12.3.c.GUERRA COLONIAL Y CRISIS DE 1898

1. ANTECEDENTES. CAUSAS.

                Desde 1868, las insurrecciones cubanas estuvieron motivadas por la conciencia independentista de los isleños. Cuba y Flipinas estaban sometidas al poder centralista de España, no tenían autonomía administrativa, ni derechos políticos de representación y estaban sometidas económicamente. La Paz de Zanjón de 1878 había dejado unas promesas sin cumplir, porque los españolistas de la isla, que se habían unido en el Partido Constitucional, se opusieron a todo tipo de cambio. Únicamente se plasmó la abolición restringida de la esclavitud el 13 de febrero de 1889. En este contexto se produjo la “guerra chiquita” de 1879-1880, siendo sometidos los rebeldes de Antonio Maceo por las tropas del general polavieja.

            Hubo algunos intentos posteriores de conceder reformas a la isla, como el de Antonio Maura, ministro de Ultramar en 1893, pero no fueron aprobados por la intransigencia de los españolistas, los industriales catalanes y los propietarios agrícolas castellanos, que veían perjudicados sus interese económicos.

            Esta sería, pues, la primera causa de la guerra, la insatisfacción de los cubanos por la escasa respuesta a sus demandas de mayor representación y autonomía económica y política.

            A esta habría que añadir:

                        • El desarrollo industrial y demográfico de los Estados Unidos trajo consigo un expansionismo colonial a partir de 1872 (Hawai). Cuba se presentaba como un gran mercado importador y exportador. El control de la isla suponía tener en su poder al principal productor de azúcar y tabaco de América. Estados Unidos propuso una salida económica mediante la compra de la isla, pero los gobiernos de la Restauración no aceptaron.

                        • La falta de apoyos internacionales de España, debido a la política de neutralidad impulsada por los gobiernos de la Restauración. Esto favoreció la intervención estadounidense en un contexto de crisis coloniales en los que las potencias midieron sus fuerzas (Fashoda, bóxer, Boers, mapa rossa, guerra Japón-Rusia)

            2. LA GUERRA CUBANA Y FILIPINA, 1895-1898.

                Los líderes cubanos fueron el poeta José Martí que en 1892 había fundado en partido Revolucionario Cubano, Máximo Gómez y Antonio Maceo. La sublevación filipina la dirigió José Rizal desde 1896.

                        Primera etapa, 1895. Los cubanos se levantaron al grito de Baire de 24 de febrero de 1895 emitido por José Martí: “Viva Cuba libre”. Pronto dominaron la parte oriental de la isla, utilizando la guerra de guerrillas. Se encargo de acabar con la rebelión el general Martínez Campos, que intentó repetir la política de apaciguamiento que tanto éxito le había dado durante la primera guerra de 1868-1878. Su fracaso supuso la extensión de la rebelión a toda la isla.

                        Segunda etapa, 1896-1897. Cánovas envió al general Weyler en sustitución de Martínez Campos, que emprendió una dura acción represiva, concentrando a la población civil, que ayudaba a los rebeldes y aislando a las guerrillas. La eficacia de su labor hizo que Cánovas proyectase aplicar una serie de reformas administrativas que pretendían atraerse a los sublevados y calmar las tensiones con Estados Unidos.

                        Tercera etapa, 1897-1898. Muerto Cánovas, le sucedió Sagasta que emprendió una política apaciguadora con el relevo del general Weyler por el general Blanco más dialogador, a la vez que concedía la autonomía completa de la isla: igualdad de derechos, sufragio universal y gobierno propio. Pero ya era tarde, la ayuda estadounidense a los rebeldes motivada por la presión de las compañías azucareras y la manipulación de la opinión pública por la prensa amarilla, impidió la marcha atrás. Por otro lado, en Filipinas, la firma del Pacto de Biacnabató a finales de 1897, encauzaba el problema de la insurrección filipina.

            3. LA INTERVENCIÓN ESTADOUNIDENSE. LA GUERRA HISPANOAMERICANA, 1898.

                En 1896 había sido elegido McKinley presidente de los Estados Unidos, partidario de la intervención en Cuba, apoyado por la opinión pública, los ideólogos del imperialismo y los intereses de las compañías azucareras.

            El pretexto para la intervención fue el hundimiento del Maine en la bahía de la Habana el 15 de febrero de 1898, causando 254 muertos. Pese a las protestas españolas, Estados Unidos atribuyó a España la responsabilidad del suceso. Washington propuso la compra de la isla por 300 millones de dólares, pero ante la negativa dio un ultimátum a España el 18 de abril y el 21 comenzaba la guerra.

