaica, regresando en julio de 1496. Los reyes no volverían a patrocinar ningún viaje más.
En marzo de 1498 sale Colón en su tercer viaje. Descubre la isla Trinidad y las bocas del Orinoco, recorrió también las islas del Golfo, la península de Paria y la isla Margarita, tocando el continente. Sus escasas dotes como gobernante provocaron la llegada de un comisionado real, Francisco Bobadilla que devolvió encadenados a España a Colón y a su hermano Bartolomé. Los reyes lo liberaron cuando llegó a España.
Aún hizo un cuarto viaje en abril de 1502 en el que exploró las costas de América Central. Tras su regreso en noviembre de 1504 fallecería sin ser consciente de que había descubierto un nuevo continente.
Paralelamente se producen otros viajes:
• Alonso de Ojeda, junto a Juan de la Cosa y Américo Vespucio exploraron las costas de Venezuela
• Ojeda y Pedro Alonso Niño exploraron las costas de las perlas.
• Vicente Yáñez Pinzón llegó a la desembocadura del Amazonas, las bocas del Orinoco y la isla de Tobago
• Rodrigo de Bastidas y Juan de la Cosa en 1500 exploraron las costas de Colombia y Panamá
• 1508 Ponce de León conquista Puerto Rico, más tarde, en 1512 descubriría la Florida
En líneas generales, los Reyes Católicos siguieron la orientación mediterránea y antifrancesa de la corona de Aragón por un lado y, por otro, las aspiraciones norteafricanas y atlánticas de la corona de Castilla.
◙ La política italiana
Italia, en el siglo XV es un territorio dividido y débil, que se convierte en el escenario del deseo expansionista de Francia y Aragón. Para Francia suponía la supervivencia política en el Mediterráneo, asediada como estaba por la corona de Aragón, para ésta en cambio era vital su control para el comercio mediterráneo.
La primera guerra tendrá lugar cuando Carlos VIII, rey de Francia, tras conseguir la neutralidad de Fernando el Católico devolviéndole los condados del Rosellón y La Cerdaña, invada Nápoles. Sin embargo, en el tratado firmado (Barcelona, 1493), Fernando dejó una cláusula confusa por la cual el rey francés debía abstenerse de invadir ningún territorio del Papado. Como Nápoles era feudo del Papa, Fernando alegó la cláusula anterior para formar una Liga con todos los estados italianos (Papado, Nápoles, Génova, Milán y Venecia), Inglaterra y el Imperio alemán y se enfrentó a Francia. Carlos VIII no tuvo más remedio que retirarse, dejando que el anterior monarca napolitano, Ferrante, ocupara de nuevo el trono. Para reforzar la alianza con Inglaterra y el Imperio los Reyes Católicos casaron a dos de sus hijos, Juan y Juana con los del emperador Maximiliano (Margarita y Felipe) y Catalina con Arturo, príncipe de Gales, a cuya muerte, volvió a casarse esta vez con el futuro Enrique VIII.
La segunda guerra también surge como consecuencia de un tratado, el de Granada (1500), por el que el nuevo rey Luis XII se dividía Nápoles con el rey aragonés. Una vez conquistado el reino, las disputas por los límites entre ambos territorios, volverá a enfrentarlos. Los recién creados tercios del Gran Capitán derrotaron a los franceses en Seminara, Ceriñola y Garellano (1503). Después de la toma de Gaetta, se produce la rendición de los franceses y Nápoles queda bajo dominio hispano, reconocido en el Tratado de Blois (1505), firmado con motivo de la boda de Fernando el Católica con Germana de Foix, sobrina del rey francés.
◙ La política norteafricana
Los intereses castellanos en el norte de África derivaban de los siguientes motivos:
• Continuar el proceso de Reconquista ocupando el norte de África que, desde la época del
Imperio romano había estado ligado a la Península
• Dar seguridad al sur y levante español amenazados por los piratas berberiscos
• Consolidar la hegemonía de los Reyes Católicos sobre el Mediterráneo occidental
• Reactivar la cruzada contra los infieles musulmanes
Sus intereses norteafricanos chocaban con los de Portugal, presente en Ceuta desde 1415. El Tratado de Tordesillas (1494) firmado entre ambas naciones dejó las manos libres a Castilla para expansionarse por el norte de África a excepción de Ceuta. En 1497, Pedro de Estupiñán, con naves del duque de Medina Sidonia ocupó Melilla. En 1508 una flota castellana se apoderó del Peñón de Vélez de la Gomera.
Un nuevo tratado, el de Sintra (1509) entregaba a Castilla el territorio situado 6 leguas al este de dicho Peñón. En 1509, una expedición enviada por el Cardenal Cisneros ocupó Orán; en 1510 conquistarían Bugía y Trípoli, sometiéndose a vasallaje a los reinos de Tremecén, Argel y Túnez.
La unión personal entre Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón (V de Castilla) se convirtió en una unión política que planteaba tres objetivos comunes para los dos coronas: el dominio peninsular, la unidad religiosa de sus súbditos y la centralización del poder, procurando reducir la influencia de los nobles, protagonistas de revueltas en los reinados anteriores contra la autoridad real.
Pero el acuerdo no supuso la unidad territorial e institucional de ambas coronas, que mantuvieron sus instituciones políticas, su sistema de recaudación de impuestos, sus monedas, sus lenguas, sus leyes, sus aduanas y sus costumbres. Legalmente, los súbditos de una corona eran considerados extranjeros en la otra.
En Castilla, las Cortes castellanas, constituidas por representantes de la nobleza, del clero y de algunas ciudades, perdieron importancia y fueron convocadas en escasas ocasiones. Para aumentar el control sobre el reino se crearon los consejos, que tenían funciones legislativas y judiciales, estaban integrados por letrados y dependían directamente de la corona, como el Consejo Real de Vastilla, creado en 1480 como órgano central de gobierno del reino; el Consejo de la Santa y Suprema Inquisición o Santo Oficio (1483), el Consejo de las Órdenes Militares (1498) y los Consejos de la Cruzada (para recabar fondos que emplear en la guerra de Granada) y de la Santa Hermandad (creado este último para perseguir el bandidaje). Para hacer más eficaz la recaudación de impuestos se reforzó la Sala de Contadores Mayores, se unificó la moneda de cuenta (el maravedí) y se acuñaron monedas en oro y plata. Los Tribunales de justicia o Audiencias se establecieron en Valladolid y Granada. Para el control de las ciudades se instituyó la figura del corregidor, que era el representante del rey y tenía competencias en cuestiones políticas, administrativas y financieras.
En Aragón, Fernando II impulsó dos instituciones nuevas: el virrey o delegado real en cada uno de los reinos (Aragón, principado de Cataluña, Valencia y Mallorca), con poderes ejecutivos y judiciales, y el Consejo de Aragón, creado en 1494 como un organismo consultivo para el gobierno de la corona y, en algunos reinos, actuaba también como tribunal supremo de justicia. En el gobierno de las ciudades, Fernando II introdujo el sistema de la insaculación o sorteo para la elección de los cargos municipales, pretendiendo así limitar el poder de las oligarquías urbanas.
La única institución con jurisdicción en ambas coronas era la Inquisición o Santo Oficio, que era un tribunal eclesiástico encargado de velar por la ortodoxia de la fe católica. Con el tiempo, la Inquisición actuaría muchas veces más como instrumento político de la monarquía que como tribunal religioso.
• La integración de las Canarias
Buena parte de la población aborigen murió o fue vendida como esclava. Reemplazada por castellanos, extremeños, andaluces, gallegos, catalanes, portugueses o genoveses más algunos esclavos negros o musulmanes, pronto se inició un intenso mestizaje, de tal modo que 30 años después de la conquista apenas había unos 6.000 guanches puros.
La tierra fue repartida en plena propiedad entre los inmigrantes y los nativos que habían colaborado con la corona. Se cultivaron productos de subsistencia (cereales, viñedos) y otros dedicados a la exportación, especialmente la caña de azúcar. También floreció el comercio tanto hacia la Península como hacia América
En las islas de realengo se nombró un Gobernador General con autoridad en Gran Canaria y un Adelan-tado en Tenerife y La Palma. La organización territorial se ajustó al modelo de los concejos castellanos, regidos por las oligarquías locales. En las islas de señorío era el señor quien ejercía todas las funciones gubernativas y las judiciales hasta que les fueron retiradas, cuando en 1526 se creó la Audiencia con competencias para todo el archipiélago.
• La aproximación a Portugal
Con la idea de normalizar las relaciones con Portugal tras el enfrentamiento habido durante la guerra de sucesión a la corona de Castilla, los Reyes Católicos iniciaron un acercamiento tras el tratado de Alcaçovas, pensando en un largo periodo de paz con Portugal. A su hija mayor Isabel la prometieron en matrimonio al príncipe Alfonso, muerto éste, se concertó su matrimonio con el nuevo heredero, Manuel, que se hizo efectivo en 1496; al año siguiente Isabel fue nombrada heredera de Castilla por la muerte de su hermano Juan. Pero ese mismo año Isabel muere de sobreparto y su hijo, el príncipe Miguel, fue proclamado heredero de Castilla, Aragón y Portugal. Sólo vivió dos años y, entonces, su padre, el viudo rey Manuel se casó con María, otra hija de los Reyes Católicos, en 1500. De este matrimonio nacería la futura emperatriz Isabel, esposa de Carlos V y madre de Felipe II, a quien otorgó el posible derecho sucesorio a la corona portuguesa.
Por otro lado, el descubrimiento de América provocó el recelo portugués que alegaba el tratado de Alcaçovas para adjudicársela. Castilla que alegaba que dicho tratado sólo se refería a África, solicitó el arbitraje del papa Alejandro VI. La bula Inter caetera dividía verticalmente el planeta a partir de una línea situada a 100 millas al oeste de las islas Azores. Como Portugal siguiera protestando, un nuevo tratado, el de Tordesillas (1494), fijó la línea de ambas influencias a 270 leguas al oeste, lo que permitiría a los portugueses la colonización de Brasil.
▪ La conquista del reino nazarí (Granada)
Entre las causas de la conquista se encuentran:
– La búsqueda de la unión territorial
– La amenaza turca, que podría utilizar Granada como cabeza de puente para atacar a los reinos cristianos de España
– La disminución del cobro de parias (pago en oro que hacían los granadinos para no ser molestados por los reyes cristianos)
– Utilizaron el ideal de cruzada contra el Islam como excusa ideológica
Fases:
a) Medieval (1481/1484). Comienza con la ocupación de Zahara por el rey nazarí Abul Hassan. El peso de la guerra lo llevan los nobles: como respuesta a la agresión granadina, el marqués de Cádiz ocupa Alhama (El fracaso de Abul Hassan al intentar recuperar Alhama le llevará a perder el trono de Granada que pasa a su hijo Boabdil), pero los nobles cristianos serán derrotados en Loja y en la Axarquía.
b) Moderna (1484/1491). Los Reyes Católicos deciden intervenir utilizando la infantería apoyada por la artillería. En 1484 cae Alora (Málaga) y en 1485 Ronda y Marbella. En 1487 comienza el avance desde Murcia sobre Almería. En 1489 ocupan Baza, Almería capital y Guadix. Comienza el asedio de Granada con la construcción del fuerte de Santa Fe, al que se trasladan los reyes.
c) Fin de la guerra (1492). El 2 de enero de 1492 Boabdil entrega la ciudad. Es de destacar en las dos últimas fases de la guerra la actuación de Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán) al frente de las tropas castellanas.
▪ La incorporación del reino de Navarra
En 1512, el rey Fernando el Católico, en continuo conflicto con Francia por Italia, el Rosellón y La Cerdaña, decide intervenir en Navarra, aprovechándose de la división interna que había en este reino. Su posición, al este de Aragón y al norte de Castilla, suponía una amenaza para sus reinos en caso de que los franceses quisieran utilizar Navarra como paso para sus ejércitos. Por ese motivo, envía al duque de Alba a conquistarla. La ocupación de su capital, Pamplona supone la anexión de Navarra al reino de Castilla y la expulsión de los Albret, partidarios de la unión a Francia. Navarra conservaría su autonomía legislativa, económica e institucional.
Tanto Aragón como Castilla pasan por dificultades a los largo del siglo XV
▪ En Castilla, Enrique IV (1454/1474) está enfrentado a la nobleza, apoyada por los infantes de Aragón. Tras la “Farsa de Ávila” (1465) por la que los nobles sublevados habían proclamado rey a su hermanastro Alfonso, que entonces tenía 11 años, se inicia una guerra civil. Tres años después, muere Alfonso y la nobleza, dividida, proclama herederas del reino a Juana, la hija del rey y a Isabel, hermana de Alfonso y, por tanto, hermanastra de Enrique. Ante lo debilitada de su posición y las acusaciones de que Juana no es hija suya, Enrique firma con los partidarios de Isabel el Tratado de los Toros de Guisando (1468) por el que Isabel es nombrada heredera del trono de Castilla. Un año después, Isabel se casa en secreto con Fernando, el heredero de la corona de Aragón, provocando el rechazo de Enrique IV, que vuelve a nombrar heredera a su hija Juana.
▪ En Aragón, Juan II, por su matrimonio con Blanca de Navarra, fue proclamado rey de Navarra. A la muerte de su mujer no entregó el reino al legítimo heredero, su hijo Carlos de Viana, iniciándose una guerra civil, que acabó con la derrota de los partidarios de su hijo, los beaumonteses. A la muerte de su hermano, Alfonso V, Juan II se convierte en rey de la corona de Aragón. Los catalanes se sublevan y nombran a Carlos de Viana conde de Barcelona y Príncipe de Cataluña, a la vez que prohíben a Juan la entrada en el Principado. A la muerte de Carlos en Barcelona, comienza una guerra civil que coincide en el tiempo con la revuelta de los payeses de remensa. Tras intentar entregar los catalanes el Principado a Enrique IV, Pedro de Portugal y Renato de Anjou, en 1478 Juan II entra en Barcelona (capitulaciones de Pedralbes). Durante la guerra civil, Juan II había cedido a Luis XI de Francia, el Rosellón y La Cerdeña por su ayuda. A su muerte, en 1479, dejó Navarra a su hija Leonor y Aragón a su hijo Fernando.
En 1474 muere Enrique IV y estalla la guerra civil entre Juana la Beltraneja, apoyada por Francia, Portugal y una facción nobiliaria encabezada por el marqués de Villena y el arzobispo de Toledo, e Isabel, sostenida por la gran nobleza, las ciudades y Aragón. En 1475, Fernando e Isabel sellan la Concordia de Segovia por la que ambas reinarán en Castilla y Aragón. Las victorias isabelinas de Toro (1476) y Albuera, suponen el fin de la guerra, quedando Isabel como reina de Castilla (Tratado de Alcaçovas, 1479)
En 1479, Fernando se convierte en rey de Aragón, produciéndose la unión dinástica de ambos reinos. Cada reino mantendría su independencia y sus instituciones. Como símbolos de la unión:
▪ Las monedas con la doble efigie y sus divisas: Isabel el yugo y Fernando, las flechas
▪ Lema: Tanto monta, monta tanto.
En la práctica, Isabel sería reina de Castilla y Fernando de Aragón, a través de un virrey, además de la política exterior de ambos reinos.
16.2. LOS GOBIERNOS DEMOCRÁTICOS. CAMBIOS POLÍTICOS, SOCIALES Y ECONÓMICOS. CULTURA Y MENTA-LIDADES. (DESDE OCTUBRE DE 1982 HASTA MARZO DE 2.000).
1. LOS PRIMEROS GOBIERNOS SOCIALISTAS (1982-1992).
En las elecciones de octubre de 1982, el PSOE obtuvo 202 escaños (mayoría absoluta), lo que le permitió afrontar la transformación de la sociedad tal y como había prometido durante la campaña electoral.
La amplia victoria (la mayor de un partido hasta la fecha) tuvo varios factores que lo explican:
▪ La moderación programática tras el abandono del marxismo en el congreso extraordinario de 1979.
▪ La crítica situación de la democracia española tras el 23-F.
▪ La falta de oposición efectiva: disgregación de UCD, crisis de identidad en AP y desgaste del PCE.
a) El ajuste económico.
El acceso al poder del PSOE coincidió cuando la recesión económica, iniciada en 1973, llegaba a su fin, si bien España estaba todavía en plena crisis, pues no se había hecho el ajuste necesario. Entre 1983 y 1985, con Boyer en Economía y Solchaga en Industria, se puso en práctica una política de ajuste de carácter socio-liberal:
▪ Reconversión industrial dirigida sobre todo a las empresas del INI claramente deficitarias. Se crean los Fondos de Promoción de Empleo y las Zonas de Urgente Reindustrialización para paliar el cierre de Altos Hornos del Mediterráneo, la reestructuración de ENSIDESA, la reducción de un 50% del sector naval y la venta de SEAT a Volkswagen, entre otras actuaciones igual de drásticas. En este contexto tuvo lugar la expropiación del holding RUMASA en febrero de 1983.
▪ Reforma fiscal, primándose por primera vez los impuestos directos sobre los indirectos. El aumento de los ingresos se destinó en buena medida a la consecución de la sociedad del bienestar.
▪ Política de empleo para intentar combatir las altas tasas de paro (16% de la población activa, de las más altas de Europa): se flexibilizó el mercado laboral, aumentando los contratos temporales, pero apenas se consiguió reducir el paro por la llegada a la edad laboral de los nacidos en los 60 y la incorporación de la mujer al trabajo fuera de casa.
Desde 1986 las medidas de ajuste comienzan a dar frutos, produciéndose una reactivación económica, también apoyada en:
▪ La incorporación de España a la CEE y la masiva entrada de inversión extranjera (60 billones de dólares en este periodo), así como la reestructuración del sector financiero.
▪ La contención de la conflictividad obrera y salarial, aceptada por los sindicatos a cambio de que aumentara el gasto público y los trabajadores obtuvieran una mayor participación en los beneficios empresariales.
La negativa del gobierno a aceptar las reivindicaciones sindicales supuso la primera crisis del PSOE en el gobierno: la huelga general de 14 de diciembre de 1988, que supuso la ruptura con el sindicato hermano UGT, dirigido por Nicolás Redondo.
b) La actuación en política interior.
Durante esta primera década los gobiernos socialistas buscaron el acuerdo con los interlocutores sociales en asuntos como la legalización del aborto (evitando su total despenalización, para no romper con los sectores conservadores) o la reforma de la educación para acercarla a la europea (Ley de Reforma Universitaria de 1983, la LODE de 1985 y la LOGSE de 1990), no sin cierta contestación de estudiantes y profesores y la sustitución de Maravall por Javier Solana.
Con Narcís Serra en Defensa, se procedió a la Reforma de las Fuerzas Armadas y su sujeción al poder civil.
También tuvieron como objetivo la consecución del Estado del Bienestar, aumentando el gasto público en 4,1 puntos del PIB, empleado en la ampliación de la cobertura sanitaria (ley General de Sanidad, 1986) a todos los ciudadanos; se universalizó el cobro de las pensiones con el fin de reducir la desigualdad social (Ley de Pensiones Contributivas de 1990); se extendió la enseñanza obligatoria hasta los 16 años y se reestructuró la titulación universitaria y se aumentó en un 50% la inversión en obras públicas: duplicación de la red de autopistas y mejora de las infraestructuras de Barcelona y Sevilla con ocasión de los Juegos Olímpicos y la Exposición Universal de 1992.
En materia autonómica, en 1983 se aprobaron los últimos estatutos de autonomía: Extremadura, Illes Balears, Madrid y Castilla-León.
En política terrorista no se consiguió acabar con la capacidad operativa de ETA, pero se sentaron las bases con el Pacto de Ajuria Enea (1988), firmado por todas las fuerzas políticas vascas a excepción de HB, para aislar a los terroristas. No obstante, se intentaron todos los medios para acabar con el problema: reinserción de etarras, conversaciones de Argel, solicitud de colaboración de Francia… Entre 1983 y 1987 actuaron los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), que asesinaron a personas vinculadas con ETA.
c) La entrada en la CEE y la OTAN.
En 1977, Suárez había presentado la solicitud de adhesión a la CEE (Comunidad Económica Europea), iniciándose las negociaciones que estuvieron estancadas dos años por las reticencias francesas hacia la agricultura española. Tras la victoria socialista, en 1985 se alcanzaron los acuerdos definitivos y España, al tiempo que Portugal, pasó a ser miembro de la CEE (luego Unión Europea tras el Tratado de Maastricht de 1992) el 1 de enero de 1986.
En cuanto a la OTAN, cuando en 1981 se tuvieron que revisar los acuerdos bilaterales con EE.UU. UCD y AP creyeron conveniente integrar a España en la OTAN (Organización para el Tratado del Atlántico Norte). Tanto el PSOE como el resto de partidos de izquierdas se opusieron. Calvo Sotelo decidió la incorporación para estabilizar la situación interna del ejército español y para acercarse a la CEE. En marzo de 1982, las Cortes aprobaron la entrada, pero en la campaña electoral subsiguiente, los socialistas prometieron someter a referéndum tan decisión.
Hasta 1986 no plantearon el referéndum, siendo España ya miembro de la CEE. El PSOE hizo campaña a favor del sí y el resultado fue afirmativo con un 52,5% de los votos.
2. LOS ÚLTIMOS GOBIERNOS DE FELIPE GONZÁLEZ.
1992 fue el año de la plenitud del socialismo en el gobierno, merced a los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla, que permitieron a la nueva España democrática obtener un amplio reconocimiento internacional.
Sin embargo, ese año supone el inicio de un cambio político progresivo en la opinión pública, debido a cuatro motivos:
▪ Una nueva recesión económica: Iniciada en 1991, hasta 1994 se perdieron casi un millón de empleos, alcanzando la tasa de paro cerca del 25%. Por otro lado, la incorporación al Sistema Monetario Europeo hizo que la peseta tuviera que devaluarse en un tercio respecto al marco alemán.
Se intentó paliar la situación con un aumento del gasto público (el 47,5% del PIB en 1993), pero pronto, el reto de convergencia económica de Maastricht, le hizo reducirlo, entrando en contradicción con las necesidades de la enorme cantidad de parados que había en aquel momento.
La principal consecuencia: por primera vez, en 1994, el PSOE es derrotado en unas elecciones generales, las convocadas para el Parlamento europeo.
▪ Los escándalos de corrupción: El primero en ver la luz fue el del hermano del vicepresidente Alfonso Guerra, Juan, en 1990. En 1991 se hace público el caso FILESA, una entidad destinada a financiar ilegalmente al partido. En 1992, el gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, fue acusado de fraude fiscal y de ofrecer información confidencial a diversas personalidades sobre determinados valores bursátiles.
En 1993 Mario Conde fue destituido de la presidencia de BANESTO por malversación de fondos. En 1994, el director general de la Guardia Civil, Luis Roldán, se fuga del país tras descubrirse la apropiación de los fondos reservados y el cobro de comisiones ilegales. Ese mismo año se retomó el caso GAL, surgiendo evidencias del papel del ministro del Interior, José Barrionuevo y otros altos cargos, en la dirección de la guerra sucia contra ETA, paralelamente salieron a la luz los papeles del CESID y el asunto de las escuchas ilegales a políticos, periodistas, empresarios y al propio rey.
▪ La reorganización de la oposición: Alianza Popular, que había recogido los elementos residuales del franquismo, recibió una buena parte de los sectores democristianos y liberales al desaparecer UCD. Posteriormente, la sustitución de su fundador, Manuel Fraga, por Hernández Mancha, al frente del partido y el cambio en la denominación a Partido Popular en 1989, culminó en el IIº Congreso del nuevo partido (1990) con el nombramiento de José María Aznar como nuevo líder del partido.
A la izquierda del PSOE, tras el fracasado liderazgo de Santiago Carrillo en el PCE, ya en 1986 se forma una coalición electoral, Izquierda Unida, que integra sectores alternativos de izquierdas junto al movimiento ecologista. El nuevo líder será el nuevo secretario del PCE, Julio Anguita, que entre 1988 y 1998 mantuvo junto al PP una pinza tenaz contra la política socioeconómica del PSOE.
▪ El acoso mediático: El PSOE recibió durísimos ataques de algunos medios de comunicación, ajenos a la órbita socialista, y enfrentados, política y personalmente, con algunos de los líderes socialistas. La difusión de los escándalos de corrupción dio crédito a determinados periódicos (Diario 16, luego El Mundo) y cadenas de radio (COPE, Antena 3) que, en algún caso, acabaron vinculando sus denuncias a los intereses del exbanquero Mario Conde. Su acción se desarrolló en sintonía con la oposición parlamentaria, como si se tratara de una planificada “estrategia de crispación”, tendente a crear un clima que obligara a los socialistas a abandonar el poder.
3. EL ACCESO AL GOBIERNO DEL PP.
Las elecciones de 1994 supusieron la cuarta victoria consecutiva del PSOE, pero sin mayoría absoluta, con el 38,7% de los votos, frente al 34,7% del PP. Felipe González, para asegurar la gobernabilidad del país, hubo de pactar con los nacionalistas vascos y catalanes diversos aspectos, sobre todo en materia económica para entrar en Maastricht, aplicando medidas de control del gasto público, si bien, para amortiguar las protestas de los trabajadores, se firmó el Pacto de Toledo (1995) que garantizaba la estabilidad de las pensiones.
A cambio del apoyo político, los nacionalistas catalanes obtuvieron concesiones, como la cesión del 15% del IRPF y una mayor profundización del proceso de descentralización autonómica, resultando un factor más, el supuesto agravio a la solidaridad interregional y a la integridad territorial de España, de malestar contra el PSOE.
En esos años de descomposición del gobierno de Felipe González, el PP venció en las elecciones europeas de 1994 con el 40% de los votos y en las municipales de 1995, con el 35%. Por fin, en las elecciones generales de marzo de 1996, superó al PSOE por tan solo 300.000 votos (38,8% por el 37,4%). Ante esta situación, el nuevo presidente del gobierno, José María Aznar, reconsideró su actitud beligerante y crítica contra los nacionalistas al tener que apoyarse en el PNV y CiU para conseguir la investidura.
Aznar comenzó su legislatura concediendo el 30% del IRPF a las comunidades autónomas y un amplio programa de privatizaciones de las empresas públicas (REPSOL, ENDESA, TELEFÓNICA, TABACALERA…, en las cuales el gobierno se reservó la “acción de oro”, manteniendo la posibilidad de influir en los consejos de administración) y poniendo fin a los monopolios aún existentes (CAMPSA, TELEFÓNICA, TABACALERA), con el objetivo fijado por Bruselas (sede de la CEE) para lograr acceder a la moneda única que pedía un déficit público inferior al 3% y reducir la inflación.
Con estas medidas, desde 1996 comenzó una cierta recuperación económica, reduciéndose moderadamente el paro. A finales de 1997 España entra en la estructura militar de la OTAN.
Sintiéndose fuerte, Aznar mantuvo conversaciones de paz con ETA entre 1998 y 1999, que no concluyeron por la enorme distancia existente entre los modelos propuestos por uno y por otro. A partir de ese momento, el gobierno del PP inició una política de acoso a la izquierda abertzale, apuntando al desmantelamiento político, social y económico de las bases de ETA.
En 2.000 el Partido Popular obtuvo mayoría absoluta gracias al impulso de la evidente mejora económica y la desorganización del PSOE que tras elegir a Borrell en sustitución de Felipe González, al final presentó a Almunia en las elecciones, con un mal resultado. La victoria de José Luis Rodríguez Zapatero en las primarias socialistas frente a Bono, le permitió conseguir un candidato sólido y respaldado con vistas a la cita electoral de 2.004.
4. CAMBIOS SOCIALES Y ECONÓMICOS.
En el plano puramente social destaca la disminución de la natalidad (1,16 hijos por mujer en 1996) y el envejecimiento progresivo de la población, el acceso al divorcio o al aborto (en determinadas condiciones), la reforma del ejército (encaminado a su definitiva profesionalización), la positiva modernización de las infraestructuras (autovías, autopistas, AVE), la creciente demanda de educación y sanidad, la flexibilización laboral, el predominio del sector terciario y el aumento de las clases medias. Como aspectos negativos, la corrupción, la llamada “cultura del pelotazo”, la desaparición del empleo estable, el mantenimiento de elevadas tasas de paro y, sobre todo, la falta de cambios estructurales en profundidad en el ámbito económico, cuyo crecimiento se basó casi exclusivamente en el turismo y la construcción.
En el ámbito económico el cambio más importante, sin lugar a dudas, fue la “liberalización de la economía” que afectó negativamente a tres sectores tradicionales como la siderometalurgia (con la práctica desaparición de los altos hornos españoles), el textil (las industrias de este sector están deslocalizadas en zonas de mano de obra más barata) y la industria agroalimentaria (buena parte en manos de multinacionales extranjeras, especialmente el sector olivarero). En segundo lugar habría que mencionar el desmantelamiento de las empresas públicas y el fin aparente de algunos monopolios (en la práctica, tanto RENFE como TABACALERA siguen siendo monopolios). En tercer lugar la reforma fiscal, con el objetivo de aumentar la eficacia de la recaudación de impuestos (IRPF, IVA…) y acabar con el fraude. Y, finalmente, en cuarto lugar, la reforma financiera, empezando por la agrupación de las diferentes entidades bancarias estatales (Banco Exterior de España, Banco Hipotecario, Banco de Crédito Local, Caja Postal e Instituto de Crédito Oficial) en un gran banco público, ARGENTARIA. A rebufo de esta actuación el Banco Central y el Hispano se fusionan y así, con la realizada en 1988 por los bancos de Bilbao y Vizcaya, se consolidan tres grandes grupos bancarios: BBV, ARGENTARIA y BCH (Central-Hispano), manteniéndose dos medianos, BANESTO y Santander y otros más pequeños, pero saneados como el Popular. En 1996, el nuevo gobierno del Partido Popular privatiza Argentaria, que se uniría al BBV y el Santander haría lo mismo con el BCH, absorbiendo más adelante a Banesto tras la intervención del Banco de España por el asunto Mario Conde. De forma paralela se inicia una reconversión tímida de las cajas de ahorro.
5. CULTURA Y MENTALIDADES.
En el campo educativo, la escolaridad obligatoria pasó de los 14 a los 16 años, eliminándose el desfase entre la edad escolar anterior (14 años) y la edad laboral (16 años) a través de dos leyes, la LODE y la LOGSE. El salto universitario se acortó: si en 1977 el 15% de la población cursaba estudios medios o superiores, veinte años después superaba el 50%.
Por otro lado, el acceso a la sociedad del bienestar acentuó el consumismo y la llamada “cultura del ocio”, sin embargo y, como contraste, se produjeron bolsas de miseria (Cuarto Mundo) con jubilados de pensiones bajas, parados de larga duración e inmigrantes.
La escolarización obligatoria vino acompañada de un programa de igualdad entre los sexos, elevándose los porcentajes de población escolar y laboral femenina, aunque no se ha logrado superar del todo la desigualdad (salarios más bajos, escasa presencia de la mujer en altos cargos, dificultades para acceder al mundo laboral).
Paralelamente y, como expresa la Constitución, la sociedad se secularizó progresivamente, dejando de ser la religiosidad una imposición social al pasar al ámbito privado. También ha crecido el interés hacia los problemas globales como la convivencia interracial, la solidaridad con los países en conflicto del Tercer Mundo, los constantes intercambios culturales, la inmigración y las consecuencias del desarrollo económico no sostenible (ecologismo).
En el ámbito cultural, merece destacarse el papel realizado por los sectores intelectuales en el impulso democrático en todos los ámbitos: manifestaciones, exposiciones, obras literarias y cinematográficas. La expansión económica vino acompañada de un fenómeno de acceso de masas a la cultura a través de la construcción o remodelación de grandes centros como el Reina Sofía, El Prado, el Guggenheim y la puesta en marcha de exposiciones antológicas, alcanzando al resto de países del entorno.
16.1. LA TRANSICIÓN A LA DEMOCRACIA. LA CONSTITUCIÓN DE 1978. PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES Y DESARROLLO INSTITUCIONAL. EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS Y SU EVOLUCIÓN (HASTA OCTUBRE DE 1982; PRIMER GOBIERNO SOCIALISTA)
1. LA HERENCIA DEL FRANQUISMO.
El régimen no podía mantenerse a la muerte de Franco, debido a razones:
▪ Intelectuales: Los poderes debían pasar a las Cortes y al Presidente del Gobierno, y el rey no tenía los poderes que tuvo Franco, por lo que la monarquía, aunque no fuera parlamentaria, estaba sujeta a unas leyes, resultando en la práctica un régimen nuevo.
▪ Políticas: El rey no quería el continuismo, quería que su acceso al trono significara un cambio radical de régimen, teniendo a su favor la inexistencia de una figura continuista del franquismo.
▪ Socioeconómicas: El desarrollo económico de los años 60 había cambiado a la sociedad española, que exigía una equiparación con los modelos políticos europeos.
▪ Externas: La caída del salazarismo en Portugal en 1974, las presiones de la Comunidad Europea, de los EE.UU. y de la Iglesia surgida del Concilio Vaticano II, dificultaban la continuidad del régimen.
2. LAS OPCIONES.
▪ El continuismo, defendido por el “búnker” franquista: altos mandos militares, grupos oligárquicos falangistas y económicos.
▪ La ruptura con el régimen defendida por la Junta Democrática.
▪ La ruptura pactada apoyada por la Plataforma de Convergencia Democrática.
▪ La reforma del régimen, como maniobra política para cambiarlo en realidad desde dentro, propuesta por el rey y el sector reformista del régimen.
3. LOS PRIMEROS MESES.
En un principio, se mantuvo como Presidente de gobierno a Arias Navarro, aunque don Juan Carlos tuvo la habilidad de situar a su antiguo preceptor, Torcuato Fernández Miranda, al frente de las Cortes y del Consejo del Reino. En el nuevo gobierno entraron ministros reformistas como Areilza, Fraga, Osorio y Garrigues Walker.
Pronto se vio que Arias Navarro no iba a ser capaz de conducir la transformación del régimen. El aumento de las huelgas, los sucesos de Vitoria (3.III.1976), el enfrentamiento entre carlistas en Montejurra (9.V.1976) y la unión de la oposición en una Coordinadora Democrática, conocida como Platajunta, facilitó la decisión del rey de hacer dimitir al Presidente el 1 de julio de 1976.
4. ADOLFO SUÁREZ: EL DESMANTELAMIENTO DEL RÉGIMEN FRANQUISTA.
Con la elección de Adolfo Suárez como Presidente de Gobierno y la actuación de Torcuato Fernández Miranda, como Presidente de las Cortes, se inicia el desmantelamiento legal del franquismo.
Para dar credibilidad a sus intenciones reformistas, Suárez, de acuerdo con el rey, concedió una amplia amnistía (30.VII.1976) y comenzó una serie de contactos con la oposición para llevar a cabo su estrategia de reforma pactada, que concluiría en una ruptura real. A primeros de septiembre, expuso su proyecto a los jefes militares del ejército y nombró vicepresidente al general Gutiérrez Mellado.
El siguiente paso fue presentar un proyecto de Ley para la Reforma Política a las Cortes franquistas, que fue finalmente aceptado con 425 votos a favor, 19 en contra y 13 abstenciones. A continuación convocó el 15 de diciembre de 1976 un referéndum para que el pueblo español se pronunciara sobre la nueva Ley, que resultó aprobada por abrumadora mayoría.
Antes de la convocatoria de elecciones a lo que obligaba la nueva Ley de Reforma Política, era necesario legalizar los partidos políticos. El 10 de febrero de 1977 un decreto-ley, previamente pactado con la oposición, regulaba el Derecho de Asociación Política, presentándose para su legalización 150 partidos políticos.
El 23 de marzo se regulaban las normas electorales, estableciéndose para el Congreso de Diputados una representación proporcional basada en la ley d´Hont, en candidaturas provinciales, con listas cerradas. Para el Senado, candidaturas individuales o personales.
El 9 de abril, sábado santo, por sorpresa, Suárez legaliza el Partido Comunista Español, ante las protestas de las fuerzas armadas y la dimisión del ministro de Marina. Luego disolvió el Tribunal de Orden Público, el sindicato vertical y el Movimiento Nacional, amplió la amnistía, legalizó la ikurriña, las centrales sindicales, se restauraron las Juntas Generales de Vizcaya y Guipúzcoa y la Generalitat de Cataluña. El 15 de abril convocaba elecciones para el 15 de junio.
El resultado de las elecciones apoyó la estabilidad de los que habían iniciado la reforma. UCD, el partido creado por Suárez, obtuvo una mayoría relativa (166 escaños), el PSOE 118, y tanto el PCE como Alianza Popular, el partido conservador de Fraga, sufrieron un gran descalabro. Los grupos nacionalistas de Cataluña y el País Vasco consiguieron un resultado que pronosticaba su futuro protagonismo.
El gobierno de UCD y las Cortes surgidas de las elaciones se enfrentaron a 3 retos principales:
▪ La crisis económica y el nuevo marco de relaciones laborales.
▪ La elaboración de una Constitución.
▪ La integración de las nacionalidades históricas en la España democrática.
Había que atajar la situación de paro creciente y de inflación sin medida. El 25 de mayo de 1977 se firman los Pactos de la Moncloa entre todas las fuerzas políticas y sindicales, aunque en las negociaciones económicas y laborales posteriores solo intervinieron el gobierno correspondiente, los sindicatos y la patronal. Se consiguió frenar la tendencia negativa de la economía y reducir la inflación y el déficit exterior, pero no se detuvo el incremento del paro. Además, se realizó una reforma fiscal que puso fin al obsoleto sistema tributario del franquismo, se aprobó una ley que reestructuraba la Seguridad Social y se creó el INEM.
5. LA CONSTITUCIÓN DE 1978.
El proyecto fue redactado por una comisión integrada por 3 representantes de UCD (Miguel Herrero, Jose P. Pérez Llorca, Gabriel Cisneros), uno del PSOE (Gregorio Peces Barba), uno del PCE (Jordi Solé Tura), uno de CiU (Miguel Roca) y uno de AP (Manuel Fraga). Tras 16 meses de discusiones se redactó una Constitución que recogía las aspiraciones más importantes de todos los grupos políticos. Aprobada por ambas cámaras y sometida a referéndum el 6 de diciembre de 1978, fue sancionada por el rey y entró en vigor el 29 de diciembre de 1978.
La Constitución define a España como un Estado social y democrático y de derecho. Se garantiza la participación de los ciudadanos a través de representantes libremente elegidos. Se afirma la obligación del Estado a promover el bienestar colectivo.
En el Título primero se da una amplia declaración de derechos y libertades individuales: abolición de la pena de muerte, derecho a la integridad física, derecho a la seguridad, a la educación, a la Seguridad Social, libertad religiosa, de expresión, de pensamiento, de reunión y manifestación y deber de mantener el Estado.
Se crea la figura del Defensor del Pueblo.
Se definía el sistema político como una monarquía parlamentaria en la que el rey, como Jefe del Estado, Arbitra entre las diferentes instituciones, pero carece de poder ejecutivo. El cargo es vitalicio y hereditario. Sanciona las leyes aprobadas en las Cortes y tiene el mando supremo de las Fuerzas Armadas.
Se establece el principio de la división de poderes:
▪ Legislativo en las Cortes: Congreso de Diputados y Senado (bicameral), elegido por sufragio universal, directo y secreto, para un periodo de 4 años.
▪ Ejecutivo en el gobierno, integrado por el Presidente, elegido por el Congreso de Diputados, los vicepresidentes y los ministros.
▪ Judicial en jueces y magistrados, coordinados en última instancia por el Tribunal Supremo.
Se crea el Tribunal Constitucional.
Se descentraliza el Estado al contemplarse la posibilidad de que las regiones y nacionalidades puedan optar por convertirse en comunidades autónomas.
6. EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS Y SU EVOLUCIÓN.
En la primera mitad de 1978, 13 decretos leyes establecieron el mapa autonómico, completado cuando Cantabria, La Rioja y Madrid optaron por formar regiones propias (Navarra ya tenía autonomía previa)
En octubre de 1979 fueron aprobados los estatutos vasco y catalán. En las elecciones a los parlamentos autónomos vencieron los partidos nacionalistas: Garaicoechea fue investido Lehendakari en el País Vasco y Jordi Pujol, Presidente de la Generalitat en Cataluña.
En meses sucesivos se aprobaron el resto de estatutos de autonomía y se comenzaron a elegir sus órganos de gobierno.
La organización territorial autonómica supuso el fin del centralismo histórico. La principal consecuencia fue la aparición de múltiples centros de poder, pues la Constitución propugna que España está integrada por diversas nacionalidades y regiones, con capacidad para tomar decisiones políticas.
En los respectivos estatutos de autonomía se especifica la organización de cada una y se definen las instituciones de autogobierno: Asamblea legislativa, Consejo de Gobierno, Presidencia de la Comunidad y Tribunal Superior de Justicia. También se regulan las materias y competencias del gobierno central y autonómico, reservándose el primero los asuntos internacionales, la defensa del territorio, el sistema fiscal y la ordenación general de la economía. El resto de áreas competenciales, incluso la policía (mossos d’esquadra y ertzaintza), recae en las comunidades autónomas.
Las autonomías disponen de sus propios recursos procedentes de los impuestos cedidos por el Estado central. En la actualidad existen 17 autonomías y 2 ciudades autónomas. Para salvaguardar el principio de solidaridad, la Constitución establece un Fondo de Compensación económica destinado a corregir y neutralizar lazs desigualdades regionales.
7. EL PRIMER GOBIERNO DE UCD: ADOLFO SUÁREZ.
Aprobada la Constitución, se convocan elecciones generales, venciendo de nuevo la UCD de Suárez con 168 escaños. Esta nueva etapa de gobierno estuvo afectada por:
▪ La escalada terrorista. ETA intensificó su actividad para que el gobierno aceptara el programa para la independencia de Euskadi, elaborado por KAS (Koordinadora Abertzale Sozialista), complementado por la acción política de Herri Batasuna, que obtuvo en 1980 más del 15% de los votos en las elecciones autonómicas vascas. A ETA se sumarían el FRAP, que desaparecería al final de la década y el GRAPO, de poco claros principios de actuación.
▪ La amenaza de golpismo en las Fuerzas Armadas. La vía reformista hacia la democracia no había prevista ninguna depuración de la administración, ni de las fuerzas de orden público ni del ejército, por ello los sectores nostálgicos del franquismo creían que conservaban el control de los aparatos del Estado. Por otro lado, la jerarquía militar, que se había sentido traicionada por Suárez cuando legalizó el Partido Comunista, había impedido que se concediera amnistía a los militares de la UMD y presionado para que no se quitara la pena de muerte del Código de Justicia Militar, entre otras cosas. Suárez había nombrado vicepresidente para asuntos de la defensa a Gutiérrez Mellado para controlar el descontento militar. Sin embargo, los rumores de golpe militar continuaron. En noviembre de 1978 fue desarticulada la Operación Galaxia, que pretendía secuestrar al gobierno en el palacio de la Moncloa y colocar en su lugar una Junta Militar.
▪ Desde el primer momento Suárez estuvo sometido a un fuerte desgaste, incrementado por el proceso autonómico. A principios de 1980 ralentizó la descentralización del país y acordó proponer la vía del artículo 143 de la Constitución como vía lenta de acceso a la autonomía, dejando el artículo 151, la vía rápida solo para las comunidades históricas, suscitando el recelo del resto.
Por otro lado, concluido el consenso, el PSOE acentuó su oposición, presentando una moción de censura en mayo de 1980, que no prosperó por tan solo 14 votos.
Por si esto fuera poco, Suárez debió de hacer frente a la progresiva desintegración de su propio partido en el que la falta de unidad quedó de manifiesto cuando se abordaron algunos asuntos controvertidos como el divorcio, la reforma fiscal y el autonomismo. Su liderazgo fue puesto en entredicho por los llamados barones: Fernández Ordóñez (socialdemócrata), Álvarez de Miranda (democristiano) y Garrigues Walker (liberal).
A finales de enero de 1981 Suárez presenta la dimisión. Poco después, los reyes son increpados por Batasuna en su visita a la Casa de Juntas de Guernika. Ante estos hechos, los golpistas reaccionan. El 23 de febrero de 1981, mientras tenía lugar el debate de investidura del sucesor de Suárez, Calvo Sotelo, el teniente coronel Tejero ocupa el Congreso y secuestra a los diputados. Milans del Bosch decreta en Valencia el estado de excepción y se vive una situación de máxima tensión en todos los cuarteles. La intervención del rey fue decisiva para que, durante la madrugada, se volviera paulatinamente a la normalidad.
8. EL GOBIERNO DE CALVO SOTELO.
El fracaso del golpe revitalizó la democracia. Dos días después se celebraban multitudinarias manifestaciones en defensa del orden constitucional y Leopoldo Calvo Sotelo era investido como nuevo Presidente de Gobierno. Se recobra el consenso, pactándose el Acuerdo Nacional de Empleo (junio de 1981) y la LOAPA (Ley Orgánica de la Armonización del Proceso Autonómico).
No obstante, las discrepancias volvieron con la decisión del gobierno de incorporar a España a la OTAN (1982) sin ser sometido a referéndum.
A esto se sumó el impacto de una nueva recesión económica, con un crecimiento del PIB inferior al 1% entre 1978 y 1982, déficit de la balanza de pagos y aumento del paro (1982: 2 millones).
La situación de Calvo Sotelo se hizo insostenible cuando se inicia la desintegración de UCD: Fernández Ordóñez y su grupo abandonan el partido, Landelino Lavilla reemplaza a Calvo Sotelo en la Presidencia de UCD y Suárez lo abandona para fundar el CDS.
Tras varias remodelaciones de gobierno, Calvo Sotelo disuelve las Cortes en agosto de 1982 y convocó elecciones anticipadas para octubre de ese mismo año, en las que el PSOE obtuvo mayoría absoluta, dando lugar a una fase de normalidad en la democracia española.
El Bienio radical-cedista (1934-1936)
a. Las primeras medidas
Dividido en dos etapas por la Revolución Socialista de octubre de 1934.
A los pocos días de la victoria de la derecha, la CNT desencadenó una insurrección armada, que causó 89 muertos y 163 heridos, siendo encarcelados 700 insurgentes y cerrados los locales y periódicos anarquistas.
El 18 de diciembre Lerroux forma un gobierno de radicales con el apoyo parlamentario de la CEDA. La gestión de los primeros nueve meses fue difícil y conflictiva, en parte por la poca unión del propio gobierno y, en parte, por la presión cedista. Sus principales medidas tendieron a eliminar los avances del bienio anterior:
• La Ley de Amnistía, que afectaba a los que habían participado en el golpe de Estado del 10 de agosto,
que supuso la salida de Lerroux del gobierno por no mostrarse de acuerdo Alcalá Zamora.
• La paralización de la reforma agraria, la derogación de la ley de Términos Municipales y del decreto de
intensificación de cultivos, que supuso la práctica expulsión de sus asentamientos de miles de yunteros
extremeños en agosto de 1934. También se decretó la libertad de contratación y de fijación de salarios
en el campo.
• La paralización de la reforma militar de Azaña, restituyendo en puestos clave a militares antirrepublica-
nos como Cabanellas, Poded, Mola o el propio Franco.
• Intento de acercamiento a la Iglesia, mediante la fijación de derechos pasivos y la paralización del pro-
ceso de secularización de la enseñanza.
• Enfrentamiento con los nacionalistas vascos, cuyo nuevo proyecto de Estatuto fue paralizado. Y con los
catalanes cuya Ley que convertía a los arrendatarios de tierras en propietarios al cabo de 12 años fue
recurrido ante el Tribunal de Garantías Constitucionales y declarada anticonstitucional.
Paralelamente se mantuvieron las huelgas, los debates encendidos y la división creciente entre las derechas y las izquierdas.
En la derecha se forman tres grupos básicos: Falange Española y de las Jons, renovación Española, partido de los monárquicos y, sobre todo, la CEDA. Las Juventudes de Acción Popular (JAP) actuaban ya como una milicia fascista a clamando a Gil Robles como el «Jefe» a imitación de los modelos alemán e italiano.
En el centro, cada vez más desprestigiado por su colaboración con la CEDA, se sitúa el Partido Radical de Lerroux, dividido tras la marcha de Martínez Barrio, el partido de Maura y el PNV.
En la izquierda se reconstruye la izquierda republicana. En abril de 1934 nace la Izquierda Republicana de Azaña, aglutinando al PRRS de Marcelino Domingo y la ORGA de Casares Quiroga. En septiembre, Martínez Barrio funda la Unión Republicana. Mientras la izquierda obrera se radicaliza: el PSOE, liderado por Prieto y Largo Caballero, impone la preparación de una revolución en el caso de que la CEDA llegue al gobierno y se hacen con el control de UGT. Las Juventudes Socialistas se acercan a los comunistas gracias al liderazgo de Santiago Carrillo. El PCE inicia un acercamiento al PSOE para crear un frente antifascista. Sólo la CNT se mantiene al margen.
Ante la serie de medidas adoptadas contra la reforma agraria, la UGT convoca una huelga general de campesinos, que duró 12 días y se extendió por 38 provincias, que acabó en fracaso por la dura represión del gobierno: 13 muertos y 7.000 detenidos, cierre de las Casas del Pueblo y periódicos socialistas. El movimiento campesino tardó meses en recuperarse.
b. La revolución de octubre de 1934
El clima de violencia y de tensión política generó una situación explosiva que llevó a los dirigentes obreros a preparar una insurrección armada ante el temor de que la CEDA entrase en el gobierno. El 4 de octubre entran en él 3 cedistas. Esa misma tarde los dirigentes socialistas dan la orden de huelga. El día 5 el paro es general en todas las ciudades, pero no en el campo.
En Asturias, desde el primer día, la movilización es una insurrección armada revolucionaria. Todos los obreros están en armas, organizados y preparados. En 2 días controlan los principales núcleos urbanos y conquistan, enfrentándose al Ejército, la propia capital. Pero el movimiento fracasó en Madrid, cuando el gobierno ordenó el acuartelamiento de las tropas y la detención de los principales dirigentes socialistas y comunistas. En Cataluña, su presidente Companys mantuvo la esperanza de triunfo hasta que el general Goded ordenó el bombardeo de la Generalitat.
Hacia el día 12 la insurrección estaba sofocada en todas partes menos en Asturias. Pero la intervención del ejército fue aquí decisiva. Francisco Franco, con plenos poderes, entregó el mando de las operaciones al general López Ochoa que el día 19 conseguía la rendición de los obreros. El balance fue brutal: 1.051 muertos y el doble de heridos entre los insurrectos y 284 muertos y 900 heridos entre las fuerzas del orden y el ejército. Además, 30.000 detenidos. Tras esto, izquierdas y derechas se ven abocadas al enfrentamiento que cristalizará en la formación de las dos grandes coaliciones que se enfrentarán en las elecciones de febrero de 1936.
c. El final del bienio derechista
A lo largo de 1935 hay varios procesos paralelos:
• El enfrentamiento ante las represalias por la revolución de octubre entre los partidarios de llevarla hasta el fin, ejecuciones incluidas y quienes reclamaban una amnistía. A finales de marzo, Lerroux firmó los indultos de los principales dirigentes de la insurrección, provocando el abandono del gobierno por los cedistas, aunque más tarde volverían a entrar, con Gil Robles en Guerra.
• Un agrupamiento de la derecha antirrepublicana en el llamado Bloque Nacional, formado por sectores monárquicos y oligárquicos, encabezado por Calvo Sotelo, Goicoechea y Alba, y con personajes como Maeztu, Saínz Rodríguez o Rodezno, de ideología ultraconservadora. Defendían un estado autoritario y corporativo, similar al fascista. Será la alternativa a la CEDA porque Falange es un partido con escasa repercusión popular. A lo largo del año tanto Calvo Sotelo como Gil Robles contactan con diversos generales para prever la posibilidad de un golpe de Estado.
• El acercamiento entre todas las fuerzas de la izquierda, burguesa y obrera. Exigen amnistía y reclaman la disolución de las Cortes y nuevas elecciones. Azaña se convertirá en el líder. Mientras el PSOE impone la línea dura y favorable al entendimiento con los comunistas.
En 1935 el gobierno de derechas continúa con su política de rectificación de las reformas anteriores:
• Suspensión del Estatuto de Cataluña
• Nueva Ley de Reforma Agraria (1 de agosto), auténtica contrarreforma que en la práctica paralizó la Re
forma agraria. La Ley de Arrendamientos impedía que los arrendatarios pudieran acceder a la propie-
dad y, en agosto, la no renovación de la Ley de Yunteros, los campesinos extremeños fueron expulsa-
dos de las tierras que el gobierno de Azaña les había entregado. En noviembre de 1935 el paro afecta-
ba ya a 800.000 personas.
La situación del gobierno era muy inestable al tener que verse arropado por el extremismo de la CEDA y la actitud de Alcalá Zamora, cada vez más crítico con el gobierno por su alejamiento de la Constitución. El nombramiento de Franco como jefe del Estado Mayor y a Banjul, Goded y Mola, proclives al golpe de Estado, en los principales mandos del ejército, fue también una fuente de recelos de la izquierda y del propio Presidente de la República.
La crisis definitiva se desencadenará en octubre, cuando estalla el escándalo del estraperlo (autoriza-ción de los principales altos cargos radicales, a cambio de sobornos, a un fabricante holandés, Strauss, para introducir en los casinos españoles una máquina de juego), que hunde a Lerroux. Después de varios intentos de gobiernos de concentración, el 30 de diciembre, Portela Valladares, formó un gobierno con el compromiso de Alcalá Zamora de disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones.
Las elecciones de 1936 y el Frente Popular
El 15 de enero se firma el Pacto del Frente Popular basado en un programa mínimo, de orientación más bien de izquierda republicana burguesa: poner en marcha las reformas del primer bienio, decretar una amnistía y anular todas las represalias por la revolución de octubre y restablecer las garantías constitucionales. Al pacto se unieron Izquierda Republicana, Unión Republicana, el PSOE, el PCE y el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista, de tendencia trotskista) La CNT no entró, pero no pidió la abstención.
La otra gran coalición se formó en la derecha, entre el Bloque Nacional y la CEDA, aunque esta última llegó a acuerdos parciales en algunas circunscripciones con radicales y partidos republicanos, lo que provocó confusión al presentarse dos candidaturas de derecha en muchas provincias. Tampoco tuvo un programa firme y coherente, tan sólo les unía el rechazo a la revolución, al marxismo y la amenaza de la victoria del Frente Popular. Tanto Falange como el PNV se mantuvieron al margen de la coalición de derechas.
Las elecciones se celebraron sorprendentemente con bastante orden. El 72% acudió a votar. La izquierda triunfó en las grandes ciudades, en las provincias del sur y en la periferia, mientras que las derechas se impusieron en el norte y en el interior. La victoria de las izquierdas fue notable: 263 escaños frente a 210.