            En Filipinas, tras tres años de guerra contra los rebeldes, la situación parecía dominada gracias a la labor del general Polavieja y de su sustituto Fernando Primo de Rivera. En la primavera de 1898, la flota de Estados Unidos, anclada en Hong Kong, se dirige a Filipinas. El 1 de mayo la flota española es destruida en Cavite y el 14 de agosto cae Manila sin oponer resistencia, cuando ya se había firmado el armisticio.

            En Cuba, el 3 de julio la flota del almirante Cervera es destruida por la escuadra del almirante Sampson y el 17 se rendía Santiago de Cuba. A finales de julio las tropas estadounidenses desembarcaban en Puerto Rico.

            Por el Tratado de París de 10 de diciembre de 1898 España renuncia a Cuba y cede a Estados Unidos las islas Filipinas y Puerto Rico y la isla de Guam en el archipiélago de Las Marianas a cambio de 20 millones de dólares.

            El desmantelamiento del imperio español concluye en julio de 1899 cuando se vende a Alemania el resto de La Marianas, Las Carolinas y Las Palao a cambio de 15 millones de dólares.

            Entre los factores que contribuyeron a la derrota se encuentran: la mayor proximidad de las fuerzas estadounidenses a sus bases y la mejor calidad de su material bélico.

            4. LAS CONSECUENCIAS.

                No fueron tan terribles como suponían los gobiernos del régimen; no hubo grandes disturbios, ni pronunciamientos militares. En parte supuso  un alivio acabar de una forma u otra con el problema

            En el ámbito económico, tampoco existieron graves consecuencias salvo la caída del textil catalán y la pérdida de mercados. La Bolsa se estabilizó al conocerse la derrota de la flota española en Cuba y en los 3 o 4 años siguientes, la economía española experimentó un crecimiento notable. Se crearon 22 bancos, importantes empresas industriales y se produjeron fusiones bancarias. Se crean ahora empresas como Altos Hornos de Vizcaya, Papelera española, general Electric, Azucarera Española o cros de Química. Los ahorros en los bancos pasaron de 230 millones de pesetas en 1897 a 400 millones en 1905, debido principalmente a la repatriación de capitales cubanos.

            Peores sin duda fueron la pérdidas humanas: unos 120.000 muertos (la mitad, soldados españoles) y los efectos psicológicos y morales causados por el regreso de los soldados heridos, en lamentables condiciones. Para buena parte de la población la guerra de Cuba había supuesto un sacrificio inútil, adquiriéndose la conciencia de la debilidad española en el concierto internacional.

            Paralelamente hubo una gran preocupación nacional por el sentimiento de desastre que desembocó en una corriente de pesimismo político e intelectual que originó un debate sobre España, tanto por los hombres de la generación del 98 o los regeneracionistas como Costa, Lucas Mallada o Macia Picavea.

            Algunas de estas críticas se plasmaron en las protestas de las Cámaras Agrarias y de Comercio, reunidas en Zaragoza en noviembre de 1898.  Ambas formarían en 1900 la Unión Nacional. Planteaban el fomento de la riqueza, las reformas administrativas, la reducción de gastos del Estado, la descentralización, etc.  Los movimientos huelguísticos, al carecer de fuerza social fueron desoídos por la Regente y por el gobierno conservador de Silvela. Pero fue la primera gran advertencia al régimen de la Restauración.

            En el mismo sentido podemos citar la reactivación de los regionalismos, elevando sus exigencias políticas y siendo capaces de movilizar a buena parte de la población.

            También se produjeron consecuencias en el mundo obrero. La UGT conoció un crecimiento importante, pasando de los 6.000 afiliados de 1898 a los 27.000 de 1903.

            Los políticos, en especial los conservadores, fueron sensibles al desastre. El manifiesto del general Polavieja expone con gran claridad los objetivos de este regeneracionismo desde el poder. En 1989, Silvela formó un gobierno de coalición con Polavieja y los catalanes (Duran y Bas) con la intención de minimizar la corrupción, hacer más eficaz la administración, más limpias las elecciones y un proyecto económico basado en la reforma de la Hacienda del ministro Villaverde para reducir el déficit y afrontar los gastos de la guerra colonial. Consiguió una larga época de superávit (hasta 1908) y estabilidad monetaria. Al tiempo, el ministro Dato sacaba adelante una ley que regulaba el trabajo de mujeres y niños (1900) y otra sobre accidentes de trabajo.

            El gobierno liberal de Sagasta que siguió al de Silvela ahondó en estas reformas al legislar el derecho de huelga en 1902 y en hacer más laica al sociedad española, reformando el Concordato con el Vaticano, haciendo que la religión no fuera obligatoria en el bachillerato.

            Sin embargo, la mayoría de estos proyectos se estrellaron en las Cortes cuando eran discutidos. Había muchos intereses enfrentados de la oligarquía, muchas facciones dentro de los partidos que impidieron regenerar el sistema político ideado por Cánovas.

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Ciencias Sociales en Secundaria y Bachillerato

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