En los días siguientes, sin esperar a una segunda amnistía ni a la proclamación de los resultados, se abrieron las cárceles. El 19, Portela Valladares dimitió, siendo sustituido por Azaña, que formó un gobierno con republicanos de izquierda, sin el PSOE..
Rápidamente se puso en marcha de forma acelerada su programa: amplia amnistía, reposición en el puesto de los funcionarios expulsados tras octubre de 1934 y comenzó a restablecer la legislación del primer bienio. También alejó de Madrid a los generales sospechosos de conspiración: Franco a Canarias, Goded a Baleares y Mola a Pamplona.
Los sindicatos agrarios comenzaron a ocupar fincas y a ponerlas en explotación. El 20 de marzo, un decreto autorizaba al IRA a expropiar cualquier finca, reteniendo el propietario la propiedad hasta que se resolviera la indemnización. La resistencia de los terratenientes provocó el enfrentamiento entre campesinos y guardia civil. Desde febrero al 17 de julio se expropiaron más de medio millón de hectáreas y se asentó a 108.000 familias.
Pero el gobierno se encontraba entre dos frentes, entre una derecha que inicia la conspiración que llevó al levantamiento militar de julio y una izquierda obrera radicalizada que no le apoyó en ningún momento. Poco a poco se perdió el control de las calles, produciéndose algaradas, provocaciones y asesinatos.
Nada más constituirse las Cortes y tras amplio debate Alcalá Zamora fue destituido pues había disuelto las Cortes en dos ocasiones y las nuevas estimaron improcedentes la disolución de la anterior. La decisión respondió, al parecer, a un acuerdo entre Azaña y Prieto para asumir respectivamente la presidencia y la jefatura del gobierno, resucitándose la coalición republicano-socialista del primer bienio.
Azaña fue elegido Presidente de la República, pero Prieto no consiguió formar gobierno al no contar con la aprobación de su partido, al imponerse las tesis radicales de Largo Caballero sobre las centristas de colaboración con la izquierda burguesa que proponía Prieto. Azaña optó entonces por encargar formar gobierno a Casares Quiroga, que los hizo con miembros de Izquierda Republicana y Unión Republicana.
Entre mayo y julio se suceden los acontecimientos:
• El restablecimiento de la legislación progresista del primer bienio y la tramitación de los Estatutos de Autonomía vaso y gallego. El primero tuvo que esperar a octubre, con la guerra iniciada, a ser aprobado y, el segundo, se aprobará en junio tras plebiscito.
• Enfrentamientos entre grupos radicales que no pudo atajar el gobierno. El 16 de junio en áspero debate parlamentario, Gil Robles da las siguientes cifras: 269 homicidios, 1.287 heridos, 170 iglesias quemadas, 133 huelgas generales y 216 parciales en cuatro meses, acusando al gobierno de ser el responsable único. Pero las cifras son exageradas. En el mismo debate se produce un enfrentamiento entre Calvo Sotelo, que insinúa la posibilidad de un golpe militar y Casares Quiroga le responde que, si algo ocurre, que no ocurrirá, haré a su señoría responsable de todo.
• La conspiración militar, que ya venía desde diciembre de 1934 con los primeros contactos entre Fanjul, Varela y Gil Robles. Pero desde el mismo momento de las elecciones la derecha llega a la conclusión de que sólo un golpe militar puede ser capaz de acabar con la inminente revolución socialista. Se unieron los principales líderes políticos de la derecha (Gil Robles, Calvo Sotelo, Goicoechea, Saín Rodríguez, que negoció con Mussolini la ayuda material y económica para el golpe; el carlista Fal Conde, y el mismo Jose Antonio Primo de Rivera, detenido en Alicante por tenencia ilícita de armas), los representantes de la oligarquía económica (Gamazo, Juan March) y los generales antirrepublicanos (Mola, Varela, Goded, Banjul, Franco y Saliquet). Un primer intento para el 20 de abril fracaso y, entonces, Mola, toma el mando de la conspiración bajo el nombre de El Director y prepara el golpe para julio.
El golpe se acelera a raíz del asesinato el 12 de julio de un oficial de la guardia de asalto, el teniente Castillo, que fue respondido de madrugada por sus compañeros con el asesinato y secuestro del José Calvo Sotelo. Al parecer este hecho es el que decide a Franco a participar en la sublevación, que se inicia el 17 de julio por la tarde en Marruecos ante la inoperancia de un gobierno que siguió creyendo durante muchas horas que se trataba de un intento limitado y condenado al fracaso. Dos días después, la guerra civil era un hecho.
14.2. LA SEGUNDA REPÚBLICA: LA CONSTITUCIÓN DE 1931 Y EL BIENIO REFORMISTA. REFORMAS Y REALIZACIONES CULTURALES
A) EL MARCO HISTÓRICO
El crack de 1929 y la Gran Depresión subsiguiente (1929-1932) acabaron con el periodo de prosperidad de los años 20, provocando enfrentamientos e intolerancia en la sociedad occidental, causante de la crisis de las democracias europeas.
La población se radicalizó políticamente, polarizándose en un totalitarismo estalinista antifascista y en uno de derechas anticomunista, que tuvo como modelo el fascismo italiano de Mussolini, que triunfará en Portugal con Oliveira Salazar y en Alemania con Hitler (1933). Ambos totalitarismo influyeron en los países europeos. Mientras algunos sectores de la derecha van a fascistizarse, otros de la izquierda se bolchevizarán.
Por otro lado, el capitalismo, por efectos de la depresión, entra en crisis, teniendo los Estados que intervenir en la economía, creando empresas públicas que serán destinadas a fines muy diversos. En Italia y Alemania a producir un armamento cada vez más letal que será ensayado en la Guerra Civil española.
Así, la democracia y la república llegó a España en unas circunstancias internacionales poco propicias.
Para 1931, España es un país atrasado económicamente y con enormes diferencias de clase. Tenía una población de 23,5 millones de habitantes, la mayoría campesinos (el 45,5% de la población activa), por lo que seguía siendo predominantemente rural, con unas estructuras arcaicas y una propiedad mal repartida: unas 10.000 familias poseían más de la mitad de las tierras y de ellas dependían 2 millones de jornaleros.
El proteccionismo generalizado producido por el crack de 1929, frenó el comercio exterior español. La peseta se devaluó, la Bolsa se derrumbó, la minería asturiana y la siderurgia vasca se estancaron. Por otra parte, la llegada de la República originó una fuga de empresarios y capitales hacia el extranjero (Palafox estima en 1.000 millones de pesetas los que dejaron de invertirse en la industria y en el campo). En consecuencia, aumentó el paro y las huelgas, siendo 1933 el peor año de la crisis con 600.000 parados (el 60% campesinos).
B) EL FIN DE LA MONARQUÍA
Vino motivado por el fracaso de la Dictadura de Primo de Rivera y su alianza con el trono, que fortaleció las tesis republicanas con la formación de la Alianza Republicana (radicales de Lerroux, Acción Republicana de Azaña y radicales-socialista de Marcelino Domingo), que junto al PSOE y los nacionalistas catalanes firmarán en 1930 el Pacto de San Sebastián, para implantar la República y dar un estatuto a Cataluña. Por otro lado, la aceptación de Alfonso XIII de la Dictadura, hizo que muchos monárquicos repudiaran la monarquía. El 12 de abril vencen los republicanos en las elecciones municipales, el 13 la posición del rey es insostenible, el 14 de madrugada marcha al exilio, por la mañana se proclama la Segunda República y se nombra un gobierno provisional.
C) EL GOBIERNO PROVISIONAL
Está integrado por los firmantes del Pacto de San Sebastián y estuvo presidido por Alcalá Zamora. De abril a diciembre acometen las siguientes reformas:
▪ Militar. Azaña promulga su ley en 1931 con dos objetivos básicos: reducir el gasto militar y hacer más operativo al ejército. Permitió que pasaran a la reserva los jefes y oficiales que lo desearan, conservando el sueldo íntegro (84 generales, 8.650 oficiales y 1.866 mandos menores, cerca del 50% del total). Al resto le exigió fidelidad a la República. Eliminó los cargos de capitán general y de teniente general, cerró la Academia Militar de Zaragoza y suprimió los ascensos por méritos. Subió los salarios de la Guardia Civil, de los Carabineros y creo la Guardia de Asalto.
▪ Educativa. Para atajar el alto índice de analfabetismo. Se construyeron 6.750 escuelas, se crearon 7.000 plazas de maestro a los que se subió el sueldo y se proporcionaron cursos nocturnos para adultos en las Universidades Populares.
▪ Agraria. Desde el ministerio de Trabajo, Largo Caballero promulgó una serie de leyes que establecieron la jornada laboral de 8 horas, la obligatoriedad a los patronos de contratar a los jornaleros del término municipal, fijó el salario mínimo, prohibió desahuciar a los arrendatarios por falta de pago y decretó el laboreo forzoso de aquellas tierras que debiendo estar cultivadas no lo estaban.
▪ Iglesia. Perderá las subvenciones del Estado, siendo la enseñanza de la religión no obligatoria. También se les apartó de la enseñanza y de otras actividades económicas no relacionadas con su profesión. El creciente anticlericalismo incontrolado supuso la quema entre el 11 y el 12 de mayo de un centenar de iglesias y conventos en Madrid y otras ciudades. Ante estos hechos, la Iglesia y los católicos se opusieron frontalmente a la República casi desde el primer momento.
D) LA CONSTITUCIÓN DE 1931
El 28 de junio de 1931 se celebraron las primeras elecciones generales para Cortes Constituyentes. Cuatro millones y medio de españoles votaron (70% del censo). El partido más votado fue el PSOE (116 escaños), seguido del Radical de Lerroux (90 escaños) y del radical-Socialista (57). El partido de Azaña tuvo 26 diputados, Esquerra Republicana, 36, la ORGA de Casares Quiroga, 15 y el PNV, 14. 90 diputados obtuvieron las derechas republicanas y 30 los monárquicos. Las nuevas Cortes elaboraron una Constitución que fue aprobada el 9 de diciembre de 1931.
Se trata de una Constitución democrática que recoge las ideas socialistas y republicanas con el objetivo de cambiar radicalmente las estructuras del Estado. Definía España como una República de trabajadores (artículo 1). Reconoce la libertad de cultos, de expresión, de reunión y de asociación, suprimía la censura previa. Se protegen los derechos de los trabajadores (seguros de desempleo y de enfermedad), la posibilidad de que a mujer ocupe cargos públicos y el matrimonio civil y el divorcio.
El poder ejecutivo y el Presidente de la República son elegidos y sus actos aprobados o censurados por las Cortes (poder legislativo).
Fue muy discutida la cuestión religiosa. Finalmente, a pesar de los deseos de expulsar a todas las órdenes religiosas y la confiscación de sus bienes, solo se aplicó a los jesuitas. En el plazo de dos años la Iglesia dejaría de percibir subvenciones del Estado y se le prohibiría ejercer la enseñanza.
También fue muy debatido el voto femenino que finalmente se aprobó, así como el derecho a la autonomía de los municipios y las regiones (artículo 32) y la expropiación forzosa de tierras por causa de utilidad pública (artículo 44)
Tras la aprobación de la Constitución el Congreso nombró Presidente de la República a Alcalá Zamora, que encarga a Manuel Azaña formar gobierno, del que quedarían excluidos los radicales de Lerroux, que se volverán hacia la derecha.
E) EL BIENIO REFORMISTA (1931-1933)
Durante estos dos años se llevaron a cabo múltiples reformas, saliendo adelante la secularización de los cementerios, el divorcio y el matrimonio civil, la ley de Congregaciones religiosas, expulsándose a los jesuitas, leyes de Orden público y de Defensa de la República, pero hubo un gran debate en torno a la Ley de Bases de la Reforma Agraria y a la aprobación del Estatuto de Autonomía de Cataluña.
Pese a lo desorganizado de la oposición, el Partido Radical y los Agrarios de Gil Robles sumaron sus críticas a los monárquicos y asociaciones patronales. El Estatuto Catalán fue mal visto por algunos militares, como Sanjurjo y Goded, intelectuales, como Ortega y Unamuno y periódicos como el ABC o el Imparcial, por considerarlo separatista.
Por otro lado, el campo también estaba revuelto. Los jornaleros andaluces y extremeños al comprobar que no se producía el tan deseado reparto de tierras, comenzaron a movilizarse. El 31 de diciembre de 1931, la Guardia Civil, al disolver una manifestación, mató a un campesino, sus compañeros, enfurecidos, atacaron a los guardias, matando a cuatro de ellos. La situación se agravó cuando, en Arnedo (La Rioja), la Guardia Civil mató a cuatro mujeres y a un niño e hirió a 28 personas para disolver otra manifestación. El gobierno destituyó al general Sanjurjo, Director general de la Guardia Civil, al considerarle responsable de los hechos.
En enero de 1932, obreros de la CNT ocupan Barcelona y se declaran independientes. La sublevación revolucionaria acabó con la deportación de 104 anarquistas a Guinea.
Para mayo la situación es muy grave, el ejército está dividido, los anarquistas siguen poniendo bombas, las huelgas se generalizan. El 10 de agosto se subleva el general Sanjurjo en Sevilla, pero fracasa, será detenido y condenado a muerte, aunque le será conmutada por la pena de cadena perpetua.
En estas circunstancias tan difíciles, en marzo de 1932 se presenta a las Cortes el primer proyecto de Reforma Agraria. Con él, el ministro del ramo, Marcelino Domingo, quería cumplir dos objetivos: remediar el paro, instalando campesinos en las tierras expropiadas a los latifundistas y redistribuir la tierra, entregándosela a los campesinos de Andalucía, Extremadura, Ciudad Real, Toledo, Albacete y Salamanca, junto con créditos para que pudiesen modernizar la explotación. Aquellos propietarios que hubiesen apoyado a Sanjurjo serían expropiados sin indemnización, y aquellos que tuvieran más de la sexta parte de las tierras de un municipio o no las cultivaran serían expropiados con indemnización.
Finalmente, la reforma que se aprobó fue tan compleja que apenas se materializó pues requería enormes recursos humanos y económicos. Si sumamos la oposición de la derecha y de los terratenientes, tendremos los motivos de su fracaso. Hasta 1933 solo se instalaron a unas 9.000 familias en menos de 100.000 hectáreas, cuando sólo en Andalucía se debían ocupar 2,4 millones de hectáreas.
Por su parte, el Estatuto de Cataluña, refrendado en agosto por el 98% de los catalanes, fue rectificado y aprobado por las Cortes en septiembre de 1932, aunque se eliminó la declaración del catalán como lengua única y las alusiones al derecho de autodeterminación y de incorporación de otros territorios. A partir de ese momento, Cataluña tendrá un gobierno autónomo, la Generalitat, siendo su primer presidente Francesc Maciá, un Parlamento con poder legislativo y un Consell como poder ejecutivo, policía propia y el catalán y el castellano como lenguas oficiales.
Gallegos y vascos también intentaron lograr un estatuto parecido. En 1933, el Estatuto Vasco fue aprobado en referéndum por los vascos, pero al presentarlo ante las Cortes, fue paralizado por el nuevo gobierno de centro-derecha presidido por Lerroux.
F) EL FIN DEL BIENIO DE IZQUIERDAS
A lo largo de 1933, el gobierno de Azaña pierde apoyos, tanto desde los sindicatos (UGT y CNT) como desde los partidos de izquierda, mientras las derechas se agrupan en torno a la CEDA.
Los jornaleros que habían recibido la aprobación de la Ley de Reforma Agraria con ilusión, pronto se desesperaron por la lentitud con las que se hacía el reparto de tierras, comenzando los levantamientos, normalmente de cariz anarquista, siendo especialmente grave el de Casas Viejas (Cádiz) en enero de 1933, donde murieron 20 campesinos. La prensa, el Parlamento y los sindicatos exigieron responsabilidades (14 de los muertos fueron fusilados por la Guardia Civil). En abril, el gobierno pierde las elecciones municipales. En septiembre de 1933, el presidente, Alcalá Zamora, decide cesar al jefe de gobierno, Manuel Azaña y el 1 de octubre disuelve las Cortes y convoca elecciones generales para el 19 de noviembre.
Durante la campaña se verá que la izquierda se divide (socialistas y partidos republicanos no se ponen de acuerdo para concurrir juntos), los anarquistas piden la abstención a sus afiliados y simpatizantes, las mujeres pueden votar (algunas serán muy influidas por la postura antirrepublicana de la Iglesia), la derecha se fortalece (la CEDA une a todos los partidos conservadores, los monárquicos se agruparán en torno a la Renovación Española de Calvo Sotelo, aparecerá Falange Española, dirigida por José Antonio Primo de Rivera, el hijo del antiguo dictador) y el Partido Radical girará hacia el centro, siendo el más votado en las elecciones municipales de abril de 1933.
12.3. B. LA REGENCIA DE MARIA CRISTINA DE HABSBURGO Y EL TURNO DE PARTIDOS. LA OPOSICIÓN AL SISTEMA. REGIONALISMO Y NACIONALISMO
1. LA REGENCIA DE MARÍA CRSITINA DE HABSBURGO Y EL TURNO DE PARTIDOS.
En 1885, cuando muere Alfonso XII gobierna el partido conservador, siguiendo la lógica del turnismo: 1875-1880, partido conservador; 1881-1884, partido liberal. Con la firma del Pacto de El Pardo entre Cánovas y Sagasta se aleja la posible crisis que supone la pérdida del rey al entregar la Regencia a su esposa, María Cristina de Habsburgo, que está esperando un hijo (el futuro Alfonso XIII) y la cesión del gobierno a los liberales para dar confianza a la nación.
Comienza así el llamado ·gobierno largo” liberal (1885-1890) que introdujo en el sistema canovista importantes reformas: aprobación de los Códigos Civil y de Comercio, Ley de procedimiento administrativo, ampliación de libertades (Ley del Jurado, de Asociaciones, amplia libertad de expresión, de cátedra, libertad de imprenta, amnistía), culminadas con el sufragio universal masculino de 1890.
En la última década del siglo, los partidos se alternaron bianualmente, dando muestras de cansancio. Tuvieron que enfrentarse al problema de Cuba, que estalló en 1895, paralizando toda acción de gobierno (el intento de reforma de Antonio Maura de 1892 no cuajó), Su práctica inactividad impidió realizar reformas en profundidad en Hacienda que incrementasen los recursos del Estado y permitieran su mejor distribución, apenas se preocuparon por la situación de la clase trabajadora o por dar un impulso a la estructura industrial y renovar la agricultura.
2. LA OPOSICIÓN AL SISTEMA: CARLISTAS, REPUBLICANOS Y ASOCIACIONES OBRERAS.
Durante el último quinquenio del siglo, el régimen de Cánovas comenzó a resquebrajarse, en parte por su muerte en 1897 a manos del anarquista Angiolillo, en parte, por el conflicto cubano y la intervención en el mismo de los Estados Unidos y, especialmente, por la mayor actividad de los grupos de oposición: carlistas, republicanos, movimiento obrero, regionalismos y nacionalismos., que provocaron en 1898 su colapso.
El carlismo, derrotado definitivamente en 1876, quedo reducido a la organización estructurada por Nocedal que, entre 1890 y 1923 participó en las elecciones obteniendo entre 7 y 13 diputados en el Congreso. Muy conservadores, perdieron fuerza en Guipúzcoa y Vizcaya, pero la mantuvieron en Navarra y Álava. Al llegar la crisis de 1898 hubo algunas conspiraciones e insurrecciones infructuosas en Cataluña y Levante.
Los republicanos fueron legalizados en 1881 y, a partir de las elecciones por sufragio universal de 1890, pudieron acceder a los Ayuntamientos y formar parte de las Cortes. Su escisión en tres tendencias y su escasa incidencia en las reformas sociales les hicieron tener poca repercusión en las masas trabajadoras, siendo su base electoral las clases medias urbanas de Cataluña, Valencia o Madrid. De las tres tendencias, la de Castelar, llamada histórica o posibilista, aceptó la colaboración con el sistema canovista y acabó integrándose en el Partido Liberal de Sagasta. En una posición central se encontraban Salmerón y Ruiz Zorrilla, defensores a ultranza de la Constitución de 1869. Y en la izquierda, los federalistas de Pi y Margall y Figueras, los más preocupados por los problemas sociales y que tuvieron una gran implantación electoral entre el proletariado catalán.
El sector obrero había incrementado su número hasta llegar hasta el millón de trabajadores en fechas próximas a finales del siglo. Durante la Restauración, el movimiento obrero se escinde en dos corrientes ideológicas surgidas con la I Internacional en 1868: la anarquista y la marxista.
• El anarquismo se había afincado en el área agraria de Andalucía y en la industrial de Cataluña. Su éxito se basó en su oposición al capitalismo y al centralismo estatal, destructor de los sistemas tradicionales de cooperativismo, comunalismo y autonomía municipal. Durante el último tercio del siglo XIX se crearon numerosas agrupaciones locales, pero pocas federaciones nacionales, como la Federación Regional Española (1870) o la Federación de Trabajadores de la Región Española (1883). Muy reprimidas por su vinculación con la Mano Negra (1883), acusadas de terrorismo por el gobierno.. Desde 1882 utilizaron dos estrategias: la huelga general revolucionaria, arraigada principalmente en Cataluña, y el empleo de la violencia, que tuvo más penetración en Andalucía.
Durante la década de los 90 predominó la acción violenta, con episodios como los levantamientos de Jerez de 1882, reprimida con energía, y respondida con el atentado de Paulino Pallás contra Martínez Campos en 1893, su ejecución llevó a la colocación de la bomba del Liceo. La represión subsiguiente motivaron nuevas acciones anarquistas, como las bombas lanzadas en la procesión del Corpus, que supuso el arresto de 400 anarquistas, que a su vez provocó el asesinato de Cánovas a manos del anarquista Angiolillo en 1897. Esta estrategia continuó en los primeros años del siglo XX con los atentados a Maura y al propio rey Alfonso XIII el día de su boda.
• El socialismo no se constituye como partido político hasta 1879, fecha de la fundación del PSOE en Madrid. En 1888 se constituye en Barcelona la UGT, sindicato ligado a la II Internacional, de orientación moderada y reformista. Su estrategia partía de una ideología autoritaria y centralista, partidaria de la dictadura del proletariado, la abolición de la propiedad privada, la huelga revolucionaria y la lucha política. Tanto el PSOE como la UGT tuvieron una fuerte implantación en el País Vasco, Asturias, Madrid y zonas mineras como Río Tinto, Puerto Llano y Linares. No obstante, su expansión fue lenta y solo comenzó a tener relevancia en la primera década del siglo XX, cuando Pablo Iglesias obtuvo en 1910 su escaño como diputado por Madrid.
3. LA OPOSICIÓN AL SISTEMA: NACIONALISMOS Y REGIONALISMOS PERIFÉRICOS.
La creación del Estado Liberal, en su afán de centralización y uniformismo administrativo, no fue capaz de integrar la diversidad de territorios con lengua propia, cultura e instituciones propias (Navarra, País Vasco) o con un pasado histórico muy arraigado (Cataluña). Durante la Restauración se reafirmó el centralismo al tiempo que se incrementaba el despegue económico e industrial de Cataluña y País Vasco. Ambos factores son determinantes para la formación del nacionalismo en estos dos ámbitos.
• El catalanismo parte del movimiento de la Renaixença de carácter cultural (1850-1860). Durante el Sexenio Catalula afirma su personalidad a través del republicanismo federal, aspirando a tener instituciones políticas y administrativas propias. Al llegar la Restauración, y frustradas sus aspiraciones federalistas, surgieron grupos, personalidades y asociaciones como el antiguo federalista Valentí Almirall y su Diari Catalá de 1879, que fueron la base del Centre Catalá de 1885, del que saldrá el “Memorial en defensa de los intereses morales y materiales de Cataluña” que se enviaría a Alfonso XII. Entre los sectores conservadores y burgueses destacan Joan Mañé i Flaquet, Prat de la Riba, Durán i Ventosa, Puig i Cadafalch de los que saldrán asociaciones como la Lliga de Cataluña de 1887 y la Unió Catalanista de 1891. Esta última redactará las Bases de Manresa en 1892. Todos estos grupos aún tenían un carácter regionalista pero reivindicando un poder político para Cataluña dentro del Estado español.
El desastre de 1898 convirtió el regionalismo en nacionalismo, adquiriendo el catalanismo fuerza política, pretendiendo regenerar desde la periferia el desastre español. La burguesía catalana se alía con los defensores del catalanismo en una coalición que triunfa en las elecciones de 1901 y que será el núcleo del primer partido catalán conservador, la Lliga Regionalista de Francesc Cambó y Prat de la Riba.
• El País Vasco conservó sus fueros hasta 1839: Juntas generales, leyes propias, hacienda propia, aduanas, impuestos y privilegios en las contribuciones. Algunos de estos derechos no se perdieron tras el Convenio de Vergara, manteniéndose hasta 1876 (fin de la Tercera guerra carlista). La pérdida de los fueros, salvo el llamado “concierto económico”, generó un sentimiento de rechazo hacia el gobierno de Madrid. Estimulado por el ejemplo catalán, el nacionalismo vasco parte del carlismo y se aceleró por el crecimiento económico del último tercio del siglo XIX y se plasmó en una variedad de grupos, personalidades y asociaciones, destacando el de Vizcaya, el más radical, dirigido por Sabino Arana. Este escritor de filiación carlista comenzó a actuar hacia 1893 con el periódico “Bizkaitarra y la asociación “Euskaldun Batzookija” (1894). Luego se creó el “Bizkai-Buru-Batzar” (1895) origen del Partido nacionalista Vasco (PNV), que desde ese mismo año comenzó a participar en las elecciones municipales, a la Diputación y al Congreso. Su ideología era de carácter confesional, racista, anti-industrial y anti-socialista.
• El galleguismo parte del “Rexurdimento” cultural gallego, cuyas figuras principales fueron Rosalía de Castro y Manuel Condal, apoyados por Pardo Bazán. Su conciencia política comienza con la república federal (1873) y continuó con escritores federalistas como Moreno barcia y su proyecto de constitución galaica de 1887. Hacia finales de siglo el galleguismo se consolida entre las clases medias de abogados, médicos y funcionarios. Alfredo Brañas publica en 1889 “El regionalismo”, de pensamiento conservador y descentralizador, contra el caciquismo y a favor de la redención de los foros. En 1891 Manuel Martínez Murguía crea la Asociación Regionalista Gallega, y en 1897 la Liga Gallega.
• El valencianismo nace del fenómeno cultural de la Renaixença con nombres como Teodoro Llorente, Constanti Lombart, Féliz Pizcuela y Vicente Querol. El primero, conservador, defenderá la unidad de España y se liga a los Jocs Florals de 1879. Llombart se preocupa por la proyección política valencianista y sigue con fidelidad los logros catalanistas. Solo algunos escritores se identifican con el resurgir de la identidad valenciana (Lluis Tramoyens o Fausti Barbaerá i Martí). Solo a principios del siglo XX aparecen algunas entidades de carácter regionalista, aunque minoritarias como “Valencia Nova” (1904), que organizó la 1ª Asamblea Regionalista Valenciana.
El andalucismo tenderá en Blas Infante su principal representante. En 1915 publicó “El ideal andaluz” donde reivindicaba la personalidad única de Andalucía y la creación de la mancomunidad andaluza.
10.7. LA ILUSTRACIÓN EN ESPAÑA
El siglo XVIII es conocido como siglo de las Luces o siglo de la Ilustración, una corriente cultural opuesta al modelo unitario de conocimiento propuesto por el catolicismo. Esta corriente, originada en Francia, llegó tarde a España y siempre mediatizada por la Iglesia.
No obstante, se perciben los mismos rasgos:
• Exaltación de la razón como principio de todo saber y conocimiento
• Utilización del método experimental para conocer la naturaleza
• Rechazo de las ciencias especulativas (la Teología) y desarrollo de las ciencias útiles
• Fe en el hombre como protagonista del progreso, en busca de la felicidad y rechazo del dogma y la
superstición.
En la Ilustración española se habla de cuatro periodos:
1.- Finales del siglo XVII y primeros años del XVIII. Es el periodo de los novatores, grupos de intelectuales interesados por las nuevas corrientes ideológicas. Destacan Juan de Cabriada, Crisóstomo Martínez, el astrónomo José de Zaragoza, el matemático Tomás Vicente Josa y el humanista Juan Camaruel.
2.- Desde 1715 hasta los inicios del reinado de Carlos III. Dominado por los ilustrados reformistas como Feijoo y Mayans.
3.- El reinado de Carlos III (1758-1788). Es el de la plenitud de la Ilustración y del Despotismo Ilustrado en lo que hace referencia a realizaciones prácticas. Es la época de Campomanes, Floridablanca y Jovellanos.
4.- El reinado de Carlos IV (1788-1808). Retroceso ilustrado debido a la ofensiva antiilustrada procedente de grupos conservadores, alarmados por el socavamiento del orden social y política que imputaban a la Ilustración. Entre los ilustrados de este periodo merecen destacarse: Juan Meléndez Valdés, Leandro Fernández Moratín, José Marchena y el propio Goya.
Todos ellos programaron combinar el interés general con el particular y hacer rendir al máximo el sistema feudal tardío sin tocar sus bases sociopolíticas. Pero, tamaña empresa requería la creación de un entorno cultural que acogiese tales proyectos. Esto obligó a los gobiernos reformistas a emplear unos instrumentos adecuados que lo hicieran posible.
Instrumentos
• La educación que permitía realizar reformas significativas sin provocar cambios sociales traumáticos. El estado en que se encontraba era desolador, con métodos y materias anticuados. Pero el intento por reformar la Universidad acabó en un rotundo fracaso debido a la falta de recursos, al desinterés estudiantil y a la escasa preparación pedagógica y académica de la mayoría de los profesores. Ante esta situación, tanto el propio Estado como la iniciativa privada buscaron nuevas vías:
─ Promoción de centros no universitarios de enseñanza superior como el Real Estudio de San
Isidro, la Escuela de Mineralogía de Madrid, el Instituto Asturiano de Minas y el Real Gabine-
te de Máquinas
─ Proliferación de Academias de inspiración francesa: de la Lengua, de la Historia, de Jurispru-
dencia, de Santa Bárbara, de Bellas Artes de San Fernando…
─ Enseñanza profesional promocionada por Juntas y Consulados de Comercio que crearon
aulas dedicadas a la enseñanza de la náutica, el comercio, la taquigrafía o la química.
• Las Sociedades Económicas de Amigos del País, cuyo origen fueron tertulias regulares de carácter privado, formadas por personas preocupadas por el desarrollo económico del país. La primera, la Sociedad Vasca de Amigos del País (1765), surgió a partir de la tertulia de Azcoitia que comenzó a reunirse en 1748. En 1774, Campomanes, fiscal del Consejo de Castilla, ordenó la fundación en España de sociedades de las mismas características. En 1804 había en España 73 Sociedades de Amigos del País. Destacaron por sus publicaciones las de Madrid, Sevilla, Zaragoza (que fundó la primera cátedra de Economía en 1784), Valencia, Segovia y Palma, además de la Vasca. Barcelona no contó con sociedad alguna hasta 1835 porque tenía desde 1758 la Junta de Comercio, foco a la vez económico y cultural. A su ejemplo se crearon el Consulado de Málaga (1785) y el Consulado de Santander (1796). Además también se extendieron Sociedades de Agricultura, como la Academia de Agricultura del Reino de Galicia (1765) o la Real Sociedad Cantábrica (1791)
• La prensa. La propagación del pensamiento de la Ilustración a través de los libros o del teatro era insuficiente, debido al reducido público al que podían llegar. La prensa fue el medio más eficaz para divulgar las nuevas ideas para un país que debía ser modernizado. Entre otros, merecen mención periódicos como El Mercurio, El Pensador, El censor, La Gaceta de Madrid, El Correo de Madrid… Y periodistas como Francisco Mariano Nipho o Luís García.
Numerosas fueron las reformas que se acometieron:
• El ejército. El regimiento sustituyó a los tercios y se dotó a la infantería con fusiles con bayoneta. Tanto la caballería como la artillería también se acomodaron a los nuevos tiempos. Con Carlos III la industria militar recibe un notable impulso: maestranzas de Barcelona, Sevilla y Liérganes. La Armada experimentó importantes mejoras: protección de bosques, astilleros y construcción de buques que mejoraron el comercio de Indias
• Reorganización de la Hacienda pública con el objetivo de hacer más eficaz la recaudación. Introducción de impuestos más equitativos y recaudatorios, pero tanto el intento de Ensenada de crear la Contribución única como la unificación de los pesos y medidas fue un fracaso. En cambio, la reforma monetaria si constituyó un éxito: el real de plata quedó fijado en 68 maravedíes, el real de a dos en cuatro reales de vellón y el peso o real de a ocho en diez reales de vellón. Al real de a dos, por influencia catalana probablemente, empezó a llamársele peseta, diminutivo de peso.
• Se hicieron numerosos esfuerzos para crear un mercado nacional, siendo el más importante la creación de una red radial que puso en contacto Madrid con la periferia a través de la construcción de puertos de montaña que por primera vez permitieron el paso de carretas y mercancías por Guadarrama, Reinosa, Orduña, Somosierra o Despeñaperros.
• La industria también fue un objetivo prioritario, pero se alcanzaron escasos objetivos: creación de una red de fábricas reales y protección de las industrias consideradas de interés: cerámicas de Alcora o paños de Alcoy. Se trajeron técnicos extranjeros cualificados.
• La mejoría de la agricultura también fue un objetivo prioritario, pero poco se podía hacer sin cambiar los privilegios. No obstante algo se consigue: prohibición de expulsar a los arrendatarios de las tierras señoriales, restricción para el establecimiento de mayorazgos, permiso para roturar tierras en contra de la Mesta y se comienza a estudiar la posibilidad de desamortizar tierras de la Iglesia y de los municipios. En el mismo orden de éxitos parciales merece mencionarse el proyecto de Olavide para repoblar Sierra Morena.
• Dentro del ámbito social hubo decretos para compatibilizar el trabajo o los negocios con la hidalguía, para restringir el poder de los gremios y para dar honorabilidad al trabajo en general: creación de la Orden de Carlos III.
• La política regalista rescató poder de la Iglesia: expulsión de los jesuitas, limitación del poder del Papado dentro del país…
• La reforma de las costumbres procuró el embellecimiento y saneamiento de las ciudades, especialmente de Madrid: alumbrado, empedrado y alcantarillado de las calles.
• Finalmente, el impulso cultural afectó a numerosos ámbitos científicos realizándose notables avances, especialmente en las ciencias naturales con estudios sobre la flora y fauna de América llevados a cabo por Celestino Mutis y las expediciones patrocinadas por la Corona como las de Jorge Juan, Antonio Ulloa o Malaspina. El mismo Antonio Ulloa realizó experimentos con el platino, Andrés Manuel del Río descubre el vanadio, los hermanos Elhuyar, el wolframio. Salvá realiza los primeros ensayos de telegrafía eléctrica, Clavijo desarrolla una bomba de vapor para desagüe…
Sin embargo y, como conclusión, la Ilustración española nunca salió del patrocinio del Estado. Sometida a la censura estatal y restringida a los funcionarios públicos, resultó impotente ante el radicalismo de la Revolución Francesa y su ímpetu inicial quedó abortado al ser sobrepasada por los elementos reaccionarios. Nunca produjo una burguesía a imagen y semejanza de la francesa, al estar restringida a elementos clericales y a funcionarios con escasa influencia social. La Ilustración española proyectó numerosas reformas pero pocas se llevaron a cabo e insuficientes para transformar las estructura socioeconómica del país.
10.6. LA POLÍTICA BORBÓNICA EN AMÉRICA
El cambio dinástico apenas produjo modificaciones en las Indias. El monopolio de la Casa de Contratación (ubicada ahora en Cádiz) seguía siendo efectivo y el comercio se regía por los mismos principios: envíos de plata a cambio de productos procedentes de la Península: cereales, vino, aceite y manufacturas españolas y europeas.
La sociedad americana se había diferenciado en dos grandes grupos:
• La elite blanca, formada por una decena de miles de españoles y por los criollos (españoles de
origen nacidos en América), que controlaba la administración y, junto a la Iglesia, poseían
grandes extensiones de tierra, las minas, los ingenios azucareros y el resto de los recursos.
• Los indígenas y esclavos africanos que constituían la mano de obra.
Existía una fuerte jerarquización de tipo racial, pese a la mezcla creciente que daba lugar a todo tipo de grupos: mulatos, mestizos, pardos, zambos, etc.
Desde mediados del siglo la política borbónica comenzó a cambiar bajo los mismos principios ilustrados que se introdujeron en España, con el objetivo de hacer más eficaz la explotación del territorio y recaudar más dinero.
• Se promovieron las compañías de comercio, siguiendo el modelo europeo aunque sin
demasiado éxito: Compañía Guipuzcoana de Caracas (1728); La Compañía de la Habana
(1740) y la Real Compañía de Comercio de Barcelona (1755) con las Antillas.
• Se decretó la introducción del los navíos de registro, barcos mercantes que podían comerciar
con las colonias al margen de las flotas de Indias. Esta medida hizo que aumentara el comercio
entre Cádiz y América
• En 1778 se liberaliza el comercio con América. Cualquier puerto peninsular podía comerciar
con las Indias, lo que suponía el fin del monopolio de la Casa de Contratación y un nuevo im-
pulso al tráfico comercial con las Indias que representaba más del 85% de las exportaciones
españolas.
• Aumentó el control administrativo. Se empezó a excluir a los criollos de la administración co-
lonial prohibiéndose la venta de cargos y aumentando la concesión de puestos en audiencias
y regidurías a españoles.
• En 1776 se crea un nuevo virreinato, el del Río de la Plata; y ese mismo año se introdujeron
los intendentes para reforzar el control de la metrópoli
• La expulsión de los jesuitas proporcionó a la Corona extensas propiedades de tierra.
• Se aumentaron los impuestos y los monopolios estatales
La política borbónica provocó las protestas tanto de los criollos como de los trabajadores que eran quienes soportaban el aumento de impuestos. Los criollos se veían fuera de la administración y del comercio y se les incapacitaba para comerciar con otro estado que no fuera el español. En 1780/81 se produce una sublevación en Perú y Nueva Granada, iniciada por los criollos, pero que pronto se convirtió en una rebelión indígena (Tupac Amaru) que fue sofocada tras fuerte resistencia. Pero no se logró acabar con el sentimiento de autonomía ni con la conciencia de sentirse postergados por la metrópoli.
10.5. EVOLUCIÓN DE LA POLÍTICA EXTERIOR EN EUROPA
• Felipe V
Su política exterior siguió estas líneas:
─ El intento de recuperar Menoría y Gibraltar y mantener su dominio con América le llevó a enfrentarse a Inglaterra.
─ Alianza con Francia, en quien buscaba apoyo para frenar el expansionismo inglés
─ Reivindicación de los derechos al trono francés
─ Recuperación de la influencia española en Italia.
Fases:
a. Inicio de la política italiana. Urgido por su segunda mujer, Isabel de Farnesio, que pretendía estados italianos para sus hijos, dejó que el cardenal Alberoni dirigiera la política internacional hasta 1719. La invasión de Cerdeña y Sicilia motivó la creación de la Cuádruple Alianza (Inglaterra, Francia, Holanda y Austria) que, para evitar una nueva guerra, ofreció el trono de los ducados de Parma, Plasencia y Toscana para el infante don Carlos. La derrota naval ante Inglaterra obligó a abandonar Cerdeña y Sicilia y motivó la destitución del cardenal Alberoni en 1719.
b. Aproximación a Francia. Aislado en Europa, Felipe V entró en la Cuádruple Alianza e inició un acercamiento a Francia que cristalizó en el tratado de 1721. En enero de 1724 se produjo la inesperada abdicación en su hijo Luis I, pero a la muerte de éste unos meses después le obligó a recuperar el trono, pero sus crisis de melancolía dejaron en manos de Isabel de Farnesio la política española.
c. Aproximación a Austria. Se produjo a través de la mediación del barón de Ripperdá, que resultó un fracaso pues Inglaterra se opuso desde el principio.
d. Alianza con Francia. Los dos primeros pactos de familia (1733). Patiño, ahora al frente de la diplomacia española, se propuso buscar la paz para reconstruir España. En 1729 firmó con Francia el Tratado de Sevilla y se abandonó la aproximación a Austria. En 1731 se reconocía al príncipe Carlos como soberano de los ducados italianos. Por el Primer Pacto de Familia (1733) España intervino junto a Francia en la Guerra de Sucesión de Polonia que supuso en 1734 la corona de Nápoles y Sicilia para el infante don Carlos. En 1743 se firma el Segundo Pacto de Familia que implicó la entrada de España en la Guerra de Sucesión del Imperio Austríaco en la que se reconocía como soberano de los ducados de Parma, Plasencia y Guastalla al infante don Felipe, segundo hijo de la Farnesio.
• Fernando VI
De carácter melancólico e indolente dejó el gobierno en manos de dos competentes ministros, el marqués de la Ensenada y don José Carvajal y Lancaster.
Desde el principio se impuso la neutralidad, aunque los compromisos del Segundo Pacto de Familia obligaran a continuar la guerra heredada de su padre. La Paz de Aquisgrán (1748) aunque no resultara favorable para España si consolidó al infante don Felipe como soberano de Parma, Plasencia y Guastalla con la promesa de que volverían a Austria si éste dejaba de gobernarlos. Se impuso la paz y durante el resto del reinado de Fernando VI (1746-1759) España no participó en guerra alguna, lo que le permitió reconstruir la flota gracias a los desvelos del marqués de la Ensenada
• Carlos III
La presión sometida por Inglaterra a las flotas españolas en América, el contrabando y la amenaza de expandirse por el Caribe (ocupación de Honduras) obligó a Carlos III a abandonar la neutralidad y firmar en 1761 con Francia el Tercer Pacto de Familia, lo que le llevó a participar en la fase final de la Guerra de los Siete Años en el bando perdedor. España invadió el norte de Portugal y la colonia portuguesa de Sacramento, mientras que los ingleses ocuparon Manila y La Habana en 1762. La Paz de París (1763) puso fin a la guerra y confirmó el predominio inglés como potencia marítima mundial. Canadá pasó a ser colonia británica. España tuvo que evacuar Portugal y devolver la colonia de Sacramento, cedió a Inglaterra la Florida y la Bahía de Pensacola; en compensación recibió de Francia la Luisiana y recuperó Manila y La Habana. El balance fue negativo para España.
Pero en 1776 hubo ocasión de resarcirse con motivo de la Guerra de Independencia de las colonias británicas de Norteamérica. Dirigida la política exterior por Floridablanca, éste se alejó de la política dinástica y se centró más en los intereses exclusivos de España. Tras su derrota Inglaterra devolvió a España las dos Floridas, recuperó Menorca y varias posesiones en el golfo de México; pero Inglaterra retuvo Gibraltar.
Posteriormente Floridablanca dirigió la política exterior española hacia cuatro objetivos:
─ Mantener la alianza con Francia, pero sin estar subordinada a sus intereses
─ Establecer relaciones de amistad con Portugal (Tratado de San Ildefonso, 1777)
─ Proteger los dominios americanos
─ Atender a las relaciones en el Mediterráneo: Tratado de amistad con Turquía (1782), Tratado de Alianza con Marruecos (1782), que mejoraron el comercio español en esta zona.
10.4. LA PRÁCTICA DEL DESPOTISMO ILUSTRADO: CARLOS III
El Despotismo Ilustrado fue la concepción teórica y la práctica gubernamental que adoptó la monarquía absoluta en casi todos los Estados europeos durante la segunda mitad del siglo XVIII. Su lema: Todo para el pueblo, pero sin el pueblo, indicaba que los monarcas ilustrados no renunciaban a su soberanía absoluta. Los déspotas ilustrados consideraban que la finalidad esencial de la monarquía era lograr la felicidad de sus súbditos a través del buen gobierno. Para ello tomaron como base ideológica el pensamiento ilustrado, especialmente de Voltaire, y se propusieron llevar a cabo las reformas que proporcionarían un mundo más justo, más racional. Su objetivo era desarrollar la economía en todos sus ámbitos, hacer más eficaz el gobierno, racionalizar la administración y fomentar la cultura, extendiendo la educación, y limitando la influencia de la Iglesia. Pero nunca se propusieron alterar las bases sociales del Antiguo Régimen, ni limitar el poder del monarca ni eliminar los privilegios estamentales.
El reformismo de los reinados anteriores a Carlos III (Felipe V y Fernando VI) llegó a su máxima expresión con este rey. Cuando sucedió a su hermanastro Fernando, tenía 44 años y llevaba 25 como rey de Nápoles y Sicilia. Dejó el trono de este reino a su tercer hijo y nombró príncipe de Asturias al futuro Carlos IV. Hombre prudente y asumida su misión como déspota ilustrado de procurar el bienestar de sus súbditos empleó sus esfuerzos a ello. Mantuvo a la mayor parte de los cargos de la administración existentes, nombró al napolitano, marqués de Esquilache, para la secretaría de Hacienda y comenzó a rodearse, como lo habían hecho sus antecesores, de personas eficaces provenientes de la baja nobleza, el clero medio y la burguesía.
Su programa de reformas (abolición de la tasa de cereales, prohibición de los juegos de azar, el uso del sombrero de ala ancha y la capa larga y el uso de armas) tropezó con una fuerte resistencia inicial que dio lugar al llamado Motín de Esquilache (1766). Las clases privilegiadas aprovechando una situación de fuerte carestía de los alimentos echó al pueblo a la calle produciéndose alborotos y disturbios violentos contra las autoridades locales y contra los ministros extranjeros, en especial Esqulache. Cuando la situación se normalizó el rey intensificó su programa de reformas en tres frentes principales:
•El reformismo eclesiástico. El Regalismo. La Iglesia constituía un poder dentro del Estado, algo no concebible en una monarquía absoluta. Carlos III puso en práctica las siguientes medidas para limitar su poder:
─ Reforzó el Patronato regio o derecho del rey a controlar los altos cargos eclesiásticos, propo- niendo a las personas que debían ser nombradas.
─ Aplicó el Regium exequator o derecho a retener los documentos del Vaticano
─ Restableció los recursos de fuerza o derecho a apelar las decisiones de los tribunales ecle- siásticos ante los tribunales civiles
─ Limitó las atribuciones del Tribunal de la Inquisición
─ Intervino en los asuntos eclesiásticos que afectaban al poder civil o a la Hacienda: limitación del derecho de asilo, prohibición de pedir limosnas para cautivos, prohibición al clero de intervenir en asuntos y negocios temporales, se limitó la fundación de monasterios…
─ Luchó contra las supersticiones amparadas por el clero, como romerías, procesiones de disciplinantes o milagrerías.
─ Expulsó a los jesuitas a los que acusó de haber instigado los desórdenes de 1766, sus bienes fueron confiscados y sus colegios de enseñanza privilegiados cerrados.
• La enseñanza. La expulsión de los jesuitas permitió acometer la reforma y el fomento de la enseñanza:
─ El Estado impulsó la educación popular, fomentando la creación de escuelas de primeras letras.
─ Se promovió la enseñanza profesiones fundándose las primeras escuelas técnicas
─ Se crearon nuevas instituciones para extender los estudios secundarios
─ Reforma de las Universidades, limitando su autonomía, que no se consiguió
─ Las Sociedades Económicas de Amigos del País tuvieron un papel esencial en la difusión de los nuevos conocimientos y en la extensión de la enseñanza.
• La política económica. Fue la gran preocupación de los ministros ilustrados. Se promovieron reformas de todo tipo, siguiendo los modelos propuestos por los fisiócratas y liberales:
─ En Hacienda se mejoró el sistema recaudatorio y se acudió a nuevas fuentes de ingresos: la lotería nacional, la emisión de vales reales (título de deuda pública al 4% de interés), la creación del Banco de San Carlos, antecedente del Banco de España. No obstante, la frecuente emisión de vales reales provocó a la larga su devaluación.
─ En el ámbito agrícola, consciente de que el 70% de la población era campesina y de que los precios habían ido subiendo por el aumento de la demanda, se hacía imprescindible mejorar la producción. Se analizaron varios proyectos de Ley agraria, destacando los de Floridablanca y Campomanes, antecedentes del Informe de la Ley Agraria de Jovellanos. En ellos se exponía la necesidad de ampliar la superficie cultivable y crear una clase media de campesinos propietarios que mejorasen sus técnicas agrícolas. No hubo Ley Agraria pero sí soluciones parciales:
• Extensión de la superficie cultivable, para ello, Campomanes propuso el reparto de las tierras de propios y baldíos que no eran cultivables. Se planteó que los ayuntamientos las arrendasen a los campesinos sin tierra. En 1766 se aplicó esta medida a Extremadura y luego se extendió a toda España.
• Se entregó dinero a los campesinos pobres para que compraran aperos de labranza y viviendas.
• Se dictaron medidas para evitar las excesivas tasas de los arriendos y aparcerías
• Se limitaron los privilegios de la Mesta a favor de los campesinos.
• Se hicieron proyectos de repoblación en Sierra Morena (Proyecto de Olavide, 1767)
• Se promovieron obras públicas de regadío: Canal de Aragón y canal de Castilla
• Se introdujeron nuevos cultivos como el maíz y la patata
Pero no se consiguió lo esperado. No se creo la clase media de campesinos y el aumento de producción se debió a la extensión de los cultivos, pero no a las mejoras técnicas que seguían siendo arcaicas.
─ En la industria también hubo propuestas que tropezaron desde el principio con una serie de problemas de base: la inexistencia de un mercado nacional, los bajos niveles de renta de la población y la persistencia de los gremios que frenaba la competencia y la iniciativa privada. Ante la falta de capitales privados que pudieran invertir en la industria el Estado llevó la iniciativa:
• Las Reales Fábricas fueron creadas en tiempos de Felipe V para el abastecimiento de los Reales Sitios y a las clases adineradas de España. Se introdujo la manufactura superior al taller artesanal pero que no llegaba a ser una fábrica. Destacaron la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, la Real Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro y la Real Fábrica de Cristal de la Granja de San Ildefonso. Nunca tuvieron beneficios.
• Merece la pena destacarse el proyecto fallido del marqués de Goyeneche en el Nuevo Baztán, donde construyó una ciudad para los obreros de sus manufacturas según planos y proyecto de José de Churriguera.
• El sector textil alcanzó un cierto auge gracias al comercio con América. La fabricación de indianas (tejidos de algodón estampado) supuso el comienzo del despegue de la industria catalana.
• En 1772 los oficios se liberaron del control de los gremios y en 1790 se eliminó la necesidad del examen previo para ejercer oficios artesanales
• La Real Cédula de 1783 establecía la honorabilidad de todos los oficios
• Por iniciativa de Campomanes se intentó llevar la pequeña industria a áreas rurales, buscando elevar las rentas campesinas y fomentar el comercio regional. Se encargó del proyecto a las Sociedades Económicas de Amigos del País, pero no tuvo demasiado éxito.
─ En el comercio se mejoraron las infraestructuras interiores para agilizar los intercambios entre regiones, se construyó una flota para proteger el comercio con América, se acabó con el monopolio de la Casa de Contratación situado ahora en Cádiz (1765, 1778) favoreciendo el desarrollo de las zonas litorales; se intentó proteger la producción interior con medidas proteccionistas. En 1778 se creó la Superintendencia de Correos y Postas, Caminos y Posadas. Pero aún así los avances sólo fueron parciales.
─ En cuanto a la cultura tuvo su principal reflejo en las actuaciones que se hicieron en Madrid: reformas urbanas (limpieza, alumbrado, numeración de casas y manzanas, adoquinado de calles…), se proyectó el eje del Prado para que sirviera de esparcimiento a los madrileños, se construyeron fuentes con temas mitológicos: Apolo, Neptuno, Cibeles; la puerta de Alcalá y tres edificios dedicados al fomento de las ciencias experimentales: El Gabinete de Ciencias Naturales (actual Museo del Prado), el Jardín Botánico y el Real Observatorio Astronómico de Madrid, todos en las proximidades del Retiro.
10.3. REFORMAS EN LA ORGANIZACIÓN DEL ESTADO. LA MONARQUÍA CENTRALISTA
Con Felipe V se implanta en España el modelo absolutista de gobierno Rey = Estado. El monarca era el único depositario de la soberanía, de origen divino, concentrando en su persona los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. El nuevo modelo suponía la reforma de las instituciones para que la autoridad real pudiera llegar a todos los rincones de su Estado. El principal objetivo: centralizar el poder e implantar la uniformidad legal e institucional en todos los reinos que componían la Corona española, sin transformar la estructura social del Antiguo Régimen.
Los Decretos de Nueva Planta (1707-1716).
La sublevación de los reinos de la Corona de Aragón le dio ocasión para derogar sus fueros:
• Aragón y Valencia en 1707
• Mallorca en 1715
• Cataluña en 1716
Esta es la esencia de los Decretos de Nueva Planta que anulaban el antiguo régimen foral y establecían nuevas instituciones de gobierno siguiendo el modelo castellano.
• Se suprimieron los privilegios fiscales y se implantó un nuevo impuesto global fijado por el rey y distribuido por el intendente real entre los corregimientos, ciudades y pueblos. El nuevo impuesto (denominado equivalente en Valencia, talla en Mallorca, contribución única en Aragón y catastro en Cataluña) equiparaba la contribución a la hacienda pública a la de Castilla
• Se anularon los privilegios militares que no obligaban a catalanes y aragoneses a combatir fuera de sus territorios.
• Un capitán general sustituyó al antiguo virrey, con amplias atribuciones administrativas, judiciales y militares. A su lado una audiencia, con magistrados nombrados por el rey, que debían utilizar exclusivamente el castellano.
• Cataluña fue dividida en 10 circunscripciones o corregimientos, según el modelo castellano
• Fueron abolidas las Cortes propias y la Generalitat, así como el Consell de Cent de Barcelona.
• La administración local recayó en regidores procedentes de la pequeña nobleza, excluyéndose a las clases medias.
• Únicamente Navarra y el País Vasco conservaron sus privilegios e instituciones forales por su fidelidad a Felipe V durante la guerra y mantuvieron sus fronteras y aduanas.
• En suma se produjo una castellanización progresiva de la Corona de Aragón.
La reforma del Estado.
Por el auto acordado de 10 de mayo de 1713 instituía el derecho preferente al trono de España de todos los varones de estirpe real; únicamente en caso de no haber ningún heredero varón, en la línea directa ni en las colaterales, las mujeres podrían acceder al trono. El heredero sería nombrado Príncipe de Asturias y jurado por las Cortes generales. Estos principios que regulaban la sucesión al trono se denominaron Ley Sálica.
Hasta 1714 Felipe V estuvo auxiliado por un gabinete (consejo privado) formado por el embajador francés, algunos miembros de la nobleza y los presidentes del Consejo de Castilla y de Aragón. Su segundo matrimonio con Isabel de Farnesio, en 175 terminó con la influencia francesa. La reina gozó de gran influencia e introdujo al abate Alberoni como personaje de confianza hasta su caída en 1719, siendo sustituido por otros, miembros de la baja nobleza ilustrada que se encargaban del funcionamiento de la burocracia estatal, por delegación real.
Las Cortes castellanas en las que se integraron el resto de las cortes sólo cumplieron la misión de jurar al heredero de la Corona ya que apenas trataron asuntos de interés al reunirse como Cortes Generales del Reino.
Las Secretarías de Estado y de Despacho, origen de los actuales ministerios, fueron creadas por Felipe V, según el modelo francés. A lo largo del siglo XVIII se crearían las de Estado y Asuntos Extranjeros, Asuntos Eclesiásticos y Justicia, Guerra y Marina, Hacienda e Indias. El rey nombraba directamente a los secretarios, eligiendo personas de reconocida capacidad y eficacia y con formación jurídica. La reunión de todos los secretarios era como una especie de consejo de ministros que dirigían una burocracia estatal cada vez más amplia y organizada, aumentando la eficacia administrativa.
Los Consejos siguieron existiendo, pero con menor influencia política y con menos consejeros, reduciendo su papel a la resolución de expedientes ordinarios y de sentencias. Asumían la supervisión de la administración provincial y actuaban como tribunal supremo de justicia. De todos ellos sólo el Consejo de Castilla que englobaba al de Aragón conservó su importancia política, sobre todo en asuntos internos.
La administración territorial
El territorio se dividió administrativamente en provincias y capitanías generales, cada una con su audiencia. Se establecieron 11 divisiones territoriales en la Península a cuyo frente había un capitán general, máxima autoridad militar y civil, por designación real.
La audiencia actuaba como órgano consultivo de gobierno, presidido por el capitán general. Además era alto tribunal de justicia encargado de las apelaciones y de juzgar determinadas causas y delitos.
Los intendentes, creados en 1718, eran altos funcionarios a cargo de una provincia o reino; además, eran corregidores de la capital provincial donde debían residir. Se encargaban de la recaudación de tributos, el reclutamiento de tropas, el orden público, la vigilancia de las autoridades locales, las obras públicas y el fomento de la producción agrícola e industrial. Fueron la pieza clave de la administración borbónica.
Los municipios perdieron autonomía.
Todos los representantes de la administración del Estado eran meros representantes del rey, quien tomaba todas las decisiones de gobierno.
La reforma del Ejército y de la Armada
Desde el principio quiso devolver a España el rango de primera potencia y por ello realizó reformas para modernizar el Ejército y en la Armada.
Para el ejército creo la recluta obligatoria: 1 de cada 5 hombres útiles era sorteado (las quintas) y además se reclutó de forma forzosa a vagabundos, vagos y ociosos. Los regimientos sustituyeron a los antiguos tercios. Se reformó la artillería y la caballería, se modernizó el armamento, introduciendo el fusil con bayoneta, nuevos cañones y bombas. Se creó el cuerpo de ingenieros y la guardia real.
La armada era esencial para defender el comercio con las Indias. Se fundaron tres departamentos marítimos (Cartagena, Cádiz y El Ferrol) donde se construyeron astilleros y arsenales. Se abrieron nuevos puertos y se construyeron navíos modernos empleando a ingenieros extranjeros. El cuerpo de oficiales se reorganizó. Se creó la Escuela de Guardamarinas (1717). Se reorganizó el reclutamiento de la marinería (la matrícula de mar) para formar tripulaciones disciplinadas y numerosas. Los pescadores rehuyeron el servicio porque era duro y estaba mal pagado. En tiempos de guerra se recurrió a la recluta forzosa de vagabundos.
La Hacienda
El nuevo monarca hubo de hacer frente a la deuda arrastrada desde el siglo anterior. Era necesario equilibrar el presupuesto reorganizando la Hacienda pública. Se plantearon varios proyectos, que siempre chocaron con las tradicionales exenciones fiscales de los grupos privilegiados, los nobles y el clero. Nadie, de los que acometieron la reforma fiscal quiso alterar las bases socio-económicas del Antiguo Régimen ni suprimir los privilegios. No obstante las reformas que se acometieron consiguieron equilibrar el presupuesto al aumentar los ingresos:
• Se aumento la contribución de los antiguos reinos de la Corona de Aragón, igualándolos a los de Castilla. Las nuevas contribuciones eran proporcionales a la riqueza de las personas, aunque respetaron las exenciones fiscales de nobleza y clero.
• Se aumentaron los impuestos indirectos
• Aunque se aumentó levemente la presión fiscal sobre el campesinado, el mayor peso recayó en los habitantes de las ciudades. Todas la ventas de mercancías pagaban impuestos: la alcabala, millones y los cientos. Los derechos aduaneros gravaban el paso de mercancías.
• Reserva de monopolios: tabaco, naipes, sal, nieve.
La cultura.
Hubo una mayor preocupación por mejorar la situación material y cultural de sus súbditos. Ya a finales del reinado de Felipe V se introdujo la Ilustración a través de las obras de sus principales autores. Siguiendo sus propuestas se crearon nuevas instituciones, motor de la renovación cultural:
Las Academias estatales pretendían conseguir unos niveles de calidad aceptables en las ciencias y en las artes, oponiéndose a la estructura gremial que muchos oficios mantenían. La Real Academia Española fue fundada en 1713 con la finalidad de cultivar y fijar la pureza y elegancia de la lengua española… En 1714 Felipe V fundó la Junta Preparatoria, germen de la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando, creada por Fernando VI en 1752.
El incendio del antiguo Alcázar de los Austrias, en 1734, planteó la necesidad de construir un nuevo palacio real en Madrid, sobre el solar del anterior. El nuevo palacio en el que trabajaron los arquitectos italianos Filippo Juvara y Juan Bautista Sachetti, en estilo barroco clasicista, debía convertirse en el emblema de la nueva dinastía.
10.2. CAMBIO DINÁSTICO. LOS PRIMEROS BORBONES
Instalado como rey de España, Felipe V, dirige sus actuaciones a:
▪ Convertir la monarquía confederal hispánica en un estado centralizado, tomando como modelo la administración francesa y como territorio unificador, Castilla.
▪ Introducir en la Corte española las costumbres francesas.
▪ Recuperar parte de los territorios perdidos en Utrehct: política mediterránea.
▪ Preservar el imperio español en América, reforzando la flota y las instituciones coloniales.
▪ Adoptar el modelo cultural francés
Desechados los consejeros franceses e italianos de sus primeros años de reinado, comienza a confiar en los ministros españoles como Patiño, especialmente cuando ve que sus aspiraciones al trono francés se ven truncadas. En 1724 abdica en su hijo Luis I, pero la muerte repentina de éste, le hace recuperar el trono, que no dejará hasta 1746, año en que le sucede Fernando VI, el primogénito de su segunda mujer Isabel de Farnesio.
El nuevo rey mantiene la política interior de su padre, pero se mantendrá neutral en el exterior, pues su mayor preocupación fue la recuperación económica de España, bien aconsejado por los ministros Carvajal o Ensenada.
10.1. LA GUERRA DE SUCESIÓN Y EL SISTEMA DE UTRECHT
Causa principal: la sucesión de Carlos II.
Su muerte, el día 1 de noviembre de 1700, desencadenó una guerra que las intrigas realizadas por Luis XIV de Francia y Leopoldo de Austria habían preparado. La dinastía de los Habsburgo todavía gobernaba el mayor estado territorial, con sus dominios europeos y americanos. Los dos contendientes se preparaban para repartírselo y de paso garantizarse la hegemonía en Europa, con lo que se podía romper el equilibrio defendido por Inglaterra y Holanda.
Los candidatos a ocupar el trono eran Felipe de Borbón, duque de Anjou y nieto de Luis XIV y segundo hijo del Delfín (el heredero francés) de Francia, y el archiduque Carlos, segundo hijo del emperador Leopoldo I de Austria. Para evitar la rivalidad Carlos II hizo testamento a favor de José Fernando de Baviera, pero su repentina muerte en 1699 volvió a plantear el dilema. El 2 de octubre de 1700 Carlos II se decidió por Felipe de Borbón con la promesa de no repartir la Corona y renunciar al trono francés, para evitar una posible futura unión de España y Francia.
Luis XIV aceptó el testamento de inmediato y el 16 de noviembre Felipe fue reconocido como rey de España en Versalles con el nombre de Felipe V. Leopoldo I rechazó la nuevo rey y rompió relaciones diplomática con Francia.
La llegada del joven rey fue recibida con entusiasmo pues tras él se encontraba el estado europeo más poderoso del momento y se tenía la esperanza de solucionar los graves problemas del país y frenar su decadencia. Pero Luis XIV tomó una serie de decisiones que precipitarían la guerra:
• Mantuvo los derechos sucesorios de Felipe V al trono francés
• Asumió el gobierno de los Países Bajos españoles y ocupó militarmente una franja de
seguridad en Flandes, entre Francia y Holanda
• Consiguió importantes privilegios comerciales para los comerciantes franceses en las colonias
españolas que perjudicaban los intereses de Inglaterra y Holanda
• Marcó las directrices de la política interna española que se organizó según el modelo francés,
a través de consejeros como el ministro Orry o la princesa de los Ursinos.
La guerra
En respuesta a Luis XIV se organizó una alianza entre el Imperio, Holanda e Inglaterra en septiembre de 1701, que apoyaba al archiduque Carlos como rey de España.
La guerra se dirimió en dos frentes: Europa y España. En Europa, Luis XIV hubo de hacer frente a la coalición con sus fuerzas, se dirimía la hegemonía europea. En España la guerra adquirió tintes de guerra civil entre los partidarios de continuar con el Estado pactista de la monarquía de los Habsburgo y los defensores de implantar el estado centralista de los Borbones, según el modelo francés.
Los primeros enfrentamientos se produjeros en Italia (1701) entre franceses y austriacos. El desembarco del contingente inglés del duque de Marlsborough en Holanda dio a la guerra una dimensión continental. Saboya y Portugal se unieron a la alianza antifrancesa en 1703. En 1704, una flota aliada, tras intentar tomar Cádiz, ocupó Gibraltar en nombre del archiduque Carlos, quedando hasta ahora bajo dominio inglés.
Mientras en Europa los ejércitos franceses eran derrotados, España se dividía:
• Castilla, en líneas generales, apoyó a Felipe V con la excepción de algunas familias nobles,
temerosas de perder sus privilegios
• Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca se sublevaron contra Felipe V a favor del archiduque.
Los ejércitos aliados realizaron ofensivas desde Portugal para tratar de ocupar Madrid y desde el Mediterráneo apoyaron la sublevación de la Corona de Aragón. Desembarcado el Lisboa, el archiduque Carlos se puso al frente del ejército aliado. Ante la amenaza procedente desde Portugal y Aragón, Felipe V abandona Madrid (1706) que fue ocupada por el archiduque, siendo proclamado rey como Carlos III. Felipe la recuperó gracias al apoyo castellano y Carlos se refugió en Valencia. La victoria de Almansa, conseguida gracias al apoyo del ejército francés destacado en España, permitió al Borbón controlar Aragón y Valencia, decretando la abolición de sus fueros (junio de 1707).
La situación en Europa no podía ser peor para Luis XIV y empezó a pedir la paz, pero las condiciones que le presentaron resultaron inaceptables (expulsión de su nieto del trono español) y continuó la guerra. En 1710, la retirada de las tropas francesas permitió una nueva ofensiva aliada desde Cataluña hasta Madrid, donde nuevamente se instaló el archiduque. Una ofensiva de Felipe V sobre Madrid, venciendo en Brihuega y Villaviciosa, le permitió recuperar la capital, volviéndose luego contra Cataluña. Pero en 1711 un acontecimiento inesperado resultó decisivo: la muerte del emperador José I de Austria y el ascenso al trono de su hermano el archiduque Carlos. Holanda e Inglaterra, temerosos de una reedición del imperio de Carlos V, cambiaron de bando y aceptaron a Felipe V como rey de España. Comenzaron las negociaciones de paz, aunque en España proseguía la guerra. Cataluña, abandonada por los aliados, resistió hasta la caída de Barcelona el 11 de septiembre de 1714. Mallorca e Ibiza capitularon en junio de 1715.
La paz de Utrecht
El 11 de abril de 1713, en Utrecht y Rastatt, se firmaron una serie de tratados entre Felipe V, Francia y las potencias aliadas.
Decisiones:
• Felipe V es reconocido como rey de España, tras renunciar a sus derechos al trono francés
• Las posesiones españoles en Europa fueron repartidas: Flandes, Milán y Nápoles pasaron a
Austria, también Cerdeña, que luego cambió por Sicilia.
• Inglaterra mantuvo sus conquistas: Gibraltar y Menoría, y además obtuvo el asiento de
esclavos africanos en América y un navío de permiso anual con América, rompiendo el
monopolio español
• Portugal recibió la colonia de Sacramento
• Se sancionaba el equilibrio europeo entre Francia y el Imperio bajo la supervisión de Inglaterra,
que se convirtió en la principal potencia marítima
9.5. ESPLENDOR CULTURAL. EL SIGLO DE ORO
La mentalidad colectiva del Barroco apenas se diferenciaba a la del siglo anterior, si acaso se exacerbó en algunos valores, especialmente los religiosos:
• En una mentalidad en la que Dios era el creador, la Iglesia su intérprete, el rey su representante y la sociedad estamental una consecuencia del orden divino, no es de extrañar que lo religioso lo abarcara todo, dando lugar a una religiosidad exacerbada, más preocupada de la apariencia que de la esencia de la misma. Frente al racionalismo religioso de la reforma protestante, la Iglesia católica opuso sentimiento. Y sólo en este contexto pueden entenderse las manifestaciones sociales que han llegado hasta casi nuestros días: fervor a determinadas imágenes, procesiones cercanas a la superstición, extensión de los milagros y acumulación de santos. Se perseguía al hereje reformista sin criterio racional alguno y se consideraba judaizante a todo aquel que no comiera carne de cerdo o no asistiera a misa los domingos. Las prácticas de la medicina alternativa se consideraban brujería. En este contesto se impuso la limpieza de sangre, considerándose superiores (cristianos viejos) aquellos que no tenían en su linaje mezcla alguna de sangre judía o con antecedentes de herejía. Y Los conceptos de honor y honra resultaron tergiversados: Al re, la vida y la hacienda se han de dar pero el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios (Calderón de la Barca).
• Los valores de la nobleza se convirtieron en el espejo en que mirarse el resto de los grupos sociales, de esta manera los trabajos manuales fueron rechazados por innobles, afectando negativamente a la economía y al incipiente desarrollo de la burguesía inversora.
• Sólo así puede entenderse que el desarrollo de la ciencia brillara por su ausencia. El acceso a la cultura siguió limitado a las oligarquías urbanas y a la nobleza, mientras las cátedras y el modelo de enseñanza seguían en manos de la Iglesia. Los reinos hispánicos quedaron al margen de la revolución científica que se estaba dando en Europa, favorecida por el racionalismo reformista, por el temor a que afectase a los supuestos religiosos.
• La cultura barroca de los reinos hispánicos, de carácter propagandista, se puso al servicio de la Iglesia católica y de la monarquía absoluta, sus principales mecenas.
En cambio si fue un siglo excepcional para la literatura. Cervantes alcanzó la cumbre de la novela universal con su Quijote, escrito en dos partes, en 1605 y en 1615. En la poesía destacaron Góngora y Quevedo, que la abordaron desde estilos opuestos. Góngora fue el poeta del culteranismo, una lírica arcaizante y musical, de estilo deliberadamente difícil. Quevedo representó al conceptismo, donde la dificultad se expresaba a través del ingenio de los juegos de palabras, los dobles y triples sentidos y la sátira mordaz. El teatro fue el género más popular y de mayor proyección social. Por todos sitios surgieron corrales de comedias y el teatro se convirtió en el espectáculo por excelencia. Destacaron especialmente Lope de Vega, Tirso de Molina y Calderón de la Barca.
El término barroco no solo designa un estilo artístico, también define un movimiento cultural que, en los reinos hispánicos, se extiende desde las últimas décadas del siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII. Difundido desde Italia, su centro principal se encontraba en Roma, sede del papado.
La arquitectura, arte muy costoso y por ello afectado por la crisis económica, tuvo sólo el mecenazgo de la Iglesia y la Corona. El Madrid cortesano se convirtió, por ello, en un gran centro artístico para la exaltación del poder monárquico, aunque seguían predominando los edificios religiosos. Durante los dos primeros tercios del XVII, el estilo arquitectónico fue contrarreformista y herreriano (por influjo de la obra de Juan de Herrera, arquitecto del monasterio de El Escorial). El principal autor fue Juan Gómez de Mora, que realizó la Plaza Mayor de Madrid (1617-1619), modelo de plaza porticada que se difundió por toda España
En escultura se abandonó el bronce y la piedra por caros, siendo sustituidos por la madera policromada con incrustaciones de vidrio para los ojos y lágrimas: imaginería. Hubo dos escuelas, la castellana y la andaluza. En la primera sobresalió Gregorio Fernández (cristos yacentes); en la segunda Martínez Montañés, Alonso Cano y Pedro de Mena..
En pintura, a la clientela religiosa se unió el mecenazgo de la corte. El barroco español se caracterizó por su naturalismo, expresado en el bodegón; por su empleo de la luz, el movimiento y el color para lograr efectos dramáticos y ópticos, perspectivas engañosas; y por su interés en mostrar lo efímero de la vida terrenal. Los temas religiosos son predominantes. También hubo dos escuelas: las de Sevilla y Madrid. En la primera trabajaron Zurbarán, Murillo y Velázquez durante su primera etapa. La especialidad de Zurbarán fue la pintura religiosa, en la que representó series de frailes por encargo de diversos conventos y monasterios (Guadalupe). Murillo es el pintor de los temas amables. Destacaron su serie de Inmaculadas y de escenas infantiles llenas de ternura. En la etapa madrileña, trabajando como pintor de cámara de Felipe IV Velázquez desarrollo la pintura figurativa hasta sus últimas consecuencias. Su trabajo en la corte le permitió alejarse de los temas exclusivamente religiosos y desarrollar otros muy diversos: retratos (Felipe III, Felipe IV, el papa Inocencio X), temas mitológicos (La fragua de Vulcano, Las hilanderas, Los borrachos), escenas al aire libre (Los jardines de los Médicis, La rendición de Breda), destacando por encima de todos sus maravillosa obra Las meninas, donde se culmina la sensación de las tres dimensiones. Fuera de estos ámbitos merecen mencionarse la escuela valenciana con José Ribera el Españoleto (quien desarrolló lo mejor de su obra en Nápoles) y el tenebrista Francisco Ribalta y ya más tardío, en la escuela sevillana, Valdés Leal. Junto a Velázquez hubo otros pintores de corte especializados en el retrato: Pantoja de la Cruz, Carreño y Claudio Coello.
9.4. EVOLUCIÓN ECONÓMICA Y SOCIAL
Con el cambio de siglo termina el ciclo expansivo de la economía europea y comienza una etapa de depresión especialmente acusada en los reinos hispánicos, acentuada especialmente por:
• La crisis demográfica, motivada a su vez por:
─ Resurgen con fuerza las epidemias de peste negra en toda Europa. En la península se produjeron tres oleadas principales (inicios, mediados y fin de siglo)
─ La expulsión de los moriscos (1609) especialmente sentida en Valencia y Aragón.
─ Las dificultades económicas que provocaron hambrunas y debilitaron a la población, el incremento de la emigración a las Indias, la escasez de matrimonios y el aumento progresivo del número de clérigos atraídos no por vocación religiosa sino como forma de subsistencia.
─ Las guerras constantes que provocaron un aumento de la mortandad sobre todo entre los hombres jóvenes.
La consecuencia fue una disminución de la población de forma que los niveles de principios de siglo no pudieron recuperarse hasta finales del mismo.
• El agotamiento económico causado por la guerra. Aunque se había iniciado ya en el siglo XVI, se fue acentuando a lo largo del XVII. Al deterioro de la situación contribuyó la disminución del volumen de metales preciosos procedentes de América. Olivares quiso resolver tan delicada situación emprendiendo profundas reformas, pero las dificultades y los imperativos militares obligaron a buscar con urgencia otras fuentes de ingresos:
─ Las alteraciones monetarias, como la acuñación de monedas de vellón de cobre puro ─sin plata─, la reducción del contenido de plata o el aumento de su valor legal.
─ La creación de nuevos impuestos
─ La venta de cargos públicos, en especial municipales
─ La venta de vasallos que consistía en la conversión de lugares de realengo en señoríos jurisdiccionales, previo pago de ciertas sumas por parte de los nuevos señores.
─ La venta de títulos nobiliarios.
No obstante, todos estos recursos sólo sirvieron para poder afrontar las necesidades inmediatas de la Corona (gastos de guerra y pago de intereses), pero no atajaron el creciente endeudamiento de la Real Hacienda.
Las manifestaciones más evidentes de la depresión económica en los reinos hispánicos fueron:
─ La caída de la producción agraria, debida en gran parte a la disminución de la mano de obra campesina por el descenso demográfico. También se produjo un cambio de cultivos. El trigo dejó paso en numerosos lugares a la cebada y el centeno (como alimento del ganado) y a la vid. En el norte peninsular se paliaron los efectos de la crisis gracias al cultivo del maíz, especialmente en Galicia.
─ La crisis de la industria textil castellana, después del auge experimentado en el siglo anterior.
─ El acaparamiento del comercio indiano por extranjeros, principalmente a través del contrabando y de agentes españoles que actuaban por cuenta de extranjeros y burlaban así monopolio de la Casa de Contratación.
Hacia 1680 se puede dar por concluida la crisis demográfica y económica. Antes incluso se advierte un aumento de la natalidad, sobre todo en las regiones litorales, con lo que la tradicional relación entre el centro y la periferia se invirtió a favor de esta última. También se recuperan desde esa fecha la producción y el comercio, actuando de impulso la reforma monetaria que acercó el valor real al valor legal. La expansión económica que se observará en el siglo XVIII tuvo sus momentos iniciales en el último cuarto del XVII.
En cuanto a las repercusiones sociales, la crisis afectó en mayor o menor medida a todas las capas sociales:
─ La nobleza aumentó debido fundamentalmente a la venta de títulos nobiliarios. Pero disminuyeron las rentas señoriales por el descenso de la mano de obra y la crisis agraria, que obligaron a la nobleza a endeudarse para poder mantener su elevado nivel de vida.
─ El clero, un grupo social que poco contribuía al desarrollo económico y demográfico, creció en número al convertirse en refugio de todos aquellos que buscaban su seguridad en tiempos de crisis.
─ La disminuida burguesía tenía como máxima aspiración abandonar sus negocios e invertir sus beneficios en tierras, señoríos y rentas fijas (como los juros o títulos de deuda pública) o adquirir títulos nobiliarios.
─ El campesinado, en especial en Castilla, fue el sector más afectado por la crisis económica al aumentar sobre ellos la presión fiscal. Muchos pequeños campesinos se veían forzados a endeudarse tras una mala cosecha y, con frecuencia, no podían devolver los préstamos, perdiendo así sus tierras y viéndose forzados a emigrar a las ciudades que se llenaron de pobres, mendigos y vagabundos, contribuyendo a que el clima social fuera cada vez más inestable.
9.3. EL OCASO DEL IMPERIO ESPAÑOL EN EUROPA
Los objetivos de la política exterior de los Austrias españoles durante el siglo XVII fueron:
• La defensa de su patrimonio
• La protección del catolicismo allí donde estuviera en dificultades frente a luteranos y calvinistas
• La defensa del monopolio comercial en América.
No obstante, la situación había cambiado con respecto al siglo anterior, surgiendo nuevos factores a tener en cuenta:
• La escasez de recursos financieros obligó a restringir el alcance de la política exterior. Las necesidades de financiación incrementaron la presión fiscal en todos los reinos y, debido a la guerra y al asalto a las posesiones americanas y a las flotas de Indias, disminuyeron las remesas de plata americana.
• La pérdida de efectivos militares fruto de la crisis demográfica que afectó a todos los reinos. Cada vez era más difícil encontrar voluntarios y hubo que recurrir a las impopulares levas forzosas, provocando desinterés y falta de preparación. La situación se agravó en la segunda mitad del siglo, produciéndose continuas derrotas militares.
• Holandeses, franceses e ingleses atacaron las posesiones ultramarinas de Castilla y Portugal, estableciéndose en la Guayana y en algunas islas del Caribe. España reaccionó aumentando la protección de la flota de Indias, defendiendo el istmo de Panamá y fortificando las ciudades estratégicas, empleando unos recursos económicos que hubo de distraer de la Península y de Europa.
• Portugal, tras su independencia, se convirtió en un enemigo más. Ante tal acumulación de rivales el esfuerzo superó las posibilidades de triunfo del Imperio español.
En este contexto internacional, durante el reinado de Felipe III se firmó la paz con Inglaterra (1604) y con los Países Bajos rebeldes (1609: Tregua de los Doce Años)
Felipe IV aconsejado por Olivares reanudó la guerra contra los Países Bajos (Provincias Unidas) en 1621 con el propósito de recuperar el prestigio perdido. También estrecho lazos con los Habsburgo de Viena, a los que se consideraba aliados imprescindibles para defender las posesiones de Italia y Flandes. Ello le llevó a involucrarse desde el principio en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) que enfrentó a los católicos Habsburgo con los príncipes protestantes alemanes y sus aliados (primero Dinamarca y después Suecia). En 1635 cuando la situación parecía estabilizada a favor de los Habsburgo, Francia decide entrar en guerra. Agobiada por las sublevaciones de Cataluña y Portugal y multiplicados los rivales en Europa (Países Bajos, Francia, los príncipes protestantes alemanes, Inglaterra) los tercios españoles serían derrotados, siendo Rocroi (1643) la primera de ellas.
En 1648 se firma la Paz de Westfalia en la que los Habsburgo reconocen la derrota. España aceptaba la independencia de las Provincias Unidas y Francia se convierte en la potencia hegemónica europea. No obstante España seguía en guerra con Francia y Portugal y Cataluña continuaban con sus afanes independentistas. En 1659 Felipe IV firma con Francia la Paz de los Pirineos, cediendo varias plazas de Flandes, el Rosellón y la Cerdaña. Con Portugal se firma la paz en 1668 (Tratado de Lisboa): se reconoce la independencia lusa y, en este contexto, Ceuta que pertenecía a Portugal quedó como plaza española. El acoso de Francia continuó con el nuevo rey francés Luis XIV, produciéndose cuatro guerras en las que España perdió buena parte del Flandes español y la totalidad del Franco Condado. Aunque la ausencia de guerras favoreció la recuperación interna, la situación exterior era precaria. Para 1700 el Imperio español se convirtió en el objetivo del resto de potencias europeas. Con motivo de la Guerra de Sucesión a la Corona de España (1700-1713) el reparto del mismo sería una realidad.
9.2. LA CRISIS DE 1640
Desde el comienzo del reinado de Felipe IV existía en Cataluña un descontento porque el rey quiso exigir a la Diputación General un impuesto extraordinario y ésta se negó alegando que tenía que ser aprobado previamente por las Cortes. La situación se endureció con motivo de la estrategia del Conde-duque de Olivares al que, comenzada la guerra con Francia en 1635, se le ocurrió crear un segundo frente en la frontera catalana que obligara a Richelieu a disminuir la presión sobre Flandes. Obligó a Cataluña a poner en pie un ejército con sus propios medios y como se la veía incapaz de sostener por sí sola la lucha contra Francia, envió a los tercios, en su mayor parte italianos poco disciplinados, que cometieron numerosos abusos. El día 12 de junio de 1640, día del Corpus, entraron en Barcelona 3.000 segadores y atacaron a los tercios. El Virrey, conde de Santa Coloma, fue asesinado y la situación se repitió en otras ciudades catalanas. La respuesta de Madrid fue el castigo y la de Cataluña la secesión, constituyéndose en República bajo la protección de Luis XIII de Francia. Olivares puso en marcha de forma apresurada un ejército que fracasó ante Lérida. Al año siguiente cayó el valido, siendo sustituido por su sobrino Luis de Haro. Finalmente, tras 12 años de guerra, las tropas de Felipe IV entraron en Barcelona (1652) poniendo fin al intento secesionista catalán.
Los perjuicios ocasionados al comercio y colonias portuguesas, las tendencias centralizadoras de Olivares, el aumento de la presión fiscal para sostener el Imperio español en Europa y la ambición del duque de Braganza están entre las causas de la sublevación de Portugal. La gota que colmó el vaso fue la recluta ordenada por Olivares para la guerra de Cataluña. El 1 de diciembre de 1640 los portugueses deponen a la Virreina y el duque de Braganza es proclamado rey con el nombre de Juan IV. De inmediato, Inglaterra, Francia y los Países Bajos reconocieron al nuevo rey. Debido al esfuerzo que los Austrias estaban realizando en Europa no pudo enviar tropas a Portugal hasta 1660, cuando ya era demasiado tarde. En 1668 la corona española reconocía la independencia del reino portugués.
Derrotada en todos los frentes y con una monarquía debilitada tanto en el exterior como en el interior surgen otras intentonas secesionistas. En Andalucía, el marqués de Ayamonte y sobre todo el duque de Medina Sidonia pretendieron formar un reino independiente inspirándose en el modelo portugués (1641) El de Ayamonte fue decapitado y Medina Sidonia fue desterrado. En Aragón se habló de asesinar al rey y proclamar como soberano al duque de Híjar (1648). Los cabecillas del movimiento fueron ejecutados y el duque de Híjar encarcelado. También hubo tumultos en Valencia y en Navarra, Iturbide intentó también la secesión (1648). En Nápoles y Sicilia la sublevación fue sofocada en 1648 por don Juan José de Austria tras abolir los impopulares impuestos con que habían gravado al país para hacer frente a los ingentes gastos de guerra en tiempos de Olivares.
9.1. LOS AUSTRIAS DEL SIGLO XVII. GOBIERNO DE VALIDOS Y CONFLICTOS INTERNOS
Los validos
Los sucesores de Felipe II dejaron el poder en manos de sus secretarios, recibiendo por ello el nombre de validos o privados. Felipe III tuvo dos, primero el ineficaz y corrupto duque de Lerma y después su hijo el duque de Uceda. Felipe IV otros dos, el ambicioso y capaz Conde-duque de Olivares y el más equilibrado y realista Luis de Haro. Finalmente, Carlos II contó con el padre Nithard, el advenedizo Fernando de Valenzuela, don Juan José de Austria, el duque de Medinaceli, el conde de Oropesa y, finalmente, una camarilla incompetente.
En todos los casos sustituyeron a reyes con muy poco interés por las tareas de gobierno y con notable debilidad de carácter. Felipe III abrió el camino a la entrada de estos validos y, a lo largo del siglo XVII, se convirtió en una costumbre aceptada por todos los grupos de poder, cuya máxima aspiración era alcanzar la confianza del rey y gobernar en su propio beneficio. Ello condujo durante algunos periodos al desgobierno, especialmente durante los valimientos del duque de Lerma, el padre Nithard y Fernando de Valenzuela.
La mayor parte de los validos intentaron gobernar al margen de los Consejos, a través de Juntas reducidas integradas por personas de su confianza, con el fin de agilizar la administración y así evitar el control de los Consejos. Desde el poder apartaban a sus enemigos y colocaban en los puestos más importantes a hombres de su confianza. La corrupción aumentó y los más atrevidos aprovecharon el apoyo o desinterés del rey para controlar concesión de cargos, pensiones y mercedes de todo tipo, que canalizaron hacia sus propios familiares.
La oposición a los validos la encabezaron los letrados, que formaban los Consejos, y los miembros de la aristocracia que eran apartados de la Corte por formar parte de facciones enfrentadas al valido de turno.
Los conflictos internos
A lo largo del siglo se produjeron diversas situaciones de tensión interna:
• La expulsión de los moriscos (1609). Medida popular tomada para evitar una posible alianza de los moriscos con los piratas berberiscos, cuyas acciones de saqueo de la costa levantina y andaluza fueron continuas durante el primer tercio del siglo. Durante el valimiento del duque de Uceda se ocuparon Larache y Mámora en la costa atlántica africana, como medida de protección frente a la piratería turca. El número de expulsados se puede ver en el cuadro adjunto. Los nobles aragoneses y va-
lencianos opusieron una cierta resistencia pues les privaban de buenos colonos. A cambio recibieron los bienes de los expulsados.
• Las medidas políticas tomadas por el Conde-duque de Olivares para atajar los males internos de la monarquía son un buen reflejo de los problemas existentes:
─ Reformas administrativas para acabar con la corrupción. Creación de 16 juntas de reforma que fracasaron por la oposición de los estamentos privilegiados y por multiplicar los gastos burocráticos en un 50 %.
─ Protección del comercio, sobre todo del sector textil, prohibiendo el comercio con Inglaterra, Holanda, Francia y diversos estados alemanes. Lejos de mejorar la industria textil española por la carencia de capitales y de personal cualificado supuso la ruina del comercio exterior.
─ El descenso de población motivado por la expulsión de los moriscos y por las oleadas de peste surgidas a partir de 1647 intentó atajarla favoreciendo la inmigración de extranjeros católicos y otorgando beneficios a las familias numerosas (hidalgos de bragueta)
─ Pero quizás las medidas menos populares fueron las de intentar crear una administración única para todos los reinos peninsulares y un ejército común (la Unión de Armas). En la práctica suponía aumentar la presión fiscal sobre los reinos no castellanos que debían contribuir en la misma medida que Castilla al sostenimiento del Imperio español. El resultado fue el amotinamiento y sublevación de Cataluña, Portugal, Andalucía, Aragón, Navarra, Nápoles y Sicilia, que llevaron a la monarquía al colapso en un momento en que mayor esfuerzo bélico se estaba realizando en el exterior (1640-1648)
8.5. CULTURA Y MENTALIDADES. LA INQUISICIÓN
Culturas oficial y popular
En el siglo XVI la cultura escrita era patrimonio de una minoría. El bajísimo grado de alfabetización se corresponde con la existencia de una notable cultura popular, vinculada con la cultura oficial o académica, ya que la mayoría de los temas de la cultura popular, expresados en canciones, romances, refranes… están inspirados en la cultura escrita o contaminados por ella.
La causa fundamental del analfabetismo era económico: las familias pobres no podían prescindir del trabajo infantil. En las ciudades se establecían maestros de primeras letras, con licencia del ayuntamiento y del obispo y se mantenían con las cuotas de sus alumnos/as. En los pueblos, la existencia de un maestro, dependía de que el ayuntamiento quisiera concederle alguna subvención. Para tener un preceptor de gramática, considerada como estudios medios, se necesitaba un número mínimo de vecinos. Solía haber fundaciones privadas o públicas que lo proporcionaban, como la escuela de López de Hoyos donde estudió Cervantes. La irrupción de los jesuitas proporcionó una enseñanza más moderna y variada y con una moderada dosis de humanismo.
Las universidades crecieron en número y alumnado, con un claro objetivo: proporcionar alto personal a la Iglesia y al Estado. Había también una modesta demanda de médicos, pero ninguna de científicos. La facultad de Artes era de carácter preparatorio, desde allí se accedía a una de las cuatro facultades mayores: Teología, Cánones (formación de eclesiásticos), Leyes y Medicina. Sin embargo, las fundaciones universitarias de Carlos V y Felipe II no alcanzaron el prestigio ni el rango de las ya existentes, siendo Salamanca la más demandada.
La falta de una formación universitaria de ciencias matemáticas se remedió en parte por medio de centros especializados como la Academia de Matemáticas creada en Madrid por iniciativa de Felipe II y la Casa de Contratación de Sevilla, donde había cátedra de Cosmografía. . Las Ciencias Naturales recibieron un gran impulso tras el descubrimiento de América, pues fueron numerosos los estudios que se hicieron sobre la flora y la fauna del nuevo continente.
La creación literaria
La literatura popular se expandió a través de la llamada “literatura de cordel”. Se trataba de hojas sueltas que solían venderse en puestos al aire libre y que estaban sujetos por una cuerda. La mayoría se ha perdido, pero en general reproducía adaptaciones de textos eruditos, especialmente de novelas de caballería de las que había un gran consumo.
Los libros eran caros y pocos podían comprarlos, incluso entre las clases medias era raro encontrar en los inventarios más de una docena de libros. Por ello, las tiradas eran cortas. La mayoría eran de carácter devoto, le seguían los textos literarios y a mucha distancia los de tema histórico, jurídico, geográfico… La literatura científica era prácticamente inexistente.
La censura eclesiástica se centró en la literatura de corte erasmista, la producción teológica de tendencia mística y las obras referentes a la Biblia, cuya lectura en lengua vulgar quedó prohibida. La Inquisición endureció su postura con el “Índice de libros prohibidos” promulgado por el inquisidor general Valdés en 1559.
Sin embargo, la literatura de ficción apenas fue afectada, lo que permitió un amplio desarrollo de los libros de caballería. La picaresca, género típicamente español, produjo una corta pero rica producción: El Lazarillo de Tormes, el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, algunas de las novelas ejemplares cervantinas y El buscón de Quevedo. El Quijote es en sí mismo un género.
La literatura mística también alcanzó amplia difusión: fray Luis de Granada, Santa Teresa, San Juan de la Cruz… El teatro alcanzó altas cimas con Lope de Vega, Tirso de Molina, Ruiz de Alarcón, Calderón de la Barca… Aparece también la historia nacional con la obra del padre Mariana, Historia General de España, que mantuvo su vigencia hasta casi finales del siglo XIX.
Tendencias artísticas
Sujetos al modelo gremial y al mecenazgo los artistas fueron en buena medida autodidactas. Solo los más favorecidos por la fortuna podía realizar estudios en Italia o dejar una importante herencia a sus hijos, como hizo Pedro Berruguete con su hijo Alonso, el más afamado escultor de su época que introdujo el modelo de Miguel Ángel en sus obras de San Benito de Valladolid, o el coro de la catedral de Toledo.
En general la cotización de sus obras era baja: los coros de la catedral de Málaga se pagaron a Pedro de Mena a razón de mil reales cada uno, cuando una hogaza de pan costaba entre medio y un real.
Poco a poco se introdujo el arte renacentista de la mano de pintores como el propio Berruguete, Luis de Morales, el Greco y los pintores de corte que decoraron el monasterio de El Escorial.
Se dan los últimos coletazos del gótico (Salamanca, Segovia, Sevilla). El renacentismo aparece ya en los palacios de la Calahorra, y Vélez Blanco, los Golfines en Cáceres, Monterrey en Salamanca o el que don Álvaro de Bazán erigió en El Viso, siendo la obra cumbre el palacio de Carlos V en Granada.
En la segunda mitad del siglo XVI se impuso la personalidad de Felipe II: El Escorial, el palacio de Aranjuez…, adquiriendo sello personal y estilo nacional que se desarrolló especialmente en Madrid y Valladolid
La religiosidad
Al comenzar el siglo XVI existían en España dos tendencias espirituales: la mística y la intelectual, ambas críticas con el medievalismo eclesiástico de fuerte matiz supersticioso. El ambiente estaba bien preparado para la acogida de las obras de Erasmo, aunque pronto actuó la Inquisición por las sospechas protestantes que traslucían sus escritos. Antes de finalizar el reinado de Carlos V el erasmismo había sido eliminado, así como el movimiento de los alumbrados. La llegada del inquisidor general Fernando Valdés incrementó la persecución: encausamiento del arzobispo Carranza, impulsó los autos de fe de Valladolid y Sevilla, acabando con el exiguo luteranismo.
La labor de los teólogos españoles (Soto, Laínez, Salmerón) resultó decisiva para fijar el dogma católico en Trento.
Al finalizar el siglo la huella dejada por los humanistas de principios de siglo estaba medio borrada, mientras crecía la religiosidad popular, que alcanzó en el siglo siguiente un gran desarrollo. No se trata de una religiosidad del pueblo, sino una forma de manifestarse públicamente mediante procesiones, romerías, actos misionales… con actos que rozaban la superstición, como sumergir en agua las sagradas imágenes para obtener lluvia o ahuyentar la langosta con exorcismos, multiplicar las flagelaciones o buscar explicaciones milagrosas a hechos que podían explicarse de manera natural. Y todo ello no solo con la tolerancia sino con la participación de las clases altas y de las autoridades eclesiásticas.
8.4. ECONOMÍA Y SOCIEDAD EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI
Economía
El siglo XVI se caracteriza por un proceso expansivo en la economía europea en general y española en particular.
a) La agricultura. A esta actividad se dedicaban tres cuartas partes de la población y estuvo muy condicionada por la demanda americana, hasta que el nuevo continente comenzó a autoabastecerse. A partir de ese momento se inicia un retroceso, agravado por el alza de los precios agrícolas que llegaron a superar a los industriales. La Baja Andalucía fue una excepción, gracias a la pujanza de Sevilla y al cultivo del olivo y de la vid. El trigo quedó perjudicado cuando la fuerte demanda de vino obligó a plantar viñedo por extensas zonas de Andalucía y de La Mancha.
El cultivo de la tierra era de año y vez, con rendimientos muy bajos, lo que unido al crecimiento demográfico obligaba a roturar continuamente nuevas tierras, pero fueron poco rentables, dada la pobreza de las tierras roturadas. Aunque inferior a la agricultura, la ganadería trashumante, amparada por los privilegios de la Mesta, alcanzaría los tres millones de cabezas; y la ganadería estante llegó a ser incluso superior.
b) La industria. Apenas se desarrolló, pese a la plata americana, la abundancia de materias primas, de mano de obra y de mercados. Se explica por la falta de espíritu de empresa y a la preferencia por la actividad comercial, que resultaba más rentable.
La abundancia de lana favoreció el desarrollo de una industria de paños, localizada en Segovia, Toledo, Barcelona y Valencia. También fueron notables las industrias del cuero, las construcciones navales en el Cantábrico y en el sur, así como las fábricas de armas y las ferrerías del país Vasco.
Esta incipiente industria favoreció el desarrollo de los gremios medievales, asentados en las ciudades y organizados jerárquicamente. Las diferentes profesiones se agrupaban por calles. Pero estos gremios, forzaron el proteccionismo oficial, temerosos de la competencia extranjera y obstaculizaron el progreso industrial.
c) El comercio. Alcanzó un importante desarrollo, aunque en manos de comerciantes extranjeros, vascos y judeoconversos, ya que los hidalgos castellanos y andaluces lo despreciaron, contribuyendo al débil desarrollo de la burguesía castellana, que pronto fue desplazada por los comerciantes extranjeros.
Se exportaba básicamente lana, hierro o cuero. Se importaban tejidos flamencos, papel y productos de lujo, que contribuyeron al enriquecimiento de los Cinco Gremios Mayores de Madrid. Los productos castellanos salían por los puertos de Santander, Bilbao y Laredo, procedentes de Valladolid y Burgos. Pero las continuas guerras de Carlos V y Felipe II fueron un contratiempo para este comercio, que recibió el golpe de gracia cuando los comerciantes genoveses (que lo controlaban) prefirieron dedicarse a las finanzas y al tráfico con el oro y la plata.
En la Corona de Aragón el principal puerto exportador era Valencia. En el sur, Sevilla y Cádiz acapararon el comercio con América. Fue esta zona la que determinó en gran medida el desarrollo económico de las otras dos.
d) La política financiera. Carlos V creó el Consejo de Hacienda en 1523. El peso de los gastos de la política imperialista recayó exclusivamente sobre Castilla, cuyos recursos constituían la garantía de los préstamos que los banqueros hacían en Flandes, Italia y Alemania. Primero predominó la banca alemana de los Fugger y los Welser; después serían genoveses.
La política económica resultó desastrosa. A lo largo de todo el siglo, los gastos fueron siempre superiores a los ingresos. Felipe II comenzó su reinado con la quiebra de 1557, consecuencia de la deuda que le dejó su padre. Para robustecer la hacienda real, los Austrias crearon nuevos tributos, como el de millones (impuesto indirecto sobre la alimentación), el derecho sobre la sal y la elevación de los impuestos eclesiásticos: bulas y diezmos. Sin embargo no fue suficiente y cuando la situación económica se volvía insostenible, Felipe II recurrió a la bancarrota (1557, 1575, 1596). Consistía en consolidar la deuda flotante por medio de juros con los cuales pagaba a los asentistas en lugar de pagarles con moneda. Esto suponía la ruina de los banqueros.
Sociedad
La progresiva desaparición de la sociedad feudal durante la Baja Edad Media no impidió que se mantuvieran los privilegios al transformarse en sociedad estamental. Distinguimos por tanto dos grupos muy diferenciados:
a) Las clases privilegiadas. Incluían a la nobleza y al clero. Disfrutaban de numerosos privilegios como la exención de impuestos, el acceso a cargos administrativos, jurídicos, militares y políticos y la preeminencia social en ceremonias y espectáculos. La nobleza se jerarquizaba en alta (Grandes y Títulos) y baja (Caballeros e Hidalgos). No representaba más que un 5% de la población, pero poseían la mayor parte de las tierras. El clero aumentó en un 50% a lo largo del siglo (unos 90.000 en 1600). Además de los privilegios antes enumerados, disfrutaban de aproximadamente la mitad de la renta nacional por el cobro de diezmos. Por debajo de obispos, arzobispos, abades y abadesas había un numeroso clero bajo, identificado con el pueblo, compuesto por el clero regular y secular (párrocos y curas de iglesia)
b) Las clases no privilegiadas. Componían un grupo muy heterogéneo. La burguesía fue el grupo más dinámico, especialmente en Castilla durante la primera mitad del siglo y en Cataluña durante la segunda mitad al establecer relaciones comerciales con Italia. Pero se arruinó con el alza de los precios y buscó su salvación tratando de acceder a la nobleza. Las clases populares urbanas estaban formadas por artesanos y campesinos. Gozaron de una importante prosperidad hasta mediados de siglo cuando la subida de los precios les repercutió negativamente. Dentro de las minorías no asimiladas se encontraban extranjeros (ingenieros y técnicos italianos, flamencos y alemanes; financieros genoveses y mano de obra especializada francesa), esclavos (unos 50.000 especialmente en Andalucía, entre turcos, berberiscos y negros), moriscos (de difícil asimilación, motivaron revueltas como la de Granada de 1566. En 1609 fueron expulsados unos 300.000, principalmente de la Corona de Aragón), judíos conversos (dedicados al comercio y a las finanzas y a profesiones liberales como médicos y escribanos. Estaban sometidos a los estatutos de “limpieza de sangre”)
8.3. EL MODELO POLÍTICO DE LOS AUSTRIAS. LA UNIÓN DE REINOS
El gobierno de Castilla, Navarra y los reinos de la Corona de Aragón siguieron el modelo heredado de los Reyes Católicos. Todos ellos mantuvieron con escasas modificaciones sus instituciones, Cortes y privilegios. A partir de la segunda mitad del siglo XVI, los reyes de la casa de Austria se hacen sedentarios y se rodearon de una administración profesionalizada y amplia, a la vez que las instituciones se vuelven más complejas. En general los procedimientos de gobierno fueron más lentos al incrementarse la burocracia, en especial con Felipe II, quien supervisaba todo personalmente. Las características del modelo político de los Austrias fueron las siguientes:
• Se consolidó el sistema de gobierno a través de Consejos. Con Carlos V se creó el Consejo de Estado que tenía jurisdicción sobre todos los reinos. Este Consejo asesoraba al soberano en asuntos relevantes de política, especialmente exterior. En la práctica, el rey no lo consultaba con regularidad y, con el tiempo, fue perdiendo sentido. Otros Consejos como los de Inquisición y el de Órdenes Militares siguieron existiendo, mientras que otros desaparecieron como los de Cruzada y de la Santa Hermandad. Durante el reinado de Carlos V se crearon los Consejos de Hacienda y de Indias. El primero dedicado a recaudar el dinero con el que sufragar los gastos de las guerras y el segundo para la gobernación de las tierras conquistadas en América.
• Aumentó el poder de los Secretarios del rey, que llegaron a ser figuras clave del modelo de gobierno. Eran los encargados de informar al monarca de las deliberaciones y decisiones de los distintos Consejos, de manera que el rey terminó por despachar sólo con los secretarios. Los más importantes se convirtieron en secretarios de Estado.
• Se mantuvo la delegación del poder en Virreyes y Gobernadores en aquellos territorios en los que el soberano iba a estar ausente durante bastante tiempo. Normalmente se designaba a miembros de la familia real o a súbditos vinculados al reino que se les encomendaba.
• En cuanto a la Hacienda, los Austrias dispusieron de unos ingresos que crecieron notablemente, pero que no cubrían los ingentes gastos, en particular los militares. Estos ingresos procedían de impuestos que pagaba Castilla (especialmente el de la alcabala), complementados con las rentas abonadas por las Órdenes Militares y los subsidios votados en Cortes. Otra aportación importante y creciente eran los ingresos provenientes de las Indias que, aunque nunca representaron la quinta parte de las rentas totales, fueron fundamentales para atender a pagos urgentes (en especial los sueldos de la tropa) Se difundió, además, el sistema de venta de cargos públicos, llegando a crearse algunos con la única intención de su venta. La diferencia entre los gastos y los ingresos endeudó a la Corona y la llevó a la quiebra en varias ocasiones, por los que tanto Carlos V como Felipe II se vieron obligados a recurrir al crédito y al préstamo. Pero incluso éstos resultaron insuficientes y, en diversas ocasiones (1557, 1560, 1575 y 1596), la monarquía tuvo que declararse en bancarrota, suspendiendo los pagos. En estas situaciones se renegociaba el pago de la deuda con los acreedores, ampliando el plazo para abonarla e incrementando los intereses y las concesiones a los prestamistas, con lo que suponía la hipoteca de la monarquía para el futuro.
8.2. LA MONARQUÍA HISPÁNICA DE FELIPE II. LA UNIDAD IBÉRICA
Felipe II heredó de su padre la misma idea de la política internacional: la defensa del catolicismo y de la superioridad del imperio hispánico en Europa. Los ejes de esta política fueron fundamentalmente la lucha contra los turcos, el problema de Flandes y el enfrentamiento con Inglaterra.
En 1571 se organizó la última cruzada de la cristiandad contra los turcos. La armada formada por España, Roma y Venecia (la Liga Santa) venció a la armada turca en Lepanto. Este triunfo frenó la expansión turca por el Mediterráneo.
A partir de 1566 el problema fundamental del reinado de Felipe II fue la sublevación de los Países Bajos (Flandes). En ella se mezclaban cuestiones religiosas (la expansión del protestantismo) y políticas (el deseo de la nobleza flamenca de gozar de autonomía política). Felipe II no toleró el protestantismo en sus posesiones ni los deseos autonomistas, enviando al duque de Alba para reprimir la sublevación. Con la ayuda de algunos príncipes protestantes alemanes, de los hugonotes franceses y el apoyo de Inglaterra, los rebeldes, dirigidos por Guillermo de Orange, consiguieron prácticamente independizar una parte del territorio: el norte; mientras que el sur, de mayoría católica se mantuvo fiel a Felipe II. La paz se firmó con el acuerdo de nombrar a Isabel Clara Eugenia, hija del rey español, y a su marido el archiduque Alberto, regentes de los Países Bajos, con el compromiso de que el hijo que tuvieran sería el nuevo rey, y, en caso de no tener descendencia, el territorio volvería a los Austrias españoles.
Con respecto a Inglaterra, el apoyo dado por Isabel I a los rebeldes flamencos y los actos piratas llevados a cabo contra las flotas de Indias, resultaron decisivos en la ejecución del proyecto de Felipe II de invadir la isla. En 1588 se armó una poderosa armada (la Invencible) que fracasó estrepitosamente en el Canal.
Las relaciones con Francia resultaron menos conflictivas durante este reinado. Sólo la coronación del príncipe protestante, Enrique de Navarra, alteró la situación solucionada con su conversión al catolicismo.
En el mismo significado de mantener la hegemonía europea se inserta el logro de la unidad ibérica.
En la batalla de Alcazarquivir (1580), en una expedición al norte de África, muere el joven rey portugués Sebastián, sucediéndole el anciano cardenal Enrique. Entre los candidatos a la sucesión estaba Felipe II por ser hijo de Isabel de Portugal y nieto del rey Manuel el Afortunado. Sin embargo, el apoyo popular lo tenía don Antonio, el prior de Crato.
Felipe II vio la gran oportunidad de acrecentar su imperio y comenzó los preparativos del ejército para hacer valer sus derechos por la fuerza de las armas. Situó al duque de Alba en la frontera con un poderoso ejército; mientras el almirante Álvaro de Bazán aprestaba la flota. A la muerte del cardenal Enrique, la campaña de ocupación fue rápida. Felipe II fue reconocido en las Cortes de Tomar (1581) como rey de Portugal. El último núcleo de resistencia, en las Azores, fue eliminado tras la victoria de Álvaro de Bazán en la batalla de la Isla Tercera.
La unión con Portugal suponía el control de un extenso imperio marítimo que marcó el viraje definitivo de la política de Felipe II hacia el Atlántico.
Sin embargo, el coste económico y social del mantenimiento del poder hegemónico de Felipe II fue tan elevado que las diversas bancarrotas de la Hacienda real llevaron a Castilla a la ruina.
8.1. EL IMPERIO DE CARLOS V. CONFLICTOS INTERNOS: COMUNIDADES Y GERMANÍAS
La herencia de Carlos V:
En 1517 toma posesión de la herencia materna (su madre, Juana, que todavía vivía y conservaba el título de reina de Castilla, había sido declarada no apta para gobernar):
• De su abuelo Fernando el Católico: la Corona de Aragón, Nápoles, Cerdeña y Sicília
• De su abuela Isabel: la Corona de Castilla, las plazas norteafricanas, las Canarias y las Indias
Desde 1515 ya gobernaba de hecho en las posesiones de su padre heredadas a su vez de su abuela María de Borgoña: los Países Bajos, Luxemburgo, el Artois y el Franco Condado.
En 1519 heredaría el patrimonio de su abuelo Maximiliano de Austria: Austria (Estiria, Carintia y el Tirol) y los derechos a la corona imperial. Ese mismo año sería nombrado emperador con el título de Carlos V.
Este extenso patri-monio estaba for-mado por un con-junto de estados heterogéneos con idiomas, culturas e instituciones dis-tintas. El título de emperador no im-plicaba la unión de sus reinos y pose-siones. Las arcas del emperador se llenaban con ingre-sos procedentes de su propio patrimo-nio, en especial de Castilla.
Pero Carlos llegó a la Península desconociendo tanto los idiomas como las costumbres o las aspiraciones de los reinos peninsulares y considerándolos como una simple fuente de recursos. Rodeado de consejeros extranjeros (Guillermo de Croy, Adriano de Utrecht) confió a éstos los cargos principales antes de marchar a Alemania para defender sus aspiraciones al trono imperial. Para ello necesitaba dinero y, como las Cortes reunidas en Santiago no se lo concedieron al no aceptar el monarca las peticiones de que prescindiera de los consejeros extranjeros y que no sacara dinero del país, las trasladó a La Coruña donde mediante sobornos y amenazas consiguió lo que se proponía.
La respuesta de las ciudades con representación en las Cortes no se hizo esperar. Toledo, Burgos, Valladolid, Zamora, Segovia y Ávila se movilizaron y se reunieron en comunidad. Pronto estalló la guerra, llamada de las Comunidades. En su proclama solicitaban que prescindiera de los consejeros extranjeros, que acatara la voluntad del reino, limitando su poder, redujera los impuestos, protegiera la industria textil, realizara reformas municipales a favor de los plebeyos y que disminuyera el poder de la nobleza. Tras una serie de pequeños éxitos iniciales en los que la nobleza castellana se abstuvo de intervenir, cuando ésta se vio amenazada por la revuelta se puso del lado real y acabaron con los comuneros en la batalla de Villalar (1521). Los líderes principales Juan Bravo (Segovia), Juan de Padilla (Toledo) y Francisco Maldonado (Salamanca) fueron ejecutados y Toledo y Segovia que sufrieron asedio recibieron una durísima represión.
Las interpretaciones varían desde los que consideran que los comuneros fueron unos traidores a su rey, a otros que opinan que defendían las libertades de Castilla. Para unos el movimiento fue exclusivamente de carácter político (Maravall, Menéndez Pidal) y para otros tuvo también un fuerte componente social (Gutierrez Nieto) al reunir a las clases medias de las ciudades (artesanos, profesionales liberales, trabajadores) contra la nobleza y el rey.
Entre las principales consecuencias:
• Reforzamiento de la alianza del rey con la nobleza castellana
• Sustitución de los extranjeros por castellanos en los cargos principales
• Limitación del poder de las Cortes que apenas serían convocadas, a lo que se unió la postergación de la burguesía castellana
El movimiento de la Germanías (1519-1523) en Valencia y Mallorca tuvo un carácter más social. El nombre procede de las hermandades armadas creadas con autorización del monarca por los gremios de las ciudades para protegerse de los piratas berberiscos. Desde el principio la revuelta se dirigió contra la nobleza, exigiendo la abolición de la jurisdicción señorial y de los impuestos feudales, a la vez que reivindicaban para los gremios el control de los municipios. La rebelión fue sofocada por tropas reales y señoriales. Al no hacer causa común con la revuelta comunera sus posibilidades de éxito fueron nulas.
La integración en Europa
El proceso de incorporación de España a la CEE fue largo. En 1962 se solicitó pero nos fue denegado por no ser España un país democrático. En 1970 se firma con la CEE un acuerdo preferencial, por el cual se intercambiaban ventajas comerciales. Restablecida la democracia y tras las primera elecciones generales se iniciaron las conversaciones para la integración plena que duraron entre 1977 y 1985. Mientras tanto, España era admitida en el Consejo de Europa (1978) y, poco después, el español Marcelino Oreja Aguirre era elegido Secretario General de dicho Consejo. La integración se hizo efectiva el 1 de enero de 1986 y, aunque hubo apresuramiento, en general fue favorable a España, pero también agudizó algunos problemas de nuestra economía, sobre todo en los aspectos agrario, pesquero e industrial. En 1987 entra en vigor el Acta Única cuyos fines eran la intensificación de la cooperación política, la libre circulación de personas, bienes y servicios y la creación de un Sistema Monetario Europeo en el que se integró la peseta en 1989. Finalmente, el 11 de diciembre de 1991 se firmaba en la ciudad holandesa de Maastrich el tratado que dio origen a la Unión Europea, cuyo fin, además de la creación de una moneda única, era formar una federación o confederación entre los diversos países del continente.
Las implicaciones económicas fueron las siguientes:
• La libre circulación de personas, mercancías, servicios y capitales por todos los países de la UE
• El impulso tecnológico para conseguir una mayor competitividad
• La solidaridad y cohesión entre los países ricos y más pobres de la UE, a través de los llamados fondos europeos de cohesión como el FEDER, FSE, FEOGA e IFOP
La unión monetaria propuesta en Maastrich exigió la convergencia entre los estados miembros en temas como la deuda y el déficit público, la inflación y los tipos de interés. Los ajustes económicos necesarios fueron: recortes presupuestarios, ajustes salariales y privatización de las empresas públicas.
La unión monetaria entró en vigor de forma real el 1 de enero de 2002, cuando se puso en circulación el euro, que benefició el intercambio al disminuir los costes del cambio de unas monedas a otras, pero tendió a igualar los precios provocando un aumento de la inflación oculta en los países menos competitivos (España entre ellos) Desde ese momento los tipos de interés nacionales son fijados por el Banco Central Europeo, así como la emisión de moneda circulante, las tasas arancelarias, la tendencia a homogeneizar los impuestos, normas sobre la libre competencia comercial, etc.
Políticamente, la Unión Europea comienza a funcionar como un solo país, aunque se tropiece con dificultades como las surgidas en la reciente guerra de Irak, cuando España y Gran Bretaña se desmarcaron de las recomendaciones de la UE de no apoyar la guerra.
La presencia de España en las instituciones europeas depende de las características de las mismas. En el Consejo europeo, el Consejo de ministros o el Tribunal de justicia de la UE la representación es paritaria, mientras que tanto la Comisión Europea como el Parlamento Europeo dependen del número de habitantes de cada país, siendo por tanto proporcional. La Comisión es el auténtico gobierno de la UE; en ella cada país tiene un numero variable de comisarios en función de su población; a España le corresponden 2.
España en el mundo actual
• Vinculaciones con Iberoamérica
La presencia española en Iberoamérica se ha incrementado desde el fin del franquismo, aunque heredásemos un concepto trasnochado de «Madre Patria», de escasa o nula efectividad, una cooperación entre la Real Academia Española con las Academias de la Lengua de los diferentes países y de la creación del Instituto de Cultura Hispánica, más tarde llamado Instituto de Cooperación Iberoamericana. El Premio Cervantes, creado para acercar la literatura de todos los pueblos de habla hispánica dio un nuevo impulso, así como la creación de los Fondos de Ayuda al Desarrollo y numerosas ONG muy activas en esa zona del planeta. La presencia española en las Cumbres Iberoamericanas, que desde 1991 reúne anualmente a los jefes de estado o de gobierno de veinte países americanos junto a España y Portugal ha consolidado las relaciones políticas y desde el punto de vista de la inversión económica, España se ha convertido, detrás de EE.UU. en el principal inversor en Iberoamérica.
• Vinculaciones con la cuenca mediterránea
España se encuentra vinculada con los países mediterráneos europeos a través de sus socios en la UE (Francia, Italia y Grecia) o de sus aliados militares en la OTAN (los tres citados y Turquía) La presencia en la antigua Yugoeslavia formando parte de las tropas que han contribuido a pacificar la zona ha sido bien recibida.
Más dificultades encuentra en sus relaciones con las países norteafricanos (con Marruecos fruto de desencuentro son la cuestión de la pesca, la inmigración en pateras y la droga), aunque existe un interés evidente en lograr un entendimiento. Con Marruecos se firmó en 1991 un Tratado de Buena Vecindad y Cooperación que facilitaba las inversiones españolas en ese país a cambio de una mayor fluidez en el tráfico comercial marroquí con destino a los países europeos. Con Marruecos y con Argelia se firmó un acuerdo para la construcción de gaseoducto, terminado en 1996 para el suministro de energía a nuestro país.
Sin embargo, la creciente presencia del integrismo islámico y las reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla son un obstáculo para el perfecto entendimiento. Con respecto al extremo oriental, las buenas relaciones que siempre ha mantenido España con los países árabes sirvió para que en Madrid se celebrar en octubre-noviembre una Conferencia de paz árabe-israelí: paz a cambio de territorios que supuso el reconocimiento de la jurisdicción interna de la Autoridad Palestina sobre Cisjordania y Gaza.
España patrocinó la Conferencia Euromediterránea (Barcelona, noviembre de 1995) en la que las dos áreas discutieron sobre la creación de un área de libre comercio en la zona, sobre la asistencia social en migraciones, droga, educación y cooperación judicial y se propuso que la UE doblase los préstamos a esta zona para permitir su desarrollo.
• La política exterior
Consolidada la democracia la política se orientó:
• Mantenimiento de relaciones con todos los países del mundo
• Vinculación a la de sus socios militares o económicos (OTAN, UE)
• Entendimiento con los países del Norte de África
• Mantenimiento de la amistad con Iberoamérica
• Intentos fallidos de democratización de Guinea Ecuatorial
• Tras la crisis del 11 de noviembre de 2002 reforzamiento de coalición antiterrorista con EE.UU y G.B.
• España en las organizaciones internacionales y en las ONG
Resultado de todo lo anterior fue el reforzamiento de la posición internacional española, requerida por la ONU para enviar «cascos azules» a lugares tan variados como Angola, Namibia, Centroamérica, Bosnia o Mozambique.
También la presencia de determinadas personalidades españolas en organismos internacionales: Juan Antonio Samaranch fue presidente del Comité Olímpico Internacional; Federico Mayor Zaragoza, secretario general de la UNESCO, Javier Solana fue secretario general de la OTAN y actualmente es Secretario del Consejo Europeo y representante de la política exterior y de seguridad de la UE (mister PESC).
A su vez, las más importantes ONG: Plataforma del 0,7%, Greenpeace, Manos Unidas, Médicos sin Fronteras… tienen en España miles de cooperantes.
Dificultades iniciales. La era Suárez
A pesar de la legalización de los partidos políticos la consolidación del sistema democrático no fue, sin embargo, sencilla. La actuación de la ultraderecha y de la ultraizquierda generó confusión y temor. Los periódicos que apoyaban la apertura del régimen sufrieron sucesos violentos. En diciembre de 1976 el GRAPO secuestró a Antonio María de Oriol, presidente del Consejo de Estado. En la última semana de enero de 1977 moría un estudiante en una manifestación que pedía la amnistía (23), al día siguiente el GRAPO secuestraba al teniente general Villaescusa, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar (24); ese mismo día moría otro estudiante en una manifestación y por la noche un grupo ultraderechista asesinaba a cinco abogados de CCOO en su despacho de la calle de Atocha en Madrid. El 25 hubo graves incidentes de protesta, el 27 fue jornada de paro, el 28 el GRAPO asesinaba en Madrid a dos policías y un guardia civil y el 29 durante el funeral por la muerte de los anteriores el vicepresidente del gobierno fue duramente increpado por un militar ultraderechista.
Los Pactos de la Moncloa firmados el 25 de octubre por los partidos parlamentarios y centrales sindicales y ratificados en el Congreso dos días después para atajar la grave crisis económica que vivía España y para serenar los ánimos en la calle, tampoco rebajó la tensión social y la actuación de los grupos empeñados en acabar con la apertura del nuevo régimen democrático. En noviembre de 1978 se descubría una conspiración de militares integristas, conocida con el nombre de «operación Galaxia»
Sin embargo, la tozudez democrática de la que dieron muestras los miembros del gobierno, los de la oposición y el propio pueblo consiguió que a pesar de la crispación provocada se intentase dar muestras de normalidad. El 1 de marzo de 1979 se celebran las primeras elecciones después de la aprobación de la Constitución, con el siguiente resultado:
CONGRESO SENADO
• UCD: 168 • UCD: 119
• PSOE: 121 • PSOE: 70
• PCE: 23 • PNV: 8
• CD (AP): 9 • CD (AP): 3
• CiU (CDC): 8 • INDAP.: 5
• PNV: 7 • Otros: 3
• HB: 3
• PSA: 5
• Otros: 6OOOo
Supuso el ascenso o mantenimiento de UCD, PSOE y PCE, el descalabro de AP, el ligero descenso de los partidos nacionalistas tradicionales y la aparición en escena de Herri Batasuna y otros partidos regionalistas como el PSA (Partido Socialista Andaluz), el PAR (Partido Aragonés Regionalista) y la UPC (Unión del Pueblo Canario. La extrema derecha estuvo representada con 1 escaño por UN (Unión Nacional)
Un mes más tarde se celebraban las elecciones municipales donde tanto el PSOE como el PCE obtuvieron buenos resultados, llegando a regir las grandes ciudades.
A finales de mayo de 1979 el GRAPO ponía una bomba en la cafetería California de Madrid, provocando 8 muertes y 40 heridos. No obstante, el gobierno comenzó el desarrollo legislativo a través de Leyes Orgánicas. Pero, para entonces, UCD formada por un conglomerado de partidos de diversa ideología comenzaba a desmoronarse y a finales de enero de 1981 Suárez presentaba la dimisión. Para sustituirle la UCD propuso a Leopoldo Calvo Sotelo. Cuando, el 23 de febrero de 1981, se estaba procediendo a la votación para la investidura del nuevo Presidente, el Congreso de Diputados fue tomado por fuerzas de la guardia civil al mano del teniente coronel Tejero. Tras largas y tensas horas, el golpe fracasó cuando en la madrugada del día 24 el rey anunciaba a la nación que todo estaba bajo control después de haber instado a los capitanes generales a que no siguieran a los golpistas y se sometieran a la autoridad civil, como demandaba la Constitución.
Unos días después Calvo Sotelo fue confirmado por el Congreso como Presidente del gobierno.
El gobierno Calvo Sotelo y la entrada en la OTAN
El hecho más destacado fue el ingreso en la OTAN aprobado en el Congreso en octubre de 1981, siendo efectivo en mayo de 1982, aunque con la abierta oposición de los partidos de izquierda.
Paulatinamente la descomposición de UCD era cada vez más evidente. El Presidente empezaba a no encontrar apoyos dentro del partido y ante la imposibilidad de gobernar convocó elecciones para el 28 de octubre de 1982, que dieron el siguiente resultado:
CONGRESO SENADO
• PSOE: 202 • PSOE: 134
• CP (AP): 106 • CP: 54
• UCD: 12 • UCD: 4
• CiU: 8 • CiU: 7
• PNV: 8 • PNV: 7
• PCE-PSUC: 4 • Otros: 2
• CDS: 2
• HB: 2
• Otros: 2
Se dijo que la verdadera transición había terminado, puesto que se había producido la sustitución de un gobierno de centro-derecha por otro de centro-izquierda de una forma pacífica y constitucional.
El primer gobierno socialista
El cambio fue resultado de la conjunción de una serie de fenómenos electorales como la práctica desaparición de UCD y el debilitamiento interno del PCE. De los primeros muchos se pasaron a votar a AP y un reducido grupo a CDS (Centro Democrático Social, el nuevo partido de Suárez), pero también lo hicieron al PSOE, que también recogió numerosos votos del PCE.
Con el apoyo de la CEOE y del sindicato UGT el nuevo gobierno optó por una severa política antiinflacionista (devaluación de la peseta, aumento de la presión fiscal, limitación salarial) que produjo efectos contrarios a los deseados: aumento del paro y disminución de las inversiones que a su vez obligaron a una dura reconversión industrial.
Renovó su triunfo venciendo holgadamente en las elecciones municipales, aunque retrocedió en las llamadas comunidades históricas (Cataluña, País Vasco y Galicia)
En 1984 terminó una necesaria reforma del Ejército que lo subordinaba al poder civil. Y prosiguió las negociaciones para integrar a España en la CEE. El 12 de junio de 1985 se firmaba el tratado de adhesión en el Palacio Real de Madrid, que entraría en vigor el 1 de enero de 1986.
En este mismo orden de cosas el 12 de marzo de 1986 fue convocado un referéndum para ratificar la presencia de España en la OTAN, pero la actitud del PSOE había cambiado mostrándose ambiguo en las formas pero partidario en el fondo, pues la salida de la OTAN habría sido mal vista por EE.UU. y por la CEE y además suponía el fin del aislamiento exterior de España. Para convencer al electorado de la conveniencia de votar si al mantenimiento en la estructura de la OTAN hubo de realizar tantos gastos en campaña que tuvo que crear una fuente de ingresos paralela que más tarde saldría a la luz en el llamado «asunto FILESA». En el referéndum hubo una gran abstención (40,3%), pero se obtuvo el voto afirmativo con un 52,5% de los emitidos.
Los sucesivos gobiernos socialistas
Antes de terminar la primera legislatura, Felipe González convoca elecciones generales para el 28 de junio de 1986, que tuvo el siguiente resultado:
CONGRESO SENADO
• PSOE: 184 • PSOE: 124
• CP (AP): 105 • CP: 63
• CDS: 19 • CiU: 8
• CiU: 18 • PNV: 7
• IU: 7 • CDS: 3
• PNV: 6 • Otros: 3
• HB: 5
• EE: 2
• Otros: 4
El PSOE mantuvo la mayoría absoluta a pesar de que disminuyó el número de sus diputados. CP se convirtió en la segunda fuerza y el CDS en la tercera, mientras que los nacionalismos catalán y vasco consolidaban sus posiciones. En 1987 visitan España Miterrand y Chirac (Presidente y jefe de gobierno de Francia) a partir de cuyas visitas la colaboración contra ETA se hace más activa. Para potenciar la lucha antiterrorista y a propuesta del lehendakari Ardanza se firma en Vitoria por todos los partidos vascos, salvo HB, el llamado Pacto de Ajuria Enea tras el cual se iniciaron en Argel contactos entre el gobierno central y ETA que fracasaron por la división interna de ésta y por sus imposibles exigencias políticas.
El enfrentamiento con las centrales sindicales debido a la prioridad dada por el gobierno a luchar contra la inflación sobre la creación y estabilidad en el empleo llevaron a la huelga general del 14 de diciembre de 1988. Las tensiones hicieron que de nuevo se adelantaran las elecciones, que fueron convocadas para el 29 de octubre de 1989, con el siguiente resultado:
CONGRESO SENADO
• PSOE: 175 • PSOE: 107
• PP: 107 • PP: 75
• CiU: 18 • CiU: 9
• IU: 17 • PNV: 5
• CDS: 14 • CDS: 2
• PNV: 5 • Otros: 10
• HB: 4
• PA: 2
• UV: 2
• EA: 2
• EE: 2
• Otros: 2
El PSOE alcanza el límite de la mayoría absoluta, mientras PP (antigua AP) se consolida como la principal fuerza de la oposición. Las tensiones con los sindicatos continuaron y el ala más a la izquierda del PSOE comenzó a sentirse incómoda con la actitud del gobierno. Alfonso Guerra, el vicepresidente del gobierno dimite por un pintoresco asunto familiar de escasa importancia. El gobierno aguantó hasta el final de la legislatura y convocó elecciones para el 6 de junio de 1993:
CONGRESO SENADO
• PSOE: 159 • PSOE: 96
• PP: 141 • PP: 93
• CiU: 17 • CiU: 10
• IU: 18 • Coal. Canaria: 5
• PNV: 5 • PNV: 3
• Coal. Canaria: 4 • HB: 1
• Otros: 4
Aunque siguió siendo el partido más votado, el PSOE pierde la mayoría absoluta, por lo que se coaligó con CiU para formar gobierno. El PP se aprovechó de la desaparición del CDS, pero sufrió la desilusión de haber perdido unas elecciones que daba por ganadas. En 1994, las elecciones al Parlamento Europeo dieron al PP su primer triunfo a nivel nacional, que se vio refrendado al año siguiente en las elecciones municipales.
La debilidad del gobierno, los ataques de la oposición basados en los asuntos Roldán (director de la Guardia Civil acusado de corrupción), Mariano Rubio (gobernador del Banco de España y destacado representante de la beautiful people, que parece ser favoreció las inversiones de un grupo de amigos), FILESA (financiación ilegal del partido), los GAL (guerra sucia contra el terrorismo, próxima al terrorismo de Estado), las escuchas del CESID, así como la retirada del apoyo parlamentario de los nacionalistas que impidió la aprobación de los presupuestos, obligaron a Felipe González a adelantar un año las elecciones.
Estas se celebran el 3 de marzo de 1996:
CONGRESO SENADO
• PP: 156 • PP: 111
• PSOE: 141 • PSOE: 81
• IU: 21 • CiU: 8
• CiU: 16 • PNV: 4
• PNV: 5 • Coal. Canaria: 2
• Coal. Canaria: 4
• HB: 2
• B.N. Gallego: 2
• Otros: 3
Las elecciones dieron el triunfo al PP de José María Aznar aunque no con la mayoría esperada. Hubo por tanto de apoyarse en las minorías nacionalistas a costa de renunciar a muchas de sus propuestas programáticas.
En 1998 consigue reducir la presión fiscal y contener la inflación, provocando un crecimiento económico del 3,8%. Ese mismo año se privatizaron las grandes empresas públicas.
Por su parte, el PSOE intentó renovarse tras la dimisión de Felipe González, sucediéndose José Borrell y Joaquín Almunia al frente de la Secretaría general del partido.
Las mayores tensiones vinieron de la mano de los partidos nacionalistas que en 1998 firmaban (CiU, PNV, BNG) la declaración de Barcelona en la que se proponía un modelo federal de Estado. Y ese mismo año PNV, EA , IU y HB firman el Pacto de Estella-Lizarra en el que se comprometían a buscar una solución para el problema vasco basado en el derecho a la autodeterminación de un ámbito vasco de decisión y territorialidad. ETA que, según parece había sido la mentora del pacto, declaraba una tregua unilateral, lo que sirvió para que el PNV fuera el partido más votado en las elecciones autonómicas de ese mismo año, seguido por el PP.
En 1999 se logran alcanzar los requisitos para acceder a la moneda única europea.
A finales de ese mismo año todos los partidos de la oposición lograron sacar adelante una nueva Ley de Extranjería que prácticamente garantizaba la inmigración ilegal. Y con la legislatura prácticamente acabada se convocaron nuevas elecciones:
CONGRESO SENADO
• PP: 183 • PP: 127
• PSOE: 125 • PSOE: 61
• CiU: 15 • CiU: 8
• PNV: 7 • PNV: 6
• CC: 4 • CC: 5
• IU: 8 • Otros: 1
• Otros: 8
La victoria del PP fue aplastante, así como el retroceso de PSOE e IU. Joaquín Almunia es sustituido por José Rodríguez Zapatero al frente del partido socialista.
El gobierno modificó la Ley de Extranjería y firmó con el PSOE un pacto antiterrorista por la libertad, dado que ETA había cambiado su estrategia y castigaba duramente a los representantes del PP y PSOE en el País Vasco. En el 2002 se declara ilegales a los partidos políticos que no condenasen el terrorismo. Ante las presiones ejercidas por PP y PSOE, el PNV que gobierna en minoría convoca elecciones anticipadas y, aunque gana no lo hace con la mayoría absoluta. No obstante consigue iniciar el nuevo lehendakari, J.J. Ibarretxe, un proceso independentista bajo el eufemismo de Estado libre asociado de España, lo que supone la transformación del País Vasco sin tener en cuenta la Constitución ni el propio Estatuto de Autonomía, siendo apoyado por las organizaciones sindicales afines al PNV, e IU (del País Vasco). Los partidos constitucionalistas, las organizaciones empresariales y los sindicatos estatales la rechazaron, mientras que IU (estatal) mantenía una actitud ambigua.
Durante esta segunda legislatura surgen dudosos asuntos como el de Gescartera y se empieza a cuestionar el modelo de privatización realizado. La ministra de educación Pilar del Castillo reforma todos los niveles de la enseñanza a pesar de la protesta en la calle y en las aulas.
La huelga general del 14 de junio de 2002 contra una reforma del mercado laboral hizo que el gobierno reconsiderase su posición. Ese mismo año se produce una segunda rebaja en el IRPF con efectos a partir del 1 de enero de 2003. Desde mediados de ese año y una vez confirmado que José María Aznar no se presentaría a las nuevas elecciones, se sucede la lucha interna por la sucesión, que ralentiza el programa del gobierno. El líder del PSOE cambia de estrategia con objeto de recuperar el poder el año 2004.
La evolución económica
El inicio de la Transición coincide con los efectos de la crisis del petróleo de 1973. Las dificultades españolas eran tan grandes que se llegó a pensar en 1977 en una vuelta al subdesarrollo. Para paliar esto se inicia un programa de saneamiento y reforma que sirvió de base a los Pactos de la Moncloa firmados en octubre.
Tales pactos tenían un doble significado:
• Económico: equilibrar la balanza de pagos (devaluación de la peseta) y reducción de la inflación mediante reformas fiscales, financieras y laborales. Hacia 1979 se produce un impulso económico sostenido y equilibrado.
• Políticos: conseguir la estabilidad del nuevo régimen, evitando en todo momento el desorden. Los partidos se ajustaron al nuevo modelo político salido de la Constitución de 1978.
La guerra entre Irak e Irán provocó una nueva subida del precio del petróleo (de 12,7 a 30,8 dólares el barril), provocando una nueva etapa de recesión, que Calvo Sotelo intentó paliar firmando con los sindicatos y las organizaciones empresariales el Acuerdo Nacional de Empleo, que obligó a una política presupuestaria expansiva, a pesar de ello apenas se pudo mantener el nivel de actividad económica y el déficit y la inflación se agudizaron.
Los gobiernos socialistas iniciaron el reajuste: devaluaron la peseta, reconvirtieron los sectores industriales menos competitivos (siderurgia, naval, automoción, textil…) y se frenó la demanda interna para reducir las importaciones. A pesar de ello el crecimiento fue escaso y el desempleo continuó hasta el 16% de la población activa.
La incorporación de España a la CEE significó el fin del proteccionismo, la permisividad inflacionista y el recurso a la devaluación, coincidiendo con la caída de los precios del petróleo y el crecimiento de los países comunitarios. Hubo que hacerse un nuevo reajuste (regulación de empleo temporal, nuevas reconversiones) para que las empresas tuvieran plantillas equilibradas y menor endeudamiento. Se inicia un ciclo expansivo, creciendo el empleo de forma importante. Entre 1987 y 1989 España asiste a un nuevo boom económico, aunque el desequilibrio entre el aumento de la demanda interna y la baja producción interior elevase el déficit en los dos años siguientes. Este continuó en los años siguientes debido al propio desgaste del gobierno y a su rigidez en mantener la conversión con el dólar y el marco alemán.
Desde 1996, la política económica seguida por el PP intentó hacer converger nuestra economía con la de la CEE para lograr acceder a la moneda única, lo que se consiguió mediante el reajuste del déficit público a los parámetros determinados por Bruselas (menos del 3%) y una reducción de la inflación que siguió siendo superior a la media europea.
En abril de 2001 se aprueba el Plan Hidrológico Nacional que contempla el trasvase de 1.050 Hm3 desde la cuenca del Ebro hacia Barcelona, la Comunidad Valenciana, Murcia y Andalucía que originó grandes protestas en las comunidades que ceden el Agua, principalmente Aragón.
El día 1 de enero de 2002 la peseta fue sustituida por el euro y desapareció el servicio militar obligatorio.
Las transformaciones económicas
El cambio más importante ha sido la liberalización de la economía, que ha afectado negativamente a tres sectores tradicionales: la siderumetalurgia, el textil y la industria agroalimentaria. La resistencia a la liberalización y los conflictos derivados obligaron al Estado a establecer una protección social a costa de un endeudamiento público mayor que el crecimiento económico del país. La estructura económica se deslizó decisivamente hacia el sector secundario y sobre todo el terciario.
La liberalización de la economía obligó a la reconversión industrial. Para ello se crearon los Fondos de Promoción de Empleo y las Zonas de Urgente Reindustrialización. Las principales acciones fueron: cierre de Altos Hornos del Mediterráneo, remodelación de ENSIDESA, reducción en un 50% del sector naval, creación por Enferma de una nueva planta de abonos, negativa del INI a seguir siendo un hospital de empresas en crisis, creación de la Agencia Industrial del Estado, para atender a las empresas públicas con pérdidas, y de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales para gestionar las que obtenían beneficios.
Se modernizaron numerosas empresas que de lo contrario hubieran tenido que cerrar, que contribuyó más a modernizar industrias viejas que a crear nuevas, que las mejores industrias, sobre todo las agroalimentarias se vendieron a capital extranjero, que se mantuvieron artificialmente los privilegios de algunas empresas públicas (Telefónica, Endesa, Repsol) e incluso de algunas privadas como Gas Natural; que las PYME’s recibieron ayudas, que las comunidades autónomas y numerosos ayuntamientos se lanzaron a la creación de empresas casi siempre ruinosas. Por tanto, esta primera reconversión tuvo menos éxito de lo esperado.
A finales de los 80 y comienzos de los 90 hubo otros planes de reconversión que tuvieron tanto éxitos como fracasos. La Unión Europea obligó además a la supresión de los monopolios (CAMPSA, Telefónica, Tabacalera). En 1998 fueron privatizadas Repsol, Endesa, Telefónica, Tabacalera en las cuales el gobierno se reservó la acción de oro, es decir, la posibilidad de nombrar a los respectivos presidentes de los consejos de administración, lo que fue una fuente de tensión con la oposición y una cierta limitación a la autonomía empresarial de dichas sociedades.
La reforma fiscal también ha sufrido grandes cambios. Primero fue la introducción del IVA en 1986 como consecuencia de la entrada en la CEE; más tarde nuevas regulaciones del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), en 1988 y en 1991; y siempre, los impuestos indirectos. La finalidad fue aumentar los ingresos de la Hacienda Pública y acabar con el fraude. El primero se cumplió efectivamente, pero el segundo aún colea, se estimaba que en 1995 el fraude alcanzaba a 3,3 billones de pesetas. En 1998 y 2002 se produjeron sendas rebajas del IRPF.
Cuando el PSOE accedió al poder en 1982 ya había renunciado a uno de los puntos tradicionales de su programa: la nacionalización de la Banca. Pronto el nuevo gobierno vio como el Banco de España tuvo que hacerse cargo de la Banca Catalana (con un agujero estimado en 130.000 millones de pesetas). Poco después, en febrero de 1983 procedió a la expropiación de RUMASA. Independientemente de su oportunidad o necesidad, hizo que la Banca viera la necesidad de reconvertirse ante la próxima llegada de grupos bancarios extranjeros.
En noviembre de 1987 el Banco de Bilbao presentó una OPA contra Banesto, que se resistió impidiendo la operación. Pero mes y medio más tarde, en enero de 1988, los bancos Bilbao y Vizcaya anunciaron el propósito de fusionarse; en mayo el Banco Central y el Español de Crédito aprobaron un proyecto de fusión que no cuajó.
En 1991 el ejecutivo socialista anunciaba su propósito de crear una gran banco público, denominado Argentaria, mediante la unión de diversos bancos de titularidad estatal (Banco Exterior de España, Banco Hipotecario, Banco de Crédito Local, Caja Postal e Instituto de Crédito Oficial) que pasaría a ser el primer grupo bancario del país. De inmediato se produce la fusión del Banco Central con el Banco Hispano (BCH), consolidándose tres grandes grupos bancarios: BBV, Argentaria y BCH, dos medianos, Banesto y Santander y otros más pequeños pero muy saneados como el Popular.
En febrero de 1992 saltaba el escándalo Ibercorp, banco de pequeñas inversiones que, al parecer, se había dedicado a favorecer a significativas personalidades de la vida pública y económica del país. Los rumores sobre la mala situación del Banesto de Mario Conde hicieron que el Banco de España lo interviniera y poco después comprado por el Banco de Santander.
En 1996 el gobierno popular anunció su decisión de privatizar totalmente Argentaria, uniéndose poco después al grupo del BBV.
Simultáneamente se produjo la reconversión de las cajas de ahorro, permitiendo su expansión fuera de los marcos regionales de cada una de ellas. Tanto La Caixa, la primera de ellas, como Cajamadrid, se expandieron rápidamente por todo el país, mientras otras más pequeñas se fusionaban.
Pero al tiempo que todo esto nació la cultura del beneficio rápido, el pelotazo y la corrupción.
La evolución social y cultural
En el plano puramente social destacaron la disminución de la natalidad, la aprobación de la ley del divorcio, la ya citada corrupción y la cultura del pelotazo, el problema de la droga, la necesaria y aún no terminada reforma del ejército, el paro, la inmigración y la creciente demanda de educación, sanidad, infraestructuras y servicios públicos.
En el aspecto cultural destacaron la importancia y creciente interés otorgado a la ecología, la extensión de la cultura de masas y la instalación de las televisiones privadas.
En el campo educativo, la escolaridad obligatoria pasó de los 14 años a los 16; se eliminó así el desfase entre la edad escolar anterior (14 años) y la edad laboral (16 años) a través de dos leyes, la LODE y la LOGSE. El salto universitario se acortó; si en 1977 el 15% de la población cursaba estudios medios o superiores, en la actualidad es superior al 50%.
NOTA: Tanto la descripción de los partidos políticos, como los grupos de presión, tienen un carácter explicativo, no integrado en el tema. Se pueden obviar, siempre que se comprenda su función correspondiente.
La crisis final del franquismo
El régimen no podía sostenerse tras la muerte de Franco. ¿Por qué?
• Institucionales: Los poderes debían pasar a las Cortes y al Presidente del Gobierno y el rey no gozaba de los mismos poderes que tuvo Franco, por lo que la monarquía que se restaura está sujeta a las leyes, aunque aún no fuera parlamentaria. Desde este punto de vista, se inaugura un régimen nuevo.
• Políticas: El rey no quería el continuismo, quería que su acceso al trono significara un cambio radical de régimen, teniendo a su favor la inexistencia de una figura que pudiera recoger el testigo franquista.
• Socioeconómicas: Gracias al desarrollo económico de los años 60 la sociedad española había cambiado y exigía una equiparación a los modelos políticos europeos.
• Exteriores: La caída del salazarismo en Portugal en 1974, las presiones de la Comunidad Europea, de los Estados Unidos, de la Iglesia nacida del Concilio Vaticano II dificultaban el sostenimiento del régimen.
Opciones políticas
• El continuismo: sólo defendido por el «búnker», los grupos inmovilistas del régimen, la mayor parte de los altos mandos militares, grupos oligárquicos falangistas y otros grupos más dispersos de menor importancia.
• La ruptura y desaparición brusca del régimen, defendida por los grupos que habían integrado la Junta Democrática
• La ruptura pactada: defendida por la Plataforma de Convergencia Democrática
• La reforma del régimen: apoyada por una minoría de altas personalidades del régimen, encabezada por el rey.
En principio y confirmado como Presidente del Gobierno continuó Arias Navarro y, aunque se incluyeron en el nuevo gabinete personalidades de claro matiz reformista (Areilza, Fraga, Garrigues Walker…) pronto se vio que el presidente, presionado por el búnker, se inclinaba por un inmovilismo maquillado.
El proceso de cambio
Para que este se produjera hubieron de darse dos pasos fundamentales:
• Nombrar presidente de las Cortes a una persona partidaria de la reforma y con suficiente prestigio. Don Juan Carlos eligió a su antiguo preceptor, Torcuato Fernández Miranda, que aconsejó al monarca cómo realizar la reforma sin salirse de los cauces legales.
• Sustituir al Presidente del Gobierno y elegir uno nuevo que pudiera realizar las reformas sin traumas. Fernández Miranda consiguió que el Consejo del Reino presentara una terna preceptiva al rey en la que se incluyese, aunque en último lugar, a Adolfo Suárez, en aquel momento Ministro Secretario General del Movimiento. Elegido éste, intentó el acercamiento a la oposición democrática que se resistió por sus antecedentes políticos franquistas. Tuvo que formar un gobierno de figuras de escasa relevancia, calificado despectivamente por la oposición como un gobierno de penenes.
Pero Suárez comenzó a dar firmes pasos.
• Concedió una amnistía que liberó a unos 400 presos políticos
• Expuso a los jefes militares las reformas que pensaba hacer y nombró vicepresidente al general Gutiérrez Mellado
• Proceso de discusión en las Cortes de una Ley de Reforma Política que suponía el fin del franquismo. La ley fue aprobada sorprendentemente por una amplia mayoría: 429 a favor, 59 en contra y 13 abstenciones.
• Aprobar la nueva Ley en referéndum, como exigía la legislación franquista. Y, aunque la oposición pidió la abstención y el búnker franquista el voto en contra, el pueblo sin hacer caso a unos y otros aprobó la Ley en el referéndum celebrado el 15 de diciembre de 1976 por abrumadora mayoría.
Formación y evolución del sistema de partidos
La nueva Ley de Reforma Política obligaba al gobierno a convocar elecciones generales. Pero antes, era preciso legalizar la existencia de partidos políticos y formular las normas por las que habían de regirse tales elecciones. El 10 de febrero de 1977 se publicaba un Decreto-ley, previamente pactado con la oposición, en el que se regulaba el Derecho de Asociación Política. En muy poco tiempo quedaron legalizados o en trámite de hacerlo 150 partidos políticos, entre los cuales no estaba el Partido Comunista de España por su presunta negativa a aceptar la monarquía y la bandera roja y gualda y sobre todo por la oficiosa oposición del ejército.
El día 23 de marzo se publicaba el Decreto-ley que regulaba las normas electorales. Para el Congreso de Diputados se establecía una representación proporcional corregida (ley d’Hont, para evitar la dispersión del voto y la atomización de las representaciones parlamentarias) en candidaturas provinciales, con listas cerradas. Para el Senado se establecían candidaturas individuales.
Sólo faltaba convocar las elecciones, pero antes había que legalizar el Partido Comunista y Suárez aprovechó el Sábado Santo que apenas había guarniciones en los cuarteles, para hacerlo. Finalmente, el 15 de abril se convocaban las elecciones generales que habían de celebrarse el 15 de junio. Mientras tanto se suprimieron los tribunales especiales, como el de Orden Público, se legalizó la ikurriña, las centrales sindicales, se concedió una segunda amnistía y se restauraron las Juntas Generales de Vizcaya y Guipúzcoa, así como la Generalidad de Cataluña.
Las elecciones de 1977 y, posteriormente, las de 1979, confirmaron la consolidación de dos grandes fuerzas políticas mayoritarias a escala nacional: la UCD de Suárez y el PSOE, el mantenimiento de grupos minoritarios a izquierda y derecha: AP de Fraga y el PCE, el resurgimiento del nacionalismo vasco y catalán: CiU y PNV y el fracaso total tanto del franquismo más reaccionario (Fuerza Nueva y Falange), como de los partidos de extrema izquierda (Partido de los Trabajadores de España (PTE), Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT) y Liga Comunista Revolucionaria (LCR).
Los partidos
• Unión de Centro Democrático (UCD)
Encabezado por Adolfo Suárez se convirtió en el principal protagonista de la transición democrática. Aglutinaba a diversas tendencias de centro derecha: democristianos, liberales y socialdemócratas. En 1977 presentó un proyecto moderado, alejado de cualquier extremismo político: defensa de la propiedad privada, rechazo a las socializaciones, mantenimiento de la economía de mercado con intervención estatal, reforma del sistema fiscal, voluntad europeísta y reivindicación de los valores propios del humanismo cristiano. Entre sus votantes predominaban las clases medias, los pequeños propietarios agrícolas y las mujeres. En 1981 llegó a superar los 150.000 afiliados, pero nunca consiguió consolidar su unidad interna. Los enfrentamientos internos fueron importantes cuando se plantearon cuestiones de fuerte contenido ideológico, como el ingreso en la OTAN, la ley del divorcio o la necesidad de generalizar el sistema autonómico.
En 1981 el proceso de descomposición del partido es bien visible. Suárez dimite ese mismo año y forma un año después un nuevo partido: Centro Democrático Social (CDS). Le sustituyó al frente de UCD Leopoldo Calvo Sotelo, que no pudo mantener la unidad. Poco a poco los principales dirigentes fueron pasando a otros partidos: Marcelino Oreja, Rodolfo Martín Villa, Miguel Herrero y Gabriel Cisneros lo hicieron hacia AP, mientras que Fernández Ordoñez ingresaba en el PSOE. En las elecciones de 1982 la UCD perdió 5 millones de votantes, pasando de 168 escaños a tan sólo 11. En febrero de 1983 desapareció.
• Partido Socialista Obrero Español (PSOE)
Ante el electorado de 1977 se presentó como un partido marxista, revolucionario, democrático y radical que aspiraba a construir una organización federal del Estado, reconocía el derecho de «autodeterminación» de las nacionalidades históricas, reclamaba el aumento de la inversión pública y proponía un incremento de la presión fiscal y de las pensiones de jubilación. Tras el buen resultado obtenido en 1977 se convirtió en el principal grupo de oposición al gobierno.
Dos años más tarde los socialistas abandonaron el marxismo, al tiempo que su líder, Felipe González, iniciaba la renovación del programa ideológico con la intención de atraer el voto moderado, para poder alcanzar la mayoría y el gobierno. En 1982 contaba con 150.000 afiliados y logra ganar las elecciones gracias a un proyecto de consolidación del sistema democrático, de superación de las desigualdades socioeconómicas, la modernización del país y realización de profundas reformas para mejorar la sanidad, la educación, la administración de justicia y otros servicios públicos.
En 1996, tras 14 años de gobierno, el PSOE pierde las elecciones y Felipe González abandona la secretaría del partido en junio de 1997. Desde esa fecha el partido ha sido liderado efímeramente por Joaquín Almunia y José Borrell. En junio de 2000 José Luis Rodríguez Zapatero fue elegido nuevo secretario general tras superar por un estrecho margen al presidente de Castilla-La Mancha, José Bono.
• Alianza Popular (AP)
Creado por antiguos ministros franquistas, pronto el grupo se convulsionó al enfrentarse al nuevo texto constitucional, provocando la salida de algunos de los más significativos y quedando Manuel Fraga como líder indiscutible. Hacia 1979 sus principales señas de identidad eran la afirmación de la economía de mercado, el anticomunismo, el mantenimiento de la unidad de la patria, la defensa de los valores tradicionales, preocupación por la seguridad ciudadana y desconfianza ante el proceso autonómico. Durante los diez años de liderazgo de Fraga, el partido se consolidó como una organización política de derechas, conservadora que aceptaba el juego electoral y las reformas democráticas. En 1982 sube espectacularmente al recoger buena parte de los votos que se escaparon de la UCD, convirtiéndose en el grupo de oposición al PSOE. En 1986, Fraga tras su segundo fracaso electoral consecutivo, presenta la dimisión y, pocos meses después, el partido se refunda para convertirse en el Partido Popular (PP). Tras el paréntesis de Hernández Mancha, en 1989 ocupa la presidencia del partido José María Aznar que hizo girar al nuevo partido hacia el centro.
En 1996 gana las elecciones generales y, desde entonces, ha incrementado su presencia en la sociedad española, contando actualmente con más de 400.000 afiliados en toda España.
• Partido Comunista de España
Durante los primeros años de la transición, el PCE fue moderando su lenguaje y sus reivindicaciones políticas. Así, en 1977, los comunistas aceptaron la monarquía como forma de Estado y la bandera roja y gualda. Poco después renunciaban a la doctrina leninista al aceptar el sistema democrático de economía de libre mercado, capitalista. Los malos resultados electorales de 1982 (perdieron 1 millón de votos) hizo que se produjeran numerosos enfrentamientos internos que lo debilitaron y forzaron la dimisión de Santiago Carrillo como secretario general, siendo expulsado tres años más tarde, para crear un nuevo partido de escasa repercusión el Partido de los Trabajadores de España-Unidad Comunista (PTE-UC).
Las movilizaciones contra el mantenimiento de las bases militares estadounidenses y contra la permanencia en la OTAN estuvieron en el origen de la creación de la coalición electoral Izquierda Unida (IU), donde se integró el PCE dirigido entonces por Gerardo Iglesias. Entre 1988 y 1998 Julio Anguita se mantuvo al frente del PCE, pero no pudo detener la continua sangría de votantes (de 21 diputados en 1996 pasó a 8 en 2000). Además también ha perdido militancia (de 205.000 afiliados en 1978 ha pasado a menos de 68.000 en la actualidad)
• Fuerza Nueva
Creado en 1976 en torno a la figura de Blas Piñar, exconsejero nacional del movimiento, que se negaba a aceptar la democratización del sistema institucional español, rechazaba la Constitución, exaltaba el recuerdo de la Guerra Civil, confiaba en el triunfo de un golpe de Estado militar involucionista, exaltaba el anticomunismo, anti-europeísmo y antinorteamericanismo, oponiéndose al ingreso en la OTAN y en la CEE.
Sin embargo apenas consiguió 1 diputado en las elecciones de 1979, desapareciendo prácticamente en las de 1982, forzando la disolución del partido. Refundado en 1986 como Frente Nacional apenas ha tenido repercusión.
• Convergencia i Unió (CiU)
Coalición nacionalista de grupos liberales, conservadores y democristianos liderada por Jordi Pujol, con la colaboración de Miquel Roca y Joseph Durán Lleida. Desde 1979 se impuso como primera fuerza política en Cataluña, centrándose en la obtención de los máximos niveles de autogobierno posibles, aunque nunca haya renunciado a la independencia de Cataluña. Su pragmatismo le llevó a coaligarse con los socialistas y populares entre 1982 y 2000.
• Partido Nacionalista Vasco (PNV)
Desde 1979 se ha mantenido como principal grupo político del País Vasco, gobernando desde entonces de forma ininterrumpida el País Vasco. Pese a sus inicios no autodeterministas y dentro de la Constitución, aunque no la votaran, Arzallus impulsó un giro hacia el independentismo dentro del PNV desde los últimos años del último gobierno de Felipe González. En 1998 suscribió un pacto con ETA donde se comprometía a «dar pasos efectivo para la creación de una estructura institucional única y soberana que contenga en su seno a Álava, Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra y los territorios vasco-franceses». Un mes después firmaron el Pacto de Estella con Euskal Herritarrok (Batasuna) con el objetivo de conseguir la plena independencia de Euskal Herría (un territorio que comprende desde el río Adour en Francia, al Ebro, y desde el río Agüera en Cantabria al río Ezka, entre Navarra y Zaragoza). Además, el pacto incluía el compromiso de abandonar los acuerdos con populares y socialistas, alcanzando acuerdos con Batasuna en el País Vasco. Una de las consecuencias de esta nueva táctica peneuvista fue la creación de la llamada Udalbiltza (asamblea de concejales y alcaldes pertenecientes al PNV, Batasuna, EA y PCE, que fue concebida para convertirse en la primera «institución nacional vasca»).
Los grupos de presión
• Los sindicatos
CCOO (vinculado al PCE) y UGT (al PSOE) se confirman en las organizaciones sindicales hegemó-nicas. Durante los primeros meses de la transición contribuyeron al asentamiento democrático. Posteriormente estrecharon sus contactos para construir un frente unitario y presionar con más fuerza ante empresarios y gobierno. En las elecciones sindicales de 1978 ganó CCOO, mientras que en las de 1982 lo hizo el PSOE. Por su parte, el sindicato anarquista CNY fue incapaz de recobrar durante la transición su enorme poder e influencia pasados.
• Las organizaciones empresariales
En 1977, al amparo de la ley reguladora del derecho de asociación, se crea la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales), para defender los intereses colectivos de los patrones ante el gobierno y los sindicatos de trabajadores. Se consolidó con la absorción de la CEPYME (Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa) y de otras asociaciones patronales sectoriales como CONFEMETAL y CEIM, de modo que en 1982 actuaba en representación de más de 1 millón de empresarios de todo el país. Ocasionalmente intervino en las campañas políticas a favor de AP oponiéndose al incremento fiscal y del gasto público realizado por los gobiernos de UCD y PSOE, así como reclamando siempre una mayor flexibilidad de los contratos laborales para disminuir la indemnización por despido.
• Los medios de comunicación
Desaparecida la censura y suprimidos los obstáculos a la ley de expresión, tanto la prensa escrita como los medios de radiodifusión experimentaron un proceso de renovación y un fuerte impulso, recuperando el protagonismo y apoyando la transformación política en marcha, difundiendo y defendiendo los valores democráticos. Desapareció la típica prensa franquista (Arriba, El Alcázar y Pueblo) entre 1979 y 1988. Surgió otra nueva acompañando a los tradicionales ABC y La Vanguardia, como El País o Diario 16. Últimamente se han incorporado El Mundo y La Razón, y ha desaparecido tanto Diario 16 como Ya, y algún experimento como El Sol constituyó un auténtico fracaso.
LA CONSTITUCIÓN DE 1978
Tras celebrarse las elecciones generales las cámaras quedaron constituidas de la siguiente manera:
CONGRESO SENADO
• UCD: 166 • Designación real: 41
• PSOE: 118 • UCD: 106
• PCE: 19 • PSOE: 48
• AP: 16 • EdC: 15
• CDC: 11 • AP: 2
• PNV: 8 • EE: 1
• PSP: 6 • Otros: 35
• Otros: 6
Sorprendió la caída del sector más ligado al franquismo (AP) o de los partidarios de la ruptura (PCE), siendo superados netamente por los partidarios de la reforma (más la UCD que el PSOE).
Adolfo Suárez, al frente de UCD, forma un gobierno que como no tenía mayoría tuvo que apoyarse puntualmente en otros partidos. Aunque formalmente las nuevas Cortes no tenían carácter constituyente, todos sabían que esa debía ser su principal labor. El proyecto fue redactado por una comisión integrada por tres representantes de UCD (Miguel Herrero, José Pedro Pérez Llorca y Gabriel Cisneros), uno del PSOE (Gregorio Peces Barba), uno del PCE (Jordi Solé Turá), otro del CiU (Miquel Roca) y uno de AP (Manuel Fraga). Cada partido renunció a posiciones maximalistas en beneficio del consenso. El resultado fue una Constitución que, si bien no gustaba a todos los grupos políticos si recogía sus más importantes aspiraciones. Aprobada por ambas cámaras, fue sometida a referéndum el 6 de diciembre de 1978 y sancionada por el rey, entró en vigor el 29 de diciembre.
La Constitución define a España como un Estado social y democrático de derecho, sometiéndose todos los poderes a la legalidad, de manera que la acción de los gobernantes y autoridades queda limitada por el Derecho.
Se garantiza la participación de los ciudadanos a través de representantes libremente elegidos en votación.
Se afirma la obligación del Estado a promover el bienestar colectivo por medio del mantenimiento de una serie de prestaciones públicas de carácter económico-social.
En el Título primero se reconocen los siguientes derechos y libertades individuales: derecho a la vida, declarando abolida la pena de muerte, derecho a la integridad física, prohibiendo la tortura y las penas degradantes, derecho a la seguridad, derecho a la educación a la Seguridad Social y libertades religiosa, de expresión, de pensamiento, de reunión y de manifestación.
Además, se crea la figura del Defensor del Pueblo, cuya tarea primordial era recoger y atender todas las reclamaciones referentes a la vulneración de las libertades individuales por parte de cualquiera de los distintos organismos estatales.
Instituciones fundamentales:
• El Rey desempeña la Jefatura del Estado, su cargo es vitalicio y la Corona es hereditaria. Subordinado a la Constitución con juramento de fidelidad a la misma, representa de forma simbólica y protocolaria al Estado, sanciona las leyes aprobadas en las Cortes y tiene el mando supremo de las Fuerzas Armadas. Carece de poderes políticos y no participa en la toma de decisiones ni en la elaboración de las leyes.
• Las Cortes Generales suponen el poder legislativo. Constan de dos cámaras: Congreso y Senado y entre sus funciones destacan: elaboración de leyes, control del gobierno para evitar abusos, aprobación de los presupuestos anuales del Estado y la autorización de tratados internacionales. Sus miembros son elegidos por los ciudadanos mayores de 18 años mediante sufragio universal directo y secreto. De las dos cámaras, el Congreso tiene un mayor peso que el Senado, ya que puede aprobar una ley sin la aceptación del Senado y tanto el voto de investidura como las mociones de censura se realizan en esta cámara.
• El Consejo de Ministros o Gobierno representa el poder ejecutivo. Lo componen el Presidente, vicepresidentes y ministros. El cargo de ministro es incompatible con el ejercicio de otras actividades económicas o profesionales privadas. El presidente escoge a los ministros, encabeza la acción del gobierno, define las actuaciones prioritarias y es el responsable de coordinar las tareas de los restantes miembros del Consejo de Ministros. Se encarga de la dirección de la política interior, de los asuntos exteriores, de la defensa del Estado y de la administración civil y militar. Elabora los presupuestos anuales del Estado, convoca elecciones, puede suprimir las garantías constitucionales en caso de situación de excepcional emergencia y nombrar altos cargos públicos (secretarías, subsecretarías, direcciones generales, delegados del gobierno…) Puede promulgar normas con rango de ley por delegación previa del parlamento, aprobar decretos-ley en casos de urgente necesidad siempre que estos no afecten a las instituciones básicas del Estado ni a los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos. Tiene capacidad para dictar normas y reglamentos con el propósito de desarrollar y aplicar las leyes aprobadas por las Cortes. También posee el derecho de iniciativa legislativa.
• El Tribunal Constitucional se ocupa de controlar la constitucionalidad de todas las leyes y resuelve los posibles conflictos entre las normativas aprobadas por las instituciones de las Comunidades autónomas y las normativas del Estado. Está formado por 12 miembros (juristas) propuestos por el Congreso (4), por el Senado (4), por el Gobierno (2) y por el Consejo General del Poder Judicial (2).
Las Comunidades Autónomas
En la primera mitad de 1978 trece decretos-leyes establecieron el mapa autonómico que sería completado cuando Cantabria, La Rioja y Madrid optase por formar regiones propias (Navarra no precisaba preautonomía porque ya la tenía)
En octubre de 1979 fueron aprobados en sendos referéndums regionales los estatutos vasco y catalán acogidos al artículo 151 de la Constitución. Cinco meses después se celebraron elecciones para elegir a los representantes de ambos parlamentos autonómicos, ganados por los partidos nacionalistas. En el País Vasco Carlos Garaicoechea fue investido lehendakari y en Cataluña Jordi Pujol fue nombrado president de la Generalitat.
Bajo el mandato de Calvo Sotelo se aprobaron diversos Estatutos de Autonomía y las diversas regiones fueron elaborando sus respectivos estatutos de autonomía y eligiendo sus órganos de gobierno.
La organización territorial autonómica supuso el fin del rígido centralismo franquista y el reconocimiento de las aspiraciones de autogobierno de los grupos nacionalistas catalán y vasco. La principal consecuencia fue la aparición de múltiples centros de poder en el territorio español, pues el texto constitucional declara que España está integrada por diversas nacionalidades y regiones con capacidad para tomar decisiones políticas.
En nuestra actual Constitución se definen las Comunidades Autónomas como las provincias o agrupaciones de provincias que poseen un sistema de autogobierno y asumen determinadas funciones y competencias, reflejadas en sus respectivos Estatutos de Autonomía. En éstos se especifica su organización y se definen las instituciones de autogobierno: Asamblea legislativa, Consejo de Gobierno, Presidencia de la Comunidad y Tribunal Superior de Justicia. Algunas comunidades han creado además la institución del Defensor del Pueblo comunitario.
En la Constitución se regulan las materias y competencias tanto del gobierno central como de los autonómicos. El primero se reserva en exclusiva las competencias relacionadas con los asuntos internacionales, las fuerzas armadas, el sistema fiscal y la ordenación general de la economía. Mientras que las autonomías asumen competencias en sanidad, educación, obras públicas, urbanismo, cultura, turismo, carreteras, transportes urbanos, pesca y protección del medio ambiente. Algunas autonomías también han asumido competencias policiales (mosos d’esquadra y ertzaintza)
Las autonomías disponen de sus propios recursos para gestionarlos libremente ya que se autofinancian mediante los impuestos cedidos por el Estado central, con los recargos sobre impuestos nacionales y con las posibles tasas de nueva creación. En la actualidad existen 17 autonomías y dos ciudades autónomas (Ceuta y Melilla) Para salvaguardar el principio de solidaridad, la Constitución establece un Fondo de Compensación económica destinado a corregir e intentar neutralizar los desequilibrios y desigualdades interregionales.
15.3. ELEMENTOS DE CAMBIO EN LA ETAPA FINAL DEL FRANQUISMO. LA OPOSICIÓN AL RÉGIMEN. EVOLUCIÓN DE LAS MENTALIDADES. LA CULTURA.
1. ELEMENTOS DE CAMBIO EN LA ETAPA FINAL DEL FRANQUISMO.
Las transformaciones económicas y sociales de los años sesenta, junto con la aspiración de los españoles a integrarse en Europa, la penetración progresiva de los modos de vida occidentales, la entrada en la Universidad de nuevas generaciones que no habían vivido la Guerra Civil, la paulatina desvinculación a los ideales que condujeron a la rebelión militar o el rebrote de los nacionalismos fueron modificando la sociedad española hacia una actitud de rechazo del gobierno dictatorial.
Todos estos elementos de cambio surgieron como consecuencia de la necesaria liberalización del régimen, comenzada a finales de la década de los cincuenta y no hubo forma de minimizarlos por más empeño que puso el régimen en hacerlo. Incluso la Iglesia, que se había identificado con el franquismo durante las primeras décadas del régimen, comenzó a criticar su continuidad en la persona del cardenal Vicente Enrique y Tarancón. Y, dentro del ejército, se constituyó la UMD (Unión Militar Democrática) que pretendía hacerlo más democrático (en el verano de 1975 fueron detenidos sus principales líderes).
La Ley de prensa de 1966 permitió la aparición de nuevas revistas, diarios y editoriales que manifestaron una tímida crítica contra el régimen. Así, salió a la luz la obra de artistas y autores hasta entonces prohibidos, incluso de los españoles exiliados.
Sin embargo, un cambio esencial fue el relegamiento de la oposición exterior en el exilio. Los gobiernos constituidos tras la Guerra Civil, pese al reconocimiento que obtuvieron de algunos países, no consiguieron hacer mella en el franquismo, por lo que, a partir de mediados de los cincuenta, fueron sustituido en su trabajo de oposición por la interior, labor conjunta de trabajadores y estudiantes, mediante huelgas y manifestaciones duramente reprimidas.
2. LA OPOSICIÓN AL RÉGIMEN
Desde el final de la guerra, la actividad clandestina de pequeños grupos del PCE, del PSOE y de la CNT continuó, como prueba el encarcelamiento y la ejecución de sus militantes que se produjeron desde 1939. A pesar de ello mantuvieron su pulso con el franquismo en la fase de mayor aislamiento con actos como las huelgas de Cataluña de 1945 y en el País Vasco en 1947, aunque disminuyeron su actividad en la década de los cincuenta.
Los monárquicos conspiraron para derrocar al dictador y hacer retornar la monarquía en la persona del hijo de Alfonso XIII, don Juan de Borbón. En 1943 un grupo nutrido de tenientes generales dirigió una carta a Franco en la que pedían la restauración de la monarquía. En 1945, era el propio don Juan el que hacía público un manifiesto, solicitando a Franco la restauración monárquica en su persona. Pero Franco contrarrestó la actividad de este sector con la Ley de Sucesión y, más tarde, negociando con don Juan que su hijo don Juan Carlos, fuera educado en España bajo su supervisión.
El intento del PCE de introducir en España una unidad militar que derrocase a Franco fue un fracaso. Unos cinco mil maquis penetraron por el valle de Arán, se dispersaron por el territorio español y comenzaron una actividad guerrillera que se mantuvo hasta los años cincuenta, momento en que fue disuelto el último maquis.
En esta década, la oposición interna experimentó unos cambios significativos: la renuncia a la práctica violenta, la concienciación social y generacional y el desembarco en sectores universitarios y en el seno de los sindicatos franquistas. La actividad más común fue la huelga para solicitar reivindicaciones salariales, destacando la de los tranvías de Barcelona de 1951. El régimen ante esta oposición actuó de dos maneras: endureciendo al represión con la promulgación de la Ley contra el Bandidaje y el Terrorismo (1958) y la Ley de Orden Público (1959) o aceptando cierta flexibilidad con la Ley de Convenios Colectivos de 1958.
En los años sesenta la oposición se hizo visible en 1962 en el Congreso de Munich, donde se reunieron miembros de la democracia cristiana, monárquicos, algunos republicanos y el PSOE, para pedir la democratización de España. Aquellos procedentes del interior del país fueron detenidos a su regreso, aunque alguno optó por quedarse en el exilio. Franco calificó tal reunión como Contubernio de Munich.
Entre 1964 y 1967 se consolida el sindicato ilegal Comisiones Obreras, constituyéndose en el principal referente de la oposición obrera. El PSOE, tras el relevo generacional promovió algunos pactos entre fuerzas de la oposición democrática que no tuvieron trascendencia. El PCE, dirigido por Santiago Carrillo, impulsó un proyecto de “reconciliación nacional” con el fin de agrupar a todas las fuerzas de la oposición.
A la vez, surgieron nuevas agrupaciones políticas, como el Frente de Liberación Popular (el “Felipe”) o la Agrupación Socialista Universitaria, relacionados con la “Nueva Izquierda” europea. El movimiento estudiantil consiguió que el SEU desapareciera a la vez que se creaba el Sindicato democrático de estudiantes que tuvo un importante protagonismo a finales de los años sesenta.
Hubo un repunte de la oposición nacionalista, principalmente vasca y catalana. En Euskadi, nace ETA en 1959, como una escisión del PBV, utilizando el terrorismo a partir de 1964. En Cataluña, el nacionalismo adoptó una postura más cultural. En 1971 se creó la Asamblea de Cataluña, que defendía la restauración de libertades y la recuperación del Estatuto de 1932.
Ante estas fuerzas opositoras, el régimen utilizó hasta en cinco ocasiones la declaración del Estado de excepción.
3. EL FINAL DEL FRANQUISMO
Tras el escándalo MATESA, Franco apartó del gobierno tanto a los ministros que habían tenido algo que ver con la estafa, como a los que la habían aireado (Fraga, Solís), creándose un gobierno monocolor, con Carrero Blanco en la Vicepresidencia y en la Subsecretaria de la Presidencia. En 1973 será nombrado Presidente del Consejo de Ministros. Pretenderá mantener la continuidad del régimen, rechazando cualquier proyecto reformista que no se atuviera a la Leyes Fundamentales. Pero, para entonces, ni la situación interior (aumento de las protestas, deterioro de las relaciones con la Iglesia) ni la exterior (comienzo de la crisis del petróleo en ese mismo año de 1973) era favorable. Su asesinato, en diciembre de 1973, fue un duro golpe para el sector inmovilista (el búnker). Fue sustituido por Arias Navarro, que intentó seguir su estela, pero hubo de enfrentarse a dos problemas prácticamente insolubles: el agravamiento de la crisis económica (cierre de empresas, inflación, paro, aumento del déficit) y el incremento de la oposición.
En 1974, el PCE impulsó la Junta Democrática de España que reclamaba la apertura de un proceso constituyente. Al año siguiente, el PSOE promovía la Plataforma de Convergencia Democrática en la que se incluyeron demócratas cristianos y liberales.
Para frenar la propaganda de ambas formaciones, que acabarían uniéndose en la llamada Platajunta, Arias Navarro propuso en su programa de febrero de 1974 un cierto aperturismo, constituyéndose comisiones para dar salida al Estatuto de Asociaciones Políticas. Pero apenas se avanzó. Además, tuvo que soportar las presiones internacionales por las últimas ejecuciones del régimen en septiembre de 1975.
A todo ello se unió el fin de las dictaduras en Grecia y Portugal y, sobre todo, la presión de Marruecos sobre el Sahara español que concluyeron con la movilización de la Marcha Verde de noviembre de 1975 (España acabó cediendo y entregando el Sahara a Marruecos). En este contexto de desmoronamiento del régimen, Franco moría el 20 de noviembre de 1975.
4. EVOLUCIÓN DE LAS MENTALIDADES. LA CULTURA.
El triunfo del franquismo supuso el fin de la Edad de Plata de la cultura española. Después de depurar los medios de comunicación y utilizarlos en su provecho como propaganda del régimen, pretendió restablecer la cultura católica y nacional tradicionalista, frente a la liberal y progresista etapa anterior. El pasado imperial se convirtió en la referencia histórica única, la victoria en la Guerra Civil fue objeto de representaciones arquitectónicas, escultóricas y pictóricas para ensalzar el nuevo régimen. Todo lo vanguardista fue rechazado.
La educación, sobre todo durante la etapa autárquica, fue controlada por la Iglesia, incluida la Universidad, que, al igual que sucedió con los maestros republicanos, fue depurada. La censura eclesiástica se estableció sobre espectáculos, prensa y libros.
A pesar de todo, a finales de los años cincuenta y, durante los sesenta, el férreo control fue relajándose. Algunos intelectuales como Laín Entralgo, López Aranguren, Julián Marías o Tierno Galván se manifestaron contra los planteamientos culturales de la dictadura. Algunas publicaciones periódicas como Revista de Occidente o Cuadernos para el Diálogo intentaron superar la uniformidad ideológica que pretendía el régimen franquista.
Durante los años sesenta, la dinámica editorial, favorecida por un cierto grado de aperturismo, permitió la publicación de obras de autores prohibidos hasta entonces como Ramón J. Sender, Max Aub o Antonio Machado. Y una hornada de nuevos autores publicaron obras con un claro signo desmitificador de la Guerra Civil: Miguel Delibes, Buero Vallejo, Torrente Ballester, Camilo José Cela, Blas Otero o Gabriel Celaya.
En el arte, la arquitectura oficial decae ya en los años cincuenta, cuando penetran las corrientes racionalista y organicistas, coincidiendo con el boom turístico. Fisac abandona el oficialismo para ingresar en el art-brut y el empleo masivo de hormigón y vidrieras (dominicos de Alcobendas), Sáez de Oiza presenta un estilo más colorista (Torres Blanca, Madrid) o Coderch que introduce el organicismo en España (Torres Trade, Barcelona).
A finales de los cincuenta irrumpen en España los Grupos, cuyo principal objetivo era adecuarse a las grandes tendencias que dominaban el arte mundial. El Paso apuesta por el expresionismo abstracto, Crónica incorpora el Pop Art, la Nueva Figuración da lugar al hiperrealismo (grupo Hondo) especialmente con la obra de Antonio López o el escultor Julio López. En el Minimalismo sobresale la escuela vasca con Oteiza y Chillida.
En los últimos años de la dictadura se impone la cultura liberal a pesar de la hostilidad del régimen
15.2. LA CONSOLIDACIÓN DEL RÉGIMEN FRANQUISTA. LAS TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS: DE LA AUTARQUÍA AL DESARROLLISMO. LOS CAMBIOS SOCIALES
1. LA CONSOLIDACIÓN DEL RÉGIMEN.
En 1957, el modelo autárquico y totalitarista estaba agotado. Franco y los dirigentes franquistas eran conscientes de que España debía salir de su aislamiento y buscar un cierto reconocimiento por parte de las democracias occidentales. Ese mismo año se firma el Tratado de Roma que dará paso a la constitución del Mercado Común Europeo, lo que supondría para España un riesgo de marginación por el nuevo ámbito económico y político que se iba a formar. Y ese mismo año, comienza la transformación del régimen franquista, con la constitución de un gobierno que deja fuera a Falange y supone el ascenso de los tecnócratas, pertenecientes al Opus Dei, y los reformistas del movimiento y su proyecto común de aproximación económica a la Europa occidental.
Sin perder el carácter fuertemente autoritario, el régimen desarrolla la denominada democracia orgánica, que no engañó a las democracias parlamentarias europeas, porque a pesar del lavado de cara de las instituciones españolas, el régimen franquista seguía siendo una dictadura que le impedía la integración en el Mercado Común Europeo.
La transformación comienza con la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento (1958), que establecía como forma de Estado la monarquía (aún sin rey), que debía ser católica, social y representativa (pero no se aceptaban ni los partidos políticos ni las elecciones libres). Siguió con la Ley de Bases de la Seguridad Social (1963) completada con la Ley de la Seguridad Social de 1966, la creación del Tribunal de Orden Público para reprimir los llamados “delitos políticos”, la Ley de Prensa de 1966, propuesta por el entonces ministro de Información, Manuel Fraga, que levantó algo la presión de la censura. La Ley Orgánica del Estado (1966), última de las Leyes Fundamentales del Movimiento, donde se desarrollaba el concepto de democracia orgánica y se establecía el sufragio restringido para elegir a la tercera parte de los procuradores en Cortes entre los candidatos de la familia, los municipios y el sindicato. En 1967 se aprueba la Ley de Libertad Religiosa por la que se concedía libertad de culto a las religiones no católicas. El proceso de institucionalización del régimen franquista concluye con la promulgación de la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado (1969), por la que Juan Carlos de Borbón, nieto de Alfonso XIII, fue designado sucesor de Franco “a título de rey”, si bien la nueva monarquía debía estar apoyada en el espíritu de la sublevación del 18 de julio y sus principios fundamentales, lejos de la democracia y el parlamentarismo.
Con el nuevo proceso de institucionalización del régimen, las distintas familias políticas de la primera etapa pierden su antigua influencia. La figura clave en esta transformación va a ser el almirante Carrero Blanco, hombre de confianza de Franco y en quien iba a depositar el proceso de continuación del sistema al nombrarle presidente del gobierno en 1973. Pronto se rodeó de políticos católicos, conservadores y partidarios de la aproximación económica a Europa (López Rodó), pero manteniendo el autoritarismo. Se les denominó tecnócratas o aperturistas. Chocaban con otro sector, encabezado por José Solís, que pretendían el incremento de la influencia del Movimiento y la Organización Sindical y que no acababan de ver claro la continuidad monárquica.
2. LAS TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS: DE LA AUTARQUÍA AL DESARROLLISMO.
Tras la Guerra Civil el panorama económico español era desalentador. Destruidas alrededor de 250.000 viviendas y gran parte de las carreteras y vías férreas, sin reservas de oro en el Banco de España y sin la posibilidad de obtener créditos en el extranjero debido a la Segunda Guerra Mundial, la actividad industrial había caído en un 30% y la agrícola un 20%. La solución que se tomó fue la autárquica, intentando valerse única y exclusivamente de los recursos propios del país, ocasionando un gran retroceso en los niveles de bienestar, la caída de la renta per cápita, el retraso industrial y la forzosa emigración de las ciudades al campo en busca de alimentos básicos.
La década de 1940 fue desastrosa: hambre, malas cosechas, carencia de materias primas (petróleo, abonos, algodón…), restricciones eléctricas, falta de capitales, de tecnología y de ideas para reactivar el comercio y la industria. Se impuso la cartilla de racionamiento que apenas permitía sobrevivir y el enriquecimiento de una minoría acaparadora de productos que vendía en el mercado negro (estraperlo). En estas condiciones se explica la elevada mortandad causada por el paludismo, la diarrea, la tuberculosis, el tifus y la falta de medios para atajarla.
Las dificultades aumentaron a partir de 1945 cuando España quedó aislada internacionalmente, por lo que la autarquía o el autoabastecimiento no fue una opción elegida, sino impuesta desde fuera. En estas condiciones, el intervencionismo estatal se hizo permanente, regulando todo tipo de actividad económica del país. La supresión de la reforma agraria de la República y su sustitución por una serie de organismos como el Instituto Nacional de Colonización y la creación del Servicio Nacional del Trigo, no consiguieron solucionar los problemas de abastecimiento a las ciudades (en 1941 se produjeron 2,4 millones de toneladas de trigo, cuando la población necesitaba 4).
Siguiendo el modelo de la Italia fascista, se creó el Instituto Nacional de Industria (INI) que abarcaba empresas básicas en el campo de la electricidad, fertilizantes, astilleros, siderurgia, metalúrgica, automoción. A la vez, se multiplican los monopolios: RENFE, CAMPSA, Tabacalera Española (1943), ENASA (1946).
Desde 1941 la inflación y los precios suben en torno al 13% anual, mientras la cotización de la peseta cae en picado, negándose el gobierno a su devaluación, perjudicando la exportación de productos españoles, por su escasa competitividad económica.
Pero esta situación no pareció afectar a grandes empresarios y banqueros como Juan March, Villalonga, Coca, Garnica o Bassagoiti, ni a los grandes bancos que vieron aumentar sus beneficios, al tiempo que la situación económica y laboral de los trabajadores empeoraba.
La década de 1950, también conocida como Década Bisagra supuso la transición del autarquismo al desarrollismo de los sesenta. Se benefició del fin del aislamiento a partir de 1952, que permitió la supresión de la cartilla de racionamiento. La ayuda económica y técnica de los EE.UU. desde 1953 y la integración de España en el comercio internacional facilitaron el aumento de la importación de bienes de consumo y maquinaria, modernizar la agricultura y ampliar los regadíos. Poco a poco, comienza a crearse empleo y el fenómeno de la emigración de la ciudad al campo terminó para darse la situación contraria. En esta década los mayores esfuerzos del INI se destinaron a la metalurgia (ENDESA) y a la automoción (SEAT).
Paralelamente, se reanudan las relaciones comerciales con los países europeos, recuperándose progresivamente la economía. La consolidación del crecimiento se produce tras la entrada en el gobierno de los ministros tecnócratas del Opus Dei (López Rodó, Alberto Ullastres, Navarro Rubio). Ese mismo año de 1957 entra en funcionamiento Televisión española. En 1958, España entra en la OCE (Organización Europea para la Cooperación Económica), el FM)I (Fondo Monetario Internacional) y el BIRF (Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento). Las tentativas por derribar el régimen de Franco se diluyen, consolidándose al dictadura.
El nuevo gobierno tomó un primer conjunto de medidas pre-estabilizadoras, que pretendían evitar la quiebra de la balanza de pagos y frenar la inflación: concesión de créditos, fomento del comercio exterior, una reforma fiscal para sanear los ingresos de hacienda o la flexibilización de las relaciones laborales. Pero el principal paso se dio en 1959 con el Decreto Ley de Nueva Ordenación Económica, conocido como Plan de Estabilización. Entre las medidas que proponía se encuentran: reducir el déficit del Estado, ajustando los gastos y aumentando los ingresos a través de la reforma fiscal, limitar los créditos y flexibilizar los tipos de interés, liberalizar el comercio exterior, unificando el cambio monetario (60 pesetas por dólar), apertura a las inversiones exteriores y flexibilidad laboral que relacionaba las subidas salariales con el aumento de la productividad. Estas medidas que ocasionaron en un primer momento una cierta reducción de la actividad económica, consiguieron frenar la inflación y mejorar la balanza de pagos. A medio plazo favorecieron el crecimiento de la producción, las exportaciones, los recursos disponibles y el consumo, base del crecimiento de los años sesenta.
Inspirándose en el modelo keynesiano de Francia se inicia una planificación indicativa cuyo objetivo era el logro del desarrollo económico, mediante el establecimiento de un programa económico que fijaba unos objetivos trienales o cuatrienales, tanto para las empresas públicas como para las privadas a través de estímulos e incentivos. Se crearon organismos para supervisar esta planificación: La Oficina de Coordinación y Programación Económica y la Comisaría del Plan de Desarrollo (1962).
El primer plan de desarrollo se llevó a cabo durante el periodo 1964-1967. Consistía básicamente en promover el desarrollo industrial regional mediante la constitución de cinco polos de desarrollo (La Coruña, Vigo, Valladolid, Zaragoza y Sevilla. Se facilitaron subvenciones a fondo perdido para el establecimiento de empresas y se estableció un programa de inversiones públicas.
Las deficiencias estructurales fueron tenidas en cuenta en el segundo plan de desarrollo (1969-1971). Se optó por avanzar hacia una economía más competitiva y redistribuir el presupuesto atendiendo a áreas no tenidas en cuenta en el primer plan, como la agricultura o la educación.
La crisis que se inició en 1973 perjudicó los resultados del tercer plan de desarrollo (1972-1975).
Todas estas medidas liberalizadoras facilitaron la integración en la economía occidental e impulsaron el crecimiento del producto interior bruto (PNB) a un ritmo cercano al 7% anual. Paralelamente, aumentaron la renta per cápita, las inversiones extranjeras, la emigración a los países europeos (la llegada de las divisas de los emigrantes contribuyó a mejorar la economía española) y el turismo favorecieron la transformación socioeconómica de esta década hacia una sociedad de consumo.
Pero se creció con ciertos desequilibrios territoriales, con una fuerte dependencia exterior por la endeblez del modelo industrial elegido, muy dependiente del petróleo. A esto se suman el elevado coste medioambiental y urbanístico por la prioridad dada al turismo y el intervencionismo estatal que, una vez superado el riesgo de colapso económico, paralizó el proceso de liberalización de la economía.
3. LOS CAMBIOS SOCIALES.
Al término de la guerra, España es una nación demográficamente en retroceso. A los muertos habidos por la guerra y las personas que marcharon al exilio, habría que sumar la alta mortandad de la posguerra, la caída de la natalidad y la disminución del número de hombres con respecto al de mujeres. Por ello, durante los años de la posguerra la población se estanca, acentuándose en los primeros años de la década de los cincuenta por la emigración. Hasta la década de los sesenta no se produce un incremento considerable, pasando España de 30,5 millones en 1960 a 35,8 millones en 1975, sin contar con el millón de españoles que emigraron a países europeos principalmente.
Además del fenómeno de la emigración exterior habría que mencionar el éxodo rural hacia las principales ciudades del País Vasco, litoral mediterráneo, archipiélago balear y canario, Madrid, Zaragoza, Valladolid, Sevilla o Málaga, reduciéndose notablemente el porcentaje de población rural (un 27% en 1980). El éxodo rural trajo asimismo el desequilibrio regional entre un interior que se iba despoblando y un litoral cada vez más poblado.
Durante las década de los cuarenta y los cincuenta la mayoría de la población activa se dedicaba al sector primario (en torno al 40% en 1960), disminuyendo drásticamente en la década siguiente hasta suponer el 21% en 1975.
Dentro de los grupos sociales se aprecia un crecimiento notable de las clases medias, un 34,1% en 1950 a un 56% en 1975. Al mismo tiempo se produce un cambio en la estructura familiar, imponiéndose la de tipo nuclear. En esos años que van de 1959 a 1975 España se aproximó al modelo occidental industrializado, impulsado por los medios de comunicación, el turismo, los emigrantes que volvían, los viajes al extranjero. Los valores de la democracia parlamentaria empiezan a ser conocidos y a imponerse sobre las costumbres tradicionales. También se produjo el fenómeno de la progresiva secularización de la sociedad, especialmente a partir del Concilio Vaticano II, clausurado en 1965.
Paralelamente se produjo una adaptación del modelo sindical a la nueva realidad socioeconómica. La Ley de Convenios Colectivos Sindicales (1958) pretendió flexibilizar las relaciones laborales, admitiendo la negociación colectiva en una misma rama de la actividad. En 1971 se publica la Ley Sindical que permitía una mayor representatividad de los obreros. Pero ni las asociaciones políticas ni las obreras fueron legalizadas, teniendo que actuar los sindicatos (CC.OO. fue el más activo) en la clandestinidad.
Por su parte, la mujer, que en los años de la posguerra volvió al sometimiento machista, con la pérdida de todos los derechos conseguidos durante la Segunda República. Como ejemplos de esta actitud social retrógrada cabe citar la prohibición del anticonceptivo, la mujer casada era representada por el marido quien le daba permiso para trabajar fuera de casa, sólo se castigaba el adulterio femenino, prohibió la coeducación e impuso a las mujeres la enseñanza de los trabajos del hogar y de labores, preparándola para el papel clásico de ama de casa. En la década de los setenta todo comenzó a cambiar, se aceptó la coeducación a raíz de la Ley General de Educación que estableció la enseñanza gratuita hasta los 14 años para chicos y chicas y se promulgó una legislación más permisiva para la actividad laboral de las mujeres solteras.
13.1. TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS. PROCESO DE DESAMORTIZACIÓN Y CAMBIOS AGRARIOS. LAS PECULIARIDADES DE LA INCORPORACIÓN DE ESPAÑA A LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL. MODERNIZACIÓN DE LAS INFRAESTRUCTURAS. EL IMPACTO DEL FERROCARRIL.
1. TRANSFORMACIONES AGRARIAS.
La tierra era la principal fuente de riqueza al llegar el final del Antiguo Régimen. Con la llegada del liberalismo surge la propiedad privada y libre. Para ello, los políticos liberales abolieron los señoríos y los derechos jurisdiccionales de la nobleza (pero sin expropiarles sus tierras) y se desvinculó y desamortizó la propiedad de los bienes de la Iglesia y de los municipios.
Los decretos desamortizadores comienzan con Godoy (1807), siguen con las Cortes de Cádiz (1813) y el Trienio liberal (1821), pero las mayores fueron las de Mendizábal (8 de mayo de 1833) sobre bienes de las órdenes monásticas y de Madoz (1 de mayo de 1855) sobre bienes del clero secular, municipales o comunales. Los objetivos eran paliar la situación de la Hacienda pública, atraer partidarios liberales e impulsar la reforma agraria. Las propiedades del clero y de los municipios fueron declaradas bienes nacionales y vendidas en pública subasta, subdivididas en lotes, y tasadas para su compra en títulos de deuda pública o en metálico.
Los resultados fueron en parte los esperados:
• Se redujo la deuda pública y aumentó la superficie cultivada y la producción.
• Los efectos sobre la propiedad fueron diversos: allí donde existían oligarquías rurales, la desamortización aumentó la concentración, consolidándose el modelo latifundista, pero en Castilla la Vieja y León, las pequeñas propiedades se triplicaron, creciendo el minifundismo, mientras que en Levante la propiedad enfitéutica se consolidó.
Sin embargo, en general, no hubo una redistribución de la tierra, concentrándose en pocas manos, accediendo a ella, especialmente la burguesía. Fue posiblemente una de las causas del atraso agrícola y del fracaso de la revolución industrial.
La producción agrícola se basó en la trilogía mediterránea (cereales, olivo y vid). La expansión agrícola se produjo por el desarrollo de cultivos especializados dedicados a la exportación: vino, aceite, cítricos y carne de vacuno. La vid se vio favorecida por la filoxera francesa, el tratado preferencial con este país en 1882 y los nuevos enlaces ferroviarios.
Hubo sectores agrícolas, principalmente en las regiones periféricas, que sustituyeron los cultivos tradicionales de cereales por viñedos, frutales, plantas industriales (tabaco, remolacha, lino), productos hortícolas que pasaron del 19% de superficie cultivada en 1860 al 25% en 1893, y tubérculos (patata). Las huertas de Valencia, Murcia, Cataluña y valle del Ebro se dedicaron al consumo urbano y a la exportación.
Los cereales se vieron afectados por las importaciones masivas a partir de 1880, provocando la caída de la producción de zonas tradicionales de Castilla y Extremadura, debiéndose recurrir en 1887 al proteccionismo, extendido en 1891 a todos los productos agrícolas, incluido el aceite, aumentando la superficie cultivada ente 1887 y 1900. Sin embargo, con esta política proteccionista, el campo se resistía al cambio y mantuvo una baja productividad, por debajo de la europea en un 30 0 40%. En 1900, el sector agrario representaba el 40% del calor del producto nacional y ocupaba al 70% de la población activa.
2. LA INCORPORACIÓN DE ESPAÑA A LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL.
En el ámbito del sector secundario (la industria), España vio como la revolución que se había iniciado en Gran Bretaña y se extendía a otras zonas de la Europa occidental, sólo afectaba de forma muy localizada as Cataluña y País Vasco.
Entre los factores que explican este retraso se encuentran:
▪ De carácter político: las continuas guerras, la pérdida de los territorios americanos. Los conflictos revolucionarios.
▪ De carácter económico: la escasez de carbón de alta calidad (antracita, hulla), y de materias primas, deficiente red de comunicaciones, atraso tecnológico agravado por la falta de capital nacional y dependencia energética exterior, insuficiencia de mercado interior, excesivo proteccionismo, poca mentalidad empresarial.
A pesar de todo, entre 1830 y 1910 hubo un crecimiento de un 80% de la renta per cápita. Diferente fue la evolución en el periodo 1914-1931. El retorno de capitales de Cuba y América, las inversiones extranjeras y la neutralidad española durante la guerra, generaron grandes beneficios en la banca, aumentaron las exportaciones de minerales, creció notablemente la industria textil y se aceleraron las industrias siderúrgica, química, eléctrica y cementera. Con la dictadura de Primo de Rivera la inversión estatal impulsa las obras públicas en ferrocarriles, carreteras, obras hidráulicas. Son años en los que la industria de bienes de equipo supera a la de bienes de consumo, incluso se desarrolla la industria ligera, como la automovilística (Hispano-Suiza).
La industria algodonera y la siderurgia moderna fueron los motores que iniciaron el proceso de industrialización:
▪ Industria textil: La incipiente industria catalana se frenó como consecuencia de la Guerra de Independencia, la pérdida del mercado americano y las guerras carlistas. A partir de 1830 se inicia el despegue de la industria algodonera gracias a la mecanización (en 1833 se instala la primera máquina de vapor), el aumento de la demanda interior, la existencia de una burguesía emprendedora y la legislación proteccionista. Durante la fase de mayor expansión (1840-1868) se concentró geográficamente en torno a Barcelona, atrayendo otros sectores textiles como el lanero (de tradición castellana) y el sedero (antes en Valencia y Murcia). Se abarataron los costes mediante el empleo de mujeres y niños. La Guerra de Secesión estadounidense (1861-1865) redujo la llegada de algodón y la crisis de subsistencias de 1867-1868 supuso el fin del periodo de mayor crecimiento económico.
Entre 1870 y 1880 el crecimiento fue menor pues el mercado interior estaba saturado. No obstante la producción se mantuvo por las medidas proteccionistas y por la exclusiva del mercado cubano. La pérdida de las colonias trajo consigo una segunda crisis a la industria textil catalana, que no se recobrará hasta la segunda década del siglo XX gracias a la neutralidad española durante la Gran Guerra.
▪ Siderurgia: El primer intento de instala una moderna siderurgia en España fue en Málaga, con el fin de explotar los yacimientos de hierro de Marbella y Ojen. En 1832 funcionan los primeros altos hornos de la Concepción (Marbella) y la Constancia (Málaga). Peor la escasez de coque hizo que entraran en decadencia hacia 1860.
El segundo intento tuvo como escenario Asturias, que contaba con las cuencas carboníferas de Mieres y langreo. En 1848 se funda un alto horno en Mieres y en 1857 otro en La Felguera, A partir de 1868 desplaza a la siderurgia andaluza.
Hasta la última década del siglo XIX no se impone la siderurgia vasca gracias a la abundancia de hierro, al coque inglés y al capital vasco. Desde 1848 funcionaba el alto horno de Balueta. En 1860 la empresa Ybarra y Cía instaló otro en Baracaldo. A partir de 1880, la concentración de grandes compañías y la modernización de la industria puso al País Vasco a la cabeza de la siderurgia española, acaparando el 83% de la producción.
▪ Minería: A partir de 1868 y la promulgación de la Ley de Bases sobre Minas, la entrada de capital extranjero impulsó la explotación del subsuelo español: cobre (Tiotinto), plomo (Linares), mercurio (Almadén), plata (Jaén), carbón (Asturias, León), hierro (País Vasco, Málaga), zinc (Asturias). España se convirtió en un importante exportador de minerales (a finales del siglo XIX era el mayor exportador de hierro de Europa).
Si bien es verdad que una buena parte de los beneficios salieron del país , otros se reinvirtieron contribuyendo a desarrollar la industria vasca, el ferrocarril y otros sectores industriales.
▪ Otras industrias: El desarrollo siderúrgico permitió el crecimiento de la industria mecánica y metalúrgica de transformación. Primero en Cataluña con la fundación de “Maquinaria Terrestre y Marítima” en 1858, aunque con limitaciones por depender de la siderurgia vizcaína. El País Vasco se convirtió en el centro principal (Astilleros del Nervión, 1888), Compañía Euskalduna de construcción y reparación de buques, 1900, Sociedad española de Construcción naval, 1909), gracias a la política proteccionista de los distintos gobiernos.
La industria química irá de la mano de la textil (colorantes), de la producción de abonos y explosivos. La eléctrica, para el alumbrado público. Las industrias alimentarias se desarrollaron al amparo del crecimiento de la demanda interna: harinera (Valladolid, Santander), vinícola (Rioja, Jerez, Requena-Utiel), pasera (Alicante), aceitunera, azucarera (Granada), conservas de pescado (Vigo) y de corcho (Cataluña).
3. MODERNIZACIÓN DE LAS INFRAESTRUCTURAS. EL IMPACTO DEL FERROCARRIL.
La construcción de carreteras emprendida a partir de 1840 y revitalizada con el Plan General de Carreteras de 1886, aumentó las vías nacionales de 17.000 Km a más de 36.000 Km a finales de siglo. Importante fue la mejora de puertos para la navegación marítima, así como la introducción del vapor.
Sin embargo, el transporte que articuló el mercado interior fue el ferrocarril, cuyo comienzo fue 30 años posterior al del resto de Europa occidental. De 1848 data la primera línea férrea, la Barcelona-Mataró y de 1851 la Madrid-Aranjuez. Habrá que esperar a la Ley de Ferrocarriles de 1855 para que las líneas tendidas pasasen de 475 Km construidos hasta ese año a los más de 11.000 Km de comienzos del siglo XX. El impulso partió del Estado, aunque el capital, la tecnología y la iniciativa fueron extranjeras (franceses principalmente).
Se planteó un modelo radial de construcción y se cometió el error de utilizar un ancho de vía superior al del resto de Europa (1,67 por 1,41 metros)
15.1. LA CREACIÓN DEL ESTADO FRANQUISTA: FUNDAMENTOS IDEOLÓGICOS Y APOYOS SOCIALES. EVOLUCIÓN POLÍTICA Y COYUNTURA EXTERIOR. DEL AISLAMIENTO AL RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL. EL EXILIO
1. FUNDAMENTOS IDEOLÓGICOS Y APOYOS SOCIALES.
a) Fundamentos ideológicos.
El poder dictatorial, personal y vitalicio de Francisco Franco como Jefe del Estado, Presidente del Gobierno , líder del partido único y generalísimo de los ejércitos fue el eje del régimen político surgido tras la Guerra Civil española, basado todo ello en sus propias convicciones personales:
▪ Disciplina y jerarquía militar extendida a todos los ámbitos sociales.
▪ Conservadurismo antidemócrata.
▪ Providencialismo católico que le llevó a la idea de ser el salvador de la patria amenazada por los liberales, los masones, los anarquistas, los judíos, los socialistas y los comunistas.
▪ Concepción histórica de España como nación imperialista, basada en la unidad territorial.
Trasladadas estas convicciones personales a la construcción del Estado “franquista” que surgió tras la Guerra Civil, estos fueron sus fundamentos ideológicos:
▪ Concentración de todo el poder político en manos de Franco
▪ El nacionalsindicalismo como soporte ideológico inspirado en la doctrina falangista. A esto se unió el anticomunismo (que le favoreció durante el desarrollo de la Guerra fría), el antiparlamentarismo, el antiliberalismo y algunos rasgos fascistas como símbolos, uniformes, saludos y la existencia de organizaciones paralelas como la Sección Femenina, el Frente de Juventudes o la Organización Juvenil Española (OJE).
▪ La moral y la religión católicas como legitimadoras de la dictadura franquista. El Nacional Catolicismo.
▪ La defensa de la unidad de la Patria, inspirada en lo castellano.
▪ El tradicionalismo histórico como espejo del régimen: reconquista, imperio, símbolos tomados del pasado glorioso: el águila imperial, el yugo y las flechas.
▪ El predominio de lo militar en la sociedad. Militarismo.
b) Apoyos sociales.
En primer lugar la oligarquía terrateniente y financiera, los grandes beneficiados del régimen, así como las clases medias rurales de Castilla y del norte peninsular profundamente católicas, representantes del orden y el respecto a los valores tradicionales de España. Ni la clase obrera ni las clases medias urbanas se identificaron nunca con la dictadura, aunque el temor a la represión supuso la carencia de una oposición visible.
En segundo lugar, el Ejército constituyó el apoyo más decidido y permanente del régimen franquista, llegando a ocupar altos cargos administrativos.
En tercer lugar, la Iglesia, encargada de legitimar el régimen ante la opinión católica internacional. A cambio, sobre todo después de la firma del Concordato con la Santa Sede en 1953, obtuvo importantes concesiones como la educación o la presencia del estamento eclesiástico en las altas instituciones del régimen. Sin embargo el apoyo de la Iglesia no fue monolítico. Hubo serias discrepancias con el catolicismo catalán y vasco y, a partir del Concilio Vaticano II, una parte de la jerarquía eclesiástica y del clero comenzó a distanciarse progresivamente de Franco.
En cuarto lugar, la Falange, pilar ideológico del régimen junto al carlismo. Muy activa durante los primeros años del régimen se encargó de actividades de propaganda y adoctrinamiento de la población. A partir de 1958 se impuso la denominación “Movimiento Nacional” que desplazó al anterior de “FET y de las JONS”.
Todos ellos contribuyeron a la desmovilización política de la sociedad española
2. EVOLUCIÓN POLÍTICA Y COYUNTURA EXTERIOR. DEL AISLAMIENTO AL RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL
La evolución política del régimen estuvo siempre condicionada por la coyuntura exterior.
Por virtud de la Ley de Administración Central del Estado, de enero de 1938, Franco concentró todo el poder en sus manos: legislativo, ejecutivo (Jefatura del Estado, del gobierno y del partido único), delegando en los jueces la aplicación de las leyes que él mismo había promulgado.
En el mismo año de 1938 se promulga el Fuero del Trabajo por el que se prohibían los sindicatos libres y se creaba el Sindicato Único, de carácter vertical, que integraba a patronos y obreros. Las huelgas y las manifestaciones quedaban prohibidas. También se aprueba una Ley de Prensa y de Imprenta que pone los medios de comunicación al servicio del poder y una Ley de Responsabilidades Políticas por la que se perseguía a todo sospechoso de ser adepto a la causa republicana.
Durante la primera etapa del franquismo, la totalitaria o azul, la evolución política del régimen estuvo condicionada por la Segunda Guerra Mundial. Pasando de una inicial neutralidad a una no beligerancia como consecuencia de las victoria iniciales del Eje. Su abierta simpatía por Alemania e Italia le hizo enviar la División Azul para combatir en el frente oriental contra la Unión Soviética entre 1941 y 1945. Cuando comienza el declive del Eje, el franquismo vuelve a declararse neutral, intentando acercarse a los que serían vencedores mediante una serie de leyes que pretendían mostrar una imagen más representativa. En 1942 se promulga la Ley Constitutiva de las Cortes, que establecía la formación de Cortes (se reunirían por primera vez el 17 de marzo de 1943) elegidas en parte por Franco y en parte mediante sufragio indirecto, estando representados de esta manera la familia, el municipio y los sindicatos. Su función era refrendar las propuestas legislativas del dictador. El sistema recibió la denominación de “Democracia Orgánica”.
En 1945, el Fuero de los Españoles, una teórica declaración de derechos y deberes basados en la moral católica tradicional, que no supuso ningún tipo de garantías democráticas. El mismo año se promulga la Ley de Referendum nacional, que reconocía el derecho a voto de los españoles para consultas sobre asuntos del Estado.
Al término de la Segunda Guerra Mundial, la dictadura franquista queda aislada internacionalmente, tanto diplomática (se marchan los embajadores extranjeros excepto el argentino y España no es admitida en la recién creada ONU en 1946), como económicamente (Francia cierra las fronteras). Para atajar este grave problema, Franco tomó algunas medidas para intentar borrar la imagen fascista de su régimen: suprimió el saludo con el brazo en alto y promulgó la Ley de Sucesión de 1947, por la que España se convertía en reino, pero declaraba a Franco Jefe del Estado a perpetuidad y quedaba perpetuado para designar sucesor a título de rey. Se creaban dos nuevas instituciones que debían regular la transición: El “Consejo de Regencia” y el “Consejo del Reino”. En 1948 consiguió que el nieto de Alfonso XIII, el futuro príncipe Juan Carlos, se educara en España bajo su tutela.
El comienzo de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética dio un valor político importante al anticomunismo del régimen franquista, siendo la posición estratégica de España de alto interés militar. En 1949, la banca estadounidense concedió a España un importante préstamo y en 1950 la ONU anuló el aislamiento diplomático, regresando los embajadores extranjeros. En 1952, España era admitida en la UNESCO y en 1953 Estados Unidos firmaba con el gobierno español el Pacto de Madrid, por el que se creaban bases militares estadounidenses en España a cambio de ayuda militar y económica. Ese mismo año, El Vaticano firmó con el régimen franquista un Concordato. Finalmente, en 1955, España era admitida en la ONU como miembro de pleno derecho, con lo que se rompía definitivamente el aislamiento internacional, a la vez que se consolidaba el poder de Franco.
3. EL EXILIO.
La aplicación de la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939 y de la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo de 1940, llevó a la cárcel a más de 270.000 personas, quedando unos 40.000 todavía en 1945.
Para evitar la represión muchos republicanos emigraron (más o menos en torno a medio millón). En Francia fueron internados en campos de concentración, corriendo diversa suerte al producirse la conquista nazi. Muchos regresaron a España, otros ingresaron en la resistencia francesa contra los alemanes (unos 15.000 acabaron en campos de concentración nazis) y un contingente numeroso (en torno a 200.000 emigraron a Sudamérica. En México, el socialista Indalecio Prieto con los recursos que pudo sacar de España, ayudó a muchos refugiados y pudo financiar un gobierno republicano en el exilio. Algo similar hizo el ex-presidente Negrín, desde su exilio en Londres.
Un grupo numeroso de comunistas españolas acabó en Rusia, donde reorganizaron el partido. A la muerte en extrañas circunstancias del secretario general, José Díaz, le sucedió al frente del PCE Dolores Ibarruri, La Pasionaria.
En España, anarquistas y comunistas se organizaron en guerrillas, que recibió el nombre genérico de maquis, que mantuvieron su actividad antifranquista hasta 1955. Sin embargo, ni estos grupos guerrilleros, ni el comunismo clandestino, consiguieron hacer mella en el régimen de Franco.
La dimensión internacional del conflicto
Iniciada como conflicto interno, la Guerra Civil española pronto se convirtió en el centro de pasiones y decepciones del mundo. En ella se enfrentaban el fascismo, la democracia y el comunismo. Ya en el mes de noviembre de 1936 fue un motivo de inestabilidad internacional al alinearse diversos países con uno u otro bando. La República contó con el apoyo directo de la Unión Soviética, Francia y las Brigadas Internacionales (organizadas por Rusia, aunque no todos sus integrantes eran comunistas, las unión su marcado sentimiento antifascista). El bando franquista contó con apoyos más decididos de la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler. Los países católicos tendieron a apoyar a Franco como consecuencia de la política anterreligiosa de los gobiernos republicanos.
En Londres se creó un Comité de no intervención que, en teoría, propició la marginación de los países europeos del conflicto, pero sus recomendaciones sólo fueron seguidas por Gran Bretaña. Estados Unidos mantuvo la neutralidad a través del embargo moral y luego efectivo del material de guerra. Sin embargo, la compañía TEXACO proporcionó al general Franco las tres cuartas partes de su petróleo. En el resto del continente americano, México apoyó con entusiasmo a la República, mientras que otros países sudamericanos apoyaron a Franco, aunque no fuera más que diplomáticamente.
• Apoyos a la República
Sus mayores inconvenientes procedían de su dependencia del gobierno francés (si era de izquierdas colaboraba, si no, ponía obstáculos) y, sobre todo, la exigencia del pago de la ayuda de manera inmediata y poco generosa. La ayuda francesa fue muy intermitente y, por tanto, la República hubo de acudir a otras fuentes de aprovisionamiento, fundamentalmente a la Unión Soviética, que proporcionaron material de guerra moderno como tanques, aviones e instructores para los mismos. A cambio, los rusos exigieron una contrapartida económica inmediata, recibiendo la autorización de Largo Caballero para trasladar a Rusia una parte del oro depositado en el Banco de España. Formando parte de las Brigadas Internacionales llegaron a España unos 40.000 brigadistas, a los que hubo que armar, adiestrar, vestir y alimentar, pero que ayudaron decisivamente a detener el avance franquista sobre Madrid.
• Apoyo al bando franquista
La ayuda recibida por Franco fue pagada más tarde, una vez alcanzado el poder. La principal procedió de la Italia fascista, que envió material y unos 73.000 hombres, que formaban unidades militares voluntarias. La ayuda alemana también fue importante, pero sensiblemente inferior a la italiana y restringió la aportación humana: la tristemente famosa Legión Cóndor constó de un centenar de aviones y unos 5.000 hombres que se relevaban periódicamente. También llegaron instructores. Como contrapartida, los alemanes crearon compañías industriales cuya misión fue entrar en el capital de sociedades mineras españolas. Además, el general Franco también contó con la ayuda de voluntarios portugueses e irlandeses y de unos 70.000 combatientes marroquíes.
La ayuda recibida puede explicar determinados acontecimientos de la guerra, como el paso del Estrecho en aviones Junkers alemanes o la batalla del Ebro propiciada por la llegada de material bélico ruso. En cuanto a su volumen, es posible que fuera semejante en cada bando: el número de aviones recibidos fue casi el mismo, y el valor del oro entregado a Rusia viene a coincidir con el montante de la ayuda italoalemana. Pero, sin duda, la ayuda exterior fue decisiva en los momentos cruciales de la guerra favorable a los sublevados, decantando decisivamente la victoria final del lado franquista.
Las consecuencias de la guerra
Costes humanos directos
• Murieron unos 450.000 españoles de ambos bandos
• Medio millón de refugiados (entre ellos cerca de 170.000 mujeres, niños y ancianos) llegaron a Francia donde fueron internados en campos de internamiento a la intemperie. Inglaterra se negó a aceptar ninguno. Durante la IIª Guerra Mundial y tras la ocupación de Francia por las tropas de Hitler, regresaron a España más de la mitad de los refugiados. Un grupo minoritario entró a formar parte de la resistencia francesa y unos 15.000 fueron enviados a los campos de exterminio nazis
• 220.000 se exiliaron en México, que sólo permitió la llegada de intelectuales, médicos y profesores.
La represión
a. Política
Los vencidos fueron humillados, marginados, sancionados económicamente, expulsados de sus empleos y encarcelados. En 1940 había 18.000 mujeres y 240.000 hombres en las cárceles franquistas, de los que 7.800 ya habían sido juzgados sin garantías legales y condenados a muerte por tribunales militares. Se calcula que 48.000 personas entre ellos Lluis Companys fueron fusilados durante la posguerra. En 1943, la cifra de prisioneros todavía superaba los 100.000, mientras que 25.000 cumplían penas de trabajos forzados en la reparación de caminos y canales o bien en la construcción de edificios públicos (los Nuevos Ministerios) o monumentos (el Valle de los Caídos). En 1946 la cifra de presos políticos descendió hasta los 15.000.
Paralelamente se inició una depuración del sector público. Así, miles de excombatientes republicanos acusados de ateísmo o de pertenencia a la masonería fueron multados, castigados con la expropiación de sus bienes y despedidos de sus empleos en cualquiera de los sectores de la administración pública o del funcionariado (burocracia, ejército, policía, profesorado, judicatura) Los puestos que dejaron vacantes pasaron a ser ocupados por los vencedores. La depuración también alcanzó a otros grupos profesionales como periodistas, abogados o médicos. Más de 300.000 españoles fueron investigados, el 75% de los profesores universitarios sancionados y miles de maestros de escuela inhabilitados definitivamente y suspendidos de empleo y sueldo.
b. Económica
Muchos de los vencidos también perdieron sus propiedades (pisos, tiendas, fincas) que fueron incautadas y subastadas por las autoridades franquistas. De las sanciones y confiscaciones no se libraron ni siquiera los muertos, ya que algunos destacados republicanos como Manuel Azaña o Blas Infante fueron multados póstumamente con elevadas cantidades de dinero que debían pagar sus parientes más próximos.
El cambio de régimen
Fue sin duda su consecuencia más duradera. Un nuevo modelo político, inspirado en la Dictadura de Primo de Rivera, dominó la vida política española hasta la muerte del dictador en 1975. Con él volvió la influencia de la Iglesia, las oligarquías terratenientes y financieras y el sometimiento de la población a una situación de autarquía que se endureció al final de la IIª Guerra Mundial, cuando el régimen dictatorial franquista se convirtió en una isla tras el triunfo de las democracias.
La conspiración
Fue plural y desorganizada. El cerebro fue el general Emilio Mola. Estaban con él, el general Goded, el general Queipo de Llano y el general Cabanellas. La participación de Franco no estuvo clara hasta el final. También estuvieron algunos diputados de la CEDA, como Ramón Serrano Súñer o el conde de Mayalde. El principal líder de esta agrupación, Gil Robles, no fue consultado, aunque prestaría apoyo económico con los fondos electorales de su partido.
En ningún momento pensaron que fuera a terminar en una guerra civil. Se pensaba en un golpe rápido que implantara una dictadura que preparara la llegada de nuevo de la Monarquía.
Por otro lado, el levantamiento era conocido; hasta la prensa hablaba de ello. El gobierno había tomado algunas medidas:
• Los altos mandos se confiaron a personas de confianza
• En África fueron colocados mandos también fieles al régimen
• Los militares sospechosos fueron alejados: Goded a Baleares, Franco a Canarias, Varela y García Escamez fueron sancionados y nunca se creyó que Mola se pusiera de acuerdo con los carlistas.
• Las fuerzas de orden público en las grandes ciudades fueron puestas bajo el mano de autoridades adictas.
El error del gobierno fue el no prever la magnitud de la conspiración y la incapacidad para controlar a sus propias masas por no atreverse a romper con la extrema izquierda.
El levantamiento y su propagación
Se inició en Marruecos el día 17 de julio, adelantándose a la fecha prevista. Dos días más tarde asumió el mando el general Franco, que se había sublevado en Canarias y trasladado a Marruecos a bordo del Dragon Rapide, un avión británico alquilado por conspiradores monárquicos. A partir del 18 de julio la sublevación se extendió a la península, dependiendo su éxito de la preparación y el número de conjurados.
En Navarra, sublevada por Mola, y en Castilla, regiones católicas y conservadoras por excelencia, el levantamiento triunfó fácilmente. En Aragón, la sublevación venció en las capitales de provincia por la intervención del general Cabanellas. Algo parecido ocurrió en Oviedo gracias a la hábil maniobra del general Aranda. Pero el resto de Asturias se mantuvo republicano. En Galicia el éxito fue rápido a pesar de la oposición de las organizaciones obreras de las capitales.
En Andalucía sorprendió la maniobra de Queipo de Llano que ocupó Sevilla. En Cádiz, Granada y Córdoba, las guarniciones militares estuvieron en precario ante la fuerte resistencia obrera. Algo similar ocurrió en Extremadura, aunque Cáceres se sublevó.
En Castilla la Nueva y Cataluña la suerte de los sublevados dependió de las dos grandes capitales. En Madrid se abortó pronto el golpe y en Barcelona las tropas de Goded fueron pronto neutralizadas por las fuerzas de orden público y las organizaciones obreras.
El País Vasco se escindió. Vizcaya y Guipúzcoa se opusieron al golpe, mientras Álava se sublevaba. En Baleares se levantaron Mallorca e Ibiza, pero no Menoría. En Valencia los sublevados dudaron mucho y pronto fueron neutralizados. También quedaron grupos de sublevados asediados por los republicanos: el Alcázar de Toledo y el santuario de la Virgen de la Cabeza en Jaén.
Las consecuencias inmediatas
España quedó dividida en dos, debido al fracaso del pronunciamiento. En un principio las fuerzas estaban bastante equilibradas. Si los sublevados contaban con el ejército de África, el mejor preparado, la flota se mantuvo republicana, así como la aviación. Además, el gobierno disponía de las capitales más importantes, la industria catalana y vasca y las reservas de oro del Banco de España.
Los acontecimientos se precipitaron en los días siguientes. Casares Quiroga trató de mantener la legalidad con sus propias fuerzas e impidió el reparto de armas a los obreros. Tras su dimisión, Azaña intentó formar gobierno con Martínez Barrio que trató de evitar la guerra civil proponiendo una negociación que ni Mola ni Largo Caballero aceptaron. Por fin, el 19 de julio se formó un nuevo gobierno, presidido por Giral, que procedió al reparto de armas.
Al tiempo, se inicia el proceso revolucionario en la zona controlada por el gobierno, en respuesta a la sublevación. Trajo las siguientes consecuencias:
• La pulverización del poder político hasta el extremo que resultaba difícil descubrir a quien correspondía tomas decisiones, llegando a convivir tres organismos públicos en algunas provincias. En cada región se constituyeron Juntas que se repartían el poder y lo administraban sin tener en cuenta al resto del país.
• No existió un mando unificado en el ejército republicano. Las milicias populares resultaron ineficaces e indisciplinadas
• Se produce una revolución económico-social en la que anarquistas, comunistas y socialistas, pusieron en marcha una colectivización de la propiedad que fue mayoritaria en el campo andaluz y en la industria catalana. Como principal consecuencia, la producción catalana se redujo a un tercio, siendo más grave en el caso de la industria de armamento.
El desarrollo de la guerra
a. La guerra de columnas
Entre julio y noviembre de 1936 los límites de cada una de las dos Españas no fueron precisos. La lucha adoptó la forma de enfrentamientos entre agrupaciones, no habiendo un frente estable. En este periodo la superioridad de los sublevados fue manifiesta: tras el paso del estrecho de Gibraltar por el ejército de África de Franco, la Andalucía occidental pasó a sus manos, y luego, siguiendo la ruta extremeña, se dirigió hacia Madrid, en cuyos arrabales se detuvo. En el norte, la toma de Irún aisló la zona norte de las fuerzas republicanas.
Los éxitos de la República fueron menores. Su avance desde Cataluña hacia las capitales aragonesas fue pronto detenido y la expedición dirigida desde Barcelona a las Baleares fracasó, por lo que las islas fueron una base importante para el bloqueo de la costa mediterránea y, más adelante, para el bombardeo de Barcelona por las tropas franquistas.
b. La batalla por Madrid (de noviembre de 1936 a marzo de 1937)
A finales de noviembre de 1936 se produce un giro, no sólo por la cada vez mayor ayuda extranjera, sino por el proceso creciente de militarización de la población. En Madrid, los generales Miaja y Rojo crean las milicias populares mientras el gobierno se traslada a Valencia.
Franco se planteó aislar Madrid ordenando atacar en dirección hacia la carretera de La Coruña, hacia el Jarama y por Guadalajara. Estas tres batallas acabaron estabilizando el frente en torno a la capital ante la imposibilidad de los sublevados, pese a la ayuda italiana, de conseguir sus objetivos. Entonces Franco decidió concentrar sus esfuerzos en el norte.
c. La caída del Norte. Guernica (de marzo a octubre de 1937)
1937 resultó el año crucial de la contienda. Para ocupar Vizcaya se empleó lo más granado del ejército franquista y el combate adquirió formas de crueldad superiores a lo habitual. La aviación alemana de la Legión Cóndor realizó bombardeos sobre poblaciones civiles que no eran objetivos militares, como Durango y Guernica, experimentando para su posterior actuación en la Guerra mundial.
La ocupación de Santander fue un paseo militar protagonizado por los italianos. Por el contrario, Asturias resistió con firmeza, pero también cayó debido a su aislamiento. Cuando terminó la guerra civil, quedaron grupos guerrilleros (maquis) que mantuvieron la lucha hasta la final de la Segunda Guerra Mundial.
Durante el verano de 1937 las fuerzas republicanas lanzaron tres ofensivas para distraer a las tropas de Franco en Segovia y La Granja (junio), Brunete (julio) y Belchite (agosto), pero fracasaron por la falta de coordinación y porque el ejército republicano no estaba preparado para mantener en profundidad una gran ofensiva. Por otro lado, si Belchite y Brunete se hubiesen producido a la vez habrían frenado la caída del Norte.
d. Teruel y el avance hacia el Mediterráneo (de finales de 1937 a junio de 1938)
Después de tomar Asturias, Franco había pensado avanzar sobre Madrid desde Guadalajara, pero el ejército, para evitar el ataque, decidió llevar a cabo una ofensiva de diversión en Teruel, única capital de provincia conquistada por los republicanos. Inmediatamente, Franco se lanzó a una contraofensiva de desgaste, transcurrida bajo durísimas condiciones climáticas. Tras la pérdida de Teruel el frente republicano se derrumbó y Franco llega al Mediterráneo. En menos de dos semanas avanzaron 120 km y llegaron a Vinaroz para proseguir el avance hacia Valencia, quedando detenidas en el Maestrazgo. Mientras, en el mar, la flota republicana que hasta el momento se había mostrado ineficaz por la carencia de oficialidad, consiguió una sonada victoria al hundir el crucero Baleares.
e. La batalla del Ebro y Cataluña (de julio de 1938 a febrero de 1939)
Estabilizado el frente, de nuevo el ejército republicano tomó la iniciativa, cruzando el Ebro, frente a Gandesa. Franco, sabiendo que se enfrentaba a lo mejor del ejército adversario apostó por una batalla frontal de desgaste. Tras tres meses y medio de lucha y siete ofensivas sucesivas, el ejército republicano hubo de retroceder a sus posiciones de origen.
La batalla del Ebro acabó por decidir la guerra. Tras su victoria en el Ebro, Franco ocupó Cataluña en febrero de 1939 sin encontrar resistencia. Para muchos republicanos, la caída de Cataluña significaba el fin de la guerra. El propio Presidente de la República, Azaña, exiliado en Francia, presentó su dimisión en ese momento. Algo más de medio millón de personas cruzaron la frontera francesa hacia el exilio. Muchos no regresarían.
f. El final de la guerra
Tras la dimisión de Azaña el ambiente de derrota era manifiesto, como lo era la creciente impopularidad del gobierno Negrín y de sus principales colaboradores, los comunistas. Los mandos militares coincidían en dar por perdida la guerra: en febrero Menoría se rendía y Negrín, reunido con sus principales mandos militares, descubrió que la mayoría quería entablar negociaciones con Franco. Pero Negrín todavía confiaba en mantener la guerra para conseguir mejores condiciones de rendición o para enlazar con la eventual guerra mundial que se anunciaba.
A fines de febrero y comienzos de marzo se precipitó la crisis de la República con el reconocimiento del general Franco por parte de Francia y Gran Bretaña. En la segunda quincena de marzo, el coronel Casado y Julián Besteiro iniciaron las conversaciones para intentar negociar el final de la guerra con Franco, pero este exigió la rendición incondicional y el 1 de abril pudo anunciar la completa victoria de sus tropas.
Evolución política de las dos zonas durante la Guerra Civil
a. La República
Los aspectos que motivaron las divergencias entre los integrantes del Frente Popular fueron precisamente los relativos a la revolución socio-económica y a la constitución del Ejército. Las posturas extremas fueron las representadas por el Partido Comunista y los anarquistas. En líneas generales, los partidos burgueses se aproximaron a los comunistas, mientras que los socialistas, muy divididos, en realidad no elaboraron un programa propio y tendieron a enzarzarse en disputas internas.
Los comunistas defendieron una postura opuesta a la mantenida durante la Segunda República: si antes había sido maximalista, revolucionaria y casi insurreccionalista, ahora parecía no apreciar las oportunidades de revolución que les brindaba la situación. A lo sumo, defendían la necesidad del control obrero y de una serie de reformas que hubieran podido ser llevadas a cabo en una república democrática. En cambio, su insistencia en los problemas militares era abrumadora: todo debía ser sacrificado a la victoria en la guerra. Con ello, logró la adhesión de pequeños propietarios temerosos de la revolución y de los cuadros militares indignados con la ineficacia de las milicias populares.
En cambio, los anarquistas pensaban que la sublevación había creado las circunstancias objetivas para el estallido de la revolución. Guerra y revolución tenían que ser dos procesos paralelos. Y así se dio la paradoja de que, enemigos del Estado, hubieron de participar en el poder, primero en Cataluña y luego en toda España. En la polémica triunfaron las tesis comunistas aunque a un alto coste.
Con Largo Caballero como jefe de gobierno a partir de septiembre de 1936, los anarquistas accedieron al consejo de ministros. Sin embargo, la política que siguió fue bastante menos revolucionaria de lo esperado. De hecho, se negó a la unificación del PSOE con el PCE, impulsó la militarización y siguió una línea independiente. Lo que dificultó su gestión fueron los roces de los anarquistas con el resto de grupos políticos. En mayo de 1937 se produjo un conflicto en Barcelona entre la Generalitat y los anarquistas que degeneró en una lucha confusa, cuyo balance fue de 400 a 500 muertos y provocó la caída de Largo Caballero.
Su sucesor fue el catedrático de Medicina, Juan Negrín, socialista del grupo de Indalecio Prieto. Con él se esperaba un giro autoritario como parecieron definir los trece puntos en los que condensó su programa moderado. Se centró sobre todo en el esfuerzo militar, pero acabaron apareciendo sus defectos como gobernante: bohemio, desordenado, cayendo en el mismo personalismo que su antecesor. Acusado de estar dominado por los comunistas en realidad se valió de ellos para su política que con él alcanzaron mayor influencia política que nunca, llegando a acaparar la mayor parte de las jefaturas de los ejércitos, así como las direcciones generales de Seguridad y Carabineros.
b. El bando de los sublevados
También hubo corrientes opuestas, pero la unidad se consiguió en torno al sentimiento católico y antirrevolucionario, actuando el ejército como papel hegemónico, incluso en el plano político.
La sublevación se justificó como un acto preventivo frente a una revolución inminente, aunque en realidad ocurrió lo contrario: la sublevación provocó la revolución social en el bando republicano. En cambio, en su inicio, el levantamiento no fue antirrepublicano, proclamándose republicanos en las primeras proclamas tanto Cabanellas, como Queipo de Llano o Franco.
Desde el principio se sintió la necesidad de un mando único. Sanjurjo pudiera haber sido el líder indiscutible, pero murió en accidente de aviación en Portugal el mismo 18 de julio. A finales de este mes se estableció una Junta Militar presidida por Cabanellas, que pronto se reveló insuficiente. Generales monárquicos y africanistas exigieron el poder único para Franco una vez que Mola falleciera en otro accidente de aviación. Finalmente Franco fue proclamado Jefe del Gobierno del Estado, fórmula imprecisa que se convirtió en una auténtica Jefatura del Estado, reduciendo el papel de la Junta Militar preexistente al carácter de Junta Técnica del Estado. Más adelante, la guerra le convertiría en caudillo indiscutible.
Sin embargo, subsistían problemas de carácter político, especialmente con los partidos más extremistas: los monárquicos alfonsinos, los carlistas y los falangistas. En la primavera de 1937 surgieron conflictos solucionados en abril del mismo año y que supusieron el bloqueo de Falange tras los sucesos de Salamanca y que se cerraron con el decreto de Unificación en un partido único a partir de carlistas y falangistas, quedando relegados los monárquicos, que veían a Franco como un mal menor.
Muerto José Antonio Primo de Rivera en Alicante, no había líder político capaz de hacerle sombra. Junto a Franco, la figura más destacada del régimen durante esta primera etapa fue su cuñado Ramón Serrano Suñer, procedente de la CEDA, que a lo largo de la guerra llegó a diluirse. Como ideólogo del movimiento, sus propósitos, descritos por él mismo, fueron construir un Estado a base del calor popular social y revolucionario de Falange y las doctrinas algo más inactuales del carlismo. Este carácter sincrético de todas las derechas sería muy característico del régimen franquista.
Aparte de propiciar una posición reaccionaria en materias educativas y religiosas, el régimen distó mucho de configurarse de una manera clara durante la guerra civil. El único texto constitucional aprobado fue un Fuero del Trabajo, que no pasaba de ser una declaración de principios de carácter social. Cuando, a comienzos de 1938, se produjo la formación de un gobierno, su composición heterogénea demostró la pluralidad de componentes que existía en el bando sublevado.
Los partidos políticos de la IIª República
► Derechas
Partidarios de mantener el modelo socioeconómico de la Restauración; se apoyaban en las viejas instituciones para mantener el orden y los valores tradicionales, y no estaban dispuestas a aceptar las autonomías. En las elecciones de 1931 no obtuvieron buenos resultados por su falta de organización.
Tres grupos diferenciados:
▪ Fascistas
Imitaban la ideología de Mussolini: partidarios de gobiernos autoritarios, con un partido único, sin elecciones ni parlamento. Proponían el intervencionismo estatal, la nacionalización de la banca y resucitar añejos ideales imperialistas: Dos grupos
̶ JONS: Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (1931) de Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma Ramos
̶ Falange Española (1933) de José Antonio Primo de Rivera
Ambos se fusionaron en 1934, pero sólo adquirieron importancia como fuerza de choque de la derecha a partir de las elecciones de 1936, cuando se opusieron al Frente Popular.
▪ Monárquicos
Los partidarios de los Borbones se agrupaban en Renovación Española, liderada por José Calvo Sotelo; y los carlistas lo hacían en Comunión Tradicionalista (tenían como pretendiente a D. Javier), liderada por Fal Conde
▪ Republicanos
La CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) llegó a ser el partido más representativo. Aparece a finales de 1933 como resultado de la fusión de la Acción Popular del periodista, luego cardenal, Ángel Herrera Oria, y otros grupos como la Derecha Regional Valenciana, de Luis Lucia. Su líder más reconocido fue Jose Mª Gil Robles, autoritario y próximo al fascismo (asistió al acto de la subida al poder de Hitler en Alemania) Organización católica, se opuso sistemáticamente a las reformas de las izquierdas.
► Centro
Se sitúan partidos como la Derecha Liberal Republicana de Alcalá Zamora y el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, el de mayor presencia popular.
► Izquierdas
▪ Izquierda Republicana (antes Acción Republicana)
Partido de pequeños burgueses con muchos intelectuales y profesionales; querían reformar y modernizar el país, aunque huían de la violencia. Su líder fue Manuel Azaña
▪ Partido Radical Socialista
Línea política similar a la formación anterior. Dirigido por Marcelino Domingo, un sector del partido acabó integrándose en Izquierda Republicana
▪ Partido Socialista Obrero Español (PSOE)
Contaba con el soporte de su sindicato, la UGT. Se trataba de un partido obrero en el que coexistían diversas tendencias:
̶ Moderados, que querían una reforma con orden (Prieto, Besteiro)
̶ Revolucionarios, partidarios de cambios rápidos (Largo Caballero)
▪ Partido Comunista Español
Había surgido como una escisión del ala radical del PSOE en 1921. Durante la IIª República tuvo escasa influencia; con unos 50.000 afiliados, se centró en la lucha contra el fascismo
▪ Anarquistas
Se agrupaban alrededor del sindicato CNT, fuertemente asentada en Cataluña y Andalucía. Se aprecian dos grupos:
̶ Moderados sindicalistas (Manifiesto de los Trentistas, Angel Pestaña), querían actuar como sindicato
̶ Revolucionarios faistas, agrupados en la FAI, en la que sobresalía el grupo de los “solidarios” (García Oliver, Durruti, Ascaso) que querían imponer una línea revolucionaria dura
No querían mantener ninguna colaboración con los partidos políticos, ni siquiera con los marxistas. Consideraban que la República era un paso hacia la Revolución
▪ Otros partidos de izquierda
̶ El POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), de Andreu Nin y Joaquín Maurín: surgido en 1935 como resultado de la fusión del Bloc Obrer i Camperol y de Esquerra Comunista. Partido marxista al margen de las consignas de Stalin
̶ El PSUC, impulsado por el PCE para frenar el avance del POUM en Cataluña
► Partidos autonómicos nacionalistas
▪ En Cataluña se daban 3 tendencias: la derecha, representada por la Lliga Regionalista de Cambó; el centro, en el que se situaban Acció Catalana Republicana y los cristianos demócratas de Unió Democrática de Catalunya; y la izquierda, polarizada alrededor de Esquerra Republicana de Catalunya (Maciá y Companys), el partido más votado.
▪ En el País Vasco, el PNV mantuvo su predominio; considerado como católico y de derechas, evolucionó a partir de 1933 a posiciones de centro, cuando su líder José Antonio Aguirre llegó al convencimiento de que con las derechas en el gobierno nunca alcanzarían la autonomía
▪ En Galicia destacó la ORGA (Organización Republicana Galega Autónoma) de Casares Quiroga, que acabó integrándose en Izquierda Republicana poco antes de las elecciones de 1936
A las 7 de la mañana del 14 de abril, la República era proclamada en Eibar, luego sucesivamente se haría en Valencia, Sevilla, Oviedo y Zaragoza. Al tiempo, Romanones recomendaba al rey la salida del país y tras la aceptación de éste, Sanjurjo, Director General de la Guardia Civil, se ponía las órdenes del Gobierno provisional republicano. Al atardecer, cuando ya Lluis Companys había proclamado la República en Barcelona, los miembros del Comité llegaban a la Puerta del Sol, donde tomaron posesión del gobierno del país y proclamaron la República. A las 9 Alfonso XIII salía con dirección a Cartagena, donde embarcaría en la madrugada rumbo a Marsella; su familia lo haría al día siguiente.
El Gobierno provisional
Representaba a todas las fuerzas progresivas del país:
• Derecha liberal: el presidente, Alcalá Zamora, y el ministro de la Gobernación, Miguel Maura
• Republicanos del Partido Radical: Alejandro Lerroux, ministro de Estado y Diego Martínez Barrio en Comunicaciones
• Izquierda liberal republicana: Manuel Azaña, de Acción Republicana, en Guerra y Álvaro de Albornoz, en Fomento, y Marcelino Domingo del Partido Republicano Radical Socialista, en Instrucción Pública.
• PSOE: Indalecio Prieto (Hacienda), Fernando de los Ríos (Justicia), Largo Caballero (Trabajo)
• Regionalismo: Nicolau D’Olwer, en Marina, de la Acció Republicana de Cataluña, y Santiago Casares Quiroga, en Marina, de la Organización Republicana Gallega (ORGA)
No tardaron en ponerse de acuerdo en torno a lo fundamental: asentar la República y convocar Cortes Constituyentes. Por ello, rechazaron el modelo revolucionario y eligieron el reformista, intentando modernizar el país por la vía democrática y legal. Emprendió una amplia labor legislativa encaminada a abordar los problemas más urgentes, utilizando como vía el Decreto, mientras se preparaba la convocatoria a elecciones. Las principales medidas fueron:
• Legislación social agraria (Largo Caballero): obligación de los patronos a contratar a jornaleros del término municipal, prohibición temporal del desahucio a arrendatarios por impago, establecimiento de Jurados Mixtos, para tratar conflictos en el campo, implantación de la jornada de 8 horas, establecimiento de salarios mínimos y decreto de laboreo forzoso, que obligaba a los propietarios a poner en cultivo las tierras aptas para ello. Las medidas cayeron como una bomba entre los terratenientes.
• Legislación militar (Azaña): exigencia a los militares de prometer fidelidad a la República; posibilidad de abandonar el Ejército conservando el sueldo ; reducción del número de divisiones de 18 a 8; eliminación de los grados de capitán general y teniente general; supresión del Consejo Supremo de Guerra y Marina y de la Academia Militar de Zaragoza; y unificación de escalafones militares, suprimiendo los ascensos irregulares habidos durante la Dictadura.
• Legislación educativa (Marcelino Domingo): creación de 7.000 plazas de maestros, Ley de construcciones escolares (entre 1932 y 1933, 6.570 escuelas), aumento del salario de los maestros, establecimiento de la voluntariedad de la enseñanza religiosa, creación del Patronato de Misiones Pedagógicas para extender la enseñanza entre los adultos.
• Regionalismo: se inicia un proceso para aprobar en Cataluña y el País Vasco su Estatuto de Autonomía, teniendo más éxito el catalán (con un 90% de votos afirmativos en consulta popular del 2 de agosto) que el vasco, este por su excesivo tinte religioso y conservador, por lo que fue paralizado.
Pronto comenzó la radicalización de conflictos y huelgas, paralela a la actitud contraria de patronos y propietarios. Desde finales de abril hay huelgas en cadena en Sevilla, San Sebastián, Asturias y Barcelona. El 6 de junio, la CNT lanza una huelga en Telefónica, retando al gobierno provisional, aunque en el congreso cenetista del 10 del mismo mes triunfarían las tesis moderadas.
Sin embargo, el conflicto que ensombreció el inicio de la República fue el enfrentamiento con la Iglesia, iniciado a través de varios pastorales y de las protestas de los obispos, reunidos en Toledo el 9 de mayo, y pese a los intentos de negociación de Alcalá Zamora y Miguel Maura. Los días 11 y 12 se producen la quema de los conventos. Después del intento de asaltar la sede de ABC, grupos exaltados vieron renacer el viejo anticlerica-lismo y quemaron el convento de los jesuitas situado a espaldas de la Gran Vía, extendiéndose posteriormente a otros conventos de Madrid, Sevilla, Córdoba, Cádiz, Murcia y otras ciudades. Pese a los esfuerzos del gobierno, ardieron un centenar de edificios y el nuevo régimen quedó desacreditado ante las clases propietarias, que encontraron en la defensa de la religión un arma de propaganda antirrepublicana muy eficaz.
La Constitución de 1931
En este contexto se desarrolló la campaña electoral, celebrándose el 28 de junio las elecciones a Cortes Constituyentes. Votaron unos 4,5 millones de electores, el 70% del censo, que dieron la mayoría a la conjunción republicano-socialista. El 14 de julio se constituyeron las Cortes, siendo elegido Presidente, Julián Besteiro. El 28 se ratificaba la confianza en el mismo gobierno provisional y al día siguiente se formo la comisión constitucional, encabezada por Jiménez de Asúa, que presentó un proyecto de Constitución el 27 de agosto. Iniciándose la discusión del articulado el 16 de septiembre. Pronto se vio que los artículos más polémicos iban a ser los referidos a los estatutos de autonomía y los que abordaban la cuestión religiosa. Al final se acordó sobre éstos:
• Disolución de las Congregaciones religiosas de obediencia a autoridad distinta de la estatal, en clara referencia a la Compañía de Jesús
• Desaparición del presupuesto de culto y clero
• Prohibición a que las congregaciones religiosas pudieran ejercer la enseñanza, industria y comercio.
• Sometimiento de las congregaciones a una ley especial
• Libertad de conciencia y culto
• Jurisdicción civil sobre los cementerios
Y provocaron la primera crisis al dimitir Alcalá Zamora y Miguel Maura. Besteiro remodeló el gobierno, asumiendo Azaña la presidencia provisional además del ministerio de la Guerra.
El 20 de octubre se aprueba la Ley de Defensa de la República, que otorgaba a Gobernación amplios poderes en caso de emergencia y permitía suspender garantías constitucionales.
Finalmente, el 9 de diciembre se aprueba la Constitución, y al día siguiente Alcalá Zamora fue elegido primer Presidente de la República. La Constitución constaba de 9 títulos y 125 artículos:
• Afirmación de la soberanía nacional
• Extensa declaración de derechos y libertades entre los que se encuentran:
Sufragio universal para mayores de 23 años, incluyéndose a las mujeres
Matrimonio civil y divorcio y equiparación de derechos de hijos legítimos e ilegítimos
Igualdad en el derecho a la educación
El trabajo como obligación social protegida por la ley
Subordinación del derecho a la propiedad privada al interés público; expropiación.
• Las Cortes son la principal representación del pueblo y principal órgano del Estado. Elegidas cada 4 años, constan de una sola cámara y tienen en exclusiva el poder legislativo, principal sobre los otros 2.
• El Presidente de la República será elegido cada 6 años por los diputados y un número igual de compromisarios; de esta forma se conjuga el sufragio directo con el sometimiento del Presidente a las Cortes.
Este las podía disolver por 2 veces antes del término de su mandato, y en este caso, las nuevas Cortes deberían debatir y votar la idoneidad de la segunda disolución; en caso de voto negativo, el Presidente podía ser depuesto (lo que ocurrió de hecho en 1936)
• El Presidente nombra al jefe de Gobierno y, a propuesta de este, a los ministros, pero éstos deberán ser ratificados por las Cortes, ante quienes responden individualmente.
• Se establece un poder judicial totalmente independiente, con un Tribunal Constitucional, cuyos miembros son elegidos por las Cortes.
• Se prevé la posibilidad de que un conjunto de provincias se constituya en región autónoma, para lo cual deberán presentar su proyecto de estatuto a las Cortes. También recoge las competencias que pueden ser transferidas, prohibiéndose, no obstante, la federación de regiones autónomas, ante el temor a un posible separatismo
En su conjunto es una Constitución progresista, inspirada en los modelos más avanzados de la época (en especial la alemana de Weimar). Sin embargo, por la cuestión religiosa, fue rechazada frontalmente por la Iglesia y los partidos de derecha.
El contexto económico
En 1929 se había producido el crack del 29 que había sumido al capitalismo en una profunda crisis, pero España apenas experimentó la recesión:
• Por la depreciación de la peseta, que impidió el hundimiento de los precios
• Porque la economía española era semicerrada, con escasa relación con los movimientos financieros internacionales.
La economía se mantuvo estancada pero se mostró insuficiente para las reformas que el gobierno republicano se disponía a emprender. No obstante hubo dos factores claramente negativos:
• La crisis del comercio exterior debido al proteccionismo generalizado en todos los países
• El aumento claro y creciente del paro por los problemas internos y por el regreso de emigrantes sin empleo. De los 390.000 parados en 1931, se pasará a 670.000 (el 60% campesinos)
El bienio progresista (1931-1933)
a. Las reformas
El 15 de diciembre se forma el primer gobierno constitucional republicano con Azaña como jefe de Gobierno y el mismo grupo ministerial a excepción de Lerroux. En seguida se pusieron en marcha un conjunto de medidas para modernizar el país, en medio de una situación inestable de huelgas, manifestaciones y levanta-mientos obreros y campesinos; y desde la derecha mediante el boicot, la resistencia ante las reformas y la provocación al gobierno.
Reformas:
• Cuestiones de legislación laboral y social (Largo Caballero, Trabajo). Destacan: la Ley de Contratos de Trabajo, que establecía la negociación colectiva; la Ley de Jurados mixtos, que regulaba la negociación entre patronos y obreros y tenía facultades de arbitraje; la Ley de Asociaciones Profesionales, y, por último la reorga-nización del ministerio, creando las Delegaciones Provinciales y los Inspectores de Trabajo. Pero no pudo sacar adelante la Ley de Intervención Obrera en las empresas por la fuerte oposición patronal.
• La reforma educativa continuó. El gobierno adoptó un modelo basado en la escuela única, pública, obligatoria y gratuita y emprendió un ambicioso programa de construcción de escuelas y de creación de plazas de maestro. Pero no se tuvo tiempo de aprobar una Ley de Instrucción Pública que hubiera modificado los planes de estudio. Las medidas más significativas fueron la eliminación de la religión católica como asignatura y la prohibición del ejercicio de la enseñanza a las Congregaciones religiosas. Fue uno de los principales conten-ciosos con la derecha.
• La reforma militar, continuada por el propio Azaña, además de lo anterior, decretó la supresión de los tribunales de honor y derogó la Ley de Jurisdicciones. Se recortó drásticamente el presupuesto y se redujeron las plantillas. Intentó reorganizar el sistema de acceso, dando primacía a los estudios. Pero su reforma fracasó porque fue incapaz de mejorar la capacidad técnica del Ejército, que continuó en estado precario y provocó el rechazo de buena parte de la oficialidad.
• La reforma agraria. Era la pieza clave. Ya en mayo de 1931 se constituyó la primera comisión encarga-da de elaborar el proyecto. Se trataba de asentar a campesinos en aquellos latifundios no cultivados o excesiva-mente grandes, causa del reparto injusto de la tierra. Se dudaba entre expropiar o asentar a los campesinos sin tocar el derecho de propiedad. Pronto fue el símbolo de la modernización del país y de la resistencia de las clases dominantes. Se presentaron y rechazaron hasta 4 proyectos. Finalmente, el presentado en marzo de 1932 por Marcelino Domingo fue aprobado, gracias al impacto del intento de golpe de Estado del 10 de agosto, que reunió el voto de todos los republicanos de la Cámara. La Ley de Bases para la Reforma Agraria de 9 de septiembre de 1932 afectaba a toda Andalucía, Extremadura, La Mancha y Salamanca. Se expropiaban numerosos latifundios y se creaba el Instituto de Reforma Agraria encargado de hacer el Registro de la Propie-dad Expropiable, al que se dotaba de 50 millones de pesetas anuales para indemnizaciones. Pero su aplicación fue un fracaso. A finales de 1934 sólo 12.000 familias habían sido asentadas. La lentitud y la oposición continua-da de los propietarios exasperó al campesinado que se refugió en posiciones anarquistas y comunistas, Princ.-palmente en Andalucía y Extremadura.
b. Conflictos y oposición
Atrapado entre las movilizaciones obreras y campesinas impulsadas por los sindicatos anarquistas y el Partido Comunista y la intransigencia de patronos y terratenientes el gobierno ante el temor de perder el control del país contribuyó con sus medidas a aumentar la escalada de violencia.
Ya en enero de 1932 se producen enfrentamientos consecutivos en Castillblanco, Arrendó y el Alto Llobregat, entre jornaleros, mineros anarquistas y la Guardia Civil y el Ejército, ocasionando una docena de muertos y decenas de heridos. Entre febrero y septiembre y paralelamente al crecimiento de la conflictividad, tiene lugar la expulsión de los jesuitas y la discusión en las Cortes de los proyectos de Ley agraria y del Estatuto de Autonomía para Cataluña. Este último en especial supuso la formación de una opinión contraria dentro del Ejército por el temor al separatismo y el comienzo de las primeras conspiraciones (Poded, Varela, Sanjurjo)
También se organiza la oposición. Desde la derecha:
• Acción Popular, antigua Acción Nacional, dirigida por Jose María Gil Robles, con predominio de movimientos católicos y algunos monárquicos
• Representantes alfonsinos y carlistas se ponen de acuerdo para luchas juntos
• Los primeros movimientos de tipo fascista, especialmente las JONS de Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo
• La Unión Económica Nacional, confederación de todas las asociaciones patronales del país.
Desde la izquierda:
• La CNT, ya con más de un millón de afiliados, en su Congreso de marzo de 1932 opta claramente por una línea dura y revolucionaria, con los dirigentes de la FAI al frente.
• El PCE también aumenta su militancia a unos 11.000 miembros, imponiéndose la línea radical.
En esta situación y pese a la excelente cosecha el verano transcurre con fuerte tensión política, que alcanzará su cumbre el 10 de agosto con el intento de golpe de Estado del general Sanjurjo, que fracasó en su intento de dar a la República un giro a la derecha.
El golpe incentivó a las izquierdas que consiguieron aprobar la ley agraria y el Estatuto de Cataluña. Las posteriores elecciones a la Generalitat dieron el triunfo holgado a Ezquerra Republicana, siendo nombrado Maciá su primer Presidente Constitucional.
1933 comienza con el terrible suceso de Casas Viejas, un golpe mortal para el gobierno. Allí, miembros de la Guardia Civil masacraron a un grupo de anarquistas: 6 muertos y 12 vecinos posteriormente ejecutados. El escándalo en la prensa fue enorme. Las Cortes abrieron una investigación que dictaminaron la responsabilidad del Director General de Seguridad que tuvo que dimitir, así como el capitán Rojas que mandaba el retén de guardias civiles y que fue encarcelado. Desde ese momento el socialismo empezó a plantearse abandonar el gobierno. A este suceso siguió la discusión de la Ley de Congregaciones Religiosas que supuso un importante enfrentamiento con la derecha.
En los meses que van hasta septiembre se produce una polarización de las fuerzas políticas. Mientras el PSOE se plantea la salida del gobierno y la radicalización de la lucha contra la derecha, acercándose al PCE y a la CNT, en la derecha se consolidad los partidos, fundándose la CEDA (Confederación de Derechas Autónomas) que integrará a toda la derecha católica, dirigida por Gil Robles. Otros grupos se situarán todavía más a la derecha como los monárquicos de Renovación Española y la Falange Española de José Antonio Primo de Rivera, fundada en febrero de 1932, con el objetivo de modificar la Constitución y eliminar las reformas aprobadas.
Tras un verano tenso, en septiembre se desencadena la crisis del gobierno, cuando sus candidatos al Tribunal de Garantías Constitucionales fueron derrotados. El día 8 Alcalá Zamora inicia consultas para nombrar nuevo jefe de gobierno; tras fallidos intentos con Besteiro, Prieto y Lerroux, fue el lugarteniente de éste, Martínez Barrio, quien formó gobierno en octubre con el acuerdo de disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones.
Durante la campaña electoral la izquierda se dividió, mientras que la derecha se unió y su victoria fue clara, 227 escaños frente a 101. Las causas de la victoria fueron básicamente el desgaste del gobierno, la unidad de la derecha, la división de las izquierdas, el voto femenino mayoritariamente de derechas y la amplia abstención de las zonas de predominio obreros, por la petición de abstención propuesta por la CNT.
El Bienio radical-cedista (1934-1936)
a. Las primeras medidas
Dividido en dos etapas por la Revolución Socialista de octubre de 1934.
A los pocos días de la victoria de la derecha, la CNT desencadenó una insurrección armada, que causó 89 muertos y 163 heridos, siendo encarcelados 700 insurgentes y cerrados los locales y periódicos anarquistas.
El 18 de diciembre Lerroux forma un gobierno de radicales con el apoyo parlamentario de la CEDA. La gestión de los primeros nueve meses fue difícil y conflictiva, en parte por la poca unión del propio gobierno y, en parte, por la presión cedista. Sus principales medidas tendieron a eliminar los avances del bienio anterior:
• La Ley de Amnistía, que afectaba a los que habían participado en el golpe de Estado del 10 de agosto, que supuso la salida de Lerroux del gobierno por no mostrarse de acuerdo Alcalá Zamora.
• La paralización de la reforma agraria, la derogación de la ley de Términos Municipales y del decreto de intensificación de cultivos, que supuso la práctica expulsión de sus asentamientos de miles de yunteros extremeños en agosto de 1934. También se decretó la libertad de contratación y de fijación de salarios en el campo.
• La paralización de la reforma militar de Azaña, restituyendo en puestos clave a militares antirrepublicanos como Cabanellas, Poded, Mola o el propio Franco.
• Intento de acercamiento a la Iglesia, mediante la fijación de derechos pasivos y la paralización del proceso de secularización de la enseñanza.
• Enfrentamiento con los nacionalistas vascos, cuyo nuevo proyecto de Estatuto fue paralizado. Y con los catalanes cuya Ley que convertía a los arrendatarios de tierras en propietarios al cabo de 12 años fue recurrido ante el Tribunal de Garantías Constitucionales y declarada anticonstitucional.
Paralelamente se mantuvieron las huelgas, los debates encendidos y la división creciente entre las derechas y las izquierdas.
En la derecha se forman tres grupos básicos: Falange Española y de las Jons, renovación Española, partido de los monárquicos y, sobre todo, la CEDA. Las Juventudes de Acción Popular (JAP) actuaban ya como una milicia fascista a clamando a Gil Robles como el «Jefe» a imitación de los modelos alemán e italiano.
En el centro, cada vez más desprestigiado por su colaboración con la CEDA, se sitúa el Partido Radical de Lerroux, dividido tras la marcha de Martínez Barrio, el partido de Maura y el PNV.
En la izquierda se reconstruye la izquierda republicana. En abril de 1934 nace la Izquierda Republicana de Azaña, aglutinando al PRRS de Marcelino Domingo y la ORGA de Casares Quiroga. En septiembre, Martínez Barrio funda la Unión Republicana. Mientras la izquierda obrera se radicaliza: el PSOE, liderado por Prieto y Largo Caballero, impone la preparación de una revolución en el caso de que la CEDA llegue al gobierno y se hacen con el control de UGT. Las Juventudes Socialistas se acercan a los comunistas gracias al liderazgo de Santiago Carrillo. El PCE inicia un acercamiento al PSOE para crear un frente antifascista. Sólo la CNT se mantiene al margen.
Ante la serie de medidas adoptadas contra la reforma agraria, la UGT convoca una huelga general de campesinos, que duró 12 días y se extendió por 38 provincias, que acabó en fracaso por la dura represión del gobierno: 13 muertos y 7.000 detenidos, cierre de las Casas del Pueblo y periódicos socialistas. El movimiento campesino tardó meses en recuperarse.
b. La revolución de octubre de 1934
El clima de violencia y de tensión política generó una situación explosiva que llevó a los dirigentes obreros a preparar una insurrección armada ante el temor de que la CEDA entrase en el gobierno. El 4 de octubre entran en él 3 cedistas. Esa misma tarde los dirigentes socialistas dan la orden de huelga. El día 5 el paro es general en todas las ciudades, pero no en el campo.
En Asturias, desde el primer día, la movilización es una insurrección armada revolucionaria. Todos los obreros están en armas, organizados y preparados. En 2 días controlan los principales núcleos urbanos y conquistan, enfrentándose al Ejército, la propia capital. Pero el movimiento fracasó en Madrid, cuando el gobierno ordenó el acuartelamiento de las tropas y la detención de los principales dirigentes socialistas y comunistas. En Cataluña, su presidente Companys mantuvo la esperanza de triunfo hasta que el general Goded ordenó el bombardeo de la Generalitat.
Hacia el día 12 la insurrección estaba sofocada en todas partes menos en Asturias. Pero la intervención del ejército fue aquí decisiva. Francisco Franco, con plenos poderes, entregó el mando de las operaciones al general López Ochoa que el día 19 conseguía la rendición de los obreros. El balance fue brutal: 1.051 muertos y el doble de heridos entre los insurrectos y 284 muertos y 900 heridos entre las fuerzas del orden y el ejército. Además, 30.000 detenidos. Tras esto, izquierdas y derechas se ven abocadas al enfrentamiento que cristalizará en la formación de las dos grandes coaliciones que se enfrentarán en las elecciones de febrero de 1936.
c. El final del bienio derechista
A lo largo de 1935 hay varios procesos paralelos:
• El enfrentamiento ante las represalias por la revolución de octubre entre los partidarios de llevarla hasta el fin, ejecuciones incluidas y quienes reclamaban una amnistía. A finales de marzo, Lerroux firmó los indultos de los principales dirigentes de la insurrección, provocando el abandono del gobierno por los cedistas, aunque más tarde volverían a entrar, con Gil Robles en Guerra.
• Un agrupamiento de la derecha antirrepublicana en el llamado Bloque Nacional, formado por sectores monárquicos y oligárquicos, encabezado por Calvo Sotelo, Goicoechea y Alba, y con personajes como Maeztu, Saínz Rodríguez o Rodezno, de ideología ultraconservadora. Defendían un estado autoritario y corporativo, similar al fascista. Será la alternativa a la CEDA porque Falange es un partido con escasa repercusión popular. A lo largo del año tanto Calvo Sotelo como Gil Robles contactan con diversos generales para prever la posibilidad de un golpe de Estado.
• El acercamiento entre todas las fuerzas de la izquierda, burguesa y obrera. Exigen amnistía y reclaman la disolución de las Cortes y nuevas elecciones. Azaña se convertirá en el líder. Mientras el PSOE impone la línea dura y favorable al entendimiento con los comunistas.
En 1935 el gobierno de derechas continúa con su política de rectificación de las reformas anteriores:
• Suspensión del Estatuto de Cataluña
• Nueva Ley de Reforma Agraria (1 de agosto), auténtica contrarreforma que en la práctica paralizó la Reforma agraria. La Ley de Arrendamientos impedía que los arrendatarios pudieran acceder a la propiedad y, en agosto, la no renovación de la Ley de Yunteros, los campesinos extremeños fueron expulsados de las tierras que el gobierno de Azaña les había entregado. En noviembre de 1935 el paro afectaba ya a 800.000 personas.
La situación del gobierno era muy inestable al tener que verse arropado por el extremismo de la CEDA y la actitud de Alcalá Zamora, cada vez más crítico con el gobierno por su alejamiento de la Constitución. El nombramiento de Franco como jefe del Estado Mayor y a Banjul, Goded y Mola, proclives al golpe de Estado, en los principales mandos del ejército, fue también una fuente de recelos de la izquierda y del propio Presidente de la República.
La crisis definitiva se desencadenará en octubre, cuando estalla el escándalo del estraperlo (autorización de los principales altos cargos radicales, a cambio de sobornos, a un fabricante holandés, Strauss, para introducir en los casinos españoles una máquina de juego), que hunde a Lerroux. Después de varios intentos de gobiernos de concentración, el 30 de diciembre, Portela Valladares, formó un gobierno con el compromiso de Alcalá Zamora de disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones.
Las elecciones de 1936 y el Frente Popular
El 15 de enero se firma el Pacto del Frente Popular basado en un programa mínimo, de orientación más bien de izquierda republicana burguesa: poner en marcha las reformas del primer bienio, decretar una amnistía y anular todas las represalias por la revolución de octubre y restablecer las garantías constitucionales. Al pacto se unieron Izquierda Republicana, Unión Republicana, el PSOE, el PCE y el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista, de tendencia trotskista) La CNT no entró, pero no pidió la abstención.
La otra gran coalición se formó en la derecha, entre el Bloque Nacional y la CEDA, aunque esta última llegó a acuerdos parciales en algunas circunscripciones con radicales y partidos republicanos, lo que provocó confusión al presentarse dos candidaturas de derecha en muchas provincias. Tampoco tuvo un programa firme y coherente, tan sólo les unía el rechazo a la revolución, al marxismo y la amenaza de la victoria del Frente Popular. Tanto Falange como el PNV se mantuvieron al margen de la coalición de derechas.
Las elecciones se celebraron sorprendentemente con bastante orden. El 72% acudió a votar. La izquierda triunfó en las grandes ciudades, en las provincias del sur y en la periferia, mientras que las derechas se impusieron en el norte y en el interior. La victoria de las izquierdas fue notable: 263 escaños frente a 210.
En los días siguientes, sin esperar a una segunda amnistía ni a la proclamación de los resultados, se abrieron las cárceles. El 19, Portela Valladares dimitió, siendo sustituido por Azaña, que formó un gobierno con republicanos de izquierda, sin el PSOE..
Rápidamente se puso en marcha de forma acelerada su programa: amplia amnistía, reposición en el puesto de los funcionarios expulsados tras octubre de 1934 y comenzó a restablecer la legislación del primer bienio. También alejó de Madrid a los generales sospechosos de conspiración: Franco a Canarias, Goded a Baleares y Mola a Pamplona.
Los sindicatos agrarios comenzaron a ocupar fincas y a ponerlas en explotación. El 20 de marzo, un decreto autorizaba al IRA a expropiar cualquier finca, reteniendo el propietario la propiedad hasta que se resolviera la indemnización. La resistencia de los terratenientes provocó el enfrentamiento entre campesinos y guardia civil. Desde febrero al 17 de julio se expropiaron más de medio millón de hectáreas y se asentó a 108.000 familias.
Pero el gobierno se encontraba entre dos frentes, entre una derecha que inicia la conspiración que llevó al levantamiento militar de julio y una izquierda obrera radicalizada que no le apoyó en ningún momento. Poco a poco se perdió el control de las calles, produciéndose algaradas, provocaciones y asesinatos.
Nada más constituirse las Cortes y tras amplio debate Alcalá Zamora fue destituido pues había disuelto las Cortes en dos ocasiones y las nuevas estimaron improcedentes la disolución de la anterior. La decisión respondió, al parecer, a un acuerdo entre Azaña y Prieto para asumir respectivamente la presidencia y la jefatura del gobierno, resucitándose la coalición republicano-socialista del primer bienio.
Azaña fue elegido Presidente de la República, pero Prieto no consiguió formar gobierno al no contar con la aprobación de su partido, al imponerse las tesis radicales de Largo Caballero sobre las centristas de colaboración con la izquierda burguesa que proponía Prieto. Azaña optó entonces por encargar formar gobierno a Casares Quiroga, que los hizo con miembros de Izquierda Republicana y Unión Republicana.
Entre mayo y julio se suceden los acontecimientos:
• El restablecimiento de la legislación progresista del primer bienio y la tramitación de los Estatutos de Autonomía vaso y gallego. El primero tuvo que esperar a octubre, con la guerra iniciada, a ser aprobado y, el segundo, se aprobará en junio tras plebiscito.
• Enfrentamientos entre grupos radicales que no pudo atajar el gobierno. El 16 de junio en áspero debate parlamentario, Gil Robles da las siguientes cifras: 269 homicidios, 1.287 heridos, 170 iglesias quemadas, 133 huelgas generales y 216 parciales en cuatro meses, acusando al gobierno de ser el responsable único. Pero las cifras son exageradas. En el mismo debate se produce un enfrentamiento entre Calvo Sotelo, que insinúa la posibilidad de un golpe militar y Casares Quiroga le responde que, si algo ocurre, que no ocurrirá, haré a su señoría responsable de todo.
• La conspiración militar, que ya venía desde diciembre de 1934 con los primeros contactos entre Fanjul, Varela y Gil Robles. Pero desde el mismo momento de las elecciones la derecha llega a la conclusión de que sólo un golpe militar puede ser capaz de acabar con la inminente revolución socialista. Se unieron los principales líderes políticos de la derecha (Gil Robles, Calvo Sotelo, Goicoechea, Saín Rodríguez, que negoció con Mussolini la ayuda material y económica para el golpe; el carlista Fal Conde, y el mismo Jose Antonio Primo de Rivera, detenido en Alicante por tenencia ilícita de armas), los representantes de la oligarquía económica (Gamazo, Juan March) y los generales antirrepublicanos (Mola, Varela, Goded, Banjul, Franco y Saliquet). Un primer intento para el 20 de abril fracaso y, entonces, Mola, toma el mando de la conspiración bajo el nombre de El Director y prepara el golpe para julio.
El golpe se acelera a raíz del asesinato el 12 de julio de un oficial de la guardia de asalto, el teniente Castillo, que fue respondido de madrugada por sus compañeros con el asesinato y secuestro del José Calvo Sotelo. Al parecer este hecho es el que decide a Franco a participar en la sublevación, que se inicia el 17 de julio por la tarde en Marruecos ante la inoperancia de un gobierno que siguió creyendo durante muchas horas que se trataba de un intento limitado y condenado al fracaso. Dos días después, la guerra civil era un hecho.
1. Causas del golpe de Estado
• La crisis marroquí, derivada del desastre de Annual. La derrota provoca dos movimientos de oposición; por un lado el ejército que pide un cambio de rumbo político y más medios para vengar la afrenta producida por Abd-el-Krim, y por otro la opinión pública contraria a la guerra que exige responsabilidades. Ante la negativa a aumentar el presupuesto, los militares, especialmente los africanistas se suman al golpe.
• El problema de las responsabilidades por el desastre. La tramitación del expediente Picasso dio lugar a fuertes enfrentamientos en las Cortes y en el estamento militar, pues las responsabilidades se extendían al Alto Comisario de Marruecos, el general Berenguer y al propio rey. La disolución de las Juntad de Defensa en 1922 contribuyó a soliviantar los cuarteles.
• El orden público. Desde 1919 se sucedían disturbios, huelgas y enfrentamientos callejeros. La patronal había evolucionado hacia posturas intransigentes, llegando a estar en Barcelona detrás del llamado Sindicato libre, un grupo de pistoleros enfrentado a los anarquistas a tiro limpio. Los asesinatos arreciaron cuando las fuerzas policiales comenzaron a aplicar la llamada Ley de fugas. El clima se agravó especialmente tras el asesinato de Eduardo Dato en 1921, a manos de tres anarquistas por haber impulsado la ley de fugas desde el gobierno. Ante tal situación los sectores oligárquicos apoyaron el golpe.
• El auge de los nacionalismos. Sentidos como una amenaza separatista por parte de los grupos conservadores y amplios sectores del Ejército, aunque por entonces estaba lejos de ser una realidad.
• Los conflictos internos en los partidos del régimen. Divididos, incapaces de conseguir gobiernos estables, consiguieron el desprestigio del sistema parlamentario. Republicanos, regionalistas y, sobre todo, socialistas, obtuvieron un importante éxito electoral en la primavera de 1923 con la promesa de terminar con la guerra de Marruecos. Tal ascenso era una seria amenaza para el modelo político-social de la Restauración.
• La presión de la opinión pública. Desengañada del régimen y exasperada por la ineptitud para atajar el problema del caciquismo, el alza de precios y la cuestión marroquí, se manifestaba a través de la prensa, tanto de izquierdas como de derechas. La posibilidad de un hombre fuerte que pusiera orden comenzó a ganar adeptos.
• La posición del rey que, aunque no estuvo detrás del golpe, no se opuso y contribuyó a que el nuevo régimen dictatorial se afianzara, ligando su futuro al de su propia persona.
• El contexto internacional. En 1923 se ha producido ya la Marcha sobre Roma de Mussolini, mientras que en Centroeuropa predominaban los gobiernos autoritarios, al tiempo que retrocedían las democracias. El propio Primo de Rivera se declarará partidario del fascismo, viajando con Alfonso XIII a Roma en 1924.
La conspiración se va fraguando a lo largo de los meses que transcurren entre las elecciones de primavera y el mes de septiembre. Desde junio, los principales generales llegan al acuerdo de organizar el golpe, instaurar un gobierno fuerte y evitar la desunión del Ejército. En los primeros días de septiembre acuerdan que sea Primo de Rivera, Capitán General de Cataluña, quien lo dirija. Este redacta su Manifiesto y el día 12 se subleva. El golpe triunfa gracias al silencio de Alfonso XIII, quien, tras retrasar su regreso a Madrid desde San Sebastián, acaba, en la mañana del día 14, encargando al golpista la jefatura de gobierno.
2. La formación del Directorio Militar.
El nuevo régimen se presentó al país como un proyecto regeneracionista que quería corregir los defectos del sistema político, acabar con el caciquismo, pero manteniéndose fieles al modelo de la Restauración.
Pero ya las primeras medidas tomadas nos advierten que se quiere implantar una Dictadura en la que el Ejército monopolizará el poder. El día 15 el rey nombra a Primo de Rivera ministro único y este forma, a título consultivo, un Directorio militar, cuyas primeras medidas fueron:
• Declarar el «estado de guerra» en todo el territorio
• Sustituir los gobernadores civiles por militares
• Sustituir la mayor parte de los altos cargos de la Administración por militares o por funcionarios de segunda fila que hubieran destacado por su eficacia y moralidad.
• Suspensión de las garantías constitucionales sobre tiempo de detención, mandamiento judicial previo, libertad de domicilio, asociación, reunión y expresión.
• Disolución del Congreso y de la parte electiva del Senado. El poder legislativo quedaba eliminado.
• Férrea censura de prensa sobre la Dictadura y sobre la guerra de Marruecos.
Hasta el mes de diciembre actúa como gobierno provisional, pero a partir de enero de 1924 se toman una serie de medidas para institucionalizar el régimen militar, que se prolongará hasta diciembre de 1925.
No obstante, la oligarquía de terratenientes e industriales siguió controlando la vida económica y social, aprovechándose del orden social para incrementar su fortuna en medio de la ola de prosperidad que caracterizó a los primeros años veinte.
Las principales actuaciones fueron:
• Reestructuración de la Administración para acabar con el caciquismo y la corrupción. Estatuto Municipal (1924) y Estatuto Provincial (1925). El primero, obra de José Calvo Sotelo buscaba una mayor autonomía para los municipios y acabar con el caciquismo, pero en la práctica la autonomía quedó recortada al darse a los gobernadores excesivas competencias. No obstante, se produjeron avances: inversiones en riegos, alcantarillado, obras públicas, dotaciones escolares y sanitarias, en parte facilitado por la prosperidad económica. Con el Estatuto Provincial se buscaba reforzar el control del Estado a través de los gobernadores provinciales, primeros militares y luego civiles, que controlaban el poder ejecu- tivo y nombraban a alcaldes y diputados provinciales. También se crearon como auxiliares suyos, los delegados gubernativos en cada partido judicial, a sus órdenes y con competencias de fiscalización de la vida local.
• El apoyo al régimen. Para reforzarlo e impulsar el espíritu cívico Primo de Rivera extendió la institución catalana del Somatén a todo el país, como un cuerpo armado auxiliar y contrarrevolucionario, pero que fuera de Cataluña apenas tuvo implantación. Fue sobre todo la Unión Patriótica el modo de coordinar y unificar los apoyos a la Dictadura. Concebido como un partido único, y toda vez que se habían disuelto las Cortes, necesitaba cuadros locales y nacionales que sustentasen el régimen. En 1926, de esta organización saldrían los miembros de la Asamblea Nacional que intentaría dar una nueva Constitución a la Monarquía.
• El problema regionalista, fue uno de sus grandes fracasos. Para el dictador regionalismo y separatismo resultaban sinónimos. Prohibió el uso de la bandera nacional y su himno, al tiempo que restringía el uso del catalán al ámbito privado. En enero de 1924 disolvía las Diputaciones, la Mancomunidad catalana fue languideciendo, al tiempo que los político catalanes le retiraban su inicial apoyo. Lo que empujó al nacionalismo catalán hacia la República, bajo el liderazgo de Francesc Maciá.
• El orden público. Metido en el mismo saco el movimiento obrero, el terrorismo anarquista y la delincuencia, se dictaron instrucciones para reprimir cualquier tipo de manifestación o protesta.
• La cuestión de Marruecos. Fue su principal éxito. En un principio se mostró partidario de negociar: disminuyó los efectivos militares, se retiró de Yebala y Xauen, y amnistió a los encausados por el expediente Picasso. Esto motivó la reacción de los militares africanistas, encabezados por Sanjurjo, Queipo de Llano, Millán Astral y Francisco Franco, que llegaron casi a la insubordinación. Afortunadamente, el avance de Abd-el-Krim sobre territorio del protectorado francés, provocó la petición de colaboración por parte francesa en abril de 1925. En el mes de septiembre se produce el desembarco de Alhucemas en plena retaguardia marroquí. Apenas un año después Abd-el-Krim es derrotado. La victoria fue muy popular y le renovó el apoyo de la oligarquía, dando un respiro a la Dictadura cuando la oposición co-menzaba a organizarse.
3. El Directorio civil. La evolución económica, social y política.
Sustituye al anterior en diciembre de 1925, con sólo un militar en Gobernación. Destacaban en este primer gabinete, Calvo Sotelo en Hacienda, el conde de Guadalhorce en Fomento y Eduardo Aunós en Trabajo. Supuso la vuelta del ejército a los cuarteles. Propuso la formación de una Asamblea Nacional Consultiva ya en 1926, pero no convocada hasta el año siguiente. Constituida por 400 miembros elegidos como representación orgánica de municipios, provincias, Iglesia, Ejército, sectores de la cultura, intereses económicos… mediante un proceso electoral de sufragio restringido y corporativo. Se le encargó la misión de elaborar el equivalente a una nueva Constitución.
El proyecto de texto se presentó en 1929 y no satisfizo a nadie. Promulgaba un Estado no democrático, sin soberanía nacional ni división de poderes, con una Cámara única, la mitad de cuyos miembros era nombrado por la Corona, y en el que se otorgaba al rey amplios poderes ejecutivos y legislativos. Pero la Asamblea resultó un fracaso. La Unión Patriótica no llegó a arraigar. En 1929 estaba claro que ni la Asamblea ni el partido sobrevivirían al dictador.
Si el régimen aguantó hasta 1930 fue por la bonanza económica surgida tras los acuerdos de Locarno (1925) y los planes de financiación norteamericana en Europa. La industria española creció y también lo hizo la agricultura, aunque en menor grado, coincidiendo con una escasa conflictividad basada en la estabilidad del empleo y el sostenimiento de los salarios. La dictadura aprovechó para realizar una política de intervención económica de carácter paternalista que no permitió hacer los cambios estructurales necesarios y no se tradujo en un auténtico desarrollo. Su realización más importante fue la política de inversiones en infraestructuras.
En cuanto a política social, Primo de Rivera creó el Consejo Nacional del Trabajo en 1924 que, a partir de 1925, con la llegada de Aunós al Ministerio de Trabajo, produjo una legislación corta, paternalista, pero positiva:
• El Código de Trabajo que regulaba los contratos, los tribunales laborales y los accidentes.
• La aprobación en 1926 del subsidio para familias numerosas
• En 1929 se creaba el seguro de maternidad y apoyo a los emigrantes
• En 1926 se constituye la Organización Corporativa del Trabajo, imitando el modelo italiano, con el que se trataba de formar organizaciones mixtas de patronos y obreros para regular los problemas laborales. La organización funcionó sin apenas enfrentamientos. La UGT y el PSOE se dividieron entre quienes eran partidarios de colaborar con el régimen y quienes, como Indalecio Prieto o Fernández de los Ríos, se negaban a ello. En los primeros años hubo colaboracionismo, pero tras la muerte de Pablo Iglesias en 1925, su sucesor, Julián Besteiro, rechazó seguir la misma línea y pasó a la oposición. El anarquismo también quedó dividido entre los que proponían la lucha pacífica y los que defendían la insurrección armada. Estos últimos fundarían en 1927 la Federación Anarquista Ibérica (FAI). El Partido Comunista, prohibido por el régimen, siguió creciendo, pero con escaso peso social y político.
4. La oposición a la Dictadura y la caída de Primo de Rivera.
A partir de 1927, la incapacidad del régimen para renovarse, junto a la irritación de los grupos de oposición por el inmovilismo y el desgaste de la Monarquía, hace revivir las movilizaciones y precipitan su final.
Los grupos opositores fueron:
• La vieja clase política de los partidos del turno, que se negaron a colaborar, exigen del rey la convocatoria de elecciones y el restablecimiento de la Constitución, ante la negativa del rey, se fueron alejando de la institución monárquica, llegando algunos al republicanismo, como Alcalá Zamora.
• El movimiento republicano no se activó hasta 1926 con la fundación de Alianza Republicana, que contó con unos 100.000 afiliados. En 1929 se funda el Partido Republicano Radical Socialista. Y numerosos intelectuales como Unamuno, Ortega e el socialista Prieto pasaron a apoyar a la República.
• El Ejército, también vio crecer el descontento provocado por las rivalidades personales, arbitrariedades en los ascensos, incidentes como la Sanjuanada de 1926 que enfrentó al arma de Artillería con Primo de Rivera y la oposición de los sectores más liberales, con Queipo de Llano, Weyler y Aguilera al frente.
• La intelectualidad también se opuso a la Dictadura, destacando Unamuno, Marañon y Jiménez de Asúa por su combatividad. Los de la generación del 27 no se movilizarían hasta 1930.
• La izquierda obrera comenzó a movilizarse a partir de 1927, radicalizándose desde 1929 cuando la crisis económica sacudió de nuevo al país.
La descomposición de la dictadura es ya evidente desde mediados de 1928, y aunque la propia enfermedad del dictador contribuyera a ello, lo cierto es que la incapacidad para encontrar una salida al régimen acabó por hundirla. En febrero de 1928 se produce un intento de sublevación militar. Desde marzo se suceden las manifestaciones universitarias organizadas por la FUE (Federación Universitaria Escolar), respondiendo el gobierno con el cierre de la Universidad de Madrid y la detención del líder estudiantil, Sbert. En respuesta, Ortega, Sánchez Román, Jiménez de Asúa y Menéndez Pidal abandonan sus cátedras.
En otoño, los disturbios crecen al sumarse las huelgas obreras provocadas por el hundimiento de la peseta, la crisis financiera y la inflación. Los propios empresarios criticaron abiertamente la política gubernamental. Primo de Rivera, enfermo y presionado hace un último intento ante el rey, presentando un nuevo proyecto de Asamblea Única y régimen autoritario. El rey aplaza su respuesta y el 27 de enero de 1930, en medio de preparativos de conspiración militar (Goded y Ramón Franco), el dictador presenta su dimisión. Tas hacer un nuevo Manifiesto de despedida se exilia en París, donde morirá mes y medio más tarde.
5. El gobierno Berenguer. La transición a la República.
Alfonso XIII encarga formar gobierno a su Jefe de la Casa Militar, el general Berenguer. Su objetivo era preparar la vuelta al régimen constitucional, pero pronto se vio su imposibilidad. Poco hábil y falto de apoyos, su ministro, Argüelles, cometió el error de reducir el gasto público, paralizando las obras públicas justo cuando empezaban a sentirse los efectos del «crack» del 29 y aumentando el paro.
A lo largo de 1930 la oposición fue organizándose:
• Algunos monárquicos tradicionales se declararon «monárquicos sin rey», mientras otros se pasaban al republicanismo, como Alcalá Zamora o Miguel Maura. Sólo la línea dura, representada por La Cierva o Angel Herrera, mantuvieron su apoyo al rey a través de la Unión Monárquica Nacional.
• Se multiplicaron los partidos republicanos: Acción Republicana (Azaña y Giral), Partido Republicano Radical (Lerroux), Partido Republicano Radical Socialista (Marcelino Domingo)
• El regionalismo se hizo republicano: la Organización Republicana Gallega Autónoma (Casares Quiroga), el Estat Catalá de Maciá.
• El movimiento obrero giró también hacia el republicanismo a partir de 1930.
• Sectores intelectuales y estudiantiles
• Sectores del Ejército, especialmente los jóvenes oficiales del Cuerpo de Aviación y el Arma de Artillería.
En agosto se reúnen los principales representantes de los partidos republicano y regionalista: Pacto de San Sebastián. Se organiza un Comité Revolucionario, encabezado por Alcalá Zamora, encargado de contactar con los militares y los partidos obreros para organizar un levantamiento. El socialismo se une al Pacto en octubre y poco más tarde lo hará la CNT. Los acontecimientos se precipitan. Se prepara el golpe para el 15 de diciembre, dirigido por Queipo de Llano y Ramón Franco. El día 12, ante el temor a que se descubra, los capitanes Fermín Galán y García Hernández se sublevan en Jaca, pero serán reducidos y ejecutados. Al día siguiente la mayor parte del Comité Revolucionario es detenido y encarcelado, mientras el resto pasa a la clandestinidad. Pese a ello, los conjurados lo intentan el 15 en Cuatro Vientos, pero faltos de apoyo, huyen a Portugal en avión
No obstante, el paro, la inflación y la tensión social empujan a la opinión pública hacia la oposición. En febrero, varios intelectuales, como Ortega y Pérez de Ayala, publican un manifiesto en defensa de la República, respondiendo el gobierno reinstaurando la censura.
En ese mismo mes Berenguer hace un intento por convocar elecciones, pero sólo los más conservadores estaban dispuestos a participar. Ante ello, dimite el 14 de febrero. Alfonso XIII, tras el fracasado intento de Sánchez Guerra por incorporar a un posible gobierno a los miembros del Comité Revolucionario, encarga formar gobierno al almirante Aznar, que improvisó uno de circunstancias que se limitó a convocar elecciones municipales para el día 12 de abril. En las semanas siguientes, el juicio contra los sublevados en Cuatro Vientos y contra el Comité Revolucionario, se convirtió en un auténtico mitin republicano y los acusados salieron en libertad ante el escándalo de la prensa monárquica.
Las elecciones del 12 de abril se realizaron sin incidentes porque nadie esperaba un cambio radical. Sin embargo, aunque la mayoría de los concejales resultaron monárquicos, los republicanos fueron elegidos en prácticamente la totalidad de las capitales de provincia y en las ciudades importantes, donde las elecciones fueron más limpias. Como reconoció el propio Aznar el día 13 a los periodistas, el país se había acostado monárquico y se había levantado republicano.
Alfonso XIII
El nacimiento del regeneracionismo coincide con la llegada al trono de Alfonso XIII en 1902 (16 años) Inteligente, espontáneo y atractivo, pero algo superficial y aficionado a la intriga política hay que reconocerle su buena voluntad por ser rey de una nación que acababa de sufrir la crisis de 1898.
La escasa preparación política que tuvo durante su educación y las prerrogativas reales que le concedía la Constitución, le llevó a nombrar y cesar jefes de gobierno en sus primeros años de reinado, provocando cierta inestabilidad política hasta 1907. Tal actuación produjo la acuñación del término crisis orientales, en alusión al Palacio de Oriente y la participación que en ellas tenía el rey.
A partir de 1907 comenzó a consultar a todos los jefes de partido en las crisis políticas y tendió a someterse a las sugerencias de los presidentes del Consejo de Ministros, con lo que permitió una interpretación más liberal de la Constitución; aunque, dado el enorme poder que ésta le había atribuido y el fraudulento sistema electoral, cada vez que deponía a un jefe de gobierno era criticado por considerarse su conducta fruto de la inexperiencia, mientras que, el que ganaba su confianza y accedía a dicho cargo, solía pensar que lo hacía por sus propios medios. De ahí la mala imagen que tuvo en determinados momentos de su reinado.
El regeneracionismo de los partidos dinásticos
En 1902, sustituye al desgastado Sagasta, Francisco Silvela, jefe del partido Conservador. Austero y moralista intentó apelar a las masas neutras del país para introducir cambios en la vida pública. Sin embargo, su actuación contradictoria le llevó a abandonar el ejecutivo un año más tarde y a dejar la presidencia del partido Conservador unos meses después. Los conservadores quedaron tras él divididos entre los que apoyaban a Raimundo Fernández Villaverde, ministro de Hacienda, y los seguidores de Antonio Maura, que no pudo, al frente del gobierno conseguir la estabilidad necesaria y dejó el poder a fines de 1904.
El partido liberal-progresista, por su parte, había quedado huérfano tras la muerte de Sagasta en 1903 y se decidió por la rotación al frente del partido y del gobierno al que accedieron momentáneamente los liberales tras la caída de Maura. El primero fue Eugenio Montero Ríos, en plena decadencia política y enfrentado a dos graves problemas: la absurda estructura del ejército y la crítica a su actuación durante la guerra contra EE.UU. Le sustituyó Segismundo Moret, que presentó un programa de reformas, pero que tampoco logró el incondicional apoyo del partido liberal. Además, a los problemas anteriores, se le sumó el enfrentamiento con los conservadores porque quiso restringir la presencia en la sociedad de las órdenes religiosas. Tras su caída, se sucedieron una serie de gobiernos liberales de muy poca duración y sin programa coherente, lo que facilitó la vuelta de los conservadores al poder.
El «gobierno largo» de Maura (1907-1909)
Su experiencia anterior le había convencido de la necesidad de atraerse a las masas neutras y para ello realizó una intensa acción política desconocida hasta entonces:
• Disposiciones de carácter económico que constituyen el inicio de una política nacionalista y de intervencionismo estatal: la Ley de protección de la industria nacional o la de fomento de industrias y comunicaciones marítimas, que repercutieron de manera positiva sobre la siderurgia vasca.
• Disposiciones de carácter social: creación del Instituto Nacional de Previsión y la promulgación de las leyes del descanso dominical, de colonización interior, de emigración, de los tribunales industriales… El ministro de la Gobernación, Juan de la Cierva, reorganizó la policía y reprimió el bandolerismo.
• Disposiciones de carácter político: reforma de la Ley Electoral (1907), que introducía el voto masculino obligatorio, el nombramiento automático de las mesas electorales o la intervención del Tribunal Supremo para la determinación de la validez de las actas electorales, pero no se consiguió mayor limpieza.
• Disposiciones de carácter administrativo: Ley de Administración Local, para dar mayor autonomía a los ayuntamientos. Se incluyó la posibilidad de crear mancomunidades, recogiendo los deseos de Solidaridad Catalana que había vencido en las elecciones municipales catalanas en 1907.
Sin embargo, en el mes de julio de 1909, Maura, que hasta entonces no había tenido mayores problemas, hubo de enfrentarse al triste episodio de la Semana Trágica de Barcelona.
La situación de inestabilidad social existente en Barcelona motivada por la confluencia del movimiento catalanista y la agitación social obrera, estalló cuando el gobierno decidió enviar a reservistas catalanes casados para sofocar un incidente habido en Marruecos, cerca de Melilla. En 1906, en virtud del Tratado de Algeciras, Marruecos había quedado dividido en dos zonas coloniales entre Francia (la mayor parte) y España (el norte). Ello obligó a España a iniciar la colonización con la oposición de los marroquíes.
Durante el embarque de las tropas se produjeron enfrentamientos y protestas canalizados y dirigidos por los políticos de izquierdas. Entre el 25 de julio y el 1 de agosto Barcelona vivió jornadas de desórdenes. La revuelta fue reprimida con gran dureza. El gobernador civil dimitió ante los excesos militares y del ministro de la Gobernación. De la Cierva aisló Cataluña porque decía que el movimiento, en el fondo, era catalanista. Los radicales de Lerroux y los anarquistas fueron culpados sin razón, pues la revuelta careció de contenidos políticos y objetivos concretos, aunque en una semana se quemaron 63 edificios y murieron más de 100 personas.
Fueron arrestadas más de 1.000 personas y hubo condenas a muerte, aunque sólo fueran ejecutadas 5, siendo Francisco Ferrer Guardia la persona más conocida, por ser el creador de escuelas anarquistas en Barcelona y convertido desde entonces en un mito.
Después de la durísima represión, los liberales exigieron la salida de Maura, aceptada por el rey en octubre de 1909 sin que éste hubiera presentado la dimisión. Le sucedió durante unos meses Segismundo Moret, incapaz de hacer frente a los acontecimientos y enfrentado no sólo a los conservadores sino a su propio partido liberal.
Canalejas (1910-1912)
En febrero de 1910, José Canalejas sustituye a Moret. Estadista de gran talla y de sólida formación intelectual, inició el regeneracionismo desde el punto de vista liberal. Su figura liberal de izquierdas nunca fue bien acogida por el rey y tuvo que enfrentarse a problemas, sobre todo de orden público, pero supo superarlos con autoridad, tranquilizando a las clases conservadoras.
Su labor legislativa fue más discreta que la de Maura.:
• Presentó un proyecto para sustituir el impuesto de «consumos» por un impuesto progresivo sobre las rentas urbanas, que salió adelante pese a las protestas de las clases acomodadas.
• Otra medida popular fue la reforma de la Ley de reclutamiento, que establecía un servicio militar obligatorio en tiempo de guerra y en tiempo de paz, pero que sólo duraría cinco meses a cambio del pago de una suma de dinero.
• Disposiciones de carácter social: normativas sobre el trabajo de la mujer o los contratos de trabajo.
Pero las dos grandes cuestiones abordadas durante su gobierno fueron:
• El proyecto de Mancomunidades provinciales, presentado en diciembre de 1911 por los catalanes, al margen de una ley general de Administración Local. En mayo de 1912 el gobierno presentó un proyecto menos amplio, pero que irritó a la oposición conservadora y centralista. No obstante, Canalejas consiguió que el proyecto fuera aprobado en el Congreso, pero cuando estaba pendiente de su tramitación en el Senado, fue asesinado.
• La Ley del Candado. Partía de la idea de Canalejas de que el retraso cultural español estaba motivado por el Concordato y que la mejor solución era separar Iglesia de Estado. Pero Roma no aceptó, y en diciembre de 1910 se aprobó esta ley, por la cual no podrían establecerse nuevas órdenes religiosas en España, sin previa autorización. Pero la ley careció de eficacia al vincularse a la aprobación posterior de una ley de Asociaciones que incluía las religiosas.
La labor de Canalejas quedó truncada al ser asesinado el día 12 de noviembre de 1912 en la Puerta del Sol, a manos de un anarquista, que no pretendía acabar con él, sino con el rey.
Tras su muerte, el regeneracionismo entró en crisis, así como los propios partidos dinásticos que comenzaron su fragmentación, lo que supuso la existencia de gobiernos inestables presididos por los sucesivos líderes del liberalismo (Romanotes, García Prieto, Santiago Alba), sin que ninguno consiguiera cohesión o programa.
Eduardo Dato (1913-1915)
Sucesor de Maura al frente del partido Conservador accedió a la jefatura de gobierno en octubre de 1913. Contó con la oposición de los liberales y del maurismo conservador desde el primer momento. Eludió el enfrentamiento en las Cortes al mantenerlas cerradas durante 18 meses de los 25 que duró su mandato. Su medida más importante fue la aprobación por decreto, en diciembre de 1913, de las Mancomunidades, solución que no satisfizo ni a la Lliga Catalana ni a Cambó, que solicitaba una legislación económica que Dato no pensaba conceder. Su gobierno cayó cuando en las Cortes la oposición solicitó al gobierno una legislativa destinada a solucionar los graves problemas económicos.
Romanones (1915-1917)
Jefe de los liberales, sucedió a Dato e intentó reconstruir el partido que tanto daño había sufrido al morir Canalejas. Con Santiago Alba en Hacienda, propuso un amplio programa de reformas económicas, que iban desde las fiscales al desarrollo de la industria, mediante un presupuesto extraordinario que se destinaría en un alto porcentaje a la instrucción pública, riegos y construcción de carreteras.
Pieza imprescindible era la implantación de una contribución sobre los beneficios extraordinarios producidos por la Primera Guerra Mundial, en la que España se mostró neutral; que no salió adelante por la oposición de los sectores conservadores. El fracaso de Alba coincidió con las maniobras de Romanones en política exterior que finalmente provocaron su caída.
Le sustituyó García Prieto que no aportó nada nuevo y que le tocó enfrentarse a la crisis de 1917.
La crisis de 1917
a. Preliminares
La guerra alteró el mercado mundial. Las principales potencias pasaron a ser beligerantes y de exportadoras a importadoras de los países neutrales, como España. Como consecuencia, los precios de las materias primas, productos industriales básicos, mineros e incluso alimenticios subieron de manera vertiginosa. En España se reactivó la economía produciendo un mayor desequilibrio entre empresarios y obreros. Valga como ejemplo: entre 1914 y 1920 (tomando como base 100 para el año 1913), los salarios nominales subieron hasta un índice 179,3; los beneficios empresariales hasta 214 y los precios hasta 227,6. Al tiempo se crearon 3.486 sociedades anónimas (entre ellas el Banco Central, el Urquijo, la Babcock and Wilcox, la Transmediterrá-nea de Navegación…)
Esta desigualdad entre salarios y beneficios favoreció el crecimiento y la implantación de las organizaciones obreras. La UGT pasará en menos de 3 años de menos de 100.000 afiliados a 240.000; el PSOE, de 15.000 a más de 50.000 y la CNT llegará a tener 650.000 afiliados en 1919.
Por otro lado, la Gran Guerra dividió a la sociedad entre germanófilos (conservadores y la mayoría de los militares), aliadófilos (intelectuales, liberales, radicales y republicanos y un amplio sector del PSOE) y neutralistas (un sector minoritario del PSOE, Dato y algunos sectores conservadores).
En diciembre de 1916 la UGT y la CNT llaman a la huelga contra la carestía de la vida para el día 16. El paro fue total y sorprendió al gobierno de Romanones. No hubo respuesta política a la primera llamada de atención. Para entonces:
• El turnismo de la Restauración estaba totalmente desacreditado por las consecuencias de las pérdidas coloniales y por la fragmentación de los partidos políticos sufrida durante el regeneracionismo.
• El Estado controlaba cada vez menos sus propios aparatos, empezando por el de Defensa. En el Ejército existía un fuerte descontento por el sistema de ascensos y por el alza del coste de la vida que perjudicaba a aquellos que cobraban un sueldo fijo. En esta situación y como réplica a un Real Decreto de 1916, comenzaron a crearse en Cataluña, y luego en todas las Capitanías Generales, unas Juntas de Defensa del Arma de Infantería, a las que siguieron las de Caballería. Su actuación fue decisiva en la caída del gobierno liberal de García Prieto y del conservador de Dato en 1917. A partir de entonces, el militarismo quedó reforzado aunque dividido entre junteros y africanistas.
• Los políticos de la burguesía catalana consideraron el momento propicio para hacer cambios constitucionales que recogieran sus aspiraciones. Pero tanto el presidente de las Cortes, Sánchez Guerra, como el jefe de gobierno, Dato, se negaron a convocar las Cortes. La respuesta fue la formación de una convocatoria a asamblea extraoficial de parlamentarios para el 19 de julio. El gobierno ocupó militarmente Barcelona; del resto de España llegaron 3 senadores y 21 diputados. La Asamblea comenzó, pero fue disuelta por gobernador civil, Matos. No obstante, su petición de Cortes Constituyentes y de un gobierno que encarne y represente la voluntad soberana del país fue difundida por todos los rincones.
b. La huelga general de 1917
Esta situación de precrisis se produce cuando el desnivel entre los beneficios empresariales y los salarios resultaba escandaloso. PSOE y UGT iniciaron la preparación de una huelga general, como paso previo a una revolución democrática que pasaba por la convocatoria de Cortes Constituyentes por un gobierno provisional representativo, que supliese a la Corona.
La huelga comenzó el 13 de agosto, con seguimiento total en Madrid, Barcelona, Bilbao, Zaragoza, Oviedo y cuenca minera asturiana, zonas industriales de Cataluña y País Valenciano, minas de Linares, Peñarroya, Riotinto, Cartagena, León, Palencia y numerosas capitales de provincia. Fue menos seguida en ferrocarriles, pese a que su origen inmediato fue la amenaza de huelga ferroviaria votada por el sindicato ugetista del ramo.
Según Tuñón de Lara la huelga fue medio provocada por el propio gobierno, sabedor de que el proyecto revolucionario estaba aún inmadura y que el desorden subsiguiente sería utilizada por el gobierno para presentarse como paladín del orden social amenazado.
En su sometimiento fue utilizado el ejército (pese a las quejas de las Juntas). El saldo fue de casi un centenar de huelguistas muertos y centenares de heridos. Se detuvieron a unas 2.000 personas, entre ellas el comité de huelga (Besteiro, Largo Caballero, Anguiano y Saborit) a quienes un consejo de guerra condenó a cadena perpetua.
Pese al fracaso de los objetivos de la huelga, los partidos obreros salieron reforzados, como demuestran las acciones realizadas al año siguiente.
c. La crisis del Estado. El problema marroquí.
La crisis se reactivó cuando en marzo de 1918 Alfonso XIII encontró serias dificultades para encontrar gobierno. En octubre de 1917, las Juntas militares habían hecho caer a Dato y en plena celebración de la II Asamblea de Parlamentarios, el rey consiguió que la Lliga de Cambó se descolgase y participase en el Gobierno central. Esta colaboración haría perder a la Lliga su hegemonía en el nacionalismo catalán.
El nuevo gobierno de García Prieto, llamado de concentración, pronto se vio superado por la primera huelga general de funcionarios de Correos y Telégrafos, mientras el ejército amenazaba con intervenir. Las elecciones del 24 de febrero resultaron más limpias que de costumbre, en las que por primera vez se constituye el grupo parlamentario socialista (6 escaños). En la noche del 20 al 21 de marzo, el rey formó un gobierno de unión nacional presidido por Maura, pero no duró mucho. Llegaban las primeras noticias de la revolución bolchevique que dividieron a todos los partidos socialistas de Europa, impidiendo que en España se presentara una alternativa de poder.
Lo que si creció fue la violencia, tanto por parte de los trabajadores como por parte de los patronos y empresarios. En el campo, la patronal agraria, a través de los casinos de labradores replicaron con dureza a los huelguistas campesinos. El Marqués de Comillas crea el Centro de Defensa Social, como un auténtico cuerpo supletorio de policía (en Madrid se entregaron a los socios más de 6.000 fusiles, tercerolas y pistolas). Por su parte, la Iglesia movilizó a la Acción Católica para imponer el orden a través de sus organizaciones.
La situación de desorden y desconcierto era total por la escasa organización de las fuerzas opositoras al régimen. El sistema político de la Restauración hacía aguas por todos lados. A la solicitud de autonomía en el País Vasco y Cataluña, el aumento de las huelgas y crecimiento de las organizaciones obreras, la violencia obrera y patronal y la difícil convivencia entre los partidos políticos tradicionales y el ascenso de los partidos obreros, se sumó el recrudecimiento de la guerra de Marruecos.
Entre 1915 y 1921 se sucedieron siete jefes de gobierno y 16 gabinetes ministeriales sin aportar solución alguna a la crisis planteada.
Finalmente, un hecho vino a actuar de acelerador para que la crisis desembocase en la ruptura del sistema constitucional: la derrota militar de Annual, de julio de 1921, que costó 14.000 bajas en el ejército y que en brevísimos días causara el desplome de toda la zona oriental del Protectorado marroquí. Maura, nombrado jefe de gobierno, fue impotente para desbloquear la investigación del general Picasso por lo sucedido. Sánchez Guerra, que lo sustituyó tuvo la energía suficiente para procesar al general Berenguer y destituir a los generales Martínez Anido y Arlegui de sus puestos policiales en Barcelona. Pero no pudo resistir el escándalo de las responsabilidades, que alcanzaban en última instancia al propio rey y cayó durante el debate en las Cortes, en diciembre de 1922.
Intentó entonces Alfonso XIII un gobierno de concentración liberal, que abarcaba desde los romanonistas hasta los reformistas, pero carente de medios para dominar la situación (se encontraba entre dos posiciones muy agresivas: el ejército, la Iglesia y los conservadores por un lado, y los extremistas de izquierdas, por otro), vio como el 1 de septiembre dimitían tres ministros por disentir de la nueva ofensiva en Marruecos que el gobierno había decidido. El sistema se derrumbaba y ya por entonces estaba en marcha el golpe de Estado de Primo de Rivera que se haría efectivo el 23 de septiembre de 1923.
TEMA 11.3. FERNANDO VII; ABSOLUTISMO Y LIBERALISMO. LA EMANCIPACIÓN DE LA AMÉRICA ESPAÑOLA
1. EL SEXENIO ABSOLUTISTA (1814-1820).
Por el Tratado de Valençay (11.XII.1813) Napoleón devuelve a Fernando VII la corona española, pero no tuvo prisa en volver a un país regido por la Constitución liberal de 1812, totalmente opuesta a sus convicciones absolutistas.
Entrará en España el 22 de marzo de 1814, aclamado por el pueblo, apoyado en el triunfo de las naciones absolutistas sobre la Francia revolucionaria, el golpe de Estado del general Elío y el Manifiesto de los Persas. El 4 de mayo promulga en Valencia un Real Decreto que disuelve las Cortes, declara nula su legislación, abole la Constitución y restaura el absolutismo (Consejos, Inquisición, régimen señorial, devolución de los bienes desamortizados al clero, retorno de los privilegios de la Mesta).
El día 10 de mayo entra en Madrid, al tiempo que se detiene a los principales representantes del liberalismo, respaldado por el sector conservador del ejército, la Iglesia y buena parte del campesinado.
Por otro lado, cuando se estaba dirimiendo el futuro de Europa en el Congreso de Viena (1815), Fernando VII se mostró particularmente desinteresado, quedando España marginada de las negociaciones, no obteniendo ningún reconocimiento de su lucha contra Napoleón.
Con una economía depauperada por la guerra y prácticamente cortado el tráfico comercial con América, Fernando mantuvo los privilegios estamentales y se negó a emprender cualquier reforma económica, suscitando malestar entre los campesinos y las clases urbanas, así como el rechazo de un amplio sector militar que había soportado el esfuerzo de la guerra, por la negativa a integrar en el ejército a los jefes guerrilleros, el retraso en la paga, la paralización de los ascensos y, sobre todo, por el envío de tropas a América.
Su principal objetivo estaba en perseguir a los enemigos del absolutismo. Más de 12.000 “afrancesados” tuvieron que exiliarse y los liberales hubieron de pasarse a la clandestinidad, formando sociedades secretas liberales, como la masonería. Su única salida fue el pronunciamiento o golpe militar, como los de Espoz y Mina de 1814, Díaz Porlier de1815, Lacy en 1817… todos ellos duramente reprimidos.
2. EL TRIENIO LIBERAL (18120-1823).
Uno de estos pronunciamientos, el promovido por el teniente coronel Riego entre las tropas que iban a embarcar en Cádiz rumbo a América, tuvo éxito. A primeros de marzo de 1820, después de intentar levantar Andalucía con poca fortuna, de forma espontánea se sumaron al pronunciamiento La Coruña, Zaragoza y Barcelona.
Fernando VII reacciona con el decreto del 3 de marzo, enumerando una serie de reformas poco concretas. Ante la falta de apoyos, el 8 de mayo en nuevo decreto, promete jurar la Constitución y en el manifiesto del día 10 expresa: Marchemos juntos y yo el primero por la senda constitucional. Se constituye una Junta que convoca Cortes ante las que el rey jura la Constitución de 1812 en julio, aunque desde el principio hizo todo lo que estuvo en su mano por obstaculizar el funcionamiento constitucional.
El periodo se va a caracterizar por una importante inestabilidad social y política, caracterizada por: la escisión liberal entre moderados (partidarios de un gobierno autoritario, sufragio censitario, libertad limitada de prensa, propiedad privada y orden social, surgidos de la burguesía de negocios y diputados procedentes del exilio) y radicales (cámara única, control parlamentario, sufragio universal, libertad de prensa, encarnados en sectores populares, abogados jóvenes, intelectuales y militares exaltados, la mayoría de las Cortes), el involucionismo del rey, la presión de la calle y la contradicción constitucional al tener un rey absolutista la capacidad de nombrar a los ministros.
Aún así elaboraron una importante labor legislativa, que intentaban desmantelar el Antiguo Régimen: fortalecimiento del propietario en perjuicio del campesino, obligación del clero a jurar la Constitución, secularización de la enseñanza, planificación de una reforma de la Hacienda, iniciada con la devaluación y recorte de los gastos, se rebajó el diezmo a la mitad y se creó la Contribución Territorial Única y Directa que iba a entrar en vigor en 1823.
Mientras tanto, alentados por las conspiraciones del rey y animados por la grave crisis económica surgieron movimientos de protesta contra el gobierno liberal. La contrarrevolución realista se concretará en la aparición de partidas de campesinos, antesala del carlismo, en el País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña y en la creación de una Regencia Suprema de España en Urgel, con la intención de formar un gobierno absolutista alternativo al liberal de Madrid. El fracaso de esta Regencia hizo evidente que la única salida del rey era solicitar la intervención de las potencias absolutistas. Reunidas estas potencias en el Congreso de Verona en 1822 acordaron liberar al rey español. El 7 de abril de 1823 un ejército francés, conocido como los “Cien Mil Hijos de San Luis”, conquistó con facilidad el país. El 1 de octubre del mismo año puso fin al último foco de resistencia en Cádiz y repuso como monarca absoluto a Fernando VII.
3. LA DÉCADA OMINOSA (1823-1833).
El mismo día en que fue liberado, Fernando VII promulga un decreto, declarando nula la legislación del Trienio. De inmediato, comienza una represión terrible contra los liberales: se procesó a todos sus líderes (1.094 juicios, 435 presos, 132 ejecuciones, entre ellas las del propio Riego), fueron depurados todos los funcionarios y profesores de tendencia liberal, se establecieron Juntas de Fe que censuraron las publicaciones y se creó el Voluntariado Realista que llevó a cabo un ajuste de cuentas que afectó en última instancia a unas 800.000 personas.
No obstante, hubo algunos cambios. En noviembre de 1823 se crea el Consejo de Ministros, se controlan los gastos y se introduce el presupuesto para racionalizar la Hacienda. La Inquisición siguió abolida, se alejó a los absolutistas radicales y se incorporó a ministros más próximos al liberalismo como Cea Bermúdez o López Ballesteros. Con estas actuaciones el Absolutismo español se divide, produciéndose levantamientos a favor de Don Carlos, el hermano del rey.
En medio de la total atonía económica lo más destacado fue la labor de López Ballesteros en Hacienda, que frenó el gasto público, consiguiendo un cierto equilibrio presupuestario, aunque no consiguió que los privilegiados contribuyeran.
Desde 1825, el absolutismo se radicaliza. El manifiesto de los Realistas Puros en 1826, precede al levantamiento del Pirineo catalán de 1827, duramente sofocado. La ruptura con el rey es total.
A partir de 1830 vuelven los levantamientos liberales (Espoz y Mina, Torrijos). En 1831 la situación del régimen absolutista de Fernando VII es insostenible.
El nacimiento de la futura Isabel II en 1830 motiva la publicación de la Pragmática que anula la Ley Salica, que impedía reinar a una mujer. Cuando el rey muere en 1833, las Cortes proclaman heredera a la princesa Isabel. El pretexto dinástico para una guerra civil y dinástica estaba creado.
4. LA EMANCIPACIÓN DE LA AMÉRICA ESPAÑOLA (1810-1825).
Varios factores influyeron: la difusión del pensamiento ilustrado y la propaganda liberal, junto con el éxito de los revolucionarios estadounidenses; el desencanto de los criollos (12% de la población) marginados por el gobierno español al ser excluidos de los cargos de la administración colonial, la ruptura de las comunicaciones con la Península y las repercusiones de la invasión napoleónica en España, que provocó un vacío de autoridad en las colonias, creando los criollos sus propios órganos de gobierno.
En el proceso de independencia distinguimos dos grandes etapas:
a) 1810-1814
En 1810 se dan los primeros gritos independentistas, como el de Hidalgo en Méjico. La Junta de Buenos Aires niego la legitimidad de la Regencia y lo mismo hace la de Caracas más tarde. Pero la restauración en el trono de Fernando VII frena la expansión del movimiento separatista y, en 1815, la sublevación parece vencida. Sólo en la zona de La Plata el independentismo continúa activo,
b) 1816-1825
Desde Argentina, dando un golpe por sorpresa, San Martín cruza los Andes y conquista Chile, permitiendo la reactivación del movimiento separatista en el norte, ahora dirigido por Bolívar, quien consigue imponer su proyecto de la Gran Colombia, tras la victoria de Boyacá y el Congreso de Angostura de 1819. En Méjico, los criollos ponen en práctica el Plan de Iguala de 1821 que pone fin a la dictadura militar de Iturbide. La Conferencia de Guayaquil de 1822 entre Bolívar y San Martín decide sus áreas de influencia respectivas, que aceleran la liberación del espacio colombiano-venezolano. Tras las victorias de Carabobo y Pichincha sólo queda Perú sujeto a España. En 1825, tras la victoria de Ayacucho, Sucre lo libera, independizándose así toda la América hispana a excepción de Cuba y Puerto Rico.
El apoyo británico y estadounidense a los separatistas resultó decisivo al facilitarles armamento y reconocer de inmediato a las naciones que iban surgiendo.
Entre las consecuencias: la fragmentación política de la América hispana una vez fracasado el intento de Bolívar de crear unos Estados Unidos de América del Sur (De los 8 estados iniciales se pasará a 16 veinte años después tras guerras y disputas por cuestiones fronterizas), la pérdida para España de los recursos coloniales, la supresión de la esclavitud en los nuevos países independientes y un legado de desigualdades y dominio criollo, frecuentes conflictos civiles y experiencias dictatoriales, el predominio político de los altos mandos militares y la dependencia económica de británicos y estadounidenses.
TEMA 11.2. LAS CORTES DE CÁDIZ Y LA CONSTITUCIÓN DE 1812
1. LAS CORTES DE CÁDIZ
La celebración de las elecciones en situación de guerra, favoreció que se reunieran el 24 de octubre de 1810 unas Cortes con preponderancia de elementos burgueses procedentes de las ciudades comerciales del litoral (solo había 9 nobles y 3 obispos). Pronto se formaron dos grupos enfrentados:
▪ Liberales: partidarios de reformas revolucionarias, inspiradas en los principios de la Revolución francesa.
▪ Absolutistas o “serviles”: partidarios del mantenimiento del Antiguo Régimen
La mayoría liberal defendió en las Cortes dos objetivos fundamentales: realizar reformas que acabaran con las estructuras del Antiguo Régimen y aprobar una Constitución que cambiara el régimen político del país, rechazando el absolutismo y la monarquía de origen divino, tal y como se recoge en el primer decreto elaborado a instancias del sacerdote liberal Diego Muñoz Torrero.
Entre las principales reformas adoptadas por las Cortes de Cádiz se encuentran:
▪ Libertad de imprenta y supresión de la censura (1810)
▪ Abolición del régimen señorial (1811). La nobleza, no obstante, mantuvo la propiedad de casi todas sus tierras.
▪ Supresión de la Inquisición (1813)
▪ Abolición de los gremios y libertad económica, comercial, de trabajo y de fabricación (1813)
▪ Supresión de los privilegios de la Mesta (1813)
▪ Desamortización de los bienes de las Ordenes Militares y de los jesuitas (1813)
2. LA CONSTITUCIÓN DE 1812.
Aprobada el 19 de marzo de 1812 y popularmente conocida como “La Pepa” se convirtió en la primera Constitución liberal de la historia. Fue elaborada principalmente por los diputados Agustín Argüelles, Diego Muñoz Torrero y Evaristo Pérez de Castro.
Los aspectos fundamentales son los siguientes:
▪ Principio de soberanía nacional: el poder reside en la nación, delegando en los representantes elegidos por votación.
▪ División de poderes:
― El poder legislativo recae en una Cortes unicamerales; los diputados son elegidos mediante sufragio universal e indirecto en 4º grado, incluyéndose los ciudadanos de las colonias americanas.
― El poder judicial lo tienen los tribunales de justicia.
― El poder ejecutivo recae en el Rey, pero con importantes limitaciones:
• Sus decisiones deben ir validadas por el Ministro correspondiente
• No puede disolver las Cortes
• Tiene un derecho de veto suspensivo transitorio durante dos años sobre cualquier ley. Tras ese tiempo, la decisión de las Cortes se convierte en ley.
• Nombra a los ministros, pero éstos deben ser refrendados por las Cortes (“Doble confianza”)
•El monarca no podrá casarse sin el consentimiento de las Cortes
• No puede realizar por su cuenta alianzas o tratados comerciales internacionales.
• Pierde sus funciones judiciales y la potestad de establecer impuestos.
▪ Igualdad de los ciudadanos ante la ley. Supone el fin de las diferencias estamentales y de los privilegios.
▪ Se reconocen una serie de derechos individuales: a la educación, libertad de imprenta, inviolabilidad de domicilio y derecho a la propiedad privada.
▪ Se proclamó al catolicismo como la única confesión religiosa permitida. Decisión obligada por la necesidad de contar con el clero en la lucha contra los franceses. Tampoco se suprimió la esclavitud.
▪ Se reorganiza el ejército estableciéndose el servicio militar obligatorio y creándose un ejército permanente y una Milicia Nacional para defender la Constitución
▪ La Constitución estuvo vigente entre marzo de 1812 y marzo de 1814, enero de 1820 y noviembre de 1823 y agosto de 1836 y junio de 1837.
TEMA 11.1. LA CRISIS DE 1808. LA GUERRA DE INDEPENDENCIA Y LOS COMIENZOS DE LA REVOLUCIÓN LIBERAL
1. REPERCUSIONES DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA (1808-1796).
Ante las noticias procedentes de París, Carlos IV y su ministro Floridablanca, toman una serie de medidas para evitar el contagio revolucionario: cierre de las fronteras y estricta censura de prensa.
Destituido Floridablanca y, más tarde, su sustituto Aranda, por no involucrar a España en una guerra contra la Francia revolucionaria, Carlos IV nombra al favorito de la Corte, Manuel Godoy, como primer ministro en 1792. La ejecución de Luis XIII en enero de 1793 acelera la intervención de España en una coalición internacional contra la Convención francesa. La derrota militar española fue rápida y concluyente, firmándose en 1795 la Paz de Basilea, por la que España cede la parte española de la isla de Santo Domingo y unas ventajas comerciales
2. LA ALIANZA CON FRANCIA.
En 1796, Godoy se alia con Francia contra Inglaterra, que amenazaba las posesiones españolas en América (Tratado de San Ildefonso, 19 de agosto). El resultado no pudo ser más desastroso: derrota del cabo de San Vicente, pérdida de la isla de Trinidad y corte del tráfico comercial con América.
Tras un paréntesis de neutralidad protagonizado por una serie de ministros ilustrados como Saavedra-Jovellanos y Urquijo-Cayetano Soler, se firma con Napoleón el Segundo Tratado de San Ildefonso en 1800. Un año después vuelve Godoy. España invade Portugal, ocupando Olivenza (Guerra de las Naranjas (febrero-marzo 1801), recupera Menorca, pero sufre, junto a la armada francesa, la estrepitosa derrota de trafalgar (1805).
El desastre no impidió que en 1807 se sellara el Tratado de Fontainebleau con napoleón que permitía a las tropas francesas invadir Portugal.
3. EL MOTÍN DE ARANJUEZ.
Para entonces, la figura de Godoy era muy criticada. Tras el fracaso de la Conspiración del Cuarto del Príncipe (El Escorial), los acontecimientos se precipitan. Godoy se da cuenta de las verdaderas intenciones de Napoleón de ocupar España y decide el traslado de la familia real a América, pero el 19 de marzo de 1808 estalla un motín popular, organizado por los cortesanos partidarios de Fernando VII, apoyados por la nobleza, temerosa de perder sus privilegios ante la llegada de Napoleón, y el clero soliviantado por el inicio de las desamortizaciones eclesiásticas. Godoy es depuesto y, más tarde, Carlos IV abdica en su hijo Fernando VII. El nuevo rey hace su entrada en Madrid el 24 de marzo de 1808 cuando las tropas francesas ya están en la Península.
Con mucha habilidad, Napoleón consigue atraer a Bayona a la familia real el 20 de abril y allí consigue que Fernando VII devuelva el trono a su padre Carlos IV y renuncie al título de Príncipe de Asturias. Posteriormente, Carlos IV abdicará a favor de José Bonaparte, que, hasta entonces, había sido rey de Nápoles.
A continuación, reúne a 93 notables españoles que sancionan la Constitución de Bayona, elaborada por el propio Napoleón y se da orden de trasladar al resto de la familia real a Francia.
4. LA GUERRA DE INDEPENDENCIA.
Cuando salen del Palacio Real, los madrileños se sublevan contra los franceses el 2 de mayo. La noticia recorre España produciéndose levantamientos en ciudades y pueblos. Comienza así la primera fase de la guerra, cuyo hito principal es la victoria del general Castaños sobre el general Dupont en Bailén el 19 de julio de 1808. A comienzos de agosto, el mariscal Junot solo controla el territorio al norte del Ebro. Ante la falta de autoridades en todas las provincias surgen Juntas Provinciales de Gobierno que asumen la soberanía del reino y constituyen en Madrid la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino, presidida por el viejo Floridablanca.
En noviembre Napoleón cruza los Pirineos con unos 250.000 hombres, ocupa Vitoria, derrota al ejército español en Somosierra y el 4 de diciembre entra en Madrid. Mientras, el ejército inglés de Monroe es obligado a reembarcar en La Coruña. Cuando en enero regresa a Francia comienza la segunda fase de la guerra con la ocupación sistemática del territorio español, a excepción de Cádiz, protegida por la armada británica. En este periodo de clara superioridad francesa tienen lugar dos hechos decisivos: la acción de las guerrillas como la de Espoz y Mina, el cura Merino o el Empecinado, y la llegada del ejército inglés de Wellington, que libera Portugal tras derrotar a Massena y Marmont en Fuentes de Oñoro y Ciudad Rodrigo.
En la primavera de 1812, la formación de la Grand Armeè contra Rusia, obliga a Napoleón a retirar parte de las tropas que tiene en España. Comienza así la tercera fase de la guerra. Wellington inicia una ofensiva general y derrota a Marmont en Los Arapiles. El fracaso francés en Rusia, le impulsa a continuar y derrotar a José Bonaparte en Vitoria. Una nueva victoria en San marcial, cerca de San Sebastián, pone fin a la guerra. Las últimas tropas francesas abandonan Cataluña el 4 de junio de 1814, cuando ya Napoleón, por el Tratado de Valençay (diciembre de 1813), había devuelto a Fernando VII el trono de España.
5. LOS COMIENZOS DE LA REVOLUCIÓN LIBERAL.
De forma paralela, las Juntas Provinciales, que habían asumido la soberanía española, delegan en la Junta Central Suprema y Gubernativa del Reino el gobierno en nombre del rey ausente. Esta actuó con firmeza, firmando un Tratado de alianza con Inglaterra, creando una contribución extraordinaria de guerra y reorganizando el ejército.
Reunió a todos los Consejos del Reino en un solo, el Consejo y Tribunal Supremo de España e Indias. De él dependía un gobierno a cuyo frente estuvo Martín garay, pero pronto se vio la necesidad de crear un órgano centralizado y así surgió la regencia, presidida por el general Castaños, quien convocó Cortes en Cádiz, ante las que dimitió por no sentirse suficientemente apoyado. De esta manera, el sector conservador daba paso al más liberal-revolucionario de lass Cortes de Cádiz.
13.3. TRANSFORMACIONES CULTURALES. CAMBIO EN LAS MENTALIDADES. LA EDUCACIÓN Y LA PRENSA.
1. CAMBIO EN LAS MENTALIDADES: KRAUSISMO, POSITIVISMO, DARWINISMO.
La cultura española del siglo XIX se caracteriza por la influencia de las corrientes culturales europeas, por la difícil convivencia entre tradición y progreso, por el elevado analfabetismo y el escaso interés por la cultura y la ciencia.
Destaca la irrupción del krausismo como modelo de pensamiento. Se trataba de un sistema filosófico formulado por los alemanes Christian Krause y Heinrich Ahrens, e introducida en España por el profesor Julián Sanz del Río hacia 1874. Pronto se formará un grupo en el que se encontraban Giner de los Ríos, Bartolomé Cossío, Canalejas, Fernando de Castro, Rafael Altamira, Salmerón y Azcárate. Su ideología se basaba en la primacía de la razón, la defensa de la libertad de conciencia, el culto a las ciencias experimentales, liberalismo y tolerancia, moral austera, importancia de la disciplina y del cumplimiento del deber individual, optimismo en la naturaleza humana, anticlericalismo y espiritualismo de carácter místico-panteísta que condujo a buscar la presencia de Dios en la naturaleza, la más auténtica manifestación divina.
Pensaban también que la falta de libertad había impedido el desarrollo de la ciencia en España, culpando a la intolerancia católica y a la Inquisición el haber deformado a los españoles hasta convertir nuestro país en un cuerpo enfermo, sufriendo por esto duros ataques del clero.
Propugnaban la incorporación de las mujeres a la enseñanza, la europeización del país, la reforma de las costumbres y la confianza en la acción educativa y pedagógica para superar la ignorancia.
La principal obra del krausismo fue la creación en 1876 de la “Institución Libre de Enseñanza” en Madrid, a la que se añadió en 1907 la “Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas”.
Por su parte, el positivismo impulsó la incorporación de los modernos métodos científicos al estudio de los fenómenos sociales, dejando de lado las especulaciones metafísicas del pasado. Fueron aplicados a los estudios sociológicos (Azcárate), antropológicos (Antoniio Machado Álvarez) e historiográficos (Altamira).
El darwinismo también penetró entonces. En 1877 Darwin fue nombrado profesor numerario de la Institución Libre de Enseñanza, siendo González Linares el encargado de difundir sus teorías, provocando numerosos ataques de la Iglesia.
2. LA EDUCACIÓN.
Tras el Sexenio Democrático, un periodo en el que había existido una amplia libertad de cátedra, la Restauración significó el establecimiento de una rígida censura contra cualquier manifestación antimonárquica o contra el dogma católico. Esto hizo que algunos catedráticos fundaran la Institución Libre de Enseñanza, con una pedagogía de vanguardia.
Fuera de este islote, se mantuvo la enseñanza tradicional, basada en métodos anticuados y poco críticos y sometida a la vigilancia estricta de la Iglesia católica. Más de 50,000 religiosos y religiosas se dedicaban a la enseñanza, sobre todo en Primaria, donde apenas intervenía el Estado.
La enseñanza secundaria se ceñía a 50 institutos repartidos por todo el territorio, destinados a los hijos de familias con posición acomodada.
Esta situación del sistema educativo provocó un gran atraso en el desarrollo científico y la investigación., manteniéndose una mentalidad atrasada y tradicional en las clases dirigentes del país.
3. LA PRENSA.
Fue uno de los principales vehículos de expresión y creación de estados de opinión y de difusión de las corrientes culturales europeas. A través de la prensa se dieron a conocer las obras de los principales escritores e intelectuales y, sobre todo, los acontecimientos más destacados de la época.
Ya tuvo una resonante importancia durante el Trienio Liberal, llegándose a publicar más de medio centenar de periódicos. Sin embargo, es a partir de los años 30 cuando la prensa adquiere una dimensión nacional. En la época isabelina destacan diarios como “La Época”, “La Iberia”, “El Clamor Público” o “La Democracia”, a través de los cuales se difunde el liberalismo.
Desde los años 60, la madurez y el pluralismo de la prensa española se manifiesta en la aparición de un nuevo tipo de periódicos de información general, como “El Imparcial” o “La Correspondencia de España” y de nuevas publicaciones de prensa especializada y de revistas ilustradas como “La Ilustración Española y Americana” de 1869.
4. LAS MANIFESTACIONES LITERARIAS Y ARTÍSTICAS.
Distinguimos en el siglo XIX dos periodos separados por el Sexenio Democrático. En el primero el romanticismo histórico, impulsado por la influencia de Chateubriand y Walter Scott, da lugar a un romanticismo tradicionalista y antiliberal en las obras de Alberto Lista y Agustín Durán. El romanticismo liberal aparecerá hacia 1834, influido por la obra de Victor Hugo, siendo sus principales representantes Larra, Martínez de la Rosa y José de Espronceda. Tendrá también un componente regional como ocurre con la Renaixença catalana.
A mediados de siglo se impone el realismo, representado por las obras costumbristas de Fernán Caballero. No obstante el Romanticismo continuará tanto en la obra de Bécquer como en la de Rosalía de Castro.
La arquitectura compaginó elementos modernistas (ensanches de Barcelona y Madrid) con la historicista (neoclásico, neogótico, neomudéjar). La escultura mantuvo viva la tradición neoclásica en la obra de Bellver, Querol o Benlliure. La pintura fue más rica y variada. El neoclasicismo dio pasó a los románticos Alenza y Lucas. El realismo tiene en Madrazo, Martí y Ansina a sus principales representantes con escenas de la vida cotidiana. Hacia mediados de siglo se impone el academicismo de tipo histórico, destacando Eduardo Rosales, Gisbert, Pradilla y Mariano Fortuny.
El segundo periodo el realismo se impone en su vertiente naturalista, destacando Benito Pérez Galdós, Leopoldo Alas “Clarín”, Valera, Blasco Ibáñez o Pardo Bazán que nos muestran una España urbana y rural desde un punto de vista crítico.
Entre los años 1898 y 1914 triunfan las tesis modernistas de los hombres de la generación del 98 y del regeneracionismo.
Se produce en el ámbito musical un auténtico afán nacionalista, inspirado en la riqueza del folklore: Sarasate, Albéniz, Granados, Turina y, sobre todo, Falla y Rodrigo.
El arte de finales del siglo XIX tiene en el arquitecto catalán Antonio Gaudí el máximo exponente de la arquitectura modernista. En pintura destaca Casas, Rusiñol, Nonell, Zuloaga y un joven Picasso. También se puede hablar de un arte de exaltación del regionalismo en autores como Pinazo y Sorolla (Valencia), Romero de Torres (Andalucía) o Zubiarte y Arteta (País Vasco)
A principios del siglo XX se impone la arquitectura funcional, los escultores Macho, Julio González y Gargallo desarrollan los “ismos” y Picasso y Gris iniciarán el cubismo.
13.2. TRANSFORMACIONES SOCIALES. EL CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO. DE LA SOCIEDAD ESTAMENTAL A LA SOCIEDAD DE CLASES. GÉNESIS Y DESARROLLO DEL MOVIMIENTO OBRERO EN ESPAÑA.
1. EL CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO.
El crecimiento demográfico fue lento debido a las altas tasas de mortalidad (29‰, en Europa, el 18‰). A lo largo del siglo la población pasó de 11,5 millones de habitantes en 18000 a poco más de 18,5 millones en 1900. Las causas fueron la persistencia de epidemias como el cólera (episodios de 1853, 1865 y 1885) o la gripe (1890), la tuberculosis o las crisis de subsistencia. Hasta el siglo XIX, las tasas de mortalidad no bajan (14‰) y comienza a hacerlo las tasas de natalidad. En 1930 la población ascenderá a 23,4 millones
También tuvo una notable influencia la emigración, especialmente la transoceánica (entre 1875 y 1915 salieron 1,5 millones de personas hacia Cuba, Argentina, Brasil o Argelia. Salieron principalmente de Galicia, Asturias, Cantabria, Canarias y el Levante, donde las posibilidades de mejora en el empleo y en los salarios eran muy escasas.
El 70% de la población vive en núcleos de menos de 10.000 habitantes y sólo un 9% en ciudades de más de 100.000. Durante las dos últimas décadas del siglo XIX surge el éxodo rural gracias a la atracción de las zonas industriales de Cataluña y el País Vasco, y al crecimiento de la capital, Madrid. Para ese periodo se habían producido ya las grandes transformaciones urbanísticas de las grandes ciudades: derribo de murallas y ensanches, como el plan Cerdá en Barcelona, el barrio de Salamanca y la Ciudad Lineal en Madrid y el Ensanche de Valencia.
En cuanto a la distribución regional, se advierte el aumento del peso demográfico de la periferia con relación a las regiones interiores que si en 1787 representaban el 47,5% del total nacional, en 1910 había bajado al 30%.
En cuanto a los sectores económicos, todavía a finales de siglo la mayoría de la población trabaja en la agricultura.
2. DE LA SOCIEDAD ESTAMENTAL A LA SOCIEDAD DE CLASES.
Tanto en Europa, como en España, la vieja nobleza y la nueva burguesía se integraron, constituyendo ambas la elite del poder y del dinero durante el siglo XIX. Por este motivo, el paso de la sociedad estamental a la sociedad de clases fue lento y desigual.
▪ Las elites:
- La vieja nobleza que mantuvo la propiedad pese a la abolición del régimen señorial y la desvinculación de los mayorazgos, siguió viviendo de sus rentas no contribuyendo al desarrollo industrial y financiero. También siguió en los círculos de poder por su presencia en el Senado, en la Iglesia y en el Ejército. A su lado, surgió una nueva nobleza procedente de la alta burguesía y de los altos cargos de la administración y el Ejército.
- La alta burguesía estaba integrada por grandes propietarios rurales y urbanos, hombres de negocio, especuladores y comerciantes. Se trata de un burgués enriquecido con la compra de las propiedades desamortizadas. Vive de las rentas de la tierra, de los préstamos al Estado, de la especulación en Bolsa, en los ferrocarriles y, sobre todo, de la especulación inmobiliaria. Sólo a finales de siglo surge en Asturias, Cataluña y País Vasco una burguesía empresarial.
▪ Las clases medias las forman medianos y pequeños comerciantes, miembros de profesiones liberales, funcionarios y pequeños propietarios urbanos. Su máxima aspiración es ser propietarios, aburguesarse y ennoblecerse. Es un grupo poco articulado y poco numeroso.
▪ Las clases bajas:
- Urbanas: integradas por artesanos y trabajadores asalariados (tenderos, servicio doméstico, unos 800.000). Movilizados social y políticamente, cuando hay carestía de alimentos, contra los consumos y las quintas. El proletariado, aun minoritario, en la segunda mitad del siglo se concentrará en Barcelona y en Vizcaya.
Estaban sujetas a la permanente inestabilidad de empleo, la falta de prestaciones sociales, el hacinamiento y la mendicidad.
- El campesinado constituía la población más numerosa: pequeños propietarios, arrendatarios y jornaleros. La disolución de los señoríos no altero del todo la estructura de la propiedad. Las desamortizaciones no solo no beneficiaron a los campesinos, sino que empeoraron sus condiciones de vida, privándoles del disfrute de los bienes comunales. En amplias zonas de España, la reforma agraria liberal significó para el campesino la pérdida de los derechos sobre una tierra que llevaban siglos cultivando.
Jornaleros y criados rurales formaban el grupo más numeroso de la sociedad española del siglo XIX, especialmente al sur del Tajo. Esto explica la típica respuesta social, sobre todo del campesinado andaluz durante la segunda mitad del siglo XIX. Se produjeron sublevaciones armadas cuyo objetivo era la ocupación de tierras, impulsados por demócratas y republicanos, partidarios de la reforma social.
▪ El clero disminuyó drásticamente de número por las desamortizaciones, la supresión del diezmo y de casi todas las órdenes religiosas (se cerraron más de 2000 conventos). Mantuvo parte de su influencia social a través del púlpito y las confesiones. Retuvo el control de la educación y siguió administrando la mayoría de los centros de beneficencia. Fue, en general, hostil a los cambios, rechazando la democracia, el liberalismo, el socialismo, el positivismo, el evolucionismo, el racionalismo e incluso las ciencias experimentales.
3. EL MOVIMIENTO OBRERO.
Se inicia por el insuficiente incremento de los salarios (un 30% frente al 70% de los precios), al fin de las limitaciones impuestas al derecho de asociación y a la pésima calidad de vida. Sin embargo, todavía a finales de siglo no existe un sindicalismo fuerte. En 1890 comienza a celebrarse el 1º de mayo (jornada instituida en 1889 por la IIª Internacional para conmemorar los muertos de Chicago por pedir una jornada laboral de 8 horas en 1886).
En Cataluña y Levante se habían producido, durante la primera mitad del siglo XIX, protestas por la introducción de las máquinas (Barcelona, Alcoy) y las injusticias laborales, y se habían organizado algunas sociedades de socorro mutuo. Sin embargo, hasta el periodo del Sexenio y el aumento de libertades individuales y colectivas no llegarán a España los efectos de la creación en 1864 de la AIT o Iª Internacional, formándose la Sección española de la AIT por el impulso del anarquista italiano Giuseppe Fanelli. De ahí, la influencia del anarquismo en Cataluña y Andalucía desde el primer momento. Paul Lafargue, yerno de Marx, propagó el marxismo, creando en Madrid un pequeño grupo, germen del PSOE.
La ruptura de la AIT en anarquistas y marxistas hizo que actuaran de forma dividida y con intereses no siempre coincidentes.
El anarquismo se organiza en 1881 a partir de la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), que un año después contaba con 65.000 afiliados. En 1883 se vio perjudicada por el asunto de la Mano Negra y la represión posterior. Entre sus líderes destacan Anselmo Lorenzo, Fermín Saavedra e Ignacio Clariá. Es difícil conocer su fuerza social dado su abstencionismo electoral y el sistema de organización en pequeñas células. Hubo dos tendencias, la anarcosindicalista, dentro de la legalidad y la anarco-comunista, de contenido terrorista. Entre sus propuestas estaban el rechazo radical de cualquier poder superior del Estado y sus instituciones, el igualitarismo, el fin del dinero, la renuncia a la participación política, el rechazo a la religión y a la Iglesia y la educación popular.
El socialismo marxista se inicia en torno a un grupo de impresores madrileños que crearon en 1879 el PSOE y en 1885 la UGT en Barcelona, siendo su líder, Pablo Iglesias. Entre sus propuestas destacan la completa liberación del proletariado, la destrucción del capitalismo, la defensa de la revolución, la socialización de la propiedad privada, el anticlericalismo, el antimilitarismo y la oposición al terrorismo como medio para alcanzar el poder. En las elecciones de 1901, el PSOE obtuvo 4.500 votos en Madrid y 25.000 en toda España. En 19902, la UGT tenía 30.000 afiliados.
1. ANTECEDENTES. CAUSAS.
Desde 1868, las insurrecciones cubanas estuvieron motivadas por la conciencia independentista de los isleños. Cuba y Flipinas estaban sometidas al poder centralista de España, no tenían autonomía administrativa, ni derechos políticos de representación y estaban sometidas económicamente. La Paz de Zanjón de 1878 había dejado unas promesas sin cumplir, porque los españolistas de la isla, que se habían unido en el Partido Constitucional, se opusieron a todo tipo de cambio. Únicamente se plasmó la abolición restringida de la esclavitud el 13 de febrero de 1889. En este contexto se produjo la “guerra chiquita” de 1879-1880, siendo sometidos los rebeldes de Antonio Maceo por las tropas del general polavieja.
Hubo algunos intentos posteriores de conceder reformas a la isla, como el de Antonio Maura, ministro de Ultramar en 1893, pero no fueron aprobados por la intransigencia de los españolistas, los industriales catalanes y los propietarios agrícolas castellanos, que veían perjudicados sus interese económicos.
Esta sería, pues, la primera causa de la guerra, la insatisfacción de los cubanos por la escasa respuesta a sus demandas de mayor representación y autonomía económica y política.
A esta habría que añadir:
• El desarrollo industrial y demográfico de los Estados Unidos trajo consigo un expansionismo colonial a partir de 1872 (Hawai). Cuba se presentaba como un gran mercado importador y exportador. El control de la isla suponía tener en su poder al principal productor de azúcar y tabaco de América. Estados Unidos propuso una salida económica mediante la compra de la isla, pero los gobiernos de la Restauración no aceptaron.
• La falta de apoyos internacionales de España, debido a la política de neutralidad impulsada por los gobiernos de la Restauración. Esto favoreció la intervención estadounidense en un contexto de crisis coloniales en los que las potencias midieron sus fuerzas (Fashoda, bóxer, Boers, mapa rossa, guerra Japón-Rusia)
2. LA GUERRA CUBANA Y FILIPINA, 1895-1898.
Los líderes cubanos fueron el poeta José Martí que en 1892 había fundado en partido Revolucionario Cubano, Máximo Gómez y Antonio Maceo. La sublevación filipina la dirigió José Rizal desde 1896.
• Primera etapa, 1895. Los cubanos se levantaron al grito de Baire de 24 de febrero de 1895 emitido por José Martí: “Viva Cuba libre”. Pronto dominaron la parte oriental de la isla, utilizando la guerra de guerrillas. Se encargo de acabar con la rebelión el general Martínez Campos, que intentó repetir la política de apaciguamiento que tanto éxito le había dado durante la primera guerra de 1868-1878. Su fracaso supuso la extensión de la rebelión a toda la isla.
• Segunda etapa, 1896-1897. Cánovas envió al general Weyler en sustitución de Martínez Campos, que emprendió una dura acción represiva, concentrando a la población civil, que ayudaba a los rebeldes y aislando a las guerrillas. La eficacia de su labor hizo que Cánovas proyectase aplicar una serie de reformas administrativas que pretendían atraerse a los sublevados y calmar las tensiones con Estados Unidos.
• Tercera etapa, 1897-1898. Muerto Cánovas, le sucedió Sagasta que emprendió una política apaciguadora con el relevo del general Weyler por el general Blanco más dialogador, a la vez que concedía la autonomía completa de la isla: igualdad de derechos, sufragio universal y gobierno propio. Pero ya era tarde, la ayuda estadounidense a los rebeldes motivada por la presión de las compañías azucareras y la manipulación de la opinión pública por la prensa amarilla, impidió la marcha atrás. Por otro lado, en Filipinas, la firma del Pacto de Biacnabató a finales de 1897, encauzaba el problema de la insurrección filipina.
3. LA INTERVENCIÓN ESTADOUNIDENSE. LA GUERRA HISPANOAMERICANA, 1898.
En 1896 había sido elegido McKinley presidente de los Estados Unidos, partidario de la intervención en Cuba, apoyado por la opinión pública, los ideólogos del imperialismo y los intereses de las compañías azucareras.
El pretexto para la intervención fue el hundimiento del Maine en la bahía de la Habana el 15 de febrero de 1898, causando 254 muertos. Pese a las protestas españolas, Estados Unidos atribuyó a España la responsabilidad del suceso. Washington propuso la compra de la isla por 300 millones de dólares, pero ante la negativa dio un ultimátum a España el 18 de abril y el 21 comenzaba la guerra.
En Filipinas, tras tres años de guerra contra los rebeldes, la situación parecía dominada gracias a la labor del general Polavieja y de su sustituto Fernando Primo de Rivera. En la primavera de 1898, la flota de Estados Unidos, anclada en Hong Kong, se dirige a Filipinas. El 1 de mayo la flota española es destruida en Cavite y el 14 de agosto cae Manila sin oponer resistencia, cuando ya se había firmado el armisticio.
En Cuba, el 3 de julio la flota del almirante Cervera es destruida por la escuadra del almirante Sampson y el 17 se rendía Santiago de Cuba. A finales de julio las tropas estadounidenses desembarcaban en Puerto Rico.
Por el Tratado de París de 10 de diciembre de 1898 España renuncia a Cuba y cede a Estados Unidos las islas Filipinas y Puerto Rico y la isla de Guam en el archipiélago de Las Marianas a cambio de 20 millones de dólares.
El desmantelamiento del imperio español concluye en julio de 1899 cuando se vende a Alemania el resto de La Marianas, Las Carolinas y Las Palao a cambio de 15 millones de dólares.
Entre los factores que contribuyeron a la derrota se encuentran: la mayor proximidad de las fuerzas estadounidenses a sus bases y la mejor calidad de su material bélico.
4. LAS CONSECUENCIAS.
No fueron tan terribles como suponían los gobiernos del régimen; no hubo grandes disturbios, ni pronunciamientos militares. En parte supuso un alivio acabar de una forma u otra con el problema
En el ámbito económico, tampoco existieron graves consecuencias salvo la caída del textil catalán y la pérdida de mercados. La Bolsa se estabilizó al conocerse la derrota de la flota española en Cuba y en los 3 o 4 años siguientes, la economía española experimentó un crecimiento notable. Se crearon 22 bancos, importantes empresas industriales y se produjeron fusiones bancarias. Se crean ahora empresas como Altos Hornos de Vizcaya, Papelera española, general Electric, Azucarera Española o cros de Química. Los ahorros en los bancos pasaron de 230 millones de pesetas en 1897 a 400 millones en 1905, debido principalmente a la repatriación de capitales cubanos.
Peores sin duda fueron la pérdidas humanas: unos 120.000 muertos (la mitad, soldados españoles) y los efectos psicológicos y morales causados por el regreso de los soldados heridos, en lamentables condiciones. Para buena parte de la población la guerra de Cuba había supuesto un sacrificio inútil, adquiriéndose la conciencia de la debilidad española en el concierto internacional.
Paralelamente hubo una gran preocupación nacional por el sentimiento de desastre que desembocó en una corriente de pesimismo político e intelectual que originó un debate sobre España, tanto por los hombres de la generación del 98 o los regeneracionistas como Costa, Lucas Mallada o Macia Picavea.
Algunas de estas críticas se plasmaron en las protestas de las Cámaras Agrarias y de Comercio, reunidas en Zaragoza en noviembre de 1898. Ambas formarían en 1900 la Unión Nacional. Planteaban el fomento de la riqueza, las reformas administrativas, la reducción de gastos del Estado, la descentralización, etc. Los movimientos huelguísticos, al carecer de fuerza social fueron desoídos por la Regente y por el gobierno conservador de Silvela. Pero fue la primera gran advertencia al régimen de la Restauración.
En el mismo sentido podemos citar la reactivación de los regionalismos, elevando sus exigencias políticas y siendo capaces de movilizar a buena parte de la población.
También se produjeron consecuencias en el mundo obrero. La UGT conoció un crecimiento importante, pasando de los 6.000 afiliados de 1898 a los 27.000 de 1903.
Los políticos, en especial los conservadores, fueron sensibles al desastre. El manifiesto del general Polavieja expone con gran claridad los objetivos de este regeneracionismo desde el poder. En 1989, Silvela formó un gobierno de coalición con Polavieja y los catalanes (Duran y Bas) con la intención de minimizar la corrupción, hacer más eficaz la administración, más limpias las elecciones y un proyecto económico basado en la reforma de la Hacienda del ministro Villaverde para reducir el déficit y afrontar los gastos de la guerra colonial. Consiguió una larga época de superávit (hasta 1908) y estabilidad monetaria. Al tiempo, el ministro Dato sacaba adelante una ley que regulaba el trabajo de mujeres y niños (1900) y otra sobre accidentes de trabajo.
El gobierno liberal de Sagasta que siguió al de Silvela ahondó en estas reformas al legislar el derecho de huelga en 1902 y en hacer más laica al sociedad española, reformando el Concordato con el Vaticano, haciendo que la religión no fuera obligatoria en el bachillerato.
Sin embargo, la mayoría de estos proyectos se estrellaron en las Cortes cuando eran discutidos. Había muchos intereses enfrentados de la oligarquía, muchas facciones dentro de los partidos que impidieron regenerar el sistema político ideado por Cánovas.
12.3. A. REINADO DE ALFONSO XII: EL SISTEMA CANOVISTA Y LA CONSTITUCIÓN DE 1876.
1. LA RESTAURACIÓN.
Tras el golpe de Pavía y la disolución de las Cortes republicanas, en enero de 1874 se estableció un régimen militar bajo la presidencia del general Serrano, sin un programa concreto. Durante el Sexenio Democrático se habían ido reorganizando las clases conservadoras en torno a la figura de Alfonso, el hijo de la destronada Isabel II. El líder de este grupo, Antonio Cánovas del Castillo, logró un consenso entre conservadores y progresistas para restaurar la monarquía borbónica de forma pacífica. Primero convenció a Isabel II para que abdicara a favor de su hijo Alfonso (1870) y luego se preocupó por la formación del que habría de ser el futuro rey, inscribiéndole en diversas escuelas militares británicas.
El 1 de enero de 1874, el futuro Alfonso XII firmaba el Manifiesto de Sandhurst (redactado por Cánovas) en el que prometía una monarquía abierta, constitucional y democrática. Sin embargo, el 29 de diciembre de ese mismo año, los generales Martínez Campo y Jovellar se pronuncian en Sagunto (Detrás del pronunciamiento estuvieron los intereses cubanos, tanto los militares como los económicos que se habían visto perjudicados durante el sexenio por la concesión de autonomía a la isla y por la difusión de las ideas antiesclavistas), echando por tierra los planes de Cánovas de devolver la corona a los Borbones de manera pacífica.
3. EL SISTEMA CANOVISTA.
Consumados los hechos, Cánivas forma un gobierno provisional y comunica a Alfonso su proclamación como rey de España. Da comienzo así un periodo denominado Restauración (1875-1931) caracterizado por la vuelta del liberalismo doctrinario con la burguesía conservadora y latifundista en el poder, la estabilidad y el orden político al desaparecer los graves problemas existentes (se pone fin a la guerra carlista en 1876 por la paz de Somorrostro, y a la guerra cubana en 1878 por la Paz de Zanjón) y todo ello bajo el amparo de una Constitución como la de 1876 y un sistema político, como el canovista, que sancionaba el principio del turno pacífico de partidos en el gobierno.
Para ello era necesario, según Cánovas, que la monarquía recuperase el prestigio perdido, haciéndola desempeñar un mayor protagonismo en la vida pública; la vuelta del ejército a los cuarteles (fue importante la educación militar de Alfonso XII para terminar con la intromisión de los militares en la vida política), el consenso político de los partidos progresista y moderado tradicionales (bipartidismo) y la aceptación por estos del turnismo pacífico, inspirado en el modelo británico.
3. LA CONSTITUCIÓN DE 1876.
Confirmado por Alfonso XII como jefe de gobierno, Cánovas se dispuso a elaborar una nueva Constitución que terminara con el radicalismo del Sexenio. Fue preparada por una Asamblea de Notables, encabezada por Alonso Martínez, y discutida por una comisión de 19 miembros, controlada por el partido conservador de Cánovas. Elegida por sufragio universal unas nuevas Cortes Constituyentes en enero de 1876, con mayoría conservadora (330 diputados sobre un total de 391). El texto fue aprobad sin grandes modificaciones. Se basaba en el principio canovista de que la Corona y las Cortes eran anteriores a la Constitución, siendo el rey la pieza clave del sistema. Sus características fueron las siguientes:
• Las Cortes constan de dos cámaras de similares competencias. Un Senado compuesto por tres tipos de senadores: por derecho propio (grandes de España y altos cargos de la Iglesia y el Ejército), por designación real (la mitad vitalicia, la otra mitad por cinco años) y por elección (180 senadores, 3 por provincia); y un Congreso de Diputados, de elección popular (1 diputado por cada 50.000 habitantes). El modelo electoral que se aprobó posteriormente fue el censitario (ley de 1878(, hasta 1890 los liberales de Sagasta no introdujeron el sufragio universal.
• La Corona se reserva la sanción y la promulgación de las leyes, así como el mando supremo de las fuerzas armadas. Puede vetar las leyes por una legislatura y disolver las Cámaras, pero debe convocar elecciones antes de 3 meses. Nombra al ejecutivo, que debe responder ante las Cortes, pero como el rey no es responsable, en la práctica el gobierno no surgirá de la mayoría parlamentaria sino de la voluntad real, quien convocará elecciones para conseguir una mayoría de su gusto.
• De lo anterior se deduce que el tipo de soberanía es la compartida entre el rey y las Cortes.
• El poder judicial es independiente
• Se incluye una amplia declaración de derechos individuales, pero se pospone su desarrollo a Leyes Orgánicas posteriores, que tendieron a su restricción, pero también daban la posibilidad de incluir otros lo que hizo que, en el plano legal, a finales de siglo eran similares a los del resto de Europa.
• Ayuntamientos y Diputaciones quedaban bajo control gubernamental.
• Se reconoce la confesionalidad católica del país, el mantenimiento del culto y del clero, pero se da una libertad de culto si se restringe al ámbito privado.
4. LA ALTERNANCIA EN EL PODER HASTA 1885.
En los años siguientes se configuran los dos principales partidos: el conservador de Cánovas, que englobaba a moderados, una parte de los carlistas, militares de la Unión Liberal y un amplio sector del catolicismo; el liberal, fundado por Práxedes Mateo Sagasta en 1880, incorporó a miembros de la Unión Liberal, progresistas, demócratas y algunos republicanos como Castelar.
De 1875 a 1880 gobernaron los conservadores, teniendo como objetivos prioritarios el poner fin a la Tercera guerra carlista, después de la batalla de Montejurra por Primo de Rivera y la ocupación de Estella, la capital del carlismo. La Paz de Somorrostro, firmada en marzo de 1876, supondrá la abolición de lo que quedaba de los fueros vascos: la exención de armas y la contribución a los gastos del Estado, mediante un “concierto económico”. En cuanto a la Guerra de Cuba (1868-1878) se acabó cuando pudieron enviarse a la isla 70.000 soldados al mando del general Martínez Campos, cuya actitud conciliadora se plasmó en la firma de la Paz de Zanjón por la que se otorgaba a la isla las mismas condiciones políticas, orgánicas y administrativas que ya tenía Puerto Rico, tales como autonomía para sus ayuntamientos, derechos políticos y representación en Cortes, así como la abolición de la esclavitud y la revisión de los derechos arancelarios. Pero tales condiciones tardaron en aplicarse, por lo que el problema cubano siguió en estado latente.
También promulgaron leyes de carácter represivo y de control de las libertades (imprenta, reunión, asociación), limitación de los derechos (sufragio censitario, Ley Electoral, no libertad de cátedra) y legislación centralizadora (abolición de fueros vascos, ley municipal).
De 1881 a 1884 gobernaron los liberales que iniciaron sus programas de reformas como el sufragio universal masculino para elecciones municipales de 1882.
5. LOS MECANISMOS DEL PODER.
Forman parte del sistema político creado por Cánovas: bipartidismo y turno de partidos sometidos a la voluntad del rey. Para ello necesitaba controlar el proceso electoral que mantuviera de forma constante a la oligarquía financiera, industrial o agrícola en el poder en todos los ámbitos (local, provincial o estatal) y pudieran imponer sus intereses.
Dos fueron los mecanismos utilizados: el caciquismo y la manipulación electoral. Los caciques eran jefes locales de un partido que manipulaba el aparato administrativo del Estado en provecho propio y de su clientela, de forma que dominaba un área electoral determinada. La relación entre el cacique y sus partidarios era de carácter clientelar, mediante un intercambio de bienes y servicios, en el que se incluían favores personales. Las clientelas eran indiferentes a la ideología política. Aseguraban el voto al cacique a cambio de favores o recomendaciones: librar a un hijo del servicio militar, evitar pagos de contribución o conseguir un empleo en un organismo público.
La manipulación de las elecciones mediante el sistema caciquil se realizaba en un ambiente de desmovilización general del electorado, mayoritariamente rural y analfabeto que desconfiaba de la democracia y confiaba más en los líderes locales de los que esperaba obtener el favor como compensación a su voto. De esta manera el mecanismo electoral no configuraba las Cortes, sino que era el gobierno quien configuraba al electorado. El rey designaba al Presidente del Gobierno, que proponía a los ministros que, a su vez, recibían el decreto de disolución de las Cortes. Desde el gobierno se manipulaban las elecciones formándose las mayorías necesarias mediante métodos como el del encasillado, que dependía de Gobernación. El ministro de turno colocaba a los diputados cuneros o personas no naturales de la circunscripción electoral en la que era elegido. Un 25% eran candidatos naturales, al presentarse por su provincia de origen y elegidos a través de la organización local del partido.
De esta manera Cánovas evitaba cualquier participación del pueblo en las decisiones políticas y paralizaba el progreso social.
12. 2. EL SEXENIO DEMOCRÁTICO (1868-1874): INTENTOS DEMOCRATIZADORES, LA REVOLUCIÓN DE 1868, EL REINADO DE AMADEO I Y LA PRIMERA REPÚBLICA.
1. LA REVOLUCIÓN DE 1868.
Entre las causas podemos distinguir:
• Económicas: caída del textil catalán por la falta de algodón (Guerra de Secesión en Estados Unidos), hundimiento del ferrocarril por la poca rentabilidad de las líneas, caída de la Bolsa y crisis de subsistencia en los años 1866 y 1867.
• Políticas: fortalecimiento de la oposición contra los gobiernos moderados y la reina, al aliarse progresistas, demócratas, republicanos, unionistas y obreros (Pacto de Ostende, 1866).
• Sociales: inestabilidad y descontento. Las masas populares toman la calle, reivindicando el sufragio universal, la supresión de quintas y los consumos.
El pronunciamiento militar de la marina anclada en Cádiz, el 17 de septiembre, irá acompañado por la constitución de Juntas revolucionarias, encargadas de promover la movilización popular, cuyo brazo armado, los Voluntarios de la libertad fueron muy activos en las capitales de provincia.
El día 29 las fuerzas gubernamentales son derrotadas en el puente de Alcolea (Córdoba). La reina que estaba de veraneo en San Sebastián, emprende la huida a Francia. El 3 de octubre entra Serrano en Madrid y la Junta Provincial le otorga los poderes para que forme gobierno provisional. Pronto la dualidad de poder entre las Juntas revolucionarias y los militares sublevados (Prim, Serrano, Topete, Ros de Olano) se decanta a favor de estos últimos. El nuevo gobierno provisional decretó la disolución de las Juntas y el desarme de los Voluntarios, aunque en Málaga y Sevilla tuvo que intervenir el ejército para acabar con su actividad. A continuación se designaron nuevos ayuntamientos y diputaciones para asegurar el orden. Y se emprendieron una serie de medidas encaminadas a legitimar su poder y estabilizar el país: reconocimiento del sufragio universal, la libertad de imprenta, reunión y asociación, además de la supresión del impuesto de consumos, sustituido por una tributación personal, pero no eliminó las quintas debido al levantamiento cubano en octubre de 1868 (Manuel de Céspedes: “Grito de Yara”).
A comienzos de noviembre, la normalidad institucional es completa y el gobierno convoca elecciones a Cortes Constituyentes para enero mediante sufragio universal, desarrolladas en medio de la polémica sobre la forma del Estado, entre monárquicos y republicanos. Con una limpieza inusual (votaron 4 millones de electores) las elecciones dieron el triunfo al bloque monárquico, que obtuvo 236 escaños, por 85 los republicanos y 20 los carlistas, el resto sin definir.
2. LA CONSTITUCIÓN DE 1869.
Aprobada en junio de 1869 la nueva Constitución se fundamentaba en los principios del liberalismo democrático y se caracterizará por:
• La proclamación del principio de la soberanía nacional, con elecciones por sufragio universal; directo al Congreso e indirecto para el Senado
• Amplia declaración de derechos y libertades: de reunión, expresión, asociación, inviolabilidad de domicilio, de voto, de enseñanza.
• División radical de poderes. El legislativo asume en exclusiva la capacidad de promulgar leyes. No obstante el monarca mantiene entre sus atribuciones el nombramiento de los ministros y la potestad de disolver las Cortes.
• Se establece como modelo de régimen político la Monarquía parlamentaria democrática, provocando el rechazo del sector republicano.
• Los alcaldes serán elegidos por los vecinos y tienen la obligación de hacer públicas sus deliberaciones y la votación de los presupuestos.
• La cuestión más polémica fue el reconocimiento de la libertad de cultos, aunque no llegó a decretar la separación total entre Iglesia y Estado, que seguía obligado a sostener al culto y el clero católicos.
Serrano será elegido como Regente y Prim, jefe de gobierno. De 1868 a 1870 serán promulgadas leyes cuyo objetivo es afianzar el nuevo régimen político: Ley de Orden Público, Ley Electoral, Código Penal, Ley Orgánica del Poder Judicial, Ley de Enjuiciamiento criminal, Ley provincial y municipal, Ley sobre matrimonio civil.
En un ambiente de crisis económica y de inestabilidad social, agravada por la guerra de Cuba y la actividad republicana y anarquista, Prim emprende la tarea de buscar rey. Descartados el duque de Montpensier, la casa de Portugal, los Hohenzollern alemanes (motivó la guerra franco-prusiana) y las casas reales escandinavas, la elección recayó en el príncipe Amadeo de Saboya, con 191 votos a favor y 101 en contra Y 19 papeletas en blanco.
3. EL REINADO DE AMADEO I (I.1871-II.1873).
No fue fácil para el nuevo rey el desempeño de su cargo, sobre todo tras el asesinato de su principal valedor, el general Prim. A pesar de su buena voluntad y el respeto hacia las formas democráticas, a su inexperiencia se unía el desconocimiento de España y los escasos apoyos con los que contaba. Pronto tuvo que hacer frente a dos graves problemas: la agudización de la guerra de Cuba y el estallido de la Tercera Guerra Carlista (pese a la derrota carlista de Oroquieta y la firma del Convenio de Amorebieta, la guerra continuó activa en Cataluña, Navarra y País Vasco).
La inestabilidad política, provocada por la muerte de Prim, se refleja en la formación durante el periodo de 6 gobiernos y la convocatoria de 2 elecciones generales. La ruptura de la coalición que hizo la revolución en constitucionalistas (Sagasta) y radicales (Ruiz Zorrilla) marca la crisis de la monarquía democrática.
A comienzos de 1873 la situación política y social es insostenible. A las desafecciones parlamentarias de republicanos, monárquicos alfonsinos y carlistas se unió el problema cubano, la guerra carlista y las alteraciones sociales. Amadeo I sin apoyos y con la hostilidad del clero y de la aristocracia, solo esperaba el momento adecuado para abdicar. El pretexto en si fue intrascendente: la negativa de los sargentos de artillería a obedecer al jefe nombrado por el ministerio de defensa, dio lugar a una conspiración en la que se aliaron militares y conservadores. El rey propuso la formación de un gobierno de conciliación entre Ruiz Zorrilla y Serrano, pero, ante la negativa del primero, decidió abdicar.
4. LA PRIMERA REPÚBLICA (II.1873-I.1874)
El mismo día de la abdicación de Amadeo I (11.II.1873), las Cortes votaron la República contraviniendo la Constitución de 1869.
El nuevo régimen político carecía de una amplia base social, aunque recibió el apoyo de la pequeña burguesía y los trabajadores en función de la satisfacción de sus demandas, tenía en contra a las clases con poder: alta burguesía, clero, mandos militares. Si a esto unimos la división dentro del republicanismo entre federales y unitarios, se explica su corta duración y la fuerte inestabilidad económica, social y política que se produjo. En el exterior, solo Suiza y Estados Unidos reconocieron al nuevo régimen.
En estos diez meses se sucedieron 4 Presidentes: Estanislao Figueras, Pi y Margall, Nicolás Salmerón y Emilio Castelar. Su tarea era realmente complicada pues debían de consolidar la República (elaboración de una Constitución republicana que no llegó a ser aprobado) y hacer frente a los numerosos problemas tanto heredados como nuevos: crisis económica y conflictividad social, guerras de Cuba y carlista, insurrección cantonalista y conspiraciones monárquicas.
Pi y Margall, que había sucedido a Figueras, tras la dimisión de éste en plena elaboración del proyecto constitucional, no supo hacer frente a la insurrección cantonalista y es sustituido por Nicolás Salmerón que da un giro hacia posiciones más conservadoras al dar plenos poderes al ejército para mantener el orden. Dimitirá cuando se niega a firmas dos penas de muerte el 5 de septiembre. Le seguirá Emilio Castelar, con quien se refuerza la autoridad, obteniendo plenos poderes de las Cortes. Recaudará una contribución forzosa y obtendrá créditos del extranjero. A finales de diciembre el avance carlista se había frenado y el cantón de Cartagena estaba a punto de caer.
El 2 de enero de 1874 el gobierno fue derrotado en una moción de confianza. Cuando se estaba votando un nuevo gobierno, Pavía, el capitán general de Madrid da un golpe de Estado y termina con la experiencia democrática de la República, aunque formalmente el régimen se prolongó hasta diciembre (interinidad de Serrano) cuando se produce la Restauración de la monarquía borbónica en la persona de Alfonso XII.
1. LA DÉCADA MODERADA (1844-1854)
A finales de 1843 se declara la mayoría de edad de Isabel II (con 13 años), quien desde el principio demostró una inclinación hacia los moderados, optando los progresistas por el retraimiento (no participando en las consultas electorales) o el pronunciamiento apoyado por insurrecciones populares.
En mayo de 1844 se forma un gobierno presidido por el general Narváez, cuyas primeras medidas fueron:
• La supresión de la Milicia Nacional y la Ley de Ayuntamientos, por la cual los alcaldes son nombrados por la Administración. El objetivo era acabar con los principales soportes de los progresistas (1845)
• La creación en 1844 de la Guardia Civil, un cuerpo armado de estructura militar, encargado del mantenimiento del orden en las zonas rurales y la defensa de la propiedad contra los movimientos de campesinos y jornaleros.
En 1845 se aprueba la Constitución moderada, cuyas principales características fueron:
• Se consagra la soberanía compartida entre el rey y las Cortes, con clara preeminencia de la Corona.
• Cortes bicamerales, aunque los miembros del senado son designados en su totalidad por la corona.
• Contiene una declaración de derechos similar a la de la Constitución de 1837, limitados por la legislación posterior, especialmente el de libertad de prensa.
• Se proclama la confesionalidad católica de la nación española
En los años siguientes continúan las reformas legislativas:
• El nuevo sistema fiscal de 1845, elaborado por el ministro Alejandro Mon, más eficaz y moderno que puso fin al sistema impositivo del Antiguo Régimen. Establece dos tipos de impuestos, los directos (actividades industriales u comerciales, contribución territorial, el 25% de los ingresos) y los indirectos (tarifas aduaneras, transmisión de bienes y consumos).
• La Ley Electoral de 1846 configura un verdadero régimen oligárquico, con un sufragio restringido que limitó el número de votantes a 97.000 varones de más de 25 años.
• Reducción del déficit público mediante la conversión de la deuda afectada, realizada por Bravo Murillo en 1851.
• Firma del Concordato con la Santa Sede en 1851, que da por válidas las expropiaciones a cambio de mantener el culto y al clero, la Iglesia se reserva el derecho de educar a los jóvenes a través del catecismo y la asignatura de religión y todos los libros pasarán por la censura eclesiástica (“nihil obstat” o “imprimatur”)
A finales de la década de los cuarenta, coincidiendo con las revoluciones europeas de 1848, se producen diversas alteraciones sociales, que Narváez reprimió con dureza. Dos años antes, en 1846, los carlistas vuelven a levantar partidas al mando del general Cabrera. El movimiento, limitado a la zona pirenaica, terminó por desaparecer en 1849.
En 1851 dimite Narváez debido a la crisis financiera y a su enfrentamiento con la camarilla real. Le sustituyen Bravo Murillo y Sartorius, con los que se produce la quiebra del poder de los moderados, afectados por su gobierno autoritario por decreto, sin control de las Cortes y por los escándalos de corrupción, relacionados con la concesión de licencias para a construcción del ferrocarril.
2. EL BIENIO PROGRESISTA (1854-1856).
A principios de 1854 la situación es insostenible para los moderados, la crisis económica y social, la debilidad de los moderados y los deseos de cambiar el gobierno, motivan el pronunciamiento del general Leopoldo O’Donell, causando un enfrentamiento incierto con las tropas gubernamentales en Vicálvaro (la Vicalvarada). La necesidad de contar con más apoyos obligó a O’Donell a hacer público el Manifiesto de Manzanares, redactado por Cánovas. En él se recogían reformas en profundidad como la reinstauración de la Milicia Nacional, la ampliación del derecho de voto, ley de imprenta, convocatoria de Cortes y mayor descentralización. Al movimiento se unen progresistas y demócratas que habían formado Juntas de Salvación en las ciudades. Ante la incierta situación, Isabel II llama a Espartero a formar un gobierno con progresistas y moderados. Así, lo que den un principio era una petición de cambio de gobierno, se convirtió en una revolución política
Con O’Donell en guerra, el nuevo gobierno de Espartero se fijó dos objetivos fundamentales: la redacción de una nueva Constitución y la puesta en marcha de un conjunto de medidas económicas que modernizaran el país.
La Constitución nonata de 1856 recogía los principios del ideario progresista: soberanía nacional, limitación del poder del monarca, reforzamiento de las Cortes, ampliación de derechos y libertades y tolerancia religiosa. Diputados y senadores serán elegidos por una masa electoral más amplia.
Entre las medidas económicas, destaca la Ley de desamortización de Pascual Madoz, que pone en venta los bienes de propios y comunes municipales más otra serie de medidas que perseguían la expansión del capitalismo en España: Leyes de ferrocarriles de 1855, de crédito y banca y de sociedades anónimas.
Pero la inestabilidad continúa agravada por un nuevo levantamiento carlista (1855-1856), la crisis agraria de 1855 con la consiguiente subida de los precios, y las medidas librecambistas de Espartero que provocaron el descenso de la producción textil y las primeras huelgas generales del movimiento obrero. O’Donell sustituye a Espartero a mediados de 1856, restableciendo el orden con una dura represión del movimiento obrero y la disolución de la Milicia Nacional. También frenó las reformas progresistas y restableció la Constitución de 1845, acabando con la revolución que él mismo había contribuido a iniciar.
3. LA VUELTA DE LOS MODERADOS (1856-1858)
Desavenencias entre O’Donell e Isabel II devolvieron el gobierno a los moderados con Narváez al frente. Lo más destacado fue la promulgación de la Ley Moyano (1857) de Instrucción Pública que hacía obligatoria la enseñanza entre los 6 y los 9 años. Mientras, en torno a O’Donell se constituía un grupo político que reunía a los políticos situados más a la izquierda de los moderados y más a la derecha de los progresistas. Entre moderados y unionistas se produjo una alternancia en el poder durante los últimos años del reinado de Isabel II.
4. EL GOBIERNO “LARGO” DE LA UNIÓN LIBERAL )1858-1863).
La dura represión llevada a cabo por Narváez para atajar las alteraciones sociales causadas por la crisis agraria de 1857 devolvió el poder a O’Donell. Son años de estabilidad social gracias a la prosperidad económica que vive Europa, lo que motiva una importante construcción ferroviaria y el impulso de la industria gracias a la entrada de capital extranjero. Pero lo más destacable fue su actuación exterior en la idea de recuperar el prestigio internacional y apoyado en la alianza con la Francia de Luis Napoleón III: intervenciones en Cochinchina (1858), Marruecos (1859-1869), donde se consiguió la cesión de Ifni y el afianzamiento de Ceuta y Melillla, Santo Domingo (anexionado a petición de los dominicanos entre 1861 y 1854), Méjico (1862) y Perú (1863). Un nuevo enfrentamiento entre O’Donell y la reina hará caer el gobierno de la Unión Liberal.
5. LA CRISIS DEL MODERANTISMO (1863-1868)
El regreso de Narváez supone no solo la quiebra del moderantismo implantado en 1845, también el descrédito de la corona. Fue incapaz de de integrar en el sistema político a las diferentes tendencias políticas y sociales. Se producen dos hechos significativos: La Noche de San Daniel de 1865, motivada por la destitución de dos catedráticos de la universidad por haber criticado a la reina y la subsiguiente revuelta estudiantil que provocó 12 muertos y 200 detenidos. Se produce así el distanciamiento entre los intelectuales y el moderantismo. En junio de 1866 se produce la sublevación del cuartel de San Gil en Madrid, saldada con 200 muertos. Con ella, una parte del ejército se oponía también a los moderados.
Entre 1865 y 1868 la crisis se agrava, ensanchándose la base de los enemigos del moderantismo y de la propia Corona. En 1866, tiene lugar el Pacto de Ostende entre progresistas, demócratas y unionistas para derribar a la Corona y poner fin al régimen moderado de 1845.
1. REGENCIA DE MARIA CRISTINA (1833-1840)
Coincide en el tiempo con la Primera Guerra Carlista. Fallecido su marido y siendo menor de edad (tres años) su hija Isabel (la futura Isabel II), María Cristina de Nápoles asume la Regencia, apoyada en los liberales, pese a que sus ideas eran absolutistas.
Cea Bermúdez, jefe de gobierno a la muerte de Fernando VII, continuó una política basada en el reformismo ilustrado. Su principal medida fue la división provincial (49 provincias), obra del ministro Javier de Burgos a finales de 1833, pretendiendo centralizar y unificar un territorio antes estructurado en jurisdicciones señoriales, eclesiásticas y reales. Pero la medida fue insuficiente para los liberales y María Cristina se vio obligada a nombrar como jefe de gobierno a Martínez de la Rosa, un liberal moderado, cuyos principales objetivos fueron realizar la transición hacia el liberalismo y detener la insurrección carlista.
En 1834 promulga el Estatuto Real, una carta otorgada, concedida por la Regente en la que se conceden las siguientes reformas:
• Establecimiento de unas Cortes bicamerales, formadas por una Cámara de los Próceres, integrada por los Grandes de España, arzobispos y otros designados por la Regente con carácter vitalicio, y la Cámara de Procuradores, elegida por sufragio censitario restringido: sólo podían elegir varones mayores de 30 años con una renta superior a 12.000 reales anuales, unas 16.000 personas.
• Las funciones de las Cortes eran muy limitadas, consistentes principalmente en asesorar a la Corona. Cualquier ley, además de la aprobación de las Cámaras necesitaba el consentimiento del rey (derecho de veto). El monarca retenía la capacidad de convocar y suspender las Cortes a su antojo.
Las reformas de Martínez de la Rosa provocaron el descontento, tanto de los sectores reaccionarios, como los de las que las consideraban insuficientes. Este hecho, junto a la guerra contra los carlistas y la epidemia de cólera explican la división de los liberales en moderados y radicales o progresistas y los disturbios populares que se produjeron en el país: quema de conventos, asesinatos de frailes acusados de inmovilismo absolutista e incendio de fábricas como la de Bonaplata en Barcelona (una de las primeras manifestaciones del movimiento obrero).
En el verano de 1835 surgen Juntas en las principales ciudades del país, exigiendo la convocatoria de Cortes constituyentes, libertad de prensa, aumento de la milicia urbana, desamortización eclesiástica y exclaustración del clero regular. Ante esta situación, la Regente nombra como jefe de gobierno a Juan Álvarez Mendizábal, liberal progresista, que inicia una serie de reformas, siendo la más conocida la desamortización de los bienes del clero para sufragar los gastos de la guerra (rebajó en un 40% la deuda pública). Además, reorganizó el ejército, creó las diputaciones provinciales, suprimió la Inquisición y los gremios, las pruebas de nobleza y la Mesta y una ley electoral que ampliaba el derecho al voto.
Pero las revueltas no terminaron. En 1836 un grupo de suboficiales se sublevó en La Granja, forzando a la Regente a suspender el Estatuto Real y restablecer la Constitución de 1812. La Regente nombra entonces como jefe de gobierno a José María Calatrava, quien nombró a Mendizábal como ministro de Hacienda para continuar su labor de acabar con los restos del Antiguo Régimen. Convocará elecciones a Cortes Constituyentes, que serán elegidas a finales de 1836. Durante el debate del nuevo texto constituyente se enfrentarán las dos tendencias del liberalismo, la moderada y la progresista.
En 1837 se aprueba una Constitución progresista que establece una monarquía constitucional progresista cuyas principales características son las siguientes:
• El poder legislativo recae en las Cortes y en el rey.
• El rey tiene amplios poderes: iniciativa legislativa, veto ilimitado, nombra senadores y a los miembros del gobierno, que debían proceder del partido más votado de las Cortes (doble confianza)
• Cortes bicamerales: los diputados del Congreso son elegidos por voto directo y sufragio censitario, aumentando el número de votantes hasta los 260.000. Los miembros del Senado son designados por el rey entre los elegidos por los electores.
• Se incorpora una declaración de derechos individuales, la Milicia nacional y el jurado
• No se declara la confesionalidad del Estado, pero reconoce que es la religión católica la que profesan los españoles y se obliga a la Administración a mantener el culto y el clero.
Las nuevas Cortes promulgaron una serie de leyes entre las que se encuentran: la disolución del régimen señorial y los mayorazgos, la abolición del diezmo eclesiástico, la continuación de la desamortización, alcaldes y concejales serán elegidos por los vecinos y los ayuntamientos controlarán la Milicia nacional.
2. LA REGENCIA DEL GENERAL ESPARTERO (1940-1843)
Tras la victoria de los moderados en las elecciones de 1838 se suceden varios gobiernos de corta duración. En 1840, el gobierno moderado trata de frenar las reformas proponiendo la devolución de los bienes al clero, la restauración del diezmo, la limitación de la Milicia Nacional y una nueva Ley de Ayuntamientos. Esta última ley que preveía la designación de alcaldes por la Administración será el motivo para que se constituyan Juntas revolucionarias progresistas en ciudades y pueblos. El general Espartero asume las demandas de las Juntas y obliga a María Cristina a abandonar la regencia y ser nombrado Regente, tras un breve periodo de interinidad.
Con Espartero se inicia una práctica común en España hasta 1875: el control del poder político por parte de los militares. Su forma de gobierno autoritaria sirvió para reprimir con dureza los pronunciamientos moderados de Urbizondo, Diego de León y Montes de Oca y provocar el descontento de los progresistas al resultar marginados.
En 1842, tras la firma del tratado de libre comercio con Gran Bretaña, se produce la revuelta de Barcelona, en la que confluyen los perjuicios que el acuerdo ocasionaba a la industria textil, a la burguesía manufacturera y a los obreros. La represión fue desmedida, incluyendo el bombardeo de la ciudad condal. Su actuación le hicieron perder notables apoyos, formándose una alianza en su contra en la que se integraron moderados y progresistas que en el verano de 1843 realizarán un pronunciamiento militar que forzará la salida de Espartero de la regencia y pondrá al frente del país al general Narváez.
EL REINADO DE ISABEL II. LA OPOSICIÓN AL LIBERALISMO: CARLISMO Y GUERRA CIVIL. LA CUESTIÓN FORAL.
1. LA CUESTIÓN SUCESORIA.
Al no tener hijos, el heredero de Fernando VII era su hermano, el infante don Carlos. Viudo de su tercera esposa, contrae nuevo matrimonio con María Cristina de Nápoles. En marzo de 1830, estando la reina embarazada, Fernando VII hizo pública una Pragmática Sanción por la que abolía la Ley Sálica y se volvía al régimen de las Partidas, que permitía reinar a las mujeres. En octubre nace la futura Isabel II. Las protestas de los realistas, favorables al infante don Carlos, hicieron que Fernando VII, enfermo y presionado firmara un decreto derogando la Pragmática Sanción. Pero su recuperación y el apoyo de reformistas y liberales moderados, propiciaron la anulación del Decreto y el cambio de Ministerio. El nuevo, presidido por Cea Bermúdez destituyó a todos los elementos proclives a don Carlos y se acercó a los liberales, concediendo una amnistía. En septiembre de 1833 moría Fernando VII, mientras don Carlos, autoexiliado en Portugal, se negaba a reconocer a Isabel como reina, iniciándose así el conflicto carlista.
2. CARLISMO Y GUERRA CIVIL.
El levantamiento de las partidas carlistas dio comienzo a una guerra civil que enfrentó a carlistas e isabelinos o cristinos (liberales), cada uno de ellos representando a dos sectores de la sociedad española con intereses ideológicos, políticos y económicos opuestos.
Los isabelinos agrupaban a las altas jerarquías del ejército, la Iglesia y el Estado, la burguesía de negocios y las clases medias urbanas que componías el núcleo del sector liberal, tanto moderado como radical.
Los carlistas integraron a todos aquellos que sentían amenazados sus intereses tradicionales, como la nobleza rural, parte del bajo clero, oficiales reaccionarios, pequeños propietarios de Navarra y buena parte del campesinado influido por los sermones de sus párrocos, para los que el liberalismo suponía un aumento de impuestos y la pérdida de sus derechos tradicionales. Tenía fuerte presencia en el País Vasco, Navarra, Cataluña y el Maestrazgo castellonense. Su programa ideológico podía sintetizarse en el lema “Dios, patria, fueros y rey”, siendo sus principios ideológicos: la defensa del Antiguo Régimen, el integrismo religioso opuesto a las desamortizaciones, el mantenimiento de los fueros vaso y navarro, la oposición a cualquier reforma y al capitalismo industrial.
3. FASES DE LA GUERRA.
La larga duración del conflicto fue en parte consecuencia de la debilidad del Estado, la crisis económica de los años treinta del siglo XIX y las dificultades del ejército liberal para sofocar los primeros levantamientos.
a) 1833-1835. Dividido el ejército carlista en dos grupos: el del norte al mando de Zumalacárregui y el de levante comandado por Cabrera; su objetivo fundamental era conquistar una gran ciudad para convertirla en su capital, pero fracasaron y fue la población de Estella la elegida. Durante este periodo apenas hubo combates en la mitad sur peninsular. La muerte de Zumalacárregui en el sitio de Bilbao pone fin a esta etapa, al quedarse el ejército carlista sin el general que unifico todos sus esfuerzos.
b) 1836-1837. Tras su éxito en la liberación de Bilbao, el general espartero se pone al mando del ejército liberal. Para aliviar la presión en el norte y atraerse a otras regiones a su causa, los carlistas emprendieron campañas por toda la Península. El general Guergué llegó hasta Cádiz, Zaritiegui ocupó Segovia y el propio don Carlos se presentó ante Madrid, pero sus intentos fracasaron porque apenas consiguieron apoyos en el centro y sur peninsular.
c) 1838-1840. El carlismo, desmoralizado y debilitado por los enfrentamientos internos, sufrió continuos reveses, llegando a escindirse en dos facciones: la ultra, integristas y extremistas, que se negaban a aceptar cualquier intento de solución pacífica del conflicto; y la moderada, favorable a un pacto con los isabelinos. Fue el general Maroto quien inició las negociaciones sin contar con don Carlos, llegando incluso a detener y fusilar como traidores a varios generales ultras como Guergue, Uriz y Carmona. En 1839 se produce el Abrazo de Vergara, entre los generales Maroto y Espartero, que pone fin a la guerra, aunque algunos cientos de combatientes carlistas continuaron una guerra de guerrillas en Aragón y Cataluña, hasta 1840. Don Carlos, por fin, abandona España y se exilia en Francia.
4. APOYOS INTERNACIONALES.
Los países gobernados por monarcas absolutistas como Rusia, Austria, Prusia y Nápoles no reconocieron los derechos de Isabel, pero solo apoyaron moral e ideológicamente al bando carlista. Por su parte, el Vaticano, se mantuvo neutral.
Los gobiernos liberales de Francia, gran Bretaña y Portugal ayudaron a los isabelinos, diplomática, financiera y moralmente. Además, facilitaron armamento y enviaron cuerpos armados, como la Legión Inglesa (11.000 voluntarios) que, al igual que los procedentes de Francia, resultaron poco competentes. En cambio, fue de más ayuda la Legión Portuguesa. El apoyo diplomático se concretó en la firma del Tratado de la Cuádruple Alianza entre Francia, Gran Bretaña, Portugal y la España Isabelina de 1834.
5. LAS CONSECUENCIAS. LA CUESTIÓN FORAL.
El Abrazo o Convenio de Vergara fue en realidad un compromiso firmado entre Maroto y Espartero en la búsqueda de la reconciliación entre ambos bandos y el deseo de reintegrar a los derrotados carlistas en el nuevo orden liberal. Los isabelinos reconocieron los grados de los oficiales y mandos que habían servido en el ejército carlista.
Al mismo tiempo, contenía una vaga promesa de mantenimiento de los privilegios forales de cascos y navarros. Sin embargo, en 1841, se aprobarán varias leyes que eliminaban las aduanas de Navarra, así como sus privilegios fiscales, sus exenciones militares y sus instituciones de autogobierno. A cambio, obtuvieron un sistema fiscal beneficioso, consistente en el pago de un cupo contributivo único anual a la hacienda estatal de reducida cuantía.
Ese mismo año, las tres provincias vascas perdieron parte de sus viejos y tradicionales privilegios forales, como las Aduanas y las Juntas; asimismo, fue derogado el denominado “pase foral”, un antiguo derecho de las instituciones jurídicas y municipales a “obedecer pero no cumplir” las disposiciones y órdenes del gobierno central. No obstante, la población vasca conservó su exclusión del servicio militar obligatorio. En 1846 se produce un segundo recorte con la introducción de los denominados “Conciertos económicos, por medio de los cuales se calculaba la contribución anual de los ciudadanos vascos a los gastos generales del Estado. La cantidad era pactada entre los representantes de las diputaciones forales de las tres provincias y el gobierno estatal, resultando ventajoso para la población vasca.
La derrota carlista supuso el final definitivo del Absolutismo, además de un descalabro humano y económico enorme, que contribuyó a retrasar aún más el cambio económico en el norte. También significó el comienzo del protagonismo de los militares en la vida política española.
6. EL CARLISMO DESPUÉS DE 1840.
Hubo una Segunda guerra carlista (1846-1849), también llamada “Guerra dels matiners (madrugadores)”. El pretexto fue la fracasada boda entre Isabel II y el hijo de don Carlos. Se desarrolló solo en Cataluña y fue su principal artífice el general Cabrera. No tuvo consecuencias. Posteriormente hubo otras sublevaciones carlistas: 1855, la Ortegada en Cataluña; 1860, el fracasado intento de pronunciamiento de Carlos VI en San Carlos de la Rápita.
La Tercera guerra carlista (1872-1876) fue dirigida contra Amadeo I y la Primera República. De nuevo se alzaron Cataluña, navarra y el País Vasco, pero la restauración borbónica acabó con todas sus esperanzas de éxito. En febrero de 1876, el pretendiente Carlos VII cruzó definitivamente la frontera rumbo a Francia.
DOCUMENTOS
EL CARLISMO: CONVENIO DE VERGARA. 1839.
Convenio celebrado entre el Capitán General de los Ejércitos Nacionales D. Baldomero Espartero(l) y el Tte. General D. Rafael Maroto(2)
Art. 1.- El Capitán General D. Baldomero Espartero recomendará con interés al gobierno el cumplimiento de su oferta de comprometerse formalmente a proponer a las Cortes la concesión o modificación de los fueros.
Art. 2.- Serán reconocidos los empleos, grados y condecoraciones de los generales, jefes y oficiales, y demás individuos dependientes del ejército del mando del Teniente General D. Rafael Maroto, quien presentará las relaciones con expresión de las armas a que pertenecen, quedando en libertad de continuar sirviendo defendiendo la Constitución de 1837, el trono de Isabel Segunda y la Regencia de su Augusta Madre, o bien de retirarse a sus casas los que no quieran seguir con las armas en la mano.
Art. 3.- Los que adopten el primer caso de continuar sirviendo, tendrán colocación en los cuerpos del ejército, ya de efectivos, ya de supernumerarios según el orden que ocupen en la escala de inspecciones a cuya arma correspondan.
Art. 4.- Los que prefieran retirarse a sus casas siendo generales y brigadieres obtendrán su cuartel para donde lo pidan con el sueldo que por reglamento les corresponda.
Art. 5.- Los que pidan licencia temporal para el extranjero (...) el Capitán General D. Bartolomé Espartero les facilitará cuatro pagas (...).
Art. 6.- Los artículos precedentes, comprenden a todos los empleados civiles, que se presenten a los doce dias de ratificado este convenio.
Art. 7.- Si las divisiones de Navarra y Álava se presentasen en la misma forma que las divisiones Castellana, Vizcaína y Guipuzcoana, disfrutarán de las concesiones que se expresan en los artículos precedentes.
Art. 8.- Se pondrán a disposición del Capitán General D. Baldomero Espartero, los parques de artillería, maestranzas, depósitos de armas, de vestuario y víveres, que estén bajo la dominación del Teniente General D. Rafael Maroto.
(...) Ratificado este convenio en el cuartel general de Vergara a 31 de agosto de 1839.- El Duque de la Victoria.- Rafael Maroto.- Es copia.- Vitoria Boletín Oficial de Pamplona, n. 67 (5 de noviembre de 1839) En Textos y documentos de Historia Moderna y Contemporánea. Tomo 12 de la Historia de España Labor. Barcelona 1985.
(1) 1792-1879. Político y general español que luchó en la Guerra de Independencia, en América y contra los carlistas. Tras el triunfo sobre estos recibirá el titulo de Duque de la Victoria. En las filas liberales hará abdicar a la Reina Regente, asumiendo por corto tiempo la Regencia (1841-1843) Su último acto político fue no aceptar el ofrecimiento de Prim de proclamarse rey de España, en el caso de que las Cortes le otorgasen sus votos; (2) 1785-1847 Militar de trayectoria similar a la de Espartero, firmó con éste el Convenio de Vergara, integrándose posteriormente en el Ejército liberal con el cargo de Capitán General, llegando a ser ministro del Tribunal Supremo de Guerra y Marina